27 abril 2014

La extraña aventura ucraniana de Estados Unidos.

 
Rusia advierte sobre el posible inicio de una guerra civil en Ucrania mientras que Washington hace todo lo posible por desatarla. Todo el mundo se esperaba un enfrentamiento armado entre los soldados ucranianos y milicias pro-rusas. Pero ese enfrentamiento no se ha producido: la población rusa del este de Ucrania se interpuso, cerrándole el paso a los militares.
 
1- Ya se sabe que los golpistas de Kiev, simples politiqueros de pacotilla, responden directamente a las órdenes que reciben de Estados Unidos. No abordaré aquí las circunstancias de ese golpe de Estado, ya ampliamente descritas, ni tampoco las que rodearon la reunificación entre Crimea y Rusia, sino la extraña «guerra civil» de la semana pasada, que tuve la ocasión de seguir de cerca.
 
2- La operación «antiterrorista» ordenada por Kiev y emprendida principalmente entre el martes 15 y el miércoles 16 de abril de 2014, operación que consistió en el envío de jóvenes reclutas a bordo de blindados de los años 1950 y bajo las órdenes del obtuso general Vasily Krutov, supuestamente para enfrentar a la élite de las tropas rusas –los famosos «Spetsnaz»–, resultó una ridícula farsa. Se les dijo a los soldados que fuerzas especiales rusas se habían infiltrado en la región de Dombass para preparar un desembarco ruso de tropas aerotransportadas en el pequeño aeródromo de Kramatorsk. Este aeródromo, fuera de servicio, estaba custodiado en realidad por 8 plácidos habitantes de la cercana localidad de Slaviansk.
 
3- De entrada, 4 de estos 8 habitantes de Slaviansk fueron abatidos de inmediato en circunstancias aún desconocidas, probablemente por una avanzada de francotiradores.
 
4- Hombres, mujeres y niños acudieron entonces al lugar para entrar en contacto con los jóvenes soldados, quienes fueron copiosamente regañados por las mujeres mientras que los pobladores zarandeaban un poco al «experto» general. Los francotiradores que inicialmente habían abatido 4 personas habrían podido entonces reiterar su fechoría, pero habían desaparecido o fueron oportunamente neutralizados.
 
5- ¿Qué esperaban en Washington? Probablemente un baño de sangre que diese inicio a una guerra civil. ¿Cómo podemos llegar a esa conclusión? Si el verdadero objetivo de la «operación antiterrorista» de Kiev hubiese sido impedir un desembarco de fuerzas aerotransportadas rusas o neutralizar una fuerza «spetsnaz»  , es evidente que habrían tenido que enviar algo más que esta tropa de reclutas con blindados viejos. Por consiguiente, los reclutas y su «avezado» general fueron enviados al desastre, como carne de cañón.
 
6- La operación resultó un ridículo fiasco en circunstancias dignas de una comedia. Pudo verse una «babouchka» [«Abuelita» en ruso.] parando un blindado ucraniano, mujeres y niños merendando en la hierba con jóvenes reclutas que lloraban a moco tendido mientras que aviones de guerra y helicópteros de ataque sobrevolaban la bucólica escena… ¿en espera de qué?. En todo caso, es justo saludar aquí la actitud de los soldados ucranianos que se negaron a hacer el papel de simples instrumentos en esta triste aventura.
 
7- Pregunta: ¿Será que los jefes de la CIA son idiotas? ¿O se trató más bien de una maniobra desesperada? Las fuerzas especiales ucranianas no aceptaron la invitación a desatar una guerra civil. Tampoco la aceptaron las tropas de élite enviadas por vía aérea desde Dnipropetrovsk.
 
8- En el encuentro de Ginebra, Estados Unidos aceptó todas las demandas de Rusia, sin excepción.
Por supuesto, todo el mundo sabe que Washington no respetará ni una palabra de lo acordado allí. Estados Unidos prosigue su política de seudo «sanciones» y su inútil gesticulación militar, a través de sus títeres locales.
 
9- Esta misma noche [del 19 al 20 de abril de 2014], a pesar de lo acordado en Ginebra, un comando fuertemente armado, cuyos miembros dejan convenientemente en el lugar una insignia de «Pravy Sector» (Sector de Derecha), ametralló un grupo de ciudadanos de Slaviansk armados únicamente de palos, matando a 4 de ellos. Dos de los atacantes fueron abatidos posteriormente por la milicia de Dombas, que acudió en ayuda de los agredidos, y un tercero fue capturado.
 
Conclusión: No hay nada realmente creíble en toda esta historia, a no ser que Estados Unidos quiere absolutamente –y a pesar de todo lo acordado– desatar una sangrienta guerra civil, como en Yugoslavia, y provocar una intervención rusa que genere en esa parte de Europa un grave conflicto armado, del que nadie sabe adónde puede ir a parar.
 
Estados Unidos parece hallarse bajo la dirección de una banda de locos irresponsables, como los del film de Kubrick Dr. Strangelove. Pero Stanley Kubrick nos muestra en su película un presidente estadounidense amante de la paz.
 
Lo que no se ve en el flim de Kubrick es que Estados Unidos no está bajo la dirección de un presidente sino a las órdenes de un Estado profundo , perfectamente descrito por Peter Dale Scott, y que ese Estado profundo parece decidido a imponernos otra guerra mundial.
 
Por suerte, Rusia tiene como presidente un hombre responsable que sabe evitar las trampas tendidas por individuos a quienes conoce a la perfección.
 
Habrá que esperar las próximas intrigas estadounidenses porque, en mi opinión, esto es sólo un comienzo.
 

20 abril 2014

Novecento: la «Fiumana»


Manuel Millera
Miembro de Attac Navarra-Nafarroa
 
«Una riada humana que avanza, de frente, sin miedo, despacio pero decididamente» inmortalizada por el cuadro de Giuseppe Pellizza da Volpedo «El Cuarto Estado», de 1901, popularizado luego por la película «Novecento» de Bernardo Bertolucci, es el símbolo que rescata el autor para poner en valor la importancia de las Marchas por la Dignidad. Y así, mientras que «El Cuarto Estado» y «Novecento» han sido capaces de representar los valores de la izquierda durante más de un siglo, considera que esas Marchas expresan los mismos valores «con nuestras armas»: zapatos para caminar juntos, manos para una hilera humana que anuncie el fin de las cadenas opresoras, cerebros para pensar y ojos para ver el camino hacía el futuro, que distingan amigos de enemigos.
 
 
«Los fascistas no son como los hongos, que nacen en una noche, no. Han sido los patronos los que han plantado a los fascistas, los han querido, les han pagado. Y con ellos, los patronos han ganado cada vez más, hasta no saber dónde meter el dinero. Y así inventaron la guerra, y nos mandaron a África, a Rusia, a Grecia, a Albania, a España,... Pero siempre pagamos nosotros. ¿Quién paga? El proletariado, los campesinos, los obreros, los pobres...» Olmo
 
La «fiumana» significa la riada humana. Una multitud que avanza. De frente, sin miedo. Despacio, pero decididamente. Es casi mediodía, el sol está encima. Cuatro personajes en primer plano. Un hombre con barba y sombrero en el centro, la mano izquierda en el bolsillo; la mirada clara concede al conjunto la serenidad de una decisión correctamente tomada, entre todas y todos. En su mano derecha la chaqueta al hombro. A su lado apoyando, un compañero, también barba y sombrero, chaqueta sobre hombro izquierdo. Comparte la determinación de avanzar con la camisa desabrochada, es un descamisado. A su izquierda, una mujer descalza que abre un brazo como preguntando algo ¿Quizá hubiese empezado antes? Sostiene en su otro brazo un niño desnudo que parece morderse su propio puño, tiene hambre. Hay pobreza, pero sobre todo, hay dignidad. El grupo unido camina hacia un futuro mejor.
 
Es el cartel de una película. Usted lo conoce muy bien. Y «La Fiumana» el primer título que su autor quiso ponerle, luego, «Los embajadores del hambre» o «El Diluvio» aunque se terminó llamando «El Cuarto Poder». Un cuadro de enormes dimensiones, tan grande (545 x 293 cm) como los derechos y emociones que representa. Colores sepia, ocre, siena y tierra, la misma que nos alimenta. El moreno en la piel de los jornaleros, en contraposición al pálido de las clases altas, orgullosas de no trabajar al aire libre.
 
Elaborado por un artista comprometido, hijo de familia acomodada pero transformado por un rico proceso de concienciación social, al observar huelgas y manifestaciones populares. Giuseppe Pelliza da Volpedo lo terminó en 1901 después de 3 años de estudios y hasta 9 bocetos diferentes. Existen antecedentes, como «La Libertad guiando al pueblo» de Delacroix, aunque Pelliza quiso evitar cualquier vinculación violenta. Otros ven referencias a los clásicos italianos, desde Miguel Angel hasta Leonardo y, en concreto, de «La Escuela de Atenas» de Rafael. Cambia el protagonismo de pensadores, filósofos o sabios por la unión del pueblo. Pelliza se suicidó a los 38 años tras la muerte de su hijo y su esposa.

Podemos adivinar las cavilaciones sobre el conflicto irreconciliable entre los ideales impulsados por el arte y la dura realidad de un mundo, que nos abruma todos los días. Un drama muy acorde con su obra más conocida. Después de que los tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, no fuesen capaces de garantizar al ser humano unos mínimos dignos, la clase obrera a través del pincel de su autor, quiso mostrar que la industrialización social traía consigo una de las mayores mentiras del progreso humano: «las máquinas os harán libres». Se expuso por vez primera en la Trienal de Milán.
 
Bernardo Bertolucci filmó en 1976 una película de 5 horas y media, al principio, mal acogida por los críticos, hoy un clásico indiscutible, casi una obra de arte; con la grandiosidad de una ópera de Verdi. En ella se efectúa un italiano paseo por el siglo XX, a través de la amistad de los dos protagonistas Olmo Dalcó (Gerard Depardieu) y Alfredo Berlinghieri (Robert de Niro) que nacen el mismo día dentro de dos familias y dos ambientes contrapuestos, el patrono y el jornalero, con música de E. Morricone. Entre los dos, se mueve Attila (Donald Sutherland) un camisa negra que sirve y muy bien, por cierto, a quien le paga, que no desea manchar sus manos con el trabajo sucio. Se dice que el actor nunca quiso ver la película, horrorizado por su propia imagen. El camino va desde enero de 1901 hasta abril de 1945, con epílogo en la primavera de 1976. Se narra la muerte de Verdi, la huelga agraria de 1908, la Primera Guerra Mundial, la creación del PCI (Livorno, 1921), el golpe de estado de Mussolini (1922), la prohibición del PCI (1925), la Segunda Guerra Mundial, el día de la liberación (25 de abril 1945) y la derrota del fascismo.
 
El pasado viernes 21 de diciembre se celebró en el Centro Social Ocupado «La Traba», en el barrio de Arganzuela, un acto que, bajo el título «Ponte Flamenco», dió cobijo al cantaor Manuel Gerena, el grupo de sevillanas reivindicativas «Gente del Pueblo» y el dúo castellano «Rojo Cancionero», acompañando a Rafa Mayoral (PAH), Raquel Balbuena (Mujeres del Carbón) y Diego Cañamero (SAT) «si se levanta el pueblo entero, los vamos a derrotar». Cerca de un millar de personas abarrotaron el Centro Social, que llegó a peligrar por las presiones ejercidas por el Ayuntamiento.
 
Finalmente, por puro tesón y tras identificarse, DNI en boca, pudo terminar. Tras sus cantes se leyó un comunicado de adhesiones del mundo de la cultura a las Marchas por la Dignidad. Como fondo de escenario, el cuadro de la Fiumana, cuyos personajes miran de reojo y parecen bailar a su ritmo.
 
Durante más de un siglo este dibujo ha sabido simbolizar los valores de la izquierda. ¿Qué novela, cuadro, película o escultura podrá representar el conflicto de clases del siglo XXI? ¿Cómo representar de una manera no convencional el descomunal robo legal donde los políticos ponen una tirita sobre el tobillo de un enfermo de cáncer, mientras los ricos ríen? Las Marchas por la Dignidad quizá no tengan mucho arte, pero si rebosan dignidad, solidaridad, conciencia y cambio. Podemos.
 
Se trata de juntar en Madrid a un millón de personas, para expresar con nuestras armas, que no nos engañan, que no queremos seguir así y que una minoría no puede ni debe decidir nuestro futuro, porque en tal caso nuestro destino es la barbarie o la destrucción. Nuestras armas son: zapatos para caminar juntos, se hace camino al andar y al volver la vista atrás se ve el camino que nunca hay que volver a pisar; manos para una hilera humana que anuncie el fin de las cadenas opresoras; bocas para besarse y gritar nuestro descontento; cerebros para pensar y no caer en provocaciones; ojos para ver el camino hacia el futuro, que distingan a amigos de enemigos.

Hoy, la dictadura del mercado se ha puesto la careta de la troika europea. ¿Somos capaces de quitársela? Creo que Pelliza o Bertolucci se levantarán para aplaudirnos. Les hemos entendido.
 
 

 
 
Fuente: Diario Gara
 

17 abril 2014

Internacionalismo campesino.

Por Esther Vivas

Tierra, agua y semillas son imprescindibles para cultivar y comer. O alimentos para la mayoría o dinero  para la minoría, ésta es la cuestión. La Vía Campesina, el mayor movimiento internacional de pequeños agricultores, jornaleros y sin tierra, lo reivindica día a día. Hoy, 17 de abril, en la jornada internacional de la lucha campesina repasamos su historia.
 
Combatiendo la globalización alimentaria 
 
La globalización alimentaria, diseñada por y para la agroindustria y los supermercados, privatiza los bienes comunes, acaba con aquellos que cuidan y trabajan la tierra y convierte la comida en un negocio. La liberalización de la agricultura, no es más que una guerra contra el campesinado. Se trata de políticas que, amparadas por instituciones y tratados internacionales, acaban con los pequeños y medianos agricultores y las comunidades rurales.
 
Ante esta ofensiva, emergió, en 1993, La Vía Campesina, como la máxima expresión de aquellos que en el campo resisten y combaten la globalización neoliberal y los dictados de organizaciones internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Los antecedentes de La Vía se remontan a mediados de los años 80, cuando, en motivo de la Ronda de Uruguay del GATT, varias organizaciones campesinas llevaron a cabo importantes esfuerzos para internacionalizar el movimiento.
 
A principios de los 90, se constituyó La Vía, en parte, como una alternativa más radical a la hasta entonces única organización internacional campesina, la Federación Internacional de Productores Agrícolas (IFAP), creada en 1946. Una organización que representaba, principalmente, los intereses de los mayores agricultores, situados, en general, en los países del Norte, y favorable al diálogo con las instituciones internacionales.
 
La Vía Campesina nació, así, en los albores del movimiento altermundialista, coordinando esfuerzos junto a otras muchas organizaciones, desde feministas a grupos contra la deuda externa, pasando por aquellos que exigían la tasación de las transacciones financieras internacionales a indígenas, colectivos de solidaridad internacional…, unidos en el combate contra una globalización al servicio de los intereses del capital. La Vía resultó ser el “componente campesino” de este “movimiento de movimientos”.
 
Desde finales de los años 90 y principios de la década del 2000, La Vía Campesina impulsó y participó activamente en las masivas protestas contra la OMC y otras instituciones internacionales. En las marchas contra la cumbre de la OMC en Cancún (2003) y Hong Kong (2005), los campesinos fueron uno de los actores más relevantes y visibles. Un recuerdo especial merece el campesino coreano Lee Kyung Hae, presidente de la Federación de Campesinos y Pescadores de Corea del Sur, que se quitó la vida en la protesta contra la OMC en Cancún subido a la valla que rodeaba el perímetro de seguridad, para denunciar cómo el agronegocio acababa con la vida de tantos agricultores.
 
Tras la política de alianzas de La Vía, estaba el convencimiento de que su lucha contra la agroindustria formaba parte intrínseca de un combate más amplio contra la globalización neoliberal y que otro modelo de agricultura y alimentación solo sería posible en el marco de un cambio global de sistema. Para conseguirlo, la creación de coaliciones amplias entre sectores sociales distintos se percibía como fundamental. Golpear juntos, desde una unidad tejida en base a la diversidad.
 
La Vía Campesina, de este modo, fue capaz de construir una identidad “campesina” global, politizada, ligada a la tierra y a la producción de alimentos. Sus miembros representan los sectores más golpeados por la globalización alimentaria, pequeños y medianos campesinos, jornaleros, sin tierra, mujeres del campo, comunidades agrícolas indígenas, rompiendo la división Norte-Sur e integrando en su seno a organizaciones de todo el planeta, 150 grupos de 56 países. Se trata, en palabras de Walden Bello, de un nuevo “internacionalismo campesino”.
 
A por la soberanía alimentaria
 
La emergencia de La Vía Campesina aportó, también, una nueva mirada a las políticas agrícolas y alimentarias. En 1996, en el marco de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de la FAO, en Roma, La Vía lanzó un nuevo concepto político, el de la soberanía alimentaria. Si hasta entonces, el hambre en el mundo solo se abordaba desde la perspectiva de la seguridad alimentaria, que todo el mundo tenga acceso y derecho a la alimentación, pero sin cuestionar qué se come, cómo se produce y de dónde viene, el concepto acuñado por La Vía “revolucionó” el debate.
 
Ya no se trataba únicamente de poder comer, sino de ser “soberanos”, y poder decidir. La soberanía alimentaria va un paso más allá al de la seguridad alimentaria y no únicamente reivindica que todo el mundo tenga acceso a los alimentos sino, también, a los medios de producción, a los bienes comunes (agua, tierra, semillas). Se trata de una apuesta por la agricultura local y de proximidad, campesina, ecológica, de temporada, en oposición a una agricultura en manos del agronegocio, que empobrece al campesinado, con alimentos que recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa, que acaba con la diversidad alimentaria y que, además, nos enferma.
 
No se trata de una idea romántica, de un retorno a un pasado arcaico, sino de recuperar el conocimiento tradicional campesino y combinarlo con nuevas tecnologías y saberes, de retornar la dignidad a quienes conrean la tierra, que ésta sea para quien la trabaja, de establecer puentes de solidaridad entre el mundo rural y el urbano y, sobre todo, de democratizar la producción, la distribución y el consumo de alimentos. No es un concepto que deba interpretarse en un sentido autárquico sino solidario e internacionalista, que apuesta por una agricultura local y campesina aquí y en cada rincón del planeta.
 
Las mujeres cuentan
 
Una soberanía alimentaria que tiene que ser feminista, si quiere significar un cambio real de modelo. Hoy las mujeres, a pesar de ser las principales proveedoras de alimentos en los países del Sur, entre un 60% y un 80% de la producción de comida recae en sus hombros, son las que más pasan hambre, padeciendo el 60% del hambre crónica global, según datos de la FAO. La mujer trabaja la tierra, cultiva los alimentos, pero no tiene acceso a su propiedad, a la maquinaria, al crédito agrícola. Si la soberanía alimentaria no permite igualdad de derechos entre hombres y mujeres, no será una alternativa de verdad.
 
La Vía Campesina, con el tiempo, ha ido incorporando una perspectiva feminista, trabajando para conseguir la igualdad de género en el seno de sus organizaciones y estableciendo alianzas con grupos feministas como la red internacional de la Marcha Mundial de Mujeres. En La Vía, las mujeres se han organizado autónomamente para reivindicar sus derechos, ya sea dentro de sus propios colectivos o a nivel general.
 
La Comisión de Mujeres de La Vía ha llevado a cabo un trabajo fundamental promoviendo el  intercambio entre mujeres campesinas de diferentes países, organizando encuentros específicos de mujeres coincidiendo con cumbres y reuniones internacionales e impulsando la participación de éstas en todos los niveles y actividades de organización. En octubre del 2006, se celebró el Congreso Mundial de las Mujeres de La Vía Campesina, en Santiago de Compostela, que puso de relieve la necesidad de fortalecer aún más la articulación de las mujeres y aprobó la creación de mecanismos para un mayor intercambio de experiencias y planes de lucha específicos. Entre las propuestas aprobadas estaba, entre otras, lanzar una campaña mundial contra la violencia machista y trabajar para que se reconozcan los derechos de las mujeres campesinas exigiendo igualdad real en el acceso a la tierra, a los créditos, a los mercados y en los derechos administrativos.
 
A pesar de la paridad formal en La Vía, las mujeres tienen mayores dificultades para viajar o asistir a encuentros y reuniones. Como señalaba, Annette Aurélie Desmarais, en su libro ‘La Vía Campesina’ (2007): “Hay muchas razones por las que las mujeres no participan a este nivel. Quizá la más importante es la persistencia de ideologías y prácticas culturales que perpetúan relaciones de género desiguales e injustas. Por ejemplo, la división de las labores por género significa que las mujeres rurales tienen mucho menos acceso al recurso más preciado, el tiempo, para participar como líderes en las organizaciones agrícolas. Dado que las mujeres son las principales responsables del cuidado de los niños y los ancianos (…). La triple jornada de las mujeres –que implica trabajo reproductivo, productivo y comunitario- hace mucho menos probable que tengan tiempo para sesiones de formación y aprendizaje para su capacitación como líderes”. Más allá de las dificultades objetivas, avanzar hacia la igualdad es una prioridad para La Vía, y eso gracias a sus mujeres.
 
La Vía Campesina lleva más de 20 años articulando resistencias en el campo y tejiendo redes y alianzas a nivel internacional. Alimentarnos es imprescindible para todos, ya sea en el campo o la ciudad, en el Norte o el Sur del planeta. Y comer, hoy, se ha vuelto, como recuerda La Vía, un acto político.
 

16 abril 2014

17 de Abril, Día Internacional de la Lucha Campesina

La construcción de la soberanía alimentaria pasa por garantizar a las personas productoras el acceso a la tierra, semillas e insumos, rechazando los transgénicos y el papel de las grandes multinacionales en la cadena alimentaria.
             
Hoy se celebra el Día Internacional de la Lucha Campesina, conmemorando la masacre de 19 campesinos sin tierra que el 17 de abril de 1996 fueron asesinados por la policía militar mientras reclamaban, junto a compañeros y compañeras del MST, el acceso a la tierra y la justicia mediante la reforma agraria. Las autoridades estatales, la policía, el ejército y grandes terratenientes estaban implicados en la planificación y ejecución de esta masacre.

Desde el PCE queremos apoyar la movilización de los compañeros y compañeras de La Vía Campesina, donde convergen en nuestro país sindicatos agrarios como COAG, EHNE, SAT..., que reivindican en esta fecha, como cada año, su oposición al acaparamiento de tierras y contra la ocupación de nuestros sistemas alimentarios por parte del capital transnacional.
 
Porque, lamentablemente, la lucha campesina no ha perdido un ápice de vigencia:
 


En nuestro país seguimos sufriendo una alta concentración de la propiedad de la tierra, dificultando su acceso a quienes quieren trabajarla. También los recursos comunes como las semillas están en manos de unas pocas empresas transnacionales que asfixian a las personas productoras y dictan lo que comemos.

Las ayudas públicas, que deberían dirigirse a fortalecer y consolidar la agricultura familiar y campesina como garante de fijación de la población rural al territorio, son utilizadas para enriquecer aún más a los grandes terratenientes.


Las estadísticas nos hablan de que 1 Ha de tierra cultivada permite el empleo de 2 personas, y el abastecimiento a su vez de 30 familias, siempre que se garantice la venta en canales cortos. La importancia de la agricultura de proximidad es, con este ejemplo, muy evidente.

Por ello, un año más, el PCE exige una política agraria medioambiental y socialmente sostenible, que defienda sobre todo los intereses ambientales, agrarios y sanitarios frente a los intereses del capital agroalimentario y que se atienda a la reivindicación histórica de que los alimentos sean considerados un derecho humano fundamental, y por tanto, protegidos de los especuladores. Y en lo concreto garantizar el acceso a los medios de producción a través de la puesta en marcha de bancos públicos de tierra e insumos agrícolas, el libre intercambio de semillas y el rechazo total a los transgénicos, apoyo a los modelos de distribución en canales cortos que permiten la agricultura de proximidad y retribuciones más justas para las personas productoras, la agroecología como apuesta para la sostenibilidad de nuestros campos y el cooperativismo y la economía social como base del sistema económico.

La agricultura campesina cobra mayor importancia si cabe en el contexto actual: crea empleo, aumenta la economía real y fija población. Y todo ello, además, abasteciendo a la sociedad de alimentos sanos.

Para ello, no renunciamos a nuestra reivindicación histórica, la Reforma Agraria Integral en tanto propiedad de la tierra, manufactura y distribución, ni a las movilizaciones sociales necesarias para lograrla.

 


 

02 abril 2014

Se presenta en Córdoba un libro sobre Dolores Ibárruri "Pasionaria" para jóvenes escrito por Felipe Alcaraz, Marcos Ana y Julio Anguita.

El próximo 5 de abril en Córdoba se presenta en un homenaje a Dolores Ibárruri el título Pasionaria, una leyenda que se puede tocar, Felipe Alcaraz, escritor y político andaluz, resume la historia que ha escrito de Dolores Ibárruri, dirigente comunista fundamental para conocer la lucha por la Democracia. Un libro que recorrerá toda la geografía peninsular, en multitud de homenajes que a Pasionaria se le va a realizar en el 25 aniversario de su fallecimiento.

El propio Felipe Alcaraz nos dice acerca de su nuevo libro: “ El grito de Dolores "No pasarán" no ha caducado. El fascismo es una forma de capitalismo de excepción, y en esas estamos. La ultraexplotación exige el fin de la libertad y extender la política del miedo a través de la cohesión penal. Todo se está dando. El huevo de la serpiente está en un grado de incubación creciente, que no se ha detenido. Al par ese "No pasarán" es la expresión más viva de la existencia de una izquierda constituyente y transformadora. 

Pasaron militarmente en el 39, pero no cultural, ideológicamente. Hablamos de derrota, sí, pero no de rendición, no de sumisión. La sumisión es ser derrotados y asumir los valores del adversario, parecerse a ellos, terminar siendo ellos. Y eso no se ha producido. De ahí la gran esperanza, que ha empezado en latinoamérica y va a seguir por la vieja Europa. "Un fantasma recorre Europa", será el grito que deberemos dar si cuaja el proceso constituyente, la victoria sobre el neoliberalismo y sobre los que intentan una restauración del bipartidismo borbónico. No nos pueden imponer 30 años más de una Europa de los mercaderes y los hombres de negro.Y en esa batalla está con nosotros la fuerza y la determinación de una mujer imposible de doblegar como Pasionaria. Ese es, a la vez, el mensaje hacia los jóvenes y el mensaje más joven posible”.

Un título que recoge además del texto para jóvenes de Alcaraz, un prólogo del poeta Marcos Ana y la oración laica del entierro de Dolores de Julio Anguita. También contiene un epílogo del secretario general del Partido Comunista de España, José Luis Centella. Lo completa el libro 20 actividades para desarrollar en el ámbito escolar o familiar como sugerencia didáctica. El libro está ilustrado por dibujos del almeriense Joaquín López Cruces.

Fuente:  http://www.tercerainformacion.es

27 marzo 2014

Armando López Salinas en defensa del marxismo-leninismo.

La siguiente carta abierta a la dirección del PCE fue escrita el 2 de julio de 1985 en Madrid por Armando López Salinas. Con ella pretendía defender el marxismo-leninismo en el PCE y criticar la deriva ideológica que por aquel entonces ya padecía la organización comunista.


Los hechos, los datos, son conocidos por todos. Están ahí, con toda su crudeza: Va sonando, viene sonando desde hace tiempo, la hora de la verdad para todos nosotros. La interminable historia de las sucesivas crisis que venimos atravesando está poniendo en cuestión, si las cosas no se atajan, la viabilidad, por mucho tiempo, de la opción comunista en nuestro país. El PCE está saltando hecho añicos.

Miles de comunistas, no importa donde estén, mayoría, minoría o en su casa, sumergidos en la ceremonia de la confusión, se preguntan, y yo con ellos, si es posible la unidad, si hay salida a la actual situación. Amplios sectores populares, obreros fundamentalmente, se hacen las mismas preguntas. ¿Qué ocurre en las filas comunistas? ¿Qué ocurre en un partido que fue el alma de la resistencia antifascista?

Aprendiendo de nuestros errores, rectificando, seremos capaces de crear la fuerza ideológica, política y organizativa necesaria para el ajuste de cuentas con la sociedad capitalista.
Y hay que responder a esas preguntas. Y hay que responder afirmativamente. Si. Hay salida. Si. Es posible la Unidad de los Comunistas. Problemas parecidos a los que hoy vivimos han sido resueltos en el movimiento obrero y comunista de otros países en base a la clarificación ideológica, en acuerdo con los principios de la teoría marxista-leninista, en la práctica concreta de la lucha de clases.

Y que nadie se llame a engaño, que la derecha no se frote las manos. Aprendiendo de nuestros errores, rectificando, seremos capaces de crear la fuerza ideológica, política y organizativa necesaria para el ajuste de cuentas con la sociedad capitalista.
Camaradas. En la cuestión comunista planteada en nuestro país, en la crisis, y así se ha señalado en alguna ocasión han influido, influyen, causas diversas sin las cuales no sería posible comprender el actual panorama político español y una parte de los problemas que nos aquejan.

Una crisis ideológica

Partiendo de la base, al menos en mi opinión, de que el origen de la crisis comunista es de orden ideológico, de pérdida de identidad, conviene señalar algunas de estas causas. La transición se inició, ciertamente en medio de una crisis económica sin precedentes, que ha ido profundizándose y a la que no se ve salida hoy por hoy. Sin una ruptura clara con el régimen anterior y bajo la hegemonía de fuerzas evolucionistas procedentes del franquismo. Y con la tutela de los EE.UU.

No se logró, dada la correlación de fuerzas existentes, imponer la formación de un gobierno provisional en el que estuvieran representadas, sin excepciones, las fuerzas políticas fundamentales de tendencia democrática. De otra parte, el sistema democrático creado ha estado en vilo, amenazado por el golpismo. En este sentido es necesario valorar en toda su dimensión el impacto creado en la opinión pública por el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1.981. Lo ocurrido dicho día, junto a nuestra crisis, está en la base de la derrota electoral comunista en octubre del 82 y del triunfo del partido socialista.

Pero lo anteriormente dicho, y más elementos objetivos que podrían añadirse, no pueden servir como tapadera para ocultar los problemas internos ya sean de orden ideológico, político u organizativo que venimos padeciendo. Porque, entre otras cosas, también el PCE es un elemento objetivo en la vida cultural, social y política de nuestro país.

Tres congresos se han celebrado desde nuestra legalización en 1.977. Y los tres, cada uno con su significación política e ideológica concretas, se saldaron, no con el reforzamiento de la unidad partidaria, sino con marginaciones y rupturas. Difícilmente las cosas podrían haber sucedido de otro modo. Los debates habidos, amén de mostrar una cierta inadaptación del Partido al contexto real de la situación española e internacional, fueron la expresión clara de la existencia de divergencias profundas entre nosotros, no sólo en el Comité Central, sino también entre los militantes, ya fuera en torno a la supresión del concepto marxismo-leninismo, del proclamado eurocomunismo y sus diversas lecturas, de la llamada línea renovadora.

Cuestiones que se referían no sólo a la práctica política concreta, a los pactos concluidos, a las movilizaciones, sino también, y ello a mi juicio es lo esencial, a nuestra teoría marxista, a la propia concepción del Partido Comunista. La posición eurocomunista se ancla, en gran medida, en el practicismo, en la ilusión de que la política lo es todo o casi todo, rompiendo así la relación entre teoría y revolucionaria y práctica revolucionaria. Conocida es la máxima socialdemócrata de que el movimiento, más que los fines es lo determinante. Abrir caminos, maniobrar, llevar a cabo compromisos es el abecé de la lucha política. Pero hay que hacerlo sin renunciar a lo esencial de nuestra teoría revolucionaria, sin mercadear con los principios.

Las desviaciones o el menosprecio tanto de la teoría como de la práctica conducen a callejones sin salida. Todos sabemos que las relaciones entre una y otra son, a la vez, armoniosas y contradictorias. Pero, si la comprobación en la práctica es el criterio de la verdad, el método científico es por el valor de analizar y decir públicamente lo que estaba sucediendo en nuestras filas, donde estaba el origen, la causa por la que miles y miles de comunistas estaban ejerciendo la más alta forma de crítica que puede realizarse a un partido: la de irse de sus filas.

Cerramos los ojos a la realidad, sin ir a la raíz del problema por más que hubiera discusiones políticas sobre temas más o menos coyunturales. Y no solo cerramos los ojos frente a nuestra propia realidad, sino que adoptamos actitudes prepotentes respecto al movimiento obrero y comunista internacional en el que solo veíamos defectos y al que solo pretendíamos dar lecciones. Si es cierto que todas las cosas no marchan bien en los países socialistas, también lo es que han acabado con el capitalismo, con la explotación de hombre por el hombre, que la enseñanza y la sanidad están al alcance de todos sin discriminaciones clasistas, que la plaga del paro no los azota, etc. Queríamos barrer la casa de los amigos cuando la nuestra, además de un barrido, necesita un fregado.

Validez del marxismo-leninismo

Mucho de vosotros conocéis mis opiniones al respecto. Ya en la preparación del IX Congreso manifesté ser contrario a la supresión del concepto marxista-leninista como definitorio del carácter de nuestro partido. Y sabéis, también, que en diversas ocasiones y desde la tribuna del Comité Central he expresado mi rechazo al eurocomunismo. Y no se trataba entonces y no se trata ahora de cerrar los ojos a la realidad, tanto a los viejos problemas de la sociedad española que quedan por resolver como a los nuevos que plantea el desarrollo social. Es así que entiendo, en consonancia con mi ideología marxista-leninista, que una u otra conclusión de cualquier teórico, ya sea del propio Marx, de Engels o de Lenin, a través del desarrollo histórico concreto de la lucha de clases puede perder su validez general.

Claro está que las cosas han cambiado desde la época del Manifiesto Comunista, desde la Revolución de Octubre y la segunda guerra mundial. Si en el siglo pasado Marx y Engels hablaban del fantasma del comunismo que recorría Europa y de la Santa Alianza formada para combatirle, en nuestros días cabe afirmar que la capacidad revolucionaria del comunismo está presente de manera directa o indirecta, en cuantas transformaciones se han producido y se producen en el mundo. Existe un campo socialista, existen partidos comunistas en los países capitalistas y existen movimientos de liberación nacional que están influidos, en mayor o menor grado, por el pensamiento y la práctica marxista-leninista.

El comunismo, desde la revolución de octubre de 1.917 se ha encarnado en la historia. Y también hoy como ayer la Santa Alianza combate contra él. Si entonces, en 1.848, eran el Papa y el Zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes, hoy cabría cambiar el nombre de Pio IX por el de Juan Pablo II, el del Zar por el de Reagan, y los de Metternich, Guizot y los radicales franceses por los de los dirigentes europeos de la OTAN, por los Pinochet, Stroessner y compañía. Y la Central Americana de Inteligencia sustituirla, con ventaja, a los polizontes alemanes.

Se ha creado una nueva situación en el mundo. Una situación que genera problemas anteriormente desconocidos tanto en el plano de la lucha teórica como en le de la lucha política. Posibilidades nuevas se han abierto a los revolucionarios, a los comunistas de los países capitalistas, por la existencia del campo socialista, por el desarrollo del movimiento obrero y comunista internacional. Y al tiempo, camaradas, la humanidad entera se ve enfrentada a la posibilidad de una catástrofe termonuclear, a la crisis energética de materias primas, alimentaria, ecológica.

Tales cambios, tales problemas, no son ajenos a los comunistas españoles, estamos sumergidos en ellos, en el ojo del huracán. Por eso, asumir el carácter de partido de vanguardia exige, cada día más, una apropiación creciente y creadora de nuestra teoría revolucionaria, un moverse como el pez en el agua entre las masas, entre los viejos y los nuevos movimientos sociales, entre la clase obrera en primer lugar. Conocer, como los dedos de la mano, lo que ocurre más allá de nuestras fronteras.

Todo esto viene a cuento, camaradas, de que el eurocomunismo se ha presentado como la opción revolucionaria en los países de capitalismo desarrollado, de que se ha presentado, a veces, como una especie de tercera vía entre una socialdemocracia fracasada y un esquema marxista-leninista incapaz de presentar soluciones a los problemas de hoy.

Pero ¿las cosas son así? Que expliquen los teóricos del eurocomunismo en que consiste el pretendido esquema. Yo, sinceramente, no lo conozco. Conozco, si, que los fundadores del socialismo científico no crearon el socialismo alemán, inglés o ruso, el socialismo para media Europa. El socialismo es la ideología universal de los trabajadores, afirmaba Marx.

Decía antes que en el terreno político las cosas no son idénticas al ideológico. El socialismo es universal, para la clase obrera, para combatir, para defender sus intereses, se organiza como tal clase en su propio país, crea su propio partido comunista. El Manifiesto dice que la lucha de clases es nacional, no por su contenido, sino por su forma. Por eso, sobre la base universal de nuestra teoría, ésta debe concretarse con las condiciones reales de cada país. Hay, pues, sin duda, lo específico, italiano, francés, español, etc., pero existe también la formación económica capitalista que estudiaron Marx, Engels y Lenin y que sigue siendo, en lo esencial, la misma. No. No hay terceras vías en el terreno ideológico, no las hay tampoco en el terreno político, valdría decir que hay tantas vías como países existen. Ninguna revolución es igual a otra.

Afirmaba antes algunos elementos esenciales de la teoría revolucionaria, elementos de identidad que confirman la validez del concepto marxista-leninista, no de un pretendido esquema, como expresión actual del marxismo revolucionario. No. No es posible separar a Lenin de Marx. Es una operación condenada al fracaso. Se ha dicho, con toda razón, que en uno y otro se unen tiempos distintos en una sola teoría de la revolución.

Lenin reafirma, en la teoría y en la práctica, la validez del marxismo revolucionario frente al reformismo de la II Internacional. Desarrolla el socialismo científico en la época del paso del capitalismo a su fase imperialista, periodo de las revoluciones sociales en el que hoy nos encontramos inmersos. Dirige la revolución de Octubre. Y Octubre es Lenin, pero también Marx y Engels.

Gramsci, al que tantas veces interesadamente se ha querido oponer a Lenin, era partidario de la dictadura del proletariado, era un leninista que desarrolla el marxismo-leninismo en las condiciones de una sociedad más articulada que la zarista. Y, además, no tiene duda alguna sobre la precisión teórica del concepto marxista-leninista. Afirma así:

<< ¿Cuál es el papel de Ilich (Lenin)? ¿Es meramente subordinado o subalterno? La explicación está en el marxismo mismo, ciencia y acción. El paso de la utopía a la ciencia y de la ciencia a la acción. La fundación de una clase dirigente (esto es, de un estado) equivale a la creación de una concepción del mundo >>.

¿Por qué, entonces, el abandono de este concepto por parte del PCE? Es necesario afirmar aquí que abandonasteis algo mas que una frase. No caben los dogmas, la sacralización de la teoría, ni aun de la práctica, pero tampoco cabe ignorar lo alcanzado, las verdades descubiertas. Tal ignorancia, por mas que se la vista de superadora, no es otra cosa que una suerte de nuevo dogmatismo. El comunismo es, para Marx, el movimiento real que pone fin al estado de cosas existente. No es un dogma, sino una guía para la acción, según Lenin. Por eso, el marxismo-leninismo no es un sistema cerrado, al modo de la vieja filosofía, sino una teoría y una práctica capaz de integrar el conocimiento humano de la época que se trate y de abrir así nuevas perspectivas al desarrollo social.

Madrid, 2 de julio de 1985
 
* “Además de excepcional escritor, que dejó la literatura demasiado pronto para volcarse a la tan necesaria actividad política de oposición al régimen franquista, Armando López Salinas es parte de la reciente Historia política de España. Militante del Partido Comunista de España desde finales de la década de los cincuenta, colaboró en la “redacción interna” de Radio España Independiente “La Pirenaica” y formó parte, de manera temprana, del cuadro político de la organización de intelectuales del PCE. Fue Miembro del Comité Central del PCE, subdirector de Mundo Obrero y candidato a diputado por Jaén en elecciones democráticas de 1977. Aunque más tarde se alejó de la primera línea de la política, Armando López Salinas nunca abandonó su militancia activa en el Partido Comunista de España. ” http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=3758

Hasta siempre Camarada.

26 marzo 2014

Primera intervención de Marina Albiol como candidata de Izquierda Unida al Parlamento Europeo.


 
 
Marina Albiol: "La clase dominante, los ricos, los poderosos hace mucho tiempo que están organizados. Organizados en la Unión Europea, en el Fondo Monetario Internacional, En el Banco Central Europeo... Y ahora nos toca a nosotras, nos toca a nosotras organizarnos.
 
Codo con codo con los trabajadores y trabajadoras de Grecia, de Italia, de Alemania, de Rumania, de Polonia, de Francia... Que las calles sean un clamor pidiendo el reparto de la riqueza y justicia social. Europa mucho más que por líneas fronterizas, está dividida por los intereses contrapuestos e irreconciliables de las clases sociales, sean del país que sean. Su riqueza se construye con nuestra pobreza. Las jubilaciones millonarias de los banqueros salen de nuestros desahucios. Sus yates, sus lujos... Salen de los niños que no pueden hacer ni una comida digna al día. Los beneficios indecentes de las grandes empresas son nuestra misera. Ahora mismo la definición de la Unión Europea es una suma de palabras que sólo nos hacen sentir dolor y rabia. La Unión Europea es paro, desigualdad, asesinatos en ceuta, otan, guerras, pobreza, desahucios y alambradas con cuchillas."
 
 
 
 

16 marzo 2014

El intelectual orgánico.

Una de las aportaciones determinantes de Lenin al marxismo fue la creación de un partido de nuevo tipo, una organización política que hasta entonces no existía, desconocida incluso para el propio movimiento obrero, cuyas formas de organización eran los partidos "de masas" típicos de la II Internacional. Pero Lenin no sólo plantea un nuevo tipo de organización sino una nueva tarea para ella: la de vanguardia, es decir, la de dirigir a las masas. Pero, ¿qué es dirigir?

Encerrado en las cárceles fascistas, Gramsci utilizó un lenguaje elíptico para explicar la naturaleza de la dirección política y habló de un "intelectual orgánico", un concepto prostituido -como el propio Gramsci- por el revisionismo, que ha desviado la atención para proponer una alianza entre los obreros y los intelectuales. De aquí parece deducirse que los intelectuales son algo distinto a los obreros, otro sector social cuyo papel en el capitalismo contemporáneo pretenden determinar.

Los revisionistas han tergiversado a Gramsci lo mismo que a los demás comunistas. Lo han convertido al idealismo utópico de Platón en el que los que deben regir las sociedades son los sabios, los que tengan conocimientos, lo que en última instancia se reduce hoy a quienes tengan diplomas académicos, cursillos y másters. Es esa estúpida concepción en boga que censura a los ministros que carecen de un título colgado de la pared.

Naturalmente que Gramsci habla de otra cosa. No se refiere a los intelectuales ni a que sean ellos los que dirijan sino a que la dirección de la lucha de clases es de naturaleza intelectual. La organización, la cohesión y la actuación de una clase como tal clase, tanto de la burguesía como del proletariado, requiere una experiencia (una práctica, una habilidad) política, social, cultural, científica, militar, económica y técnica. Los conocimientos intelectuales no son el punto partida sino que derivan de esa práctica. Los comunistas se refieren a eso cuando hablan de "cuadros" y de "revolucionarios profesionales", es decir, de los militantes del partido comunista cuya profesión es la revolución proletaria. Son ellos (y no los intelectuales) quienes dirigen al proletariado. Ellos son la conciencia de la clase obrera y su dirección es de la misma naturaleza que cualquier otra forma de conciencia: intelectual.
 

Para explicar su función Gramsci la contrapone al tipo tradicional de intelectual, el personaje ilustrado (escritor, filósofo, artista) que, por el dominio de un habilidad especializada, se cree por encima de las clases y de sus luchas y pretende apoyarse en un auditorio nacional o internacional incluso. En el siglo XIX el prestigio y la posición de algunos escritores, como Emilio Zola en el caso Dreyfus, no sólo le independizaban del poder político sino que le permitían el ejercicio de una cierta "crítica" que, por lo demás, era una dedicación al margen de la suya. El intelectual no era un profesional ni en la defensa ni en la crítica de las clases sociales.

Gramsci se refiere a otro tipo de intelectualidad. Según el comunista italiano con el desarrollo del capitalismo los intelectuales no se limitan a interpretar la sociedad sino que la dirigen con plena conciencia de ello. El concepto de intelectual orgánico sigue la misma línea que los de conciencia de clase (Marx y Engels) y vanguardia (Lenin). La conciencia de la clase obrera es su vanguardia y como cualquier otra forma de conciencia es de naturaleza predominantemente intelectual. Si Gramsci hablaba de un "intelectual orgánico", también se puede hablar de la organización del intelecto o de la organización de la conciencia (de clase), es decir, de militantes de organizaciones que trabajan organizadamente.

No se trata, pues, de cualquier clase de elaboración teórica de esas típicas que escriben los profesores, economistas o filósofos seudomarxistas, sino únicamente de aquella que está organizada, que es colectiva, que procede de una discusión mantenida dentro de una organización y para una organización, para el cumplimiento de su papel de vanguardia, de su línea y de su programa revolucionario.

La alusión a un tipo tradicional de intelectuales por parte de Gramsci pone de relieve el cambio de su papel en la nueva etapa imperialista, que desarrolla el trabajo complejo, intelectual, frente al trabajo simple y manual característico de la fase anterior. Ya no son personalidades individuales sino un único "intelectual colectivo". Gramsci llamaba así a todos aquellos que ejercen "funciones organizativas en sentido lato, tanto en el campo de la producción como en el de la cultura y en el político-administrativo". Hay muchos más intelectuales hoy que en el pasado y, a diferencia de los tiempos de Zola, la inmensa mayoría de ellos han sido plenamente domesticados. La universidad actual es el mejor ejemplo de su sumisión. Hoy lo verdaderamente exótico es encontrar un maestro, un profesor o un catedrático con una mínima capacidad crítica.

Para Gramsci, como para el materialismo histórico en general, el "laissez faire" (la espontaneidad) no existe, la lucha de clases no es un fenómeno espontáneo sino dirigido. Las clases sociales quieren dirigirlo todo pero todo no se puede dirigir, y menos bajo el capitalismo, que es un modo de producción anárquico por naturaleza que conduce a las crisis, por lo que la tarea de la burguesía es utópica en última instancia.

En contra de lo que piensan tanto los burgueses como los anarquistas, la sociedad capitalista se orienta conscientemente y esa orientación es un fenómeno general que no concierne sólo al proletariado, sino también a la burguesía. La conducción requiere de organizaciones, de un programa, de una línea y de una ideología. En la medida en que son conscientes, las clases sociales miran al futuro más que al pasado. No improvisan sino que actúan de manera planificada y sistemática. El intelectual orgánico no es el cronista de una realidad pasada sino el diseñador de la política futura, de lo que los anglosajones llaman "policy makers": diseñadores de políticas (económicas, sanitarias, ambientales, internacionales).

Son las formas de dirección de las clases sociales las que han cambiado porque bajo el imperialismo las sociedades han cambiado. Si Marx y Engels demostraron que el capitalismo conduce a las crisis, Lenin demostró que en su fase última las crisis se han hecho crónicas. Por consiguiente, la tarea de dirección de la burguesía es utópica por partida doble, lo cual favorece la tarea inversa del proletariado. La propia construcción de un partido de nuevo tipo por el proletariado se corresponde con la crisis, la descomposición y los cambios sociales que el imperialismo trae consigo.

A la burguesía las crisis no le deben sorprender, no puede soportar imprevistos. Por eso diseña planes para todo, tanto para emergencias meteorológicas, como militares o sanitarias; aprueba alertas amarillas, estados de alarma, planes de evacuación y salidas de emergencia ante cualquier eventualidad, lo que pone al Estado imperialista en un estado de renovación permanente. La crisis crónica ha hecho de la seguridad y la gobernabilidad sus elementos identificadores.

A pesar de su condición de vanguardia, el intelectual organizado, incluido el burgués, agrupa masas importantes, o aspira a ello al menos. Para cualquier clase social la tarea de dirección concierne a las masas, a las suyas propias, a las de su clase y a las de las demás clases. Ese es el concepto de hegemonía que también acuñó a Gramsci. Se trata de determinar quién dirige a quién, o a la inversa, qué clase social va a desempeñar un papel subalterno. No se trata sólo de saber dirigir, cómo dirigir, sino de algo aún más profundo: de saber en qué consiste dirigir, algo bien diferente -exactamente opuesto- a "dar órdenes", mandar o mangonear.

La homogeneidad de la clase es hegemonía ideológica. En cada momento el intelectual orgánico identifica los intereses de su clase y la cohesiona en torno a ellos, desarrollando una ideología que no es de naturaleza técnica ni económica, sino política porque reune los tres requisitos imprescindibles para imponer su hegemonía dentro de su clase y de las demás:

a) es consciente requiere un cierto grado de elaboración y difusión, así como la imposición de un lenguaje característico
b) es partidista, es decir, responde a los intereses de una parte de la sociedad, de una clase
c) es activa, forma un programa de acción e incluso una "ética", es decir, está destinada a la práctica

Para Gramsci todas las personas son intelectuales, en tanto que en mayor o menor medida todas emplean las facultades intelectuales de que disponen. Pero al mismo tiempo consideraba que en la sociedad no todos ejercen una función intelectual. Él se refería a quienes, como consecuencia de la división social del trabajo, se han especializado en la dirección y organización de la lucha de clases. No son analistas, ni comentaristas, del tipo de los profesores universitarios o los periodistas sino especialistas que desempeñan un papel activo y consciente al servicio de su clase.

Naturalmente, las clases sociales no dirigen de la misma manera. El proletariado dirige a través de su vanguardia y de los sindicatos y organizaciones de masas, de reuniones, de manifestaciones, de huelgas y de insurrecciones. La dirección de la burguesía es mucho más compleja y comprende partidos políticos, asociaciones empresariales, grupos de presión, fundaciones, foros ("think tank"), ONG y otras.

De la misma manera que el capital monopolista no lo dirige un accionista sino un gerente profesional, el intelectual orgánico de la burguesía también es un personaje de segunda línea, un capataz, mientras que los de la primera son los que aparecen en los medios, las ruedas de prensa y los debates parlamentarios. Sus discursos los escriben otros.
 
 
 
 

09 marzo 2014

Guillermo Teillier, Presidente del Partido Comunista de Chile: El pinochetismo sigue en todas partes.

El presidente del Partido Comunista chileno, que vuelve a La Moneda por primera vez desde el Gobierno de Allende, pide a sus socios democristianos que reconozcan su papel en el golpe.
 
Guillermo Tellier, presidente del PC chileno
 
Michelle Bachelet asumirá nuevamente la presidencia de Chile el martes próximo pero, a diferencia de su mandato anterior (2006-2010), lo hará arropada de un grupo de socios más diverso compuesto por democristianos, socialistas y, la principal novedad, el Partido Comunista (PC). Esta formación tendrá un ministerio —el Servicio Nacional de la Mujer— y volverán a los consejos de La Moneda por primera vez desde el 11 de septiembre de 1973, cuando los militares derrocaron a Salvador Allende. El principal responsable del regreso del PC al poder es Guillermo Teillier: 70 años, líder de los comunistas chilenos y diputado desde 2010.
 
Durante el régimen de Augusto Pinochet, Teillier usaba el seudónimo Sebastián Larraín para operar en la clandestinidad. Cambiaba de nombre, de casa, y por años no vio a sus hijos. Fue detenido y torturado, pero corrió mejor suerte que muchos de sus compañeros: 300 fueron ejecutados y una cantidad similar permanece desaparecida 40 años después. Teillier era jefe militar del PC y autorizaba las acciones subversivas. En 1986 dio luz verde a un frustrado atentado contra Pinochet. “Fue una decisión políticamente correcta”, sostiene.
 
Teillier habla pausado y, aunque casi siempre se muestra serio, tiene sentido del humor. Cuando se le pregunta por sus lecturas y se espera que responda con algún título doctrinario, contesta sin complejos: “Estoy con Sherlock Holmes”. Se considera marxista-leninista pero también “profundamente allendista”. Cree que es perfectamente posible ser comunista en 2014, casi 23 años después de la desaparición de la Unión Soviética: “De ninguna manera voy a desconocer lo que fue la revolución bolchevique y la instalación de la URSS, con todos los errores que haya podido tener”.
 
Los comunistas chilenos tuvieron durante el siglo XX, y hasta el golpe de 1973, presencia institucional. Su regreso a La Moneda representa un vuelco a su propia historia. En la Unidad Popular de Allende (1970-1973) fueron activistas ordenados que, a diferencia de los socialistas, donde militaba el propio presidente, respaldaron en bloque al Gobierno. En ese periodo los sectores de centro, liderados por la Democracia Cristiana (DC), ejercieron una dura oposición. Pero, posteriormente, la lucha común contra la dictadura hizo posible la peculiar alianza entre el centro y la izquierda que permitió derrocar a Pinochet mediante un plebiscito. Fue la génesis de 20 años de gobiernos de la Concertación (1990-2010).
 
Los comunistas, que no creyeron en este pacto de gobernabilidad, optaron durante esas dos décadas por mantenerse en la oposición y apostaron por un camino testimonial que en la práctica los condujo al aislamiento político. El martes regresarán a La Moneda siendo parte de la Nueva Mayoría, junto a la DC, que en Chile ha tenido una histórica tradición anticomunista. La tensión entre las dos fuerzas en temas relevantes como las relaciones internacionales —Venezuela y Cuba, por ejemplo— afectó la campaña de Bachelet y ha provocado esta semana una congelación de las relaciones.
 
El camino de regreso del PC a la primera fila de la escena política ha sido lento. En 2005 el partido emprendió una estrategia paulatina para recuperar su papel institucional de la mano de Teillier. En 2008, un acuerdo con la Concertación le permitió conseguir dos alcaldes. En 2009, el PC obtuvo tres diputados y el propio Teillier llegó al Congreso. Representan en torno al 6% del electorado y en los comicios pasados lograron siete diputados y un triunfo emblemático: la elección de la ex dirigente estudiantil Camila Vallejo. “Es el rostro de una generación que se le escapó de las manos al estatus imperante en Chile. Salieron del círculo del temor que acosaba a muchos sectores”, relata el comunista.
 
Pregunta. ¿Le cuesta controlarla? ¿es díscola?
 
Respuesta. Se está abriendo paso y viene con ideas nuevas y formas nuevas. Pero Camila es una militante que hace caso
.
P. ¿A qué llegan los comunistas al Ejecutivo?
 
R. A hacer todo lo necesario para que se cumpla el programa de Gobierno. Después de la salida de la dictadura en 1990, por primera vez en Chile se plantean reformas estructurales de envergadura como la educación gratuita, el mejoramiento de la salud pública y una reforma tributaria. (La presidenta y sus colaboradores también esperan que el PC, que controla las principales centrales sindicales, le ayude a controlar las manifestaciones sociales).
 
P. ¿Ha dejado de justificar la lucha armada?
 
R. No puedo dejar de justificar la lucha armada. Cuando te declaran la guerra tienes el derecho a defenderte. Avalo el concepto a la rebelión y creo que fue justo. En Chile no existía Estado de derecho. Pero no estamos por propiciar eso ahora.
 
P. ¿Todavía existe el pinochetismo?
 
R. Sí.
 
P. ¿Y dónde está?
 
R. El pinochetismo sigue en todas partes. Está en el Congreso, donde hay personas que idolatran a Pinochet. Se atrincheran y luchan con todas sus fuerzas para que no se produzcan cambios democráticos.
 
P. Sus actuales socios, democristianos y socialistas, ¿fallaron en impedir la extradición de Pinochet a España en 1998?
 
R. Salvaron a Pinochet de un juicio.
 
P. Sus socios democristianos, críticos del chavismo, acusan al PC de tener dos caras en materia de derechos humanos.
 
R. Los que tienen un doble discurso son los democristianos que todavía no entienden que lo que hicieron en Chile en 1973 también puede suceder en Venezuela. La Democracia Cristiana facilitó el golpe de Estado y contribuyó a la desestabilización del Gobierno de Allende. Esto es una verdad histórica. Sería importante que los democristianos reconocieran las responsabilidades que tuvieron en el quiebre democrático de 1973 y que llevar agua al molino de la derecha fue un error.
 
P. Resulta extraño que dos fuerzas tan distintas formen parte de un mismo Gobierno.
 
R. De lo que formamos parte ambos partidos es de un acuerdo político programático y lo que nos compromete es a cumplir con ese programa. ¿Se va a mantener en el tiempo la alianza? No lo sabemos.
 
P. ¿No estima que el Gobierno de Maduro ha cometido excesos?
 
R. Pueden cometerse excesos, pero si se tiene en cuenta que la mayoría de los muertos son chavistas ¿de dónde viene el exceso? Tengo la sospecha de que en Venezuela existe mucho de construcción mediática.
 
P. ¿Tampoco considera que haya violaciones a los derechos humanos en Cuba?
 
R. Yo creo que en Cuba no hay problemas de derechos humanos. Hay restricciones que incluso ahora están levantando. Pero mientras no termine el bloqueo norteamericano es difícil tratar a Cuba como a un país normal.
 
P. ¿Cuál es su diagnóstico de la situación política de América Latina?
 
R. Indudablemente hay una izquierdización. No todos están pensando en el socialismo, pero sí en sociedades democráticas más progresistas. Después de la caída del socialismo europeo estamos construyendo nuestros propios conceptos.
 
Fuente: Diario El País.

01 marzo 2014

Ilegalización del Partido Comunista de Ucrania, una peligrosa farsa en tiempos sangrientos.

Elena Koroleva
KPRF

Ucrania con paso firme avanza en dirección al fascismo. Un signo evidente de ello no son solo los chavales de “autodefensa” que se pasean con antorchas en la mano por las calles de las ciudades buscando una nueva víctima que incendiar, también lo es el reavivar la vieja cantinela de la ilegalización del PCU. La paradoja es que a los comunistas los prohíben los regímenes nazistas y dictatoriales, como el de Hitler o Pinochet, para que no estorben en la construcción de Auschwitz, o en la puesta en marcha de reformas, sobre la sangre de los fusilados en el estadio de Santiago. Tampoco faltaron las ilegalizaciones del Partido Comunista tras la disolución de la URSS. Pero las repeticiones en la historia, son por lo general una farsa. En este nuevo intento, la farsa comienza ya por el promotor, el diputado Oleg Lyashko, conocido por sus escándalos.
 
En este momento, cuando no han pasado los cuarenta días (de luto) por los caídos en la guerra de Maidán, tanto civiles como policías, las bromas se convierten en algo indecente. Pero hay momentos tan paradójicos, que una no puede evitar ponerse sarcástica.
 
Por ejemplo, ¿qué hacer con los comunistas, que en Ucrania son 115 mil militantes? Después de la ilegalización, en algún sitio habría que meterlos. Especialmente a los que no estuviesen de acuerdo. Así que aquí los ultraderechistas, los de “Svoboda” y demás no podrían evitar tener que recurrir a la práctica hitleriana de los campos de concentración. Cierto que para mantener bajo arresto a todos los comunistas activos en un país completamente arruinado, no habría presupuesto. Habría que dirigirse a Occidente a por ayuda. Siempre está la esperanza de que el extranjero te ayude. Si no da dinero, al menos podría descongelar Auschwitz, para una solución más radical del problema…
 
¿Les suena salvaje, poco creíble? ¿Y quién podía imaginar hace 10 días, que la pacífica Ucrania, un caserío en los confines de Europa, se convertiría en epicentro de pogromos y de la agresión incontrolada de bandas paramilitares? ¿Quién podía imaginar que el orden en el país lo iban a imponer gente vestida de camuflaje, con fusiles, que iban a acudir de esa guisa a un pleno de una administración local, como el que vuelve a su tienda de campaña en el cuartel?
 
Una cuestión aún más delicada que se le plantease a “la dictadura de la democracia” sería qué hacer con el ejército de electores, con esos 2 millones, 687 mil 246 personas, que dieron su voto al PCU? Eso es prácticamente lo mismo que consiguiera UDAR, con todos los cinturones de campeón de Vitali Klichkó, y más de lo que obtuviera “Svoboda”, teniendo como tenían posibilidades ilimitadas en Ucrania Occidental. El Partido Comunista por el contrario ha estado trabajando siempre bajo presión por todas las partes; tanto del gobierno, como de la oposición. Mientras que el gobierno recurría a la palanca de la presión administrativa, los propagandistas de la oposición buscaban algún escándalo que los comprometiese o descalificase. Pero apenas consiguieron nada y la desacreditación no surtió efecto.
 
Mientras que después de la que han armado los clanes oligárquicos en disputa, en estos 3 meses de “revolución”, empezaron a dirigir sus esperanzas hacia los comunistas, incluso aquellos que las tenían depositadas en otras fuerzas políticas. Como dice el sabio refranero, “los señores se pelean y el siervo paga los platos rotos”. En estos tres meses de confrontación, cuando por un lado morían románticos revolucionarios y del otro policías y soldados, cada uno dejando huérfanos y familias desconsoladas, ningún político ha sufrido el menor daño. Ni un rasguño. Igual que en el anterior gobierno bebían coñac del caro, seguirán bebiendo en el nuevo. Y el pueblo se ha quedado sin trabajo, sin pensión, sin medios para subsistir. Y encima bajo la amenaza del terror criminal desatado por la “Autodefensa” (Samooborona). ¿Cómo no va a crecer la popularidad de los comunistas en estas condiciones?
 
Los que mueven los hilos de sus marionetas y han dirigido esta representación revolucionaria con numerosas víctimas, comprendiendo bien esto, han incluido a los comunistas en la lista de elementos peligrosos que hay que exterminar. En esa lista hay figuras del más variado signo; todos los que de un modo u otro pueden influir en la correlación preelectoral de fuerzas en mayo.
 
Empezando por la mismísima Yulia Timoshenko, quien nada más salir de la cárcel, anunciara sus ambiciones presidenciales. O el líder de “Praviy Sektor” Dmitri Yárosh, al que esa popularidad repentina le ha provocado un ataque de la enfermedad de las estrellas y también aspira a hacerse con el cetro. De Yárosh ya sabemos que la víspera de la muerte de la “centuria de los cielos” se reunió con Yanukóvich.
 
Le fue a pedir al todavía presidente el cargo de viceministro del interior. ¿Y Timoshenko? Ella estaba en la cárcel. Pero su hija, en lugar de estar sacando heridos en Maidán, estaba celebrando su cumpleaños, con su novio en Roma, en el hotel más lujoso. No es de extrañar que después de todas estas revelaciones, Yarosh haya tenido que bajar las revoluciones de su ambición, mientas que Timoshenko, simplemente ha huido a Alemania, renunciando al cargo de primera ministra. Y seguirá allí recuperándose, mientras el escándalo de su hija Zhuzha, no se le olvide a los electores.
 
Pero eso son minucias comparado con la munición pesada con la que disparan contra los comunistas. Primero soltaron el bulo de que al líder del PCU se le había visto en Moscú, rodeado de oligarcas y funcionarios del gobierno depuesto. No les resultó. Él estaba en su sitio. Luego asaltaron la sede del PCU. Es una guerra de nervios en la que eso solo era el preludio. Casi al mismo tiempo, destruyeron la casa del hijo de Piotr Simonenko, en la que durante un tiempo vivió con la mujer y los hijos. Al pueblo le mostraron un piano blanco y una taza de váter (no dorada, normal), lo que provocó un efecto bumerang: a juzgar por las reacciones en Facebook, la gente se indignó, poniéndose en el lugar de los afectados.
 
“Sería bueno saber cómo se hubiera sentido Tiagnibok, sentado en las cenizas de su casa, mientras los telespectadores veían como era su retrete”. Ya le llegará la hora, la vida da muchas vueltas, escribía un chaval, que a juzgar por lo demás participó activamente en el primer Euromaidán “estudiantil”.
 
Otros usuarios de las redes sociales, proponían recordar la historia. Por ejemplo, la llegada de Adolf Hitler al poder y la prohibición del Partido Comunista alemán, en enero de 1933. Por una de esas extrañas casualidades, entonces todo comenzó con un incendió. Claro que entonces se trató del incendio de Reichstag, del que se acusó a los comunistas, para desatar la represión contra ellos.
 
El 3 de marzo de 1933 fue arrestado el presidente del PCA, Ernst Thälmann. De los 300 mil miembros del PCA (a comienzos de 1933), cerca de la mitad sufrió persecución, acabaron en cárceles o campos de concentración y decenas de miles fueron asesinados. 222 dirigentes del PCA cayeron víctimas de los nazis.
 
¿Por qué los nazis no le pegaron fuego a la Rada, para culpar luego a los comunistas, sino que se presentaron en la casa del líder del partido? La respuesta es clara: no tienen ni tiempo, ni ganas de desatar una bufonada con proceso judicial incluido contra los comunistas. Y después de todo, tienen miedo de analogías directas con Hitler. Por eso van por un camino corto, directo e ilegal. Ilegalizar el PCU, amedrentar a Simonenko y demás líderes y desmoralizar a las bases, para de cara a las elecciones, despejar el terreno político de un competidor peligroso”, escriben en las redes sociales.
 
“El gato sabe, de quién es el tocino que come”, escribe otro usuario de Facebook. Fíjense a quién se le ha encomendado la vituperable misión de presentar la propuesta de ilegalización del PCU: a un payaso como Lyashko. Así, llegado el caso, se podría dar marcha atrás y culpar de todo a este “mariposón”. Si alguien se ha olvidado de comenzó su carrera este Oleg Lyashko, puede volver a ver el vídeo. Felicito a los comunistas: Si contra ellos están usando “flechas mágicas” como Lyashko, es que todavía les queda pólvora.
 
No es casualidad que esté recurriendo a citas sacadas de las redes sociales, ya que es ahí donde vive precisamente la libertad de expresión, aplacada por la censura y autocensura de los medios oficiales. Son precisamente Facebook y Twitter los que reflejan el sentir de diferentes grupos sociales y donde llegan las noticias más frescas o habladurías.
 
Uno de los temas que más se debate ahora en las redes es la “lustración” (colaboración con el “régimen” comunista) en Ucrania. Y la pregunta más frecuente es: ¿Y quiénes serían los jueces? ¿Tiagnibok con su pasado en el Komsomol? ¿la comunista Irina Farion? ¿el funcionario soviético E. Gurbits, gran amigo de los extremistas chechenos? ¿no deberían empezar por ellos mismos?
 
Los juristas, a su vez, le recomiendan a Lyashko que se lea la Constitución. El artículo 43 garantiza a todo ciudadano de Ucrania, “el derecho a la libertad de pensamiento y palabra y a la libre expresión de sus convicciones e ideales”. Incluidos los políticos. El artículo 36, reza que “los ciudadanos de Ucrania tienen derecho a la libertad de agrupación en partidos políticos y organizaciones sociales…”.
 
El artículo 37, establece la prohibición y actividad de partidos políticos u organizaciones sociales, que en sus tesis programáticas persigan la supresión de la independencia de Ucrania, la modificación del orden constitucional por la vía violenta, la violación de la soberanía y la integridad territorial del Estado, la conquista del poder de modo ilegal, la propaganda de la guerra, la violencia, la incitación al odio interétnico la discriminación por motivo de raza, religión, el atentado contra los derechos y libertades de la persona y la salud de la población”.
 
Si alguien tiene algo que alegar en lo referente a la propaganda de la violencia y la incitación del odio interétnico, que se dirija por favor al señor Tiagnibok y “Praviy Sektor”. También va para ellos el artículo 15 de la Constitución: “ninguna ideología puede ser reconocida por el Estado como obligatoria”. Ya habéis oído chavales: ninguna. Ni el nacionalismo, ni el anticomunismo, tienen el derecho constitucional a convertirse en la ideología dominante del Estado. Tampoco pueden tener los partidos políticos ni las organizaciones sociales formaciones paramilitares. Por eso la denominada “Centuria de San Stanislav”, de la que presume “Svoboda”, es motivo para iniciar el trámite de ilegalización de “Svoboda”.
 
P.S. Escribir un artículo y limitarse a postear del Facebook, sin escuchar la postura de los dirigentes del PCU no sería propio de una periodista. “Estamos acostumbrados a sobrevivir en tiempos difíciles” dice el líder del PCU Piotr Simonenko. Hablamos con él en Kiev, cerca de la sede central asaltada. Se le ve tranquilo, convencido. A la pregunta del incendio de Gorenko responde de modo escueto: “Como decía aquella canción: “Los enemigos quemaron mi “Jata…” (casa rural). No es eso lo más terrible: Hay mucha gente que ha perdido a sus familiares; ellos lo están pasando peor…”.
 
A la pregunta sobre la ilegalización del Partido Comunista, dice que estaba previsto, que era algo que no podía faltar. “Ya cuando comenzaron a destruir en plan masivo los monumentos a Lenin, a los héroes de la Gran Guerra Patria y cuando comenzaron los ataques contra nuestra sedes y a aterrorizar a nuestros militantes, estaba claro que los radicales nazis, alimentados por el entorno de Yanukóvich, iban a intentar usurpar el poder. Y no se van a conformar con la represión de determinados dirigentes del partido o de militantes de base. Pero no debemos tener miedo, hay que estar preparados para esto”.
 
Piotr Simonenko dice, que la tarea más importante en las actuales condiciones es mantener la estructura, los cuadros del partido, estar alerta y no caer en provocaciones. “El Partido Comunista, no se rinde, ni se va a la clandestinidad. La vida trabaja para nosotros. La gente verá los frutos de lo que están haciendo nuestros opositores. La mejor de sus maquinarias propagandísticas no podrá ocultar el drástico empeoramiento de la economía, el crecimiento del desempleo, los impagos de pensiones y salarios, la subida de precios y tarifas, de la delincuencia, el creciente empobrecimiento de la gente: nuestro pueblo no es tonto. Sabrá entender lo que pasa. Ya hemos vencido en muchas otras ocasiones y volveremos a vencer en esta ocasión”, responde sonriente Simonenko, mientras me estrecha fuertemente la mano…
 
Traducido del ruso por Josafat S. Comín

22 febrero 2014

Charlas sobre Antonio Gramsci con Atilio Boron y Néstor Kohan

Video del ciclo de charlas sobre Antonio Gramsci en el marco de la Cátedra de Pensamiento Marxista y Poder Popular del CEFMA. Participaron Atilio Boron (Coordinador de la Cátedra) y Néstor Kohan, quienes hablaron de "Gramsci y la lucha ideológica en América Latina". Más información en www.elcefma.com.ar