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16 julio 2014

¿Por qué quiere demoler el PP a Izquierda Unida? ¡Es la restauración, estúpidos, la restauración!

 Manolo Monereo.

“El poder constituyente que nosotros defendemos busca construir un sujeto político capaz de definir las condiciones que hagan posible una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales. A esto siempre se le ha llamado Constitución republicana y Estado de derecho”.

Me asombra que estas cosas sigan asombrando. Veo a tantos compañeros sorprendidos e indignados ante los ataques injustos y cobardes del PP contra IU que me llevan a la conclusión de que muchas veces no sabemos, mejor dicho, no somos plenamente conscientes de las cosas que decimos y hacemos.

Que el PP aproveche su la mayoría conservadora en la Cámara de Cuentas para expedientar a IU no debería asombrarnos, tampoco que medios tan “independientes y objetivos” como El País, nos dediquen, después de tantos meses o años, una pagina impar completa comentando la excepcionalidad del tema. Somos visibles para lo peor. Luchar por la ruptura y por los de “abajo” tiene estos costes.

Que el especialista consumado en financiación ilegal y en corrupción política, el PP, expediente a IU por supuestas irregularidades formales en sus cuentas tiene que ver, como no, con nuestra sistemática denuncia de la corrupción, con nuestra personación en el “asunto Barcenas”, con la querella contra los gestores de Bankia y, mucho más cercanamente, por nuestra petición de dimisión por nepotismo del mismísimo presidente de la mencionada Cámara de Cuentas. La respuesta no se ha hecho esperar: expediente y ventilador. Idea: todos somos igual de corruptos.

Hay que ir, aquí también, más allá de lo inmediato y de lo aparente. El PP, los poderes reales económicos y mediáticos, van contra IU, porque esta no aceptó ni acepta un nuevo pacto, una nueva “transacción”, para impulsar una enésima restauración monárquica, que tenía en su trasfondo el borrón y cuenta nueva con los múltiples casos de corrupción. Al negarse IU, el PSOE, tuvo que pensárselo y actuar con mayor comedimiento como se ha visto en la “dimisión en diferido” de Rubalcaba.

El gobierno sabe —los “cloacas” del “doble Estado” están funcionando a tope— que desde casi siempre IU, sus activistas y militantes, están presentes, son actores destacados (no los únicos, nunca lo olvidamos) en las luchas sociales y en las movilizaciones ciudadanas.

La prioridad ha sido y es el conflicto, para desde él ir trenzado una estrategia unitaria de amplio espectro, muchas veces dando un paso atrás hasta hacernos, si no invisibles, sí opacos. El poder lo sabe y no se deja engañar por las apariencias, más bien tiende a usarlas, contra el movimiento de masas unitarias y mayoritarias que IU intenta impulsar.

IU ha ido, esta yendo, más allá de sí misma. En las elecciones europeas, mejor dicho, de la Unión Europea, ya fuimos en una amplia coalición, pero nos faltó audacia y así ha sido reconocido.

Ahora se trata de dejarse enseñar por la vida y no perder el norte. Este está claro y los ataques de los enemigos nos dicen que estamos golpeando donde más les duele.

Simplemente, tenemos que dejar de ser ingenuos: luchar por la apertura de un proceso constituyente, defender los derechos sociales y laborales, oponerse a la Europa alemana, defender la soberanía popular es luchar contra el poder, el poder de verdad y eso obliga, insisto, obliga a construir un poder “otro”, un (contra-) poder. Todo lo demás es mala literatura y pésimo concepto. No es tiempo de pusilánimes.

Situar a Alberto Garzón al frente de la política unitaria y de la propuesta constituyente es una señal de que aprendemos, de que tenemos ojos y oídos y de que rectificamos, señal inequívoca de una fuerza con futuro. Ante la presencia de Podemos no nos replegamos y no nos equivocamos de enemigo. No hay movimientos sin cuadros y sin organización; necesitamos mucho, muchísimo, de ambas cosas, situando siempre la política en el puesto de mando.

No debemos engañarnos con el cuento de la lechera de los “medios de manipulación social”. La partida es y va a ser muy dura. El nuevo monarca es muy débil y el proceso de transición a un nuevo régimen no ha hecho otra cosa que comenzar.

El peligro es el transformismo. ¿Cómo definirlo aquí y ahora? Se trata de usar el impulso, la demanda de cambio para modificar el sistema político en un sentido contrario a las aspiraciones populares.

Desde el 15M el centro ha sido “democratizar la democracia”, asegurar el autogobierno del pueblo por el pueblo. Pablo Iglesias ha sabido definir eso en el imaginario social: ellos (la casta) y nosotros (el pueblo). Esto es justo: la crisis de régimen es siempre una crisis de representación y la llegada de una nueva clase política. Transformismo, en este contexto, significa cambiar todo y de forma radical hacia peor partiendo de lo mejor. Expliquémonos.

Poner el acento en los procedimientos y no en los contenidos de la democracia conlleva riesgos ineludibles. ¿Cuál es el problema de esta clase política? Que se ha convertido en casta. ¿Por qué? Porque ha perdido cualquier autonomía del poder económico, que son los que mandan y los que corrompen.

La casta es el efecto y no la causa. Por eso el enemigo es algo más que la casta, es el complejo económico-mediático- político que dirige el país, el nuestro y al otro, el que dirige el inefable Cebrián de las cavernas, y que desde siempre nuestro padre Joaquín Costa llamó oligarquía a unos y a otros caciques especializados en conseguir votos.

La propuesta de Rajoy de cambiar la elección de los alcaldes es claramente oportunista, pero tiene mucho que ver con la tentativa transformista. So pretexto de acercar la política a los ciudadanos se defienden circunscripciones electorales uninominales y sistemas mayoritarios, para democratizar el sistema y acabar con los privilegios de los políticos se pone fin a la financiación publica de los partidos y para evitar la corrupción se privatiza lo público y las instituciones económicas pasan a manos de supuestos expertos neutrales y profesionales.

Más allá, para democratizar los partidos, se potencian las organizaciones locales y se liquidan de paso las arcaicas organizaciones ideológicas, sustituidas por políticos funcionales, ligados a los poderes realmente existentes, es decir, las empresas y los grupos mediáticos.

Al final, emerge la (norte-) americanización de la vida pública y el control férreo del poder político por los grupos económicamente dominantes. La supuesta regeneración democrática da paso a la revolución neoliberal. Renzi esta ahí al lado, como quien dice.

Lo que se quiere indicar es que todo proceso de cambio real lleva en su seno, contradictoriamente, peligros restauradores que las fuerzas políticas deben reconocer y evitar. Cuando hablamos de revolución democrática, nos referimos a un proceso de democratización sustancial del poder político, económico, social y cultural.

El poder constituyente que nosotros defendemos busca construir un sujeto político capaz de definir las condiciones que hagan posible una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales. A esto siempre se le ha llamado Constitución republicana y Estado de derecho.

Recientemente, con su lucidez habitual, Santiago Alba Rico definía el asunto con mucha precisión: “¿Qué quiere decir Estado de derecho? Quiere decir que toda asamblea ha tenido que decidir previamente, en un proceso constituyente, los límites, éticos y políticos, de cada decisión colectiva. La democracia no es solo decidir en elecciones; es haber decidido ya los principios de nuestras decisiones. Eso se llama Constitución”.

Desde este punto de vista la Constitución a la que aspiramos sería la “hoja de ruta” de la transformación de nuestra sociedad, para realizar aquello de que “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas: remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.”

Seguramente a algunos le sonará: es el artículo 9.2 de nuestra Constitución, que recoge, suavizada, el artículo 3, párrafo segundo, de la Constitución italiana, la célebre cláusula de Lelio Basso. La realidad constitucional ha cambiado tanto que esto nos parece de otro mundo y sin embargo fue un elemento clave del constitucionalismo social fruto de la derrota del fascismo y del ascenso del movimiento obrero y de la izquierda.
 

02 febrero 2014

Alberto Garzón: “No tengo ninguna duda de que IU y Podemos convergerán” .

El pasado lunes Izquierda Unida dio a conocer su campaña de “revolución democrática y social” por un “proceso constituyente”. Un proyecto que tratará de generar debate sobre las reformas que necesita la política, y los políticos, para conseguir una democracia más plena y que llevará a  Alberto Garzón de gira por una gran parte de los rincones del Estado. Cuartopoder.es ha contactado con el diputado más joven del Congreso para conocer más sobre esta iniciativa, las perspectivas de IU para conseguir esa mayoría social que proclama y, también, averiguar la opinión de Garzón sobre el proyecto Podemos que lanzó, recientemente, su amigo Pablo Iglesias.

– El titular en todos los medios de comunicación esta semana ha sido: “Alberto Garzón impulsa la campaña de radicalidad democráctica”. ¿En qué consiste esta campaña?
 
– Se trata de una campaña cuyo coordinador formal es José Luis Centella, pero yo soy el ponente y quien se va a encargar de todo lo referente a la campaña. No es una campaña electoral sino que es una campaña meramente política. Su aspiración es promover un debate honesto intelectualmente y riguroso respecto a cuestiones democráticas. La sociedad está impugnando las reglas democráticas actuales, no nos sentimos representados por lo que llamamos los políticos y hay que dar la palabra a la sociedad para que ella misma decida en su conjunto cuáles son las nuevas reglas democráticas que debería haber.
 
¿Cuáles serían esas nuevas reglas democráticas?
 
– La cuestión, quizá, más llamativa es la de los revocatorios. Pero hay otras muchas, como la rendición de cuentas por parte de los representantes a los representados y una vinculación mucho más orgánica dentro de esa relación, tanto en el conjunto del Estado como en las organizaciones políticas. Queremos que todos opinen sobre qué medidas serían las más adecuadas para un sistema democrático. El debate también incluirá el tema de las primarias, del sistema electoral, de la auditoria de la deuda y también de los revocatorios. Se trata de debatir de todo y por todos. Porque debatir también es un proceso de formación política que nos permite llegar a ciertas conclusiones para ponerlas en marcha a nivel interno en IU.
 
También somos conscientes de que algunas de las conclusiones a las que se llegue, como, por ejemplo, si concluimos que es necesario una nueva ley electoral más proporcional y en circunscripción única, no cabe dentro de la Constitución. Si sucede eso, el problema será de la Constitución, no nuestro. Estamos configurando una especie de brújula democrática.
 
¿Es un debate que encamina a IU a defender un nuevo proceso constituyente?
 
– Efectivamente. El proceso constituyente debe empezar con un debate sobre las nuevas reglas de juego. No se trata sólo de la elaboración de una Constitución sino de un proceso que comienza con la gente tomando las riendas del control y debatiendo sobre las nuevas reglas que quieren. Este debate debe terminar, si todo transcurre bien, con una organización que promueve una nueva Constitución que es la III República con este marco de reglas que aún están por delimitar.
 
¿Cómo va a ser esta campaña? ¿Va a hacer una gira por el Estado?
 
–Exacto. El proceso va a superar las europeas y gira en torno a la descentralización. La primera ronda comienza la semana que viene y, naturalmente, implica ir por todo el Estado. Ya estamos cerrando muchas fechas y la idea es pasear generando debate y sacando conclusiones por todo el Estado. No son conferencias, ni charlas. Son debates. Pero también vamos a impulsar el debate por las redes sociales, ya que nos permiten llegar a un perfil más joven, en teoría, más interesados en el cambio. Todas las conclusiones que vayamos sacando las iremos proponiendo como iniciativas legislativas en ayuntamientos, parlamentos autonómicos y en el Congreso para que el debate no muera nunca. Y, por supuesto, lo aplicaremos en IU para democratizar mucho más la organización.
 
Es decir, que el objetivo también es acercar IU a sus bases sociales y democratizar la federación.
 
– Efectivamente. Queremos hacer ver que IU no es un partido político tradicional. Aunque hayamos tenido vicios propios de un partido político tradicional, lo cierto es que somos un partido que nos definimos como partido político-movimiento social. Tenemos que quitarnos todos los vicios propios de la relación representante-representado incluso dentro de la organización. Tenemos que conseguir que la voluntad de los propios militantes de base acabe siendo ejecutada por los elegidos y que no se modifique esa voluntad. Es decir, que existan los revocatorios, que exista la rendición de cuentas, que exista la transparencia absoluta, primarias abiertas a militantes… Todos estos mecanismos hay que ir insertándolos desde un debate desde abajo. Tenemos que dejar claro que somos distintos de PP y PSOE y tenemos que conseguir que la gente nos vea como un instrumento útil de acción política.
 
Acaba de decir que IU tiene vicios de la política tradicional. ¿Puede hacer autocrítica y describir algunos de esos vicios que debería corregir IU para hacerse más democrático?
 
– Creo que todas las organizaciones están enquistadas en lo que se llama la ley de hierro de la oligarquía, que viene a decir que unos pocos acaban imponiendo sus criterios sobre la voluntad de la mayoría. Todo eso hay que evitarlo porque la idea de una democracia no es que una oligarquía pueda decidir por el resto. Hay que establecer nuevos mecanismos y estos mecanismos son los que queremos debatir, por ejemplo, los revocatorios. Un revocatorio haría que un dirigente no pueda desligarse de la base, ya que estos podrían retirarle su confianza en cualquier momento.
 
Lo ideal es que si uno sale elegido dirigente de IU tiene que estar rindiendo cuentas a los que le han puesto ahí. Eso no se hace hoy día. En ningún partido. Y esto es más importante que el debate de las primarias abiertas. No se trata sólo de elegir al candidato sino de que a quien se elija se pueda revocar en el momento en el que se considere que se ha salido de las directrices por las que ha sido elegido. Todo eso lo queremos colocar en el debate porque no está y creo que es lo más importante. Y también en IU es muy necesario. Somos, de lejos, mucho más democráticos que PP y PSOE, pero aún tenemos mucho margen para mejorar.
 
También el votante potencial de IU es mucho más estricto con la democracia interna de lo que puede ser el votante del Partido Popular.
 
– Rajoy fue elegido a dedo y no he visto muchas críticas por eso a sus militantes. Puede haber críticas a su gestión pero no al proceso que le llevo a la presidencia del PP. La izquierda tiene un sentido más crítico y más democrático porque, al fin y al cabo, es la izquierda quien trajo la democracia con las reivindicaciones del movimiento obrero y del sufragio universal. Y eso hay que tenerlo muy presente. IU no se puede permitir el lujo de no ser un partido democrático porque pierde base social. La gente de izquierda se organiza políticamente para hacer cosas que sirvan y que se sientan identificados con ella. Por tanto, si la gente de izquierda considera que en IU su voz no es tenida en cuenta, no va a militar en IU. Necesitamos dar pasos democráticos. Si no se hace así, tenemos un problema.
 
Como ha comentado el tema del revocatorio no está en el debate público, aunque IU va a intentar que esté. El tema que sí está en el debate público es el de las primarias. Hace poco Cayo Lara dijo que las primarias eran un invento norteamericano. ¿Qué opinión tiene usted?
 
– Dentro de un partido las primarias son necesarias. Es un mecanismo más que da la posibilidad de elegir a los dirigentes no por listas cerradas sino por listas abiertas y por la elección concreta de las personas en un proceso democrático interno. Eso me parece necesario. Pero tengo mis reparos en la elección del tipo de primarias abiertas. Para mi, la solución no es únicamente elegir la cara del candidato. Lo verdaderamente democrático es cómo fiscalizas al candidato una vez ha sido elegido. Nosotros somos una organización que busca la transformación social y nos movemos por ideología. Por tanto, hay poco encaje en unas primarias abiertas en las que el diseño permita elegir a todo el mundo el programa y a los candidatos porque podría desvirtuar el objetivo del partido.
 
Bajo el paraguas de las primarias abiertas entran un montón de cosas. Puede entrar que voten los simpatizantes que hayan pasado un determinado sesgo o puede entrar que vote todo dios, depende cómo se diseñe puede ser bueno o malo. Creo que lo importante no es centrarse en ese foco sino en otros aspectos. Es decir, primarias abiertas a los militantes y fiscalización de esas personas que han sido elegidas. Las primarias abiertas me parecen claramente insuficientes para un partido democrático.
 
La teoría política de la izquierda siempre ha resaltado que las primarias abiertas pueden ser controladas perfectamente por las oligarquías de los partidos. En la tradición histórica del pensamiento izquierdista está mucho más presente que los cargos sean rotativos. ¿Qué opinión tiene sobre la rotación en los cargos?
 
– Me parece absolutamente adecuado. Ya Robespierre, por ejemplo, defendía que los cargos tenían que rotar lo máximo posible y que cada persona esté el menos tiempo posible en cada uno de los cargos. Me parece necesario limitar los mandatos de manera importante y, sobre todo, permitir la capacidad de revocación para casos que en la propia IU se han dado. Ahora mismo, por ejemplo, estoy pensando en el caso de Rivas, donde una asamblea ha impugnado a su propio alcalde. Eso es lo que no tiene sentido. Se supone que el alcalde como tal de IU se debe a su asamblea y no tiene sentido que haga una cosa distinta de la que fue elegida por la asamblea.
 
Debo preguntarle por la irrupción de Podemos. ¿Está relacionado el surgimiento de Podemos con el inicio de esta campaña de “radicalidad democrática”?
 
– No, no lo está. Esta iniciativa surge cuando el PP presenta su documento de regeneración democrática en octubre para, a nuestro juicio, ocultar sus problemas de corrupción y taparlo con un barril de democracia regenerada. De hecho, en el plan original había unas jornadas en las que iba a participar Pablo Iglesias junto a Juan Carlos Monedero. Tanto Pablo como Juan Carlos son amigos míos y ellos eran conscientes de que estaba preparando esta campaña. Por contra, yo desconocía que ellos estaban trabajando en la iniciativa Podemos.
 
Pablo Iglesias ha reiterado que si Alberto Garzón o Ada Colau hubiesen lanzado un proyecto de unión de la izquierda, él no lo habría hecho. ¿Qué opinión te merece?
 
– Respeto su opinión, naturalmente, e insisto en que Pablo Iglesias es una persona muy valiosa para la izquierda y muy capaz, pero no comparto la estrategia de montar Podemos. Es un experimento que se dirige a un sector al que nosotros como IU no hemos podido llegar todavía y que muchos de IU queremos llegar. Muchos en IU pensamos que es el momento de construir mayorías. Por tanto, es el momento de poner encima de la mesa un proceso como el que hemos puesto nuestros y creo que va en la línea de lo que ha hecho Pablo, pero Pablo lo ha hecho al margen de IU. Al margen de la mayor organización de izquierda alternativa que existe en España, que tiene presencia en todos los municipios. No se puede construir una izquierda verdaderamente contestataria si no es contando con IU ni con el PCE.
 
Está claro que Podemos no es un enemigo de ninguna naturaleza. Son unos compañeros que han puesto en marcha una iniciativa legítima, pero yo no voy a competir con ellos. Tengo muy claro que si no es en estas elecciones europeas en posteriores procesos IU y Podemos van a converger. No tengo ninguna duda y creo que Pablo tampoco. La gente me lo está reclamando continuamente y creo que a ellos también. Estoy seguro de que en el futuro nos encontraremos y que esto de las europeas es un mero trámite.
 
¿Las elecciones europeas servirán para marcar las condiciones de esa posible convergencia?
 
– No me cabe ninguna duda de que es parte de la estrategia de Podemos. Es legítimo. Es calcular como ese discurso, con esas personas en la cabeza, obtiene fuerza electoral y, a partir de ahí, una unión. Lo que ocurre es que yo no soy alguien que entienda que la política es presentarse a las elecciones. Creo que la política es mucho más. Por lo tanto, sí que me preocupa más que todo esto genere tensiones entre partes de la izquierda que deberían trabajar en un objetivo común.
 
– Los procesos electorales donde hay competición generan tensiones que no tienen sentido ideológico. No tiene sentido ver a gente de IU criticando a Pablo Iglesias y su discurso cuando son discursos perfectamente compatibles. Eso me preocupa. Muchos estamos trabajando para que no se generen tantas tensiones. La suma, en este caso, de 1+1 da 3. La izquierda no se puede permitir, ni tampoco IU, el lujo de dejar sectores tan amplios de la izquierda lejos de un proceso de convergencia.
 
¿Ha habido conversaciones con Pablo Iglesias o con otra gente de Podemos para ver cómo se puede converger?
 
– No. Al menos, que yo sepa. Ellos han puesto en marcha Podemos y no tengo constancia de que hayan hablado con nadie de IU sobre esto. Yo, por ejemplo, he hablado con ellos a nivel personal porque son amigos, pero ellos tienen ahora mismo clara su estrategia. Quieren sumar músculo, o así lo entiendo yo y, después ya darán comienzo esas conversaciones sin ningún tipo de roces. Al menos, con determinados sectores de IU. De momento, ya te digo que no he tenido oportunidad de hablar con Pablo y Juan Carlos salvo un par de comentarios que entra dentro de lo normal.
 
De hecho, el día 5 coincidimos en un debate sobre democracia y estoy convencido de que el 99% de mi contenido será común. De momento, yo no tengo constancia de que Podemos e IU hayan tenido ninguna conversación formal. Hay mucha gente que se conoce entre sí, somos amigos, hemos estudiado juntos e incluso nos podemos tomar una cerveza juntos, pero no ha habido un foro para hablar seriamente de todo esto.
 
Para finalizar, IU ha tenido un salto en intención de voto muy importante que os sitúa con un 15%, donde parece que de momento se encuentro el techo de IU. No obstante, desde IU se habla de construir mayorías sociales. ¿Cómo se piensa construir esa mayoría?
 
– No es un problema de programa político sino de formas organizacionales y mensaje. Eso significa que hay una parte de la población que se define como izquierda y a la que nosotros interpelamos y eso llega al 15% y si el PSOE lo hace muy mal puede llegar al 20%. Para poder construir mayorías sociales hay que dirigirse a un sector que no se sitúa en izquierda o derecha sino dentro o fuera del sistema político. Para poder llegar a ese sector de la población y generar ilusión es necesario que IU demuestre que no es lo mismo organizativamente hablando y en el fondo que PP y PSOE. Por eso, tenemos que ser una organización que se sitúe de forma clara como rupturista con el régimen del 78 y absolutamente democrática en su interior. Si conseguimos eso romperemos la idea que algunos tienen de que somos parte del régimen.
 

30 enero 2014

La oportunidad de Izquierda Unida en el ciclo electoral.

Si hiciésemos una foto a la sociedad española en el momento actual, a inicios de 2014, probablemente lo primero que nos llamaría la atención es el explícito y permanente conflicto político. Las calles se han llenado en los últimos años de ciudadanos que defendemos espacios de poder que en otro tiempo creíamos asegurados. Cuestiones educativas, sanitarias, de vivienda, salariales, laborales en general o, sencillamente, una mezcla de todo. El proceso de desamortización social que estamos viviendo es real y, de hecho, puede explicarse atendiendo a sus fundamentos económicos y a la necesidad de supervivencia de un sistema económico implacable con el ser humano. No obstante, creo que podemos señalar tres factores que ayudan a entender el mapa político en el que nos situamos.
 
En primer lugar, hasta el momento las luchas sectoriales han predominado sobre las luchas estructurales. Las diferentes mareas, que expresan un movimiento de protesta heredero del 15M, no han terminado de confluir en una gran marea o tsunami ciudadano. En segundo lugar, la actitud es esencialmente defensiva. La percepción es que estamos ante una regresión social efectiva, y que el deber moral o la necesidad vital trata de impugnar. Y en tercer lugar, la manifestación institucional de todo ello es el desencanto y el descrédito respecto al sistema político, por un lado, y el creciente peso relativo de organizaciones políticas que tratan de canalizar el descontento, por otro lado.
 
Este último punto merece la pena abordarlo con rigor. Se ha hablado de desplome del bipartidismo, y bien creo que es así. La ciudadanía ha dejado de confiar, en términos generales, en los dos partidos políticos que han gestionado el país durante el tiempo en el que se gestaba el desastre actual. La intención de voto parece un buen indicador de ello. Sin embargo, ese fenómeno no se ha traducido en un ascenso igual de otras formaciones políticas. En realidad, la verdadera beneficiada del proceso es la suma de la abstención y el voto en blanco. Los datos no dejan lugar a dudas:
 
 
Probablemente esto se deba a que los ciudadanos no impugnan únicamente el bipartidismo sino el sistema político mismo. Asociada la política institucional española a un eje izquierda-derecha, donde PSOE y PP representaban ambos polos, el fracaso de ambos partidos es también el fracaso de ese eje como forma de identidad política. Que es, no cabe duda, el eje dominante en el que ha operado la política desde la Revolución Francesa.
 
Así las cosas, no podemos quedarnos en la epidermis del problema. Tratemos, más bien, de profundizar en las causas últimas de este fenómeno. Y me parece encontrar al menos tres importantes. La primera, el proceso de desdemocratización de las instituciones públicas, que incluye la mercantilización del espacio público y el regalo de los instrumentos políticos a instituciones alejadas de la ciudadanía (como el BCE o la Comisión Europea). El efecto es que la gente no siente que el Parlamento sea útil, en un sentido amplio. La segunda, que los casos de corrupción se perciben como generalizados y se asocian a la estructura oligárquica de los partidos políticos, desconectados totalmente de los representados. Así, a partir de la falta de mecanismos radicalmente democráticos en los partidos se ha creado un imaginario de clase política corrupta que lo abarca y contamina prácticamente todo. La tercera, que la frustración natural producto de una grave crisis económica se dirige a quienes, al menos formalmente, deberían dar respuesta a los problemas de la ciudadanía y sin embargo no lo están haciendo. ¿A quién interpelar sino a los formalmente propios representantes?.
 
En este contexto Izquierda Unida está consiguiendo sentirse representante de, aproximadamente, el mismo porcentaje de representados que en 1996. Pero a la vez es incapaz de absorber el desencanto político que está, por el contrario, nutriendo las filas de la abstención y el voto en blanco. Esa creciente abstención proviene fundamentalmente de las filas de los dos partidos mayoritarios, y probablemente poco o nada identificados con las posiciones más radicales del eje izquierda-derecha.
 
Lo que tenemos es un sector cada vez más amplio de la ciudadanía que no se siente representado y que está, de facto, fuera del sistema político. Está desilusionado, desencantado, destensado políticamente. Sin embargo, según las encuestas es un sector que simpatizó con el 15M, apoyando su filosofía e incluso sus propuestas, pero también con la Plataforma de Afectados por las Hipotecas. Es un sector, como apunta Fernández Liria en su reciente artículo, que comparte con los sectores más ideologizados las reivindicaciones sociales de resistencia, esto es, posee un sentido común que dice que no es justo que nos roben nuestros derechos. Por lo tanto no es un sector despolitizado per se, sino un sector sencillamente sin ilusión política. Perciben el actual sistema como algo gris, producto de formas de organización que no se adecúan a las necesidades sociales actuales.
 
Si se acepta lo anterior entonces no tenemos más remedio que reconocer que no estamos ante un problema de programa político, en el sentido clásico de la palabra, sino en un problema de enfoque político. Porque si uno se sigue moviendo en un marco con el que no se identifica un sector creciente de la población, sólo puede aspirar a mantener reducidos porcentajes de aceptación. Si, por el contrario, uno aspira a dar un salto cualitativo entonces sabe que tiene que cambiar las formas organizacionales y de mensaje para generar la ilusión, que es el requisito indispensable para poner en marcha el programa sustantivo. Estamos ante la diferencia entre aspirar a gestionar el 15% del voto o por el contrario aspirar a construir mayorías sociales. Hay un largo trecho entre ambas posiciones, a pesar de que se sitúen bajo el mismo programa formal.
 
Un ejemplo claro de todo esto ocurrió con el 15M. A nadie se le escapó que las demandas formales de Democracia Real Ya, primero, y de las Asambleas del 15M, después, eran en muchos casos plenamente coincidentes con el programa de la izquierda alternativa y, particularmente, de IU. Sin embargo, IU no logró por si sola canalizar la frustración del modo masivo que sí lo consiguió el 15M. No era tampoco entonces un problema de programa político.
 
Lo que estoy diciendo es que la Revolución Social tiene que ir necesariamente de la mano de la Revolución Política. Y esto, naturalmente, no es nada nuevo. Ya Louis Blanc lo señaló en el siglo XIX cuando trataba de convencer de las ventajas del republicanismo, como paradigma político, a los trabajadores que empezaban a difundir ideas socialistas. Pero también está vinculado con las formas de comunicación política, y tanto el jacobino Robespierre como el bolchevique Lenin sabían que no había otra manera de convencer y estimular al pueblo que a través de la palabra bien expresada. El primero defendió sus tesis roussonianas con una consigna tan básico como la del derecho a la existencia y el segundo no ignoró que los sesudos debates de teoría marxista debían terminar traducidos en poderosas consignas políticas como la de Paz, tierra y pan. Siempre los debates teóricos fundamentan las ideologías, mientras que los discursos se sitúan en el plano de la cristalización concreta. No en vano, Marx escribió El Capital, pero también El Manifiesto Comunista.
 
¿Qué hacer?
 
Pienso que Izquierda Unida tiene que decidir a qué aspira como colectivo. Y si, como pensamos algunos, nuestra aspiración es construir la mayoría social, entonces tenemos que adaptar nuestra organización al contexto sociopolítico en el que nos situamos. Ello pasa, necesariamente, por entender que los ciudadanos estamos reclamando participación en todos los niveles. Queremos que nuestra voz cuente, de modo que queremos que nuestros votos en democracia no sean secuestrados por los bancos, las grandes fortunas o la troika. Pero también queremos que nuestra voz como militantes cuente en la toma de decisiones colectivas de la organización. ¡Y que ocurra lo mismo como trabajadores en las empresas! Se trata, en resumen, de democratizar todo espacio de la vida política.
 
De ahí que una de las formas de recuperar la ilusión de quienes han tirado la toalla pase también por democratizar las instituciones del Estado y las de representación política. Es decir, un verdadero proceso constituyente que proporcione nuevas reglas al juego democrático.
 
Y ya tenemos debates que se sitúan en la superficie de esa cuestión. La reclamación de primarias abiertas es un síntoma de que hay reivindicaciones de esa naturaleza. Sin embargo, las primarias abiertas no suponen, a mi juicio, solución ninguna. Y en su tipo ideal no tienen encaje ideológico en un partido emancipatorio, como expuse hace unos días. Pero incluso aceptando sus virtudes, que existen, las primarias se quedarían cortas porque se refieren únicamente a la elección de candidatos. Y lo cierto es que lo verdadera y sustancialmente democrático es la participación permanente del representado en la tarea del representante. Es decir, llevar el debate a aspectos tales como la rendición de cuentas, los revocatorios, la transparencia y, desde luego, la habilitación de ágoras para debatir con sinceridad. Se trata, como recordaba el otro día, de neutralizar la ley de hierro de la oligarquía en el seno de las organizaciones políticas. De impedir, en definitiva, que unas pocas personas ostenten el poder efectivo, y la soberanía, que pertenece a la colectividad. Tanto en el Estado, donde el sujeto soberano es el ciudadano, como en los partidos políticos, donde lo es el militante.
 
Si aceptamos este enfoque entonces tampoco tenemos más remedio que aceptar que las próximas elecciones europeas no son unas elecciones más. Son el primer punto de encuentro de un ciclo político, compuesto por tres procesos electorales, que responde a un contexto socioeconómico que abre la factibilidad de emancipación social. Lo importante no es, ni ahora ni nunca, el resultado electoral per se sino el tejido social que se logra articular de cara a un objetivo político más ambicioso. Me parece más apropiado que el objetivo sea la transformación de la frustración social existente –y ello remite lógicamente al sector abstencionista- en un compromiso político bien definido, todo lo cual únicamente puede lograrse a través de dos mecanismos. El primero, que la organización se sitúe en el conflicto político cotidiano y no concentre todas sus fuerzas en el ámbito institucional. El segundo, que permita en su seno la total participación democrática, que es además la cuna de la legitimidad.
 
Por eso la elección de la candidatura de Izquierda Unida para estas elecciones -y la naturaleza del proceso correspondiente- no puede ser entendida como un mero accidente en el terreno. Se trata de una oportunidad para comenzar un proceso de adaptación organizativa a un contexto socioeconómico como el descrito más arriba. Se trata de definir, también a través de las formas, si aspiramos al 15% o a la mayoría social.
 
En efecto, iniciar un proceso de radicalidad democrática es, en realidad, ponernos manos a la obra en la construcción de las mayorías sociales y trabajar por la reconquista de la democracia. Dar al pueblo lo que le pertenece, su soberanía y su derecho a la existencia, es a fin de cuentas el motor de todas las revoluciones modernas.
 

 

06 noviembre 2013

Siempre que el PSOE se hunde nace una Nueva Izquierda.

Por Juan Carlos Monedero.
 
Invariable. Con la precisión de un reloj suizo hecho en China. Con escrupulosa exactitud. No falla (aunque sea barato).  Basta la marca. Lo decía Galbraith: la memoria de los timos piramidales dura una generación. Aquí, con tan poca memoria para la historia democrática, olvidamos también más deprisa. Y ahí tenemos otra vez el mismo guión gastado. Ahora esa izquierda dice que es abierta. Antesdeayer, carrillista. Ayer era el PDNI. De ahí vino Diego López Garrido. El que dijo como portavoz del PSOE que no hacía falta someter a referéndum la reforma del artículo 135. El derecho constitucional también es muy abierto. Como esa izquierda. Lejos de nosotros la funesta manía del chiste fácil.
 
Cada vez que al PSOE le crujen las costuras surge una Nueva Izquierda. De sus crisis, el PSOE no sale nunca por la izquierda, con una propuesta ideológica que logre enamorar a una ciudadanía hastiada de las mismas caras diciendo lo mismo o caras diferentes diciendo igualmente lo mismo. De las crisis sale renunciando al marxismo, defenestrando a Borrel, gritando a los cuatro vientos su fe atlantista y europeísta y, sobre todo, trayendo a sus filas a gentes provenientes del entorno ideológico allende sus filas. Vamos, del entorno del PCE y, ahora, de Izquierda Unida. Si sube la izquierda no socialdemócrata ¿para qué demonios hicimos una transición y una ley electoral tan amañada?.
 
Ahora entendemos mejor el artículo de Baltasar Garzón defendiendo a Felipe González y la Transición. Estas cosas se anuncian un día pero se gestionan paso a paso. Siempre hay que hacer gestos de buena voluntad. Entonces, viene el juez Garzón y dice que Felipe González ya no es Mister X sino que es un hombre preclaro de esos que aparecen solamente una vez cada cien años. Como decía Neruda de Bolívar. Y de paso, rescata también a Fraga. Las estrellas brillan mucho porque están acabándose. Por eso, con una mano exhumas fosas y con la otra insultas la memoria de las víctimas –las que murieron luchando contra el fascismo y su promesa de dictadura- diciendo que Fraga nos hizo a todos más demócratas. Así no salimos del foso en el que estamos.
 
Por qué Llamazares deja a su “entorno” hacer todo esto no lo entiendo. Es uno de los escasos referentes de la izquierda, pero parece empeñado en tirar por la borda lo construido. Los intentos desesperados del “entorno” por hacerse un hueco terminan dando la sensación de que él también está desesperado. Aunque en estos asuntos, hablar del “entorno” es peligroso. Por culpa del entorno se cerraron periódicos y se encarceló y torturó a gente. Luego vinieron los jueces europeos a decirnos que eso no se hace. Pero esa Europa es menos atractiva. No entiende nuestros entornos. Los entornos son lábiles, como la opinión pública, la mayoría silenciosa o la intención de voto. Cambian con el viento. ¿Cómo que el rector de la UCM, José Carrillo, se acerca al PSOE? No. Siempre lo ha sido. ¿Cómo es que se acerca al PSOE quien ha sido asesor del PSOE? Es curioso ver cómo los que ya estaban vuelven a estar sin haberse ido. Bucles curiosos. ¿Por qué no anunciar que Rubalcaba vuelve al partido? Las necesidades de los entornos todo lo enturbian. Estas cosas siempre se pactan en grupo. En un momento de crisis tan recia ¿tiene nadie derecho a ser tan chapucero? Los entornos ya no son lo que eran. Enrique Curiel se hizo enterrar con la bandera del Partido Comunista. El PSOE no le dejó ser diputado pese a habérselo prometido. La dirección del PCE no fue al sepelio. El PSOE traicionó sus promesas. ¿Es que no vemos que tenemos que cambiar esta manera de hacer política?
 
Claro que hay que unir a la izquierda. En eso anda buena parte de la gente decente de este país. Pero operaciones de mercadotecnia como la que ha puesto en marcha el “entorno de Llamazares” frenan los análisis e impiden la autocrítica. Cansa.  ¿Otra vez darle cuerda a un PSOE cuya máxima renovación viene de gente que nunca ha trabajado fuera de la política -basta mirar los cambios en Andalucía- o de gente que desde hace décadas está trabajando en la política? Con esta dirección del PSOE que firmó con el PP la reforma del artículo 135 y no ha mostrado ni asomo de enfrentar radicalmente a la Troika ¿qué lejos quiere llegar nadie que se sitúe en espacios reales de transformación? Otra vez, como viene siendo común desde 1975, el PSOE se alimenta ideológicamente sólo del miedo que despierta el PP. El fin del guión suena manido: los dos grandes partidos pactando la continuación del bipartidismo, la sumisión a los mandatos europeos, la continuación del Concordato, los recortes sociales, las leyes contra los inmigrantes o la defenestración de los federalistas (que Alfonso Guerra ya ha hablado). ¿O no llevamos 30 años diciéndole al PSOE que los asuntos de España se solventaban de manera federal? 
Maldita mala memoria.
 
 
El que no haya ido a votar con la nariz tapada nunca que tire la primera piedra. O que vuelva a tocar la misma puerta donde viven los que no pueden sino volver a hacer lo mismo que vienen haciendo. ¿O alguien cree que basta estar fuera del poder para realmente cambiar los presupuestos ideológicos? Esos los cambian la necesidad de los pueblos. Anden pues con cuidado: de tanto taparse la nariz al final surgen graves problemas respiratorios que pagamos todos.

03 noviembre 2013

El fracaso del socialismo liberal.

Vicenç Navarro – Comité de Apoyo de ATTAC España.
 
Ya en 2006, predije qué era lo que ocurriría en España y también lo que le pasaría al partido mayoritario de las izquierdas españolas, el PSOE. En mi libro El subdesarrollo social de España: causas y consecuencias, escrito aquel año, hice una crítica del pensamiento económico del PSOE, prediciendo lo que pasaría y ha pasado. La caída casi en picado del apoyo popular al PSOE a partir de la crisis (y lo que es más importante para explicar el declive, a partir de la respuesta del equipo económico a la crisis) era totalmente previsible.
 
En lugar de alegrarme de haber acertado en mis estimaciones, me apena llevar razón, pues hubiera sido mejor para el país que yo estuviera equivocado. Las consecuencias de lo ocurrido para España han sido enormemente negativas. En realidad la respuesta del equipo económico del gobierno Zapatero a la crisis preparó el terreno para el desarrollo de las políticas neoliberales del gobierno Rajoy. El camino a seguir lo estableció el gobierno Zapatero, aunque el gobierno Rajoy lo haya transformado en una autopista muy ancha, con cinco carriles, por los cuales pasan todas las políticas más duras del neoliberalismo.
 
Ni que decir tiene que el gobierno Zapatero dio pasos positivos, y algunos muy positivos, en las áreas de defensa de los derechos humanos, de igualdad de género y también en varias áreas sociales. Pero, en las áreas económicas su comportamiento y respuesta era de libro de texto liberal. Esta doctrina económica quedaba bien plasmada en el libro titulado De nuevo socialismo del que era mentor en economía del candidato y más tarde Presidente Zapatero, el economista Jordi Sevilla.
 
En el libro, Jordi Sevilla subrayaba la necesidad de bajar impuestos, establecer un tipo único de gravamen, quitar énfasis de las políticas redistributivas, no subir el gasto público, liberar lo que llamaba las energías del sector privado y priorizar el mercado como sistema de reparto de recursos mejor que la intervención pública. Este libro utilizaba un discurso, una narrativa y una argumentación idénticos a los utilizados por los autores de inclinación liberal, a la que debería referirse ahora como neoliberal por su dureza. El famoso discurso del Presidente Zapatero en el que sostuvo que “es de izquierdas bajar impuestos”, dado en el año 2005, derivaba directamente de ese pensamiento económico (ver el capítulo 1.3 “El debate sobre la estrategia socialista: el nuevo socialismo” de la cuarta parte de El Subdesarrollo Social de España, páginas 276-283).
 
Al discurso del Presidente Zapatero siguió la reforma fiscal de 2006 que rebajó sustancialmente los impuestos, creando, en 2008, un agujero en las cuentas del estado de nada menos que 27.223 millones de euros, que se intentó tapar, al iniciarse la crisis, a base de, entre otras medidas, la congelación de las pensiones. En realidad, el ahorro que el gobierno Zapatero intentó conseguir con esa medida (1.200 millones de euros) se hubiera podido conseguir revirtiendo la bajada del impuesto de sucesiones (2.552 millones de euros), la del impuesto de patrimonio (2.100 millones) y/o la de impuestos de las personas que ingresaban más de 120.000 euros al año (2.500 millones de euros).
 
Jordi Sevilla había incluso propuesto la introducción de seguros privados en la sanidad pública, a fin de corregir los déficits de gasto público existentes en el sector sanitario. El impacto de esta medida hubiera facilitado la polarización por clase social de la sanidad pública española, tal como ocurre en Catalunya.
 
La línea liberal aparecía también en las posturas defendidas por Miguel Sebastián, coordinador al principio del programa electoral económico del PSOE y más tarde asesor económico del Presidente Zapatero, antes de pasar a ser Ministro de Industria. Coincidiendo con Jordi Sevilla, subrayó en varias ocasiones (ver su artículo en El País. 14 de abril de 2002) la necesidad de bajar impuestos y no aumentar el gasto público, lo cual significaba que España continuaría siendo uno de los países de la eurozona con menos ingresos al estado y menos gastos en su estado del bienestar. Las propuestas de no aumentar el gasto público de Jordi Sevilla y Miguel Sebastián se hacían en uno de los países, España, con el gasto público (incluido el social) por habitante más bajo de la UE-15, el grupo de países con un desarrollo económico similar al de España.
 
Por si fuera poco, Miguel Sebastián, en una entrevista en El País (21 de septiembre de 2003), indicó que estaba totalmente en contra del intervencionismo público. Y, mostrando un notable desconocimiento de la realidad estadounidense, se refería al Partido Demócrata (al cual atribuía políticas económicas anti intervencionistas) como modelo para el PSOE. En realidad, el gobierno federal de EEUU es el gobierno más intervencionista de los países de la OCDE, el grupo de países más ricos del mundo. A través del sector militar, el gobierno federal ha configurado la economía estadounidense. Como bien dijo en su día el Secretario de Defensa de nada menos que la Administración del Presidente Reagan, el Sr. Caspar Weinberger, “el gobierno federal de EEUU tiene la política industrial más avanzada de la OCDE”. Ambos partidos, el Demócrata y el Republicano coinciden en ello. El sector militar industrial está en el centro de la economía estadounidense. Y este sector está dirigido por el estado, gestionado por la Administración Pública. Esto ocurre tanto con las Administraciones Republicanas como con las Demócratas. En realidad, este sector es incluso mayor con la Administración Obama que lo que lo ha sido con Administraciones anteriores.
 
Su otro comentario en la misma entrevista, señalando el estado del bienestar estadounidense como un referente político para España, también refleja su escaso conocimiento del estado de ese país. En realidad, hay casi un consenso en el panorama político estadounidense acerca de que la sanidad por ejemplo, en EEUU, es un ejemplo de ineficiencia, ineficiencia altamente costosa y sumamente impopular. La privatización de la sanidad y su gestión por las compañías de seguros privadas han sido un “desastre” (mess en inglés, término utilizado por los presidentes Nixon, Bush Sr., Clinton, Bush Jr. y Obama).
 
Los puntos de vista de Jordi Sevilla y Miguel Sebastián eran representativos de la cultura económica dominante en el gobierno Zapatero, aunque no siempre en el partido PSOE. El carácter presidencialista del gobierno Zapatero explica que se rodeara de economistas que compartían su ideología. Como resultado, el Presidente Zapatero pasó a ser uno de los presidentes menos populares que han existido en España durante la época democrática.
 
El declive político del PSOE y del PSC.
 
Estas medidas fueron las responsables del colapso político del PSOE, arrastrando con él al PSC en Catalunya. La identificación y defensa del altamente impopular gobierno Zapatero por parte del PSC contribuyó en gran medida a su derrota.
 
Pero todos los indicadores parecen señalar que no hay plena conciencia de las causas de la derrota o el error de esas políticas económicas. La falta de cambio en la dirección del PSOE es un factor causante del continuo declive. Y su falta de autocrítica contribuye a esta sensación de continuidad. Esta situación se da también en el PSC, donde un economista, Maurici Lucena, que se considera discípulo de Julio Segura y Miguel Sebastián, y admirador de sus políticas, es el segundo de a bordo del PSC y, a la vez, su portavoz parlamentario, que siguiendo la línea liberal responsable ha escrito un libro, En busca de la pócima mágica, donde, sorprendentemente, continúa defendiendo estas políticas. Mientras tanto, todo el debate dentro del PSC, se centra sobre su falta o su exceso de catalanismo. Parece que el PSC no entiende lo que ha pasado, ni en España ni en Catalunya. El tripartito, en contra del mensaje promovido por las fuerzas conservadoras, fue un gobierno progresista que en muchas áreas, incluso las económicas (antes de que llegara la crisis), llevaba la marca socialdemócrata en sus leyes y propuestas. En las áreas sociales, los cambios fueron significativos, lo que explicaba su popularidad, a pesar de tener a los medios, incluidos los públicos, en contra. Fue su defensa de las políticas de Zapatero y su respuesta a la crisis las que determinaron su gran bajada electoral. Hoy, en toda Europa, el fracaso del neoliberalismo es absoluto. Todos los gobiernos socialdemócratas que llevan a cabo este tipo de políticas han colapsado. Y España, incluyendo Catalunya, no ha sido la excepción.
 
Artículo publicado en El Plural.
www.vnavarro.org
ATTAC España no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

08 abril 2013

Construir base social a partir de las ruinas del régimen.

Por Alberto Garzón.
 
Hay un régimen viniéndose abajo. Tanto el sistema económico como el sistema político están sumidos en una crisis de legitimidad en cuyo desarrollo se está hundiendo la sociedad y dinamitando la cohesión social. Algunos sectores, entre los que se encuentran muy claramente las direcciones de los dos grandes partidos, intentan apuntalar como pueden un diseño institucional y económico que durante décadas les ha permitido reproducirse tanto en el Gobierno como en el poder.
 
En ambos ámbitos, económico y social, la directriz oficial es tomar la vía de la huida hacia delante. Así, el Gobierno espera que la modificación rápida del modelo de crecimiento económico dé pronto sus frutos. Esos frutos esperados son un crecimiento del empleo de carácter precario, prácticamente esclavista, y una calma en los mercados financieros que sea bendecida por el todopoderoso e independiente Banco Central Europeo. El camino es tortuoso, especialmente para los más desfavorecidos, y sin un final feliz garantizado, pero al Gobierno se le va agotando el tiempo. Todo parece indicar que el estallido social puede llegar mucho antes que la esperada meta económica del Gobierno.
 
En el otro ámbito, el del sistema político y la representación política, las cosas están aún peor. Según Metroscopia, un 80% de los ciudadanos piensa que los diputados del Congreso no les representan, y hasta un 85% cree que los diputados y los banqueros son deshonestos. La corrupción y la sensación dominante de impunidad de los delincuentes fiscales y financieros es algo desolador.
 
Y para enfrentar esto tenemos la necesidad no sólo de diseñar propuestas factibles en ambos ámbitos, con un proyecto político y económico que sea viable y sustancialmente distinto al empujado por el Gobierno en su huida. Es decir, es insuficiente con poner encima de la mesa un proceso constituyente y un modelo económico alternativo al actual. Sobre todo necesitamos también encontrar la forma de aglutinar todo el descontento generalizado y transformarlo en una fuerza que sea catalizadora del cambio social y económico. Esto es, crear una base social.
 
Efectivamente, suele haber acuerdo en que cualquier proceso de transformación de las características apuntadas requiere la existencia previa de una base social, esto es, un colectivo que comparta unas determinadas condiciones objetivas, una amplia cohesión y un grado de intervención suficiente. Se trata, en definitiva, de lograr que la ciudadanía que sufre bajadas salariales, recortes en los servicios públicos y desahucios vean las mismas causas en el origen de esos distintos procesos. Que compartan, dicho de otra forma, un diagnóstico político de lo que está fallando. Desde ese punto de partida es posible cohesionar a la ciudadanía en torno al proyecto político y económico, y si existe una organización de ese proyecto será factible poner en marcha el proceso de cambio.
 
Esta teórica hoja de ruta choca con un obstáculo perverso del actual sistema político. A saber, que la voluntad de la ciudadanía está mediada por los partidos políticos, los cuales cohesionan en torno a otro tipo de valores. Dicho de otra forma, los partidos funcionan como fuerzas centrípetas de la frustración ciudadana y logran la absorción de fuerzas que son necesarias para la configuración de esa base social, la cual naturalmente ha de ser más amplia que la que potencialmente pueden alcanzar estos mismos partidos en las condiciones actuales.
 
En la práctica esto deriva en una guerra de siglas, cada una de ellas presentadas como los mejores instrumentos de cambio. Así, el debate se traslada desde el fondo –el proyecto ideológico– hacia la forma –las siglas y la pertenencia o la identidad política a un partido–. En consecuencia, personas que en otras circunstancias compartirían espacios políticos se encuentran enfrentadas por la mediación de los partidos políticos y el ciclo electoral.
 
En otros países esta realidad ha conllevado la implosión de gran parte de los partidos políticos, abriendo espacios a nuevos proyectos de transformación –como en Ecuador, Bolivia o Venezuela– o a nuevos partidos que heredaron las viejas prácticas –como en Italia–. El perfil que marca actualmente España es el de la descomposición paulatina pero firme de los dos grandes partidos, especialmente con un acentuado nivel de pérdida de identidad en el Partido Socialista.
 
Lo que a mi juicio corresponde hacer es tratar de convertir instrumentos políticos como Izquierda Unida en elementos que catalicen la creación de esa base social que requerimos. Ignorar el análisis anterior puede convertir a IU en un partido que se limite a ver pasar de largo el proceso de transformación, no necesariamente positivo, llevado a cabo entonces por otros actores políticos.
 
Izquierda Unida debería aspirar a ser el dispositivo que active la creación de esa base social, sin pretender ser el centro dirigente del cambio. Ese centro corresponde a las personas cuya ideología busca dicho cambio. Otros colectivos, organizados en la periferia ideológica de IU, forman parte de esa base social potencial que necesitamos y, en consecuencia, son también compañeros de viaje.
 
Así, hay que romper con las viejas prácticas y mentalidad de un sistema político decadente. La lucha no puede darse enfrentando siglas o banderas, sino ideas, y ello conlleva aceptar también que hay un sector muy importante en la base social del PSOE que es igualmente necesario.
 
El reciente abucheo a la dirigente socialista Beatriz Talegón, en la manifestación del 16F, pone de relieve que aún nos queda camino por recorrer. Porque sin duda hay que combatir la hipocresía y oportunismo de quienes, como López Aguilar, pertenecieron a un Gobierno que agilizó los desahucios y ahora defienden lo contrario. Pero tampoco podemos ignorar que muchos militantes y votantes del PSOE no son corresponsables de las prácticas infames llevadas a cabo por los dirigentes de su partido.
 
En Alemania y Francia, importantes dirigentes socialistas, repletos de honestidad, dieron el salto hacia proyectos alternativos en Die Linke y Front de Gauche. En Grecia, la base social de Syriza proviene también, y lógicamente, de gran parte de la base social del antiguo PASOK. Y tanto en las recientes elecciones de Galicia como las de Catalunya, los votos de Alternativa Galega e ICV-EUiA también provenían de la antigua base social socialista. Y esa aglutinación de fuerzas probablemente ha generado círculos virtuosos que han animado a más personas a participar en el proyecto de transformación, al percibir utilidad y eficacia en el mismo.
 
En consecuencia, sería injusto y contraproducente estigmatizar a quienes han pertenecido o votado siglas que hoy representan el gran capital y el neoliberalismo más salvaje, puesto que las transformaciones no se realizan desde espacios minoritarios sino desde aquella base social de la que hemos hablado. Y el trabajo es construirla en torno al proyecto político y económico, es decir, en torno a un proyecto ideológico.
 
Fuente: Público.