04 noviembre 2014

La superestructura del bloque histórico.

Hugues Portelli

Las superestructuras del bloque histórico forman una totalidad compleja en cuyo seno Gramsci distingue dos esferas esenciales: por una parte, la de la sociedad política, que agrupa al aparato de estado; por la otra, la de la sociedad civil, es decir, la mayor parte de la superestructura. Antes de estudiar la disposición de estos dos elementos en el seno de la superestructura, es conveniente analizarlos por separado.

1. LA SOCIEDAD CIVIL

En los Cuadernos Gramsci vuelve muy a menudo sobre el concepto de sociedad civil, para definir la “dirección intelectual y moral” de un sistema social. Esta noción de sociedad civil la toma de Hegel y de Marx pero, como correctamente observa Norberto Bobbio, Gramsci le da una considerable importancia.

1. El origen del concepto gramsciano de sociedad civil

Tanto Marx como Gramsci parten de la obra de Hegel pero evolucionan en sentidos opuestos: el primero entiende la noción hegeliana de “sociedad civil” como el conjunto de las relaciones económicas; el segundo la interpreta como el complejo de la superestructura ideológica. En La Contribución a la crítica de la economía política, Marx escribe, reivindicando el origen hegeliano de esta noción:
“Mis investigaciones desembocaron en el resultado que sigue: tanto las relaciones jurídicas como las formas de estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que radican, por el contrario, en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel, siguiendo el precedente de los ingleses y franceses del siglo XVIII 1, bajo el nombre de ‘sociedad civil’, y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política.” 2
También Engels defiende esta concepción cuando escribe en Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana que “el estado, el régimen político, es el elemento subalterno, y la sociedad civil, el reino de las relaciones económicas, lo principal3. Pero es en La ideología alemana donde Marx y Engels son más precisos: “La sociedad civil es el verdadero hogar y escenario de toda la historia…La sociedad civil abarca todo el intercambio material de los individuos en una determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas4. Para Marx la sociedad civil es el conjunto de la estructura económica y social en un periodo determinado; se refiere a la concepción hegeliana de la sociedad civil, que incluye el complejo de las relaciones económicas y la formación de las clases sociales.

La concepción gramsciana de la sociedad civil es radicalmente diferente en tanto pertenece al momento de la superestructura: “se pueden fijar dos grandes planes superestructurales“; el primero, que se puede llamar “sociedad civil”, está formado por el conjunto de los organismos vulgarmente llamados privados…y que corresponden a la función de hegemonía que el grupo dominante ejerce en toda la sociedad 5.

Como señala N. Bobbio, lo más sorprendente es el origen hegeliano que Gramsci atribuye a esta interpretación: la sociedad civil, afirma en los Cuadernos, “tal como la entiende Hegel” y en “el sentido en que la expresión se utiliza en estas notas“, debe ser considerada como “la hegemonía cultural y política de un grupo social sobre el conjunto de la sociedad, como contenido ético del Estado“. 6

¿Cómo explicar esta interpretación contradictoria de Hegel? La respuesta parece estar en la noción tan extensa que Hegel tiene de la sociedad civil. Si la mayoría de las veces ésta corresponde a la estructura socioeconómica (interpretación de Marx), Bobbio advierte que Gramsci se inspiró esencialmente en ciertos pasajes de la Filosofía del Derecho donde Hegel incluye también en el seno de la sociedad civil a las asociaciones políticas y sindicales, o sea, las corporaciones, que constituyen el “contenido ético del Estado“. Reconocemos de este modo la definición gramsciana de la sociedad civil, “organizaciones llamadas privadas” que son el “contenido ético” del Estado.

Esta interpretación gramsciana “un poco forzada o por lo menos unilateral7 de Hegel se opone, por lo tanto, a la de Marx 8. Pero, ¿es necesario llegar a la conclusión, como lo hace Bobbio, de que la noción de sociedad civil se opone al análisis marxista del papel de la superestructura ideológica? El mismo Marx ha demostrado lo contrario: en la Crítica del programa de Gotha, uno de sus última escritos fundamentales, distingue precisamente en el seno de la superestructura el aparato de Estado de lo que denomina la “sociedad” y que se corresponde con la noción gramsciana de sociedad civil. Cuando analiza el objetivo proclamado por el programa de construir “el Estado libre y la sociedad socialista9, Marx señala “que en vez de tomar a la sociedad existente (y lo mismo podemos decir de cualquier sociedad del futuro) como base del Estado existente (o del futuro para una sociedad futura), considera más bien al Estado como un ser independiente con sus propios fundamentos espirituales, morales y liberales” 10. De este modo, y en forma análoga a la sociedad civil gramsciana, la sociedad aparece definida como el fundamento intelectual y moral del Estado.

¿Se deduce de esto que la noción gramsciana de sociedad civil es el desarrollo del análisis de Marx? De ser exacto que, más allá de diferencias terninológicas se inscribe como una prolongación de Marx, la referencia, por lo demás poco convincente a Hegel y no a Marx parece demostrar que Gramsci no lo considera así.
De ahí que podamos calificar la noción gramsciana de sociedad civil como una concepción original cuyas distintas características conviene ahora analizar.

2. Las características generales de la sociedad civil

Encontramos en los Cuadernos numerosas definiciones de sociedad civil, todas ellas concordantes: allí se entiende generalmente a la sociedad civil como “el conjunto de los organismos vulgarmente llamados privados…y que corresponden a la función de hegemonía que el grupo dominante ejerce en toda la sociedad” 11 . Gramsci la contrapone a la sociedad política (el Estado en el sentido estricto del término) del cual ella constituye su “base” y su “contenido ético“.

La sociedad civil es una totalidad compleja, puesto que su campo de acción es muy amplio y su vocación por dirigir todo el bloque histórico implica una adaptación de sus contenidos en función de las categorías sociales que alcanza. La sociedad civil puede ser considerada además bajo tres aspectos complementarios:

- como ideología de la clase dirigente, en tanto abarca todas las ramas de la ideología, desde el arte hasta las ciencias, pasando por la economía, el derecho, etc. ;

- como concepción del mundo difundida entre todas las capas sociales a las que liga de este modo a la clase dirigente, en tanto se adapta a todos los grupos; de ahí sus diferentes grados cualitativos: filosofía, religión, sentido ,común, folklore;

- como dirección ideológica de la sociedad, se articula en tres niveles esenciales: la ideología propiamente dicha, la “estructura ideológica” -es decir las organizaciones que crean y difunden la ideología-, y el “material” ideológico, es decir, los instrumentos técnicos de difusión de la ideología (sistema escolar, medios de comunicación de masas, bibliotecas, etc.).

Examinaremos sucesivamente estos tres aspectos de la ideología.

3. El campo de la sociedad civil

El campo que abarca la sociedad civil es extremadamente vasto puesto que constituye el de la ideología. Sin querer desarrollar aquí la concepción gramsciana de la ideología, conviene señalar su amplitud: en efecto, Gramsci define a la ideología como “una concepción del mundo que se manifiesta implícitamente en el arte, en el derecho, en la actividad económica, en todas las manifestaciones de la vida intelectual y colectiva12.

Sólo las ideologías “orgánicas“, vale decir ligadas a una clase fundamental, son esenciales. Limitada en una primera instancia al nivel económico de esa clase, con el desarrollo de la hegemonía la ideología se extiende a todas las actividades del grupo dirigente. Esta crea una o más capas de intelectuales que se especializa en cada uno de los aspectos de la ideología de ese grupo: la economía, las ciencias, el arte. En apariencia independientes, las distintas ramas de la ideología no son más que los diferentes aspectos de un mismo todo: la concepción del mundo de la clase fundamental.

Un ejemplo de esta unidad real está dada por la filosofía de la praxis, concepción del mundo de la clase obrera, clase subalterna esencial. La filosofía de la praxis realiza la unidad de la superestructura ideológica a través de la unidad de los elementos constitutivos de su concepción del mundo: esta unidad, afirma Gramsci, es necesaria: “necesariamente debe haber, en los principios teóricos, convertibilidad de la una a la otra, traducción recíproca al propio lenguaje específico de cada elemento constitutivo: uno se halla implícito en el otro, y todos juntos forman un círculo homogéneo13 .

La consecuencia de esta concepción tan amplia de la ideología es la de dar cabida a todas las actividades del grupo social dirigente, incluyendo aquellas que, como es el caso de las ciencias, parecen las menos ideológicas. En efecto, según Gramsci hasta la ciencia es parte integrante de la superestructura y forma una “categoría histórica“. Cuando analiza la metodología histórica Gramsci distingue “la ideología científica14, es decir las teorías científicas que han sufrido numerosas crisis, del método de investigación experimental. Sólo los datos establecidos por éste son independientes de la ideología. Ni siquiera el método de investigación es independiente de la superestructura: “Los principales instrumentos del progreso científico son de orden intelectual (y también político), metodológico y con entera justeza ha escrito Engels que los ‘instrumentos intelectuales’ no surgieron de la nada, no son innatos en el hombre, sino que son adquiridos; se han desarrollado y se desarrollan históricamente15. Como señala Jacques Texier 16, esta distinción entre teoría e investigación experimental permite evitar los inconvenientes de una concepción excesivamente superestructual de la ciencia, que plantearía el problema de su continuidad histórica. Luego, no obstante estas reservas, parecería que la ideología recubre todas las actividades de la clase dirigente y por lo tanto de toda la superestructura: una concepción tan extensiva de la ideología explica con creces por qué Gramsci le asigna un rol esencial en el seno del bloque histórico.

4. Los diferentes grados de la ideología

La ideología, concepción del mundo de la clase dirigente, debe difundirse en toda la sociedad. Sin embargo no posee la misma homogeneidad en todos los niveles: la ideología difundida entre las capas sociales dirigentes es evidentemente mucho más elaborada que los trozos sueltos de ideología que es posible reconocer en la cultura popular. Así, Gramsci distingue diferentes grados cualitativos que corresponden a capas sociales determinadas: en la cúspide la concepción del mundo más elaborada: la filosofía. En el nivel más bajo: el folklore. Entre estos dos extremos, el “sentido común” y la religión.

La filosofía es entonces el estadio más elaborado de la concepción del mundo, el nivel donde más claramente aparecen las características de la ideología como expresión cultural de la clase fundamental. Es en calidad de tal que la filosofía debe poseer el máximo de coherencia: “El filósofo profesional o técnico no sólo piensa con mayor lógica, con mayor coherencia, con mayor espíritu sistemático que los demás hombres, sino que además conoce toda la historia del pensamiento, es decir, sabe determinar el sentido del desarrollo que el pensamiento ha tenido hasta él y se halla en condiciones de retomar los problemas desde el punto en que se hallan, luego de haber sufrido el máximo de tentativas de solución, etc. Tiene en los diversos campos del pensamiento la misma función que en los diversos campos científicos tienen los especialistas17.

Esta necesidad de coherencia es aún mayor por cuanto la filosofía es la referencia de todo el sistema ideológico. Gramsci define el rol de la ideología en los mismos términos en que definirá a sus creadores, los grandes intelectuales, piedra angular de la hegemonía: la filosofía es la piedra angular de la ideología; el problema fundamental de toda filosofía que se ha traducido en movimiento cultural, en “creencia” es “conservar la unidad ideológica de todo el bloque social, que precisamente es cimentado y unificado por esta ideología18.

Por su ligazón con la clase dominante, la filosofía influye sobre las normas de vida de prácticamente todas las capas sociales.

En este sentido, “la historia de la filosofía, como se entiende comúnmente, esto es, como historia de la filosofía de los filósofos, es la historia de las iniciativas de una determinada clase de personas para cambiar, corregir, perfeccionar las concepciones del mundo existentes en cada época determinada y para cambiar, consiguientemente, las normas de conducta conformes y relativas a ellas; o sea, por modificar la actividad práctica en su conjunto19. Por consiguiente, filosofía e historia se identifican: la filosofía de un período determinado no es, “otra cosa que ha historia de dicha época; no otra cosa que la masa de las variaciones que el grupo dirigente ha logrado determinar en la realidad precedente: historia y filosofía son inseparables en ese sentido, forman un bloque20.

El rol esencial de la filosofía en el seno del bloque histórico se manifiesta por su influencia sobre las concecpiones del mundo propagadas entre las clases auxiliares y subalternas: el sentido común.

Toda filosofía “histórica“, vale decir orgánica, debe prolongarse por el sentido común y esto significa que a la vez que elabora un “pensamiento superior al sentido común y científicamente coherente” 21, todo movimiento filosófico orgánico debe mantenerse en contacto con las capas populares, con los “simples” e incluso encontrar, en este contacto, “la fuente de los problemas a estudiar y resolver22, a fin de dirigir mejor ideológicamente a las clases subalternas. Gramsci constata que no obstante este contacto, la verdadera conexión entre filosofía “superior“, y sentido común está asegurada en realidad por la política, que afirma la unidad ideológica del bloque histórico.

La necesariedad de este vínculo político muestra la diferencia entre filosofía y sentido común: mientras que en la filosofía predominan “los caracteres de la elaboración individual del pensamiento“, en el sentido común se trata esencialmente de los ”caracteres difusos y dispersos de un pensamiento genérico de cierta época y de cierto ambiente popular23. El sentido común aparece como una amalgama de diversas ideologías tradicionales y de la ideología de la clase dirigente: el buen sentido. Pero las ideologías tradicionales, y en especial las religiones -cuya vinculación con el sentido común es aun más estrecha que la existente entre éste y la filosofía- constituyen los principales elementos. Esta amalgama que son las religiones no está formada sólo por los distintos aspectos de las religiones contemporáneas, sino también por antiguas creencias, supersticiones, etc. Esto explica que no exista un solo sentido común -baste recordar que no existe una sola religión, ni siquiera en el seno de una misma iglesia. Cada capa social posee su propio “sentido común“, de tal forma que esta concepción del mundo se presenta bajo una multiplicidad de formas: “su rasgo más fundamental y más característico es el de ser una concepción (incluso en cada cerebro) disgregada, incoherente, incongruente, conforme a la posición social y cultural de las multitudes, cuya filosofía es24. Esta situación explica que sea sólo autoritariamente, por medio de la política, que pueda llegar a lograrse una cierta coherencia.

Si consideramos al bloque histórico en su conjunto, el sentido común aparece como “el folklore de la filosofía“, “situado a mitad de camino entre la filosofía -de la que toma prestado un núcleo de buen sentido- y el folklore25 , que le suministra lo esencial de su sedimentación ideológica. El primer deber de todo nuevo grupo social homogéneo es, por lo tanto, definir su propia filosofía y combatir el sentido común.
En el nivel más bajo del bloque ideológico se sitúa el folklore. Debe rechazarse cualquier estudio que tienda a pensarlo como un elemento esencialmente “pintoresco“. El folklore es una “concepción del mundo“, a pesar de su carácter primitivo e incoherente. Su incoherencia se explica por el origen social de esta variedad de ideologías: el folklore es una concepción del mundo “no sólo no elaborada y sistemática, ya que el pueblo (es decir, el conjunto de las clases subalternas e instrumentales de cada una de las formas de sociedad hasta ahora existentes) por definición no puede tener concepciones elaboradas, sistemática y políticamente organizadas y centralizadas aun en su contradictorio desarrollo, sino también múltiple; no sólo en el sentido de diverso y yuxtapuesto sino también en el sentido estratificado de lo más grosero a lo menos grosero, si no debe hablarse directamente de un aglomerado indigesto de fragmentos de todas las concepciones del mundo y de la vida que se han sucedido en la historia, de la mayor parte de las cuales sólo en el folklore se encuentran, sobrevivientes, documentos mutilados y contaminados26. El folklore es un fenómeno presente y no pasado: permanentemente el pensamiento y la ciencia proveen al “folklore moderno” de nuevos elementos. Gramsci distingue dentro del folklore una religión popular -especialmente en los países de religión católica y ortodoxa muy diferente a la de los intelectuales y la jerarquía eclesiástica, una moral popular formada por el cojunto de “máximas para la conducta práctica y de costumbres27, etc.

La esfera ideológica de la sociedad civil se extiende así sobre todas las estratificaciones sociales de la estructura del bloque histórico. En la medida en que la ideología abarca todas las actividades de la clase dominante, la sociedad civil debe disponer de una articulación interna extremadamente compleja.

5. Estructura ideológica y material ideológico

Uno de los aspectos esenciales de la sociedad civil consiste en su articulación interna, es decir en la organización mediante la cual la clase dirigente difunde su ideología. Gramsci califica a esta organización de “estructura ideológica” de la clase dirigente, y entiende por este término “la organización material destinada a mantener, defender y desarrollar el frente teórico e ideológico28. Gramsci reagrupa en la estructura ideológica no solamente las organizaciones cuya función es difundir la ideología, sino también todos los medios de comunicación social y todos los instrumentos que permiten influir sobre la opinión pública.

Gramsci distingue en el seno de la estructura ideológica las organizaciones encargadas de la difusión de la ideología de aquellas que incorporan a su actividad general una “fracción cultural“. Los jueces y los oficiales del ejército, por ejemplo, forman parte de estas últimas. Las organizaciones culturales propiamente dichas son: la Iglesia, la organización escolar y los organismos de prensa. La Iglesia, después de haber tenido en el bloque histórico precedente el casi-monopolio de la sociedad civil (“la ideología religiosa, es decir la filosofía y la ciencia de la época“, con la escuela, la instrucción, la moral, la justicia, la beneficiencia) 29, conserva todavía una parte importante de esta esfera. La organización escolar, ya sea que esté bajo el control del Estado o bien de organismos privados, e incluso las universidades populares, forman el segundo conjunto cultural de la sociedad civil, donde volvemos a encontrar la gradación de la ideología, esta vez bajo el control de la Universidad y de la Academia (esta última en la medida que ejerce una función nacional de alta cultura, especialmente como depositaria de la lengua nacional y, por lo tanto, de una concepción del mundo, 30. La prensa y las editoriales constituyen la tercera de las grandes instituciones de la sociedad civil. Gramsci confiere una gran importancia a esta nueva institución que considera la más dinámica de la sociedad civil y cumple a la vez una función ideológica determinada: “las editoriales tienen un programa implícito o explícito y se apoyan en una determinada corriente31. Como la organización escolar, la prensa y las editoriales cumplen un papel fundamental, puesto que son las únicas que abarcan todo el campo de la ideología (libros y revistas científicas, políticas, literarias, etc.) y todos sus niveles (libros y periódicos para las “élites“, de vulgarización, populares…)

A estas tres instituciones fundamentales Gramsci agrega como sujeto también a la estructura ideológica, “todo aquello que influye o puede influir directa o indirectamente sobre la opinión pública32 y menciona en especial las bibliotecas, los círculos, clubes, etc.

Esta “estructura ideológica” difunde ideología a través de diversos medios de comunicación (material ideológico) cuya eficacia Gramsci compara: los medios audio-visuales (teatro, cine, radio, televisión, etc.) “son un medio de difusión ideológica que tienen una rapidez, un campo de acción y un impacto emocional mucho más vasto que la comunicación escrita, pero superficialmente y no en profundidad33. A estos canales de difusión de la ideología Gramsci integra también la arquitectura y hasta la disposición y los nombres de las calles, subrayando su importancia como material ideológico.

La difusión de la ideología requiere una articulación extremadamente compleja de la sociedad civil; es posible apreciar la disposición de los distintos aspectos de la sociedad civil (campo, gradación, estructura y difusión de la ideología) tomando un ejemplo que Gramsci cita a menudo: la Iglesia católica, sociedad civil dentro de la sociedad civil.

2. LA SOCIEDAD POLÍTICA

La sociedad política, que Gramsci opone a la sociedad civil en el seno de la superestructura, ha sido poco estudiada en los Cuadernos de Cárcel. Esto tiene una explicación: en la teoría marxista clásica, el estudio se refiere más al aparato de Estado que a la dirección ideológica y cultural de la sociedad. No obstante, encontramos en los Cuadernos numerosas definiciones de la sociedad política: 

-“Sociedad política o Estado que corresponde a la función de ‘dominio directo’ o de comando que se expresa en el estado y en el gobierno jurídico40 .

-“Sociedad política o dictadura, o aparato coercitivo para conformar a las masas del pueblo de acuerdo al tipo de producción y de economía de un momento dado41.

-“Gobierno político”, es decir, el “aparato de coerción estatal que asegura legalmente la disciplina de aquellos grupos que no consienten ni activa ni pasivamente, pero que está preparado para toda la sociedad en previsión de los momentos de crisis en el comando y en la dirección, casos en que no se da el consenso espontáneo42.

La sociedad política posee pues caracteres bien definidos: agrupa el conjunto de las actividades de la superestructura que dan cuenta de la función de coerción. En este sentido es una prolongación de la sociedad civil; al analizar los distintos niveles de la formación de un sistema hegemónico, Gramsci señala que el momento político-militar es la prolongación y concretización de la dirección económica e ideológica que una clase ejerce sobre la sociedad. Así como en el esquema gramsciano el control de la sociedad remata en la conquista del poder político, así también la sociedad política no debe jugar sino un papel secundario en el sistema hegemónico.

Tal como se deduce de las definiciones de Gramsci, la función de la sociedad política es el ejercicio de la coerción, la conservación, por la violencia, del orden establecido. En este sentido, no se limita simplemente al campo militar sino que abarca también el gobierno jurídico, la coacción “legal“: “El derecho es el aspecto represivo y negativo de toda la actividad positiva de formación civil desplegada por el Estado43.

Esta concepción extensiva de la coerción explica que Gramsci distinga varios aspectos en la sociedad política, según su ligazón más o menos estrecha con la sociedad civil (dictadura pura y simple cuando es autónoma, hegemonía política cuando depende de la sociedad civil) y según se limite al nivel técnico-militar (de simple uso de la fuerza) o político-militar (dirección política de la coerción).

Momento de la coerción; la sociedad política se define entonces por las situaciones en donde es utilizada Gramsci distingue dos:

-la más habitual consiste en el control de los grupos sociales que no ”consienten” con la dirección de la clase fundamental: dado un cierto grado de desarrollo de las relaciones sociales y económicas, estos grupos -las clases subalternas- entran en contradicción con la clase dirigente. Para mantener su dominación, ésta utiliza entonces la coerción, en mayor o menor medida, “legal”.

- la segunda situación es más excepcional y transitoria puesto que se trata de los períodos de crisis orgánica: La clase dirigente pierde el control de la sociedad civil y se apoya sobre la sociedad política para intentar mantener su dominación.

En ambos casos la sociedad política se apoya -y este es su último aspecto- sobre el aparato de Estado. Para calificar a la sociedad política Gramsci utiliza en varias ocasiones el término Estado, pero precisando bien que se trata de la concepción clásica. Según él, esta concepción, históricamente superada, es la del Estado gendarme, propia de la época liberal, cuando el Estado no ejercía ninguna función económica ni ideológica directa, limitándose a “la tutela del orden público y del respeto de las leyes”44. Por lo tanto, sociedad política y Estado no se identifican más. La noción de sociedad política, así como la de sociedad civil; es una noción funcional y, por lo tanto, no se traduce totalmente en las organizaciones superestructurales. Sin embargo, la sociedad política se presta en mayor medida a una definición orgánica. La función coercitiva del aparato estatal es administrada por un personal intelectual bien delimitado: la burocracia, “esto es, la cristalición del personal dirigente, que ejerce el poder coercitivo y que hasta cierto punto se trasforma en casta”  45. Esta homogeneidad se ve facilitada por el hecho -todavía o en los países occidentales en la época de Gramsci -de que la nueva clase fundamental a menudo confió privilegios corporativos de origen burocrático y militar a las antiguas clases dirigentes del bloque histórico. Gramsci señala que, incluso en este caso, el aparato coercitivo del Estado puede no ejercer el monopolio de la violencia por cuenta de la clase dirigente: cuando el aparato de Estado se muestra impotente para controlar una crisis orgánica, esta clase puede suscitar, en el seno de la sociedad civil, organizaciones paramilitares que una vez consumada su misión se integrarán al Estado. Es que, como lo demuestra el estudio de sus relaciones recíprocas, sociedad civil y sociedad política están estrechamente imbricadas en el seno de la superestructura.

III. LAS RELACIONES ENTRE SOCIEDAD CIVIL Y SOCIEDAD POLÍTICA EN EL SENO DE LA SUPERESTRUCTURA

El análisis separado de cada una de las dos esferas del momento superestructural no se corresponde evidentemente con la realidad práctica. En efecto, esta división funcional debe ubicarse en el marco de una unidad dialéctica donde el consenso y la coerción son utilizados alternativamente y donde el papel exacto de las organizaciones es menos preciso de lo que parece. No existe sistema social donde el consenso sirva de única base de la hegemonía, ni Estado donde un mismo grupo social pueda mantener duraderamente su dominación sobre la base de la pura coerción. Un sistema donde bastara sólo el consenso es “utopía pura, por estar basado en el presupuesto de que todos los hombres son realmente iguales y, por consiguiente, igualmente razonables y morales, es decir, pasibles de aceptar la ley espontáneamente, libremente y no por coerción, como impuesta por otra clase, como algo externo a la conciencia“. 46 En cuanto a la dominación fundada exclusivamente sobre la fuerza, no puede ser sino provisoria y expresa la crisis del bloque histórico cuando la clase dominante, al no tener más la dirección ideológica, se mantiene artificialmente por la fuerza.

Por lo tanto, sociedad civil y sociedad política están en constante relación. Es este tipo de relaciones lo que ahora conviene estudiar.

1. La colaboración en el seno del Estado de los órganos de las dos sociedades

Entre la sociedad civil y la sociedad política, entre el consenso y la fuerza, no existe de hecho una separación orgánica. Uno y otro colaboran estrechamente. Este es el caso de la formación de la “opinión pública“: “El Estado cuando quiere iniciar una acción poco popular, crea preventivamente la opinión pública adecuada, es decir, organiza y centraliza ciertos elementos de la sociedad civil. Historia de la opinión pública: naturaimente, siempre han existido elementos de opinión pública incluso en las satrapías asiáticas; pero la opinión pública tal como se la entiende hoy en día nació en vísperas de la caída del Estado absoluto, es decir, en el período de lucha de la nueva clase burguesa por la hegemonía política y la conquista del poder. La opinión pública es el contenido político de una voluntad política que puede ser discordante. Es por eso que se desarrolla en la lucha por el monopolio de los órganos de la opinión pública: periódicos, partido, parlamento, de manera que una sola fuerza modela la opinión y de este modo la voluntad política nacional, dispersando los desacuerdos en fragmentos individuales y desorganizados47.

La opinión publica es el ejemplo concreto de las relaciones permanentes entre el gobierno político y la sociedad civil que favorece el consenso alrededor de sus actos. 

En el seno de la sociedad civil, son esencialmente la “prensa amarilla y la radio (en los lugares en que está muy difundida)48 quienes aseguran este servicio, especialmente por la creación de “explosiones de pánico o de entusiasmo ficticio, que permiten el logro de determinados objetivos, en las elecciones, por ejemplo49. Gramsci matiza en esa coyuntura el fenómeno de las campañas electorales donde la clase dominante debe tener “un día el predominio ideológico (o mejor emotivo) para tener una mayoría que dominará por tres, cuatro o cinco años incluso si, pasada la emoción, la masa electoral se separa de su expresión legal (‘país legal no equivalente a país real)50

En este caso el vínculo entre sociedad civil y sociedad política deviene tan estrecho que llega a ser orgánico, apoderándose directamente el Estado -strictu sensu-, sin intermediación de organismos privados de los medios para “modelar” la opinión pública: el monopolio de la radio-difusión, por ejemplo.

Esta complementaridad se expresa, por otra parte, en el carácter ambivalente de ciertos órganos: así, el parlamento, órgano de la sociedad política para la adopción de la ley, es igualmente órgano de la sociedad civil en tanto expresión oficial de la opinión pública. La función del parlamento es, para Gramsci, consumar la unión de la fuerza con el consenso: “El ejercicio ‘normal’de la hegemonía en el terreno devenido clásico del régimen parlamentario se caracteriza por la combinación de la fuerza y el consenso que se equilibran en formas variadas, sin que la fuerza rebase demasiado al consenso, o mejor tratando de obtener que la fuerza aparezca apoyada sobre el consenso de la mayoría que se expresa a través de los órganos de la opinión pública -periódicos y asociaciones- los cuales, con este fin, son multiplicados artificialmente51.

Estos distintos ejemplos muestran que en realidad la distinción entre sociedad civil y sociedad política no es orgánicamente completa ya que la clase dominante, en el ejercicio de su hegemonía, utiliza y combina una y otra. Esta combinación tiende a ceder el lugar a una creciente ambivalencia de los órganos de la superestructura. En teoría, son “las organizaciones llamadas privadas” las que dirigen la sociedad civil, y es el aparato coercitivo del Estado quien administra la sociedad política. En los hechos, la evolución histórica tiene consecuencias perturbadoras sobre este reparto. 

El esquema dentro del cual Gramsci razona es, y él mismo lo reconoce, el de un período histórico determinado: el del Estado liberal o Estado gendarme. Este aparato, de pura dominación politica y de coerción, se limita estrictamente a esta actividad. La sociedad civil (ideología, cultura) es abandonada a las distintas organizaciones privadas, en especial a la Iglesia a la que, por medio de los concordatos, se le atribuye una “esfera privada” en el seno de la sociedad civil. 

Pero ya Gramsci nota los signos de una estatización de la sociedad civil que se expresa, por de pronto, en la decadencia de los órganos clásicos de expresión de la sociedad civil en el seno del aparato político, en beneficio de un control directo por parte del Estado: decadencia de los partidos tradicionales ligados al parlamento, monopolio del Estado sobre los nuevos órganos de opinión pública y tentativa de estatización de los antiguos (Gramsci incluye particularmente a los sindicatos) etc. Esta estatización aparece también en la absorción progresiva de la cultura y de la educación, hasta entonces confiada a organismos privados (la Iglesia) en provecho de “servicios públicos intelectuales”52
.
El caso más característico es el de la educación, por diversas razones que Gramsci señala:

- necesidad de un control por parte del Estado para elevar el nivel técnico-cultural de la población respondiendo así a las exigencias del desarrollo de las fuerzas productivas; 

- conflicto entre los intelectuales tradicionales (especialmente la Iglesia), resto del antiguo bloque histórico, y los intelectuales de la clase dominante; 

- necesidad de unificar la ideología difundida por las organizaciones de la sociedad civil. 

Estos distintos “servicios” no pueden ser abandonados, en una sociedad moderna, a la iniciativa privada, y deben ser asegurados por el Estado. Esta estatización no se limita a la organización social, sino que se extiende a todas las “instituciones que deben ser consideradas de utilidad para la instrucción y la cultura públicas, tal como son considerados en muchos estados, las que no podrían ser accesibles al público (y se señala que por razones nacionales deben ser accesibles) sin una intervención estatal53.
Gramsci agrupa entre estas instituciones a los teatros, las bibliotecas, los museos y hasta los jardines zoológicos; en suma, todas las instituciones culturales. 

La estatización de estos “servicios” no modifica su carácter: “Estos elementos se deben estudiar como nexos nacionales entre gobernantes y gobernados, como factores de hegemonía54

A la influencia de la sociedad política sobre la sociedad civil puede oponerse al fenómeno inverso: frente a la debilidad de la sociedad política, es posible que emerjan de la sociedad civil nuevas fuerzas de coerción de la clase dominante. Como lo muestra Gramsci, es, particularmente, el caso del fascismo, donde las debilidades del aparato estatal fueron paliadas por organizaciones privadas paramilitares que, una vez consolidada por la fuerza la influencia de las clases dominantes, se integraron al aparato del Estado. 

La estrecha colaboración e incluso el carácter ambivalente de los órganos de la sociedad civil se expresa en los Cuadernos por una extensión del concepto de Estado, en tendido como el conjunto de los órganos, cualquiera sea su status formal -organizaciones “privadas” o aparato de Estado- mediante los cuales el grupo dominante ejerce su dominación. En varias ocasiones Gramsci define de este modo al Estado:

- “Estado = sociedad política + sociedad civil, vale decir, hegemonía revestida de coerción55

- “Estado, en su significado integral, dictadura + hegemonía56. El Estado se definiría, entonces, por tres características: 

- por agrupar la superestructura del bloque histórico, tanto “intelectual y moral” como política;
- por articular su equilibrio a partir de estos dos elementos de la superestructura; 

-finalmente y sobre todo porque su unidad deriva de su gestión por un grupo social que asegura la homogeneidad del bloque histórico: los intelectuales. En una carta del 3 de agosto de 1931, Gramsci expresa que su interés por el estudio de “algunos aspectos característicos de la historia de los intelectuales italianos. . . nace del deseo de profundizar el concepto de Estado57. De ahí que en los Cuadernos analice paralelamente la noción de intelectual y “ciertas determinaciones del concepto de Estado58. La estructura definitiva del Estado depende de las caracterís- ticas de la actividad de los intelectuales, entendidos como “empleados” de la clase dominante para el ejercicio de la dirección política y cultural del bloque histórico.

El Estado aparece, entonces, más allá de la diversidad de organizaciones que lo componen y de la dualidad de las funciones de dirección por cuyo intermedio asegura la hegemonía de la clase fundamental, como el conjunto de la actividad de ese grupo social particular que constituye la capa de los intelectuales. La distinción en el seno de la superestructura debe referirse más a la oposición entre la función de hegemonía -ideológica- y la función de dominación -política- que a la oposición, secundaria, entre tal o cual organización.

2. Consecuencias políticas y prácticas de la distinción de las dos sociedades 

El problema de las relaciones entre sociedad civil y sociedad política es esencialmente una cuestión metodológica: son dos aspectos de la hegemonía de la clase dominante. No obstante, su distinción es esencial. El hecho de que tal o cual organización dependa de una u otra sociedad importa menos que el rol respectivo de estos dos momentos de la superestructura de un período histórico y en un país determinado. Hemos visto por otra parte que numerosas organizaciones dependen de la sociedad civil y de la sociedad política simultáneamente (partidos, parlamentos), y que otras pueden afirmarse en la sociedad política en un período determinado y en la sociedad civil en otro (la Iglesia).

Por el contrario, las dos funciones de hegemonía y de coerción permanecen separadas. Es necesario caracterizar el tipo de vinculación variable entre estas dos funciones y las organizaciones privadas o públicas, y la dicotomía, de la que este vínculo no es sino un aspecto, permanente entre los dos momentos de los superestructura. No obstante, en varias oportunidades Gramsci recuerda que esta distinción metodológica entre sociedad civil y sociedad política no debe convertirse en “orgánica” so pena de llegar a graves errores teóricos: apoyándose en una distinción de este tipo los sindicatos italianos partidarios del libre-cambio afirmaron que el Estado no debía intervenir en el libre juego de la economía de mercado. “Pero como en la realidad efectiva, sociedad civil y Estado se identifican, es necesario convenir que el liberalismo es también una “reglamentación” de carácter estatal, introducida y mantenida por vía legislativa y coercitiva59.

En la medida en que se eviten estos errores, la distinción sociedad civil-sociedad política se mostrará esencial, en tanto permite resolver los problemas estratégicos y prácticos que plantea el trastrocamiento del sistema hegemónico de la clase dirigente.

A nivel estratégico, la importancia relativa de la sociedad civil en relación a la sociedad política es una cuestión esencial: para que la hegemonía sea sólidamente establecida, es necesario que sociedad civil y sociedad política estén igualmente desarrolladas y orgánicamente ligadas: de esta manera la clase dominante podrá utilizarlas alternativa y armoniosamente para perpetuar su dominación. Es éste el caso de las sociedades occidentales donde, “entre Estado y sociedad civil existía una justa relación, y bajo el temblor del Estado se evidenciaba una robusta estructura de la sociedad civil60. En estos países, la hegemonía de la burguesía descansa esencialmente sobre la “dirección intelectual y moral” de la sociedad, sobre la impregnación ideológica de todo el sistema social. De ahí que toda tentativa por subvertir el bloque histórico deba pasar por una lucha de largo alcance para disgregar la sociedad civil: “El Estado sólo era una trinchera avanzada, detrás de la cual existía una robusta cadena de fortalezas y casamatas61.

La situación es radicalmente diferente en los países donde la sociedad civil es “primitiva y gelatinosa62, como es el caso de los estados absolutos. La Revolución de Octubre, primera revolución exitosa de la clase obrera, sigue a la revolución de febrero, última revolución antifeudal en Europa. En estas situaciones, el conflicto se limita esencialmente a la toma del aparato coercitivo de Estado. Sólo después se tratará de construir una verdadera sociedad civil, sin dejar de desarrollar la estructura socio-económica.

Esta diferencia fundamental de situación, de acuerdo con la relación de fuerzas en el interior de la superestructura, supone la adopción de estrategias diferenciadas por parte de los grupos que quieren derribar el sistema hegemónico para crear un nuevo bloque histórico. En las sociedades “‘primitivas” la lucha se concentra alrededor del aparato de Estado. En las sociedades más complejas, lo esencial del combate va dirigido contra la sociedad civil: la burguesía francesa debió llevar una lucha secular por la hegemonía ideológica antes de asentar políticamente su dominación, y lo mismo deberá ser para el nuevo bloque histórico: sólo una larga “guerra de trincheras63 podrá poner fin a esta hegemonía.

La necesidad de la distinción entre sociedad civil y sociedad política está justificada también en el plano teórico, pues la confusión entre una y otra en provecho de la sola sociedad política acarrea un grave error teórico que Gramsci denomina “estadolatría“: “El análisis no sería exacto si no tuviera en cuenta la duplicidad de formas en la cual se presenta el Estado en el lenguaje y en la cultura de las épocas determinadas, o sea, como sociedad civil y como sociedad política…Se da el nombre de estadolatría a una determinada actitud respecto del gobierno de los funcionarios o sociedad política, que, en el lenguaje común, es la forma de vida estatal a la que se da el nombre de Estado y que vulgarmente se entiende como la totalidad del Estado64.

Este error teórico puede sin embargo justificarse provisoriamente en un caso histórico preciso: “Para algunos grupos sociales que antes de llegar a la vida estatal autónoma no han tenido un largo período de desarrollo cultural y moral propio e independiente (posibilitado en la sociedad medieval y en las monarquías absolutas por la exigencia jurídica de los estamentos y órdenes privilegiados) es necesario y hasta oportuno un período de estadolatría65.

Según Gramsci, este es también el caso de la revolución rusa de 1917, donde la caída del “Estado absoluto” explica el carácter marcadamente “político” de la dictadura del proletariado.

Aquí volvemos a encontrar la distinción que hace Gramsci entre los países con una sociedad civil desarrollada que juega un rol esencial, y los estados donde el aparato de dominación política constituye la mayor parte de superestructura. En este último caso, el período de estadolatría debe ser un período intermedio, “de iniciación, al menos, a la vida estatal autónoma y a la creación de una sociedad civil que no fue posible históricamente crear antes de llegar a la vida estatal independiente66.

Así, incluso en aquellos países donde no existe una verdadera sociedad civil, su creación constituye una de las primera tareas del nuevo Estado. Sin embargo y la advertencia resulta profética si pensamos en la singular rehabilitación del Estado y su primacía sobre la sociedad civil en la mayor parte de los países socialistas- esta etapa de estadolatría “no tiene que dejarse entregada a sus propias fuerzas, ni tiene, sobre todo, que convertirse en fanatismo teórico y concebirse como perpetua; tiene que ser criticada, precisamente para que se desarrolle y produzca formas nuevas de vida estatal en las cuales la iniciativa de los individuos y de los grupos sea estatal, aunque no debida al gobierno de los funcionarios” 67.

Esta primacía del aparato de Estado es entonces transitoria y debe dejar su lugar a la primacía de la sociedad civil, a la hegemonía, modo normal de dirección del bloque histórico. Esta primacía de la sociedad civil en el seno de la superestructura le permite igualmente a Gramsci analizar el grado de evolución de un bloque histórico: en un sistema hegemónico progresivo, es decir un sistema donde la clase dirigente “empuja realmente la sociedad entera hacia adelante, satisfaciendo no sólo sus exigencias existenciales, sino también la tendencia a la ampliación de sus cuadros para la toma de posesión de nuevas esferas de la actividad económico-productiva68, la sociedad civil juega un rol esencial y casi general (hegemonía): el período del Risorgimento se distingue por la atracción “espontánea” que los moderados ejercen sobre todas las otras fuerzas políticas e ideológicas y, por lo tanto, por la atracción de la burguesía sobre todas las demás clases. En el extremo opuesto, la desaparición de la sociedad civil en beneficio de la sociedad política es el signo de la pérdida de control de la clase fundamental sobre la sociedad, al punto de no poder mantenerse sino por la coerción (dictadura): en tal caso, el bloque histórico se vuelve regresivo. 

Por último, la primacía de la sociedad civil aparece, en la visión gramsciana del fin del Estado, en la sociedad sin clases.

3. Sociedad civil, sociedad política y fin del Estado 

El nuevo sistema hegemónico formado alrededor de la clase obrera debe, según Gramsci, resolver el problema de la distinción entre sociedad civil y sociedad política. Durante la lucha por derribar al bloque dominante, el nuevo sistema hegemónico deberá ligar orgánicamente los dos momentos de su superestructura: frente al bloque dominante, para quien la aparente diversidad de las organizaciones -especialmente de la sociedad civil- es un factor de extensión de su hegemonía, la superestructura de la dirección de la clase obrera y de sus aliados debe ser homogénea y hasta monolítica. Esta homogeneidad se expresa por el rol centralizador del Partido Comunista: no puede haber más que una ideología -el marxismo-; el partido debe ser a la vez la sociedad civil y la sociedad política del nuevo sistema hegemónico. Es sociedad política en tanto dirección de las operaciones “militares” de toma del aparato de Estado, pero también por la función de “policía” del partido: “Es difícil pensar que un partido político cualquiera (de los grupos dominantes pero también de los grupos subalternos) no cumpla asimismo una función de policía, vale decir, de tutela de un cierto orden político y legal69. Para ser legítima, esta función de policía debe ser progresiva, es decir “funcionar democráticamente (en el sentido de un centralismo democrático) en el interior del partido y, en el exterior, tender “a mantener en la órbita de la legalidad a las fuerzas reaccionarias desposeídas y a elevar al nivel de la nueva legalidad a las masas atrasadas70. En lo que respecta al partido-sociedad civil, éste se manifiesta por la difusión entre las clases subalternas de la ideología-concepción del mundo de la clase obrera: el marxismo.

Esta unidad de la sociedad civil y de la sociedad política en el seno del partido, debe desarrollarse con posterioridad a la caída del bloque histórico y la toma del Estado. En el nuevo Estado de transición hacia la sociedad sin clases, la superestructura política e ideológica se encuentra unificada y centralizada. Es el Estado -en sentido gramsciano- “que tiene siempre el fin de crear nuevos y más elevados tipos de civilización, de adecuar la civilización y la moralidad de las más vastas masas populares a las necesidades del continuo desarrollo del aparato económico de producción, y por ende, de elaborar también físicamente los nuevos tipos de humanidad71.

Esta actividad estatal se verá facilitada por la fusión de los intelectuales de las dos sociedades en el seno del Estado. Pero este Estado-ético no es más que una etapa transitoria hacia la “sociedad regulada“, vale decir, la sociedad sin clases que prevé la teoría marxista, con el triunfo definitivo de la sociedad civil.

La teoría marxista, profundizada por los estudios de Lenin (especialmente en El Estado y la revolución) establece como objetivo de la revolución socialista la sociedad sin clases y la desaparición del Estado: “Sólo en la sociedad comunista, cuando se haya roto ya definitivamente con la resistencia de los capitalistas, cuando hayan desaparecido los capitalistas, cuando no haya clases (es decir, cuando no existan diferencias entre los miembros de la sociedad por su relación hacia los medios sociales de producción), sólo entonces desaparecerá el Estado“, Estado que Lenin define como “el aparato especial de coerción72.

En tanto marxista, Gramsci sostiene la desaparición del aparato estatal, vale decir, de la sociedad política. Pero, siguiendo su propia definición, ¿no entiende acaso al Estado como “sociedad política +sociedad civil“? La noción gramsciana de Estado necesita por lo tanto una profundización de la teoría de la extinción del Estado.

Toda clase fundamental que aspira a la hegemonía afirma representar a la sociedad entera y fundar una “sociedad regulada“. Una afirmación de este tipo se ve parcialmente realizada en tanto esta clase es realmente progresiva y hace avanzar al conjunto de la sociedad: “cada Estado es ético en cuanto una de sus funciones más importantes es la de elevar a la gran masa de la población a un determinado nivel cultural y moral, nivel (o tipo) que corresponde a las necesidades de desarrollo de las fuerzas productivas y, por consiguiente, a los intereses de las clases dominantes73. Pero el desarrollo de las relaciones sociales y económicas acarrea rápidamente una ruptura en el seno del bloque histórico entre la clase dirigente y las clases subalternas: el Estado ético desaparece en beneficio del Estado-de-clase y de ahí la coerción hacia las clases subalternas.

Sólo el grupo social que se plantea el fin del Estado y del suyo propio como una meta a alcanza, puede crear un Estado ético tendiente a poner fin a las divisiones internas de los dominados, etc., y a crear un organismo social unitario técnico-moral74.

Se llega a la superación del Estado, a la “sociedad regulada“, porque la clase que plantea el fin del Estado representa a la gran mayoría de la población a nivel estructural- pero fundamentalmente porque esta clase dirige ideológicamente al conjunto de los grupos sociales que forman esta sociedad: sobrepasando sus propias intereses de clase, o mejor, haciendo de sus intereses los de todo el cuerpo social, el proletariado no necesita ejercer la coerción sobre ciertos grupos excluidos del sistema hegemónico; la sociedad política está destinada a desaparecer puesto que no es utilizada sino para la desaparición progresiva de las antiguas clases dominantes: el Estado y el derecho devienen “inútiles por haber agotado su razón de ser75, y la sociedad política es “reabsorbida” 76 por la sociedad civil. El aparato del Estado, desmembramiento de la sociedad civil en sus orígenes, se funde nuevamente con ella en el momento en que desaparece.

Esta concepción gramsciana de la sociedad sin clases demuestra una vez más el rol primordial acordado al momento de la sociedad civil, momento mediato entre la estructura y la sociedad política, fundamento ético de ésta, y proporciona una respuesta a la visión marxista de la sociedad comunista sin poner en cuestión la teoría leninista del fin del Estado, pero mostrando que éste no es el momento esencial de la superestructura.
Como resultante de este análisis quedaría entonces que, para Gramsci, el momento esencial de la sociedad civil es el momento primordial de la superestructura. Esta primacía se expresa en los Cuadernos por

- la evolución terminológica del termino sociedad civil que, momento de la infraestructura en Marx, deviene momento de la superestructura en los Cuadernos;

 – la importancia acordada a la dirección “cultural y moral” en la hegemonía de la clase fundamental;
 – la primacía reconocida a la sociedad civil en los paises occidentales y la necesidad de establecer una estrategia revolucionaria conforme a ella;

 – el deber primordial de desarrollar una sociedad civil autónoma en los países donde es poco importante; – la solidez de la sociedad civil en el seno del bloque histórico, que la convierte en el elemento más difícil de derrumbar;

- la desaparición de la sociedad política y su reabsorción por la sociedad civil en la sociedad sin clases. A la esfera compleja de la superestructura Gramsci opone, en el seno del bloque histórico, el momento más homogéneo de la estructura, cuya vinculación orgánica con el momento superestructural conviene estudiar.

NOTAS

1. Los fisiócratas.
2. Karl Marx, Introducción general a la Crítica de la Economía Política. 1857, Cuadernos de Pasado y Presente, Córdoba, 1970, p. 35.
3. F. Engels, “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”, en Marx y Engels, Obras Escogidas, Ed. Progreso, Moscú, s/f. 2 Tomos, t. 11, p. 389.
4. Marx y Engels, La ideología alemana, Ed. Pueblos Unidos. Montevideo, 1968, p. 38.
5. l., p. 16
6. P., p. 164 (también Mach.; pp. 161-162 y I., pp. 67-68)
7. Norberto Bobbio, “Gramsci y la concepción de la sociedad civil” en Gramsci y las Ciencias sociales, op. cit., p. 78.
8. El término “sociedad civil” corresponde en alemán (texto original de Marx) al de bürgerliche Gesellschaft, posible también de ser traducido como “sociedad burguesa”. Los traductores de Marx no concuerdan en este punto. Es así que, mientras J. Texier traduce como “sociedad civil” el célebre pasaje de La ideología alemana donde Marx afirma que ésta es “el verdadero hogar y escenario de toda la historia” (Texier, “Gramsci théoricien des superestructures”, La Pensée, No 139, 1968, p. 41, n. 22), las Editions Sociales eligen el término sociedad burguesa: “La sociedad burguesa es el verdadero hogar y escenario de toda la historia” (L’ideologie allemande, Ed. Sociales, p. 54). (En la edición castellana precedentemente citada, traducción de Wenceslao Roces, se opta por el término sociedad civil. N. del T.). De todas maneras, el peligro de errores limitado. ya que más adelante Marx dice que esta sociedad -civil o burguesa- “abarca todo el intermbio material de los individuos en una determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas” (ibid. p., 39). Sociedad civil o burguesa, la estructura es, por lo tanto, el hogar de la historia. Pero, como señala V. Gerratana (Gramsci e la cultura contemporanea, T. 1, p. 170), el problema de la traducción de la bürgerliche Gesellschaft no carece de importancia en la medida en que Gramsci tradujo ciertos pasajes del artículo de Marx sobre la Cuestión judía, donde Marx retoma la definición hegeliana muy extensiva de la sociedad civil; en su traducción, Gramsci traduce bürgerliche Gesellschaft por societa borguese y no como societa civile. Por otra parte, en La ideologia alemana Marx reconoce el doble sentido del concepto hegeliano de sociedad civil: aún cuando utiliza este término para designar la estructura económica, Marx subraya que “la organización social que desarrolla directamente basándose en la producción y en el intercambio, y que forma en todas las épocas la base del Estado y de toda otra superestructura idealista, se ha designado siempre, invariablemente, con el mismo nombre” (La ideología alemona, op. cit., p. 39) Es recién en la Critica del Programa de Gotha que Marx separa total-, mente los aspectos estructurales y superestructurales de la concepción hegeliana de la sociedad civil.
9. Karl Marx, “Crítica del programa de Gotha”, en Marx y Engels,Obras Escogidas, op. cit. p. 24.
10. Idem.
11. I., p. 16.
13. M. s., p. 99.
14. M. s., p: 57.
15. M. S., 162.
16. J. Texier, Gramsci, Seghers, pp. 68-79. Para un punto de vista crítico ver L. Althusser.
17. M. S., pag. 29
18. M. S., pag. 12
19. M. S., p. 26-27.
20. M. S., p. 27.
21. M. S., p. 13.
22. M. S., p. 14.
23. M. S., p. 9 (nota).
24. M. S., p. 152-6
25. O, p.136
26. LVF, pag. 240
27. LVF, pag. 241
28. P., p. 172
29. I., p. 11
30.P., p. 172
31. P., p. 172
32. Ibid
33. P., p. 178
34. M. S., pag. 12
35. M. S., pag. 15
36. Ibid
37. M. S., p. 12
38. Mach., p. 240
39.  P., p. 172
40. I., p. 16
41. L. C., p. ,183.
42. L, p. 16.
43.  Mach., p. 164
44.  Mach., 
45.  Mach., p. 116
46.  Mach., p. 164
47.  P., p. 158
48. Ibid.
49. bid.
50.  P., p. 159
51.  Mach., p. 133
52. I., p. 141 
53. I., p. 141 
54.  I., p. 142
55.  Mach., p.  165
56.  P., p. 172
57. L. C., p. 174.
58. L. C., p. 183.
59. Mach., p. 54.
60. Mach., p. 95-96.
61. Mach., p. 96
62. Mach., p. 95
63. Ibid.
64. P., p. 165 (en español, Antol. p. 315).
65. P., p. 166 (en esp. Antol. p. 315).
66. lbid. (en esp. Antol. p. 315).
67. P., p. 166 (en esp. Antol. p. 315).
68. R., pp, 71-72 (en esp., Antol. p. 488).
69. Mach., p. 50.
70. Mach., p. 50.
71. Mach., p. 112.
72. Lenin “El Estado y la revolución” en Obras escogidas, 3 tomos, Ed. Progreso, Moscú, t. 11, p. 367.
73. Mach., p. 161.
74. Mach., p. 161-162
75. Mach., p. 163
76. Mach., p. 123

Fuente: http://kmarx.wordpress.com/2014/10/16/la-superestructura-del-bloque-historico/

28 octubre 2014

Alberto Garzón: “Izquierda Unida es un instrumento más útil que Podemos”




Alberto Garzón (Logroño, 1985) es para muchos la única esperanza de Izquierda Unida, el último tren al que se puede subir la coalición para recuperar el terreno perdido con Podemos y con los votantes. Él cree que es una misión posible. Considera que IU puede crecer y que aún tiene tiempo para poder ser un actor importante en el cambio político. De hecho, está convencido que la coalición es “más útil” que Podemos como instrumento de cambio pero rechaza que la única vía para IU sea a través de su liderazgo.

Reconoce errores y no evita la autocrítica. Es consciente de que IU fue invadida por el virus del conformismo y que les faltó ambición política. Cuando todos los ingredientes estaban presentes para lanzar un proyecto tan ambicioso como Podemos, Izquierda Unida no estaba. Sin embargo, Garzón defiende que IU está cambiando y que la coalición tiene “la responsabilidad histórica” de participar en el cambio. Por último, Garzón lanza un aviso a navegantes: no se irá nunca a Podemos y está dispuesto a asumir todas las responsabilidades que le encargue su partido, incluida la de ser candidato a las elecciones generales.

En su intervención de este miércoles en el debate de los Presupuestos Generales del Estado, le espetó al ministro Montoro: “Es usted un antisistema”. ¿Tanto han cambiado los papeles que ahora son los conservadores los antisistema y no los comunistas?

Si hablamos del sistema capitalista está claro que somos los comunistas los antisistema. Los comunistas somos prosistema alternativo. Lo que ocurre es que estamos ante una agresión neoliberal sin igual en la historia del capitalismo desarrollado. Es una agresión a las conquistas sociales conseguidas por nuestras generaciones precedentes. Eso está convirtiendo a la gente en revolucionaria por defender lo que ya tenía consolidado. Por tanto, aquellos que desmantelan el Estado del Bienestar son los antisistema pero del Estado social.

¿Y cómo es ese sistema que quiere Izquierda Unida?

Entendemos que estamos en un proceso de transformación social. El neoliberalismo está construyendo un modelo de sociedad ampliamente regresivo, desigual e injusto que se basa en una regresión laboral y salarial que desmantela el Estado social y nos conduce hacia una sociedad más individualista. No hay más que ver a nuestro alrededor para comprobar que hoy ya no es suficiente con un contrato para vivir. Estamos en una encrucijada en la que hay que decidir hacia donde vamos. La derecha ya ha elegido su camino. Tiene su proceso constituyente ya iniciado. Ha dinamitado los pactos de 1978 y está constituyendo una nueva institucionalidad con la modificación de la Constitución, los nuevos tratados de la UE y el propio Tratado de Libre Comercio (TTIP), que está constituyendo un nuevo marco jurídico donde situar la economía.

Nosotros entendemos que el primer paso es resistir y mantener las conquistas sociales que han conseguido nuestras generaciones precedentes con lucha y mucho esfuerzo. En segundo lugar, tenemos que sentar las bases de un mundo más justo, posible, deseable y necesario. Mientras vamos a una mercantilización y una desvalorización de la política frente al poder económico, que es la opción de la derecha y de la oligarquía. Nosotros optamos por una democratización de la economía. Ese es el modelo que proponemos desde IU. Se le puede llamar de muchas maneras. Yo le llamaría comunismo, pero el nombre es lo de menos.

¿Y no cree que esa mayoría social, a la que usted alude continuamente, saldría corriendo si escucha hablar de un sistema comunista y de la nacionalización de empresas?

Es importante entender que incluso nuestra Constitución permite la nacionalización de empresas. Lo que pasa es que ha sido superada jurídicamente por una Unión Europea construida para neutralizar las garantías positivas de las instituciones del Estado Nación. Democratizar la economía implica que el sistema financiero no puede ser privado ni tampoco las compañías estratégicas. Tener una banca pública y grandes empresas públicas da a la sociedad instrumentos con los que enfrentarse a los Florentino Pérez, Amancio Ortega o a la señora Botín. Todo eso hay que socializarlo. No es admisible que un país desarrollado tenga un 17% de hogares sin acceso fácil a la electricidad, agua y servicios básicos.

Respecto a la etiqueta comunista,  es obvio que venimos de una travesía del desierto para la izquierda. Pero, en este momento histórico, que es tan diferente al de hace diez años, lo que se está poniendo de relieve es que la gente y su sentido común se están volviendo revolucionarios. Sin duda es una etiqueta que está deteriorada como resultado de la batalla ideológica. Hay que redefinir los conceptos y saltarse las connotaciones peyorativas que tienen más que ver con prejuicios que con la realidad. Al fin y al cabo, estoy hablando de un horizonte socialista, comunista. Son conceptos que hay que explicar. Hay que hacer pedagogía. Hay que situar también muy bien el debate. En realidad, el sistema que está dejando a la gente sin casa, sin empleo, sin vivienda, sin garantías sociales… es el capitalismo. Además, asalvajándose por meses.

Algunos quieren vadear esta etiqueta y otros no quieren, pero creo que en última instancia tenemos que recuperar las palabras porque si no estaremos jugando en el terreno de juego del contrincante. El lenguaje es ideología. Tenemos que recuperar aquellas palabras que hemos perdido. República, por ejemplo. En el imaginario español, tras 40 años de dictadura, República está asociado a 1936 y a la Guerra Civil. República es más democracia, constitución y garantías positivas, la bandera que liberó a Francia de los nazis, República es la lucha contra el franquismo, el racismo…

Si hablamos de lenguaje y política resulta imposible no hablar de Podemos. Ellos han revolucionado el uso del lenguaje en la política española. Escribía Juan José Millas tras las elecciones europeas que hasta el momento Podemos era un éxito de carácter sintáctico más que político.

Soy de los que cree que hay que dejar de hablar de Podemos y empezar a hablar del fenómeno social que explica Podemos. Es distinto. Podemos no es el padre ni la madre del fenómenos social. El fenómeno social ya estaba ahí y tiene que ver con la reestructuración económica que estamos sufriendo, la transformación social, el ataque neoliberal… Todo eso explica que haya un caldo de cultivo que cristaliza en el 15M, en la PAH, en las Marchas por la Dignidad, en Izquierda Unida o en Podemos. Podemos no ha inventado nada. Hay un cierto espíritu adanista, como hubo en el 15M, pero es falso. El adanismo, además de ser peligroso, es siempre incorrecto. Podemos no ha inventado las asambleas, los revocatorios, la auditoría de la deuda, no ha inventado las propuestas programáticas…

Lo que sí ha hecho, sin duda, ha sido mover las piezas y componer unpuzzle nuevo. Ha compuesto un puzzle nuevo en el ámbito discursivo siguiendo las tesis de Ernesto Laclau, que se encuentran en la obra La razón populista. Esta tesis tiene que ver con la comunicación política desde el enfoque posmodernista. En esto Laclau entiende que no hay clases sociales y que la mejor manera de conectar políticamente con las demandas insatisfechas de la sociedad es por medio de un discurso construido a través de significantes vacíos. Es una tesis. Sin necesidad de ir hacia ese punto vemos que en Grecia hay un fenómeno social que cristaliza de otra forma. Sin renunciar al lenguaje. Syriza significa la izquierda radical. Hay elementos subjetivos que se han pasado por alto. Por ejemplo, que la gente quiere algo nuevo. Y normalmente la gente cuando quiere algo nuevo, quiere hacerlo con gente nueva. Syriza no tenía una historia. Podemos no la tiene. Ni para bien ni para mal. Son vírgenes.

En este caso la carga histórica del PCE es un lastre.

Depende del contexto en el que se enmarque. Si nosotros renunciamos a defender los elementos positivos del PCE desde luego que será una carga. Pero no olvidemos que el PCE fue el responsable de defender la II República durante la Guerra Civil y el principal actor de la lucha antifranquista. Fue el que cohesionó a los movimientos sociales para la Constitución de un Estado social que es el que estamos ahora mismo defendiendo. Todo esto no es un lastre. Tenemos la responsabilidad histórica de hacer justicia con las propias organizaciones y el PCE es obvio que es antiguo pero no está anticuado. Las ideas, principios y valores tienen más vigencia que nunca. Creo que sólo escuchar a Julio Anguita muestra un botón muy claro de cómo lo que se decía en la marginalidad hace unos años ahora es claramente dominante porque se ha constatado que se tenía razón.

El lenguaje de Podemos está construido para vadear las connotaciones negativas que puedan tener determinados conceptos clásicos. Pero el fondo es lo mismo. Veo que la izquierda está debatiendo mucho sobre Podemos. Como si Pablo Iglesias fuera el actor revelación y lo fundamental es el fenómeno social que explica a Podemos y a Pablo Iglesias.

Pero si el fenómeno estaba ahí, los medios estaban ahí, el malestar estaba presente… la situación era la que era y los instrumentos estaban a disposición de todos… ¿dónde estaba Izquierda Unida?, ¿dónde estaban ustedes?

La ciencia social no es una ciencia exacta. Podemos hacer un ejercicio similar a la geología y decir cuáles son las condiciones en las que el volcán entra en erupción pero no sabemos el momento preciso en el que lo va a hacer. Ocurre lo mismo en política. Creo que éramos muchos los que habíamos teorizado conjuntamente también con Pablo Iglesias (que antes formaba parte al menos de la periferia de IU), que estábamos en una situación de descomposición del Estado social y que tenía que cristalizar en algo. En Francia ha cristalizado en extrema derecha. En España el 15M fue un cortafuegos contra el fascismo y dirigió la mirada hacia otros espacios. Sabíamos que eso tenía que pasar. Izquierda Unida no lo ha aprovechado. Por las razones que fuera. Nuestro tiempo histórico iba más rápido que el tiempo de la organización.

¿Pecó IU de conformista?

Como organización no me cabe ninguna duda. Faltó ambición política y en este momento histórico hace falta ambición política. Hay que entender que en un momento de descomposición social todo se reestructura y también se reestructura electoralmente. Es lo que Gramsci llamaba crisis orgánica y nosotros llamamos crisis de régimen. Si hubiésemos sido capaces de anticiparlo en lugar de cristalizar en Podemos lo hubiera hecho en nosotros. Pero no tenemos que pensar en el pasado. Lo interesante es cómo llevar ese hilo al presente. Por eso decía que Podemos no es el padre o madre del fenómeno social. Este malestar cristalizó en Podemos pero puede cristalizar en Ganemos y es responsabilidad histórica de IU estar ahí. Estar donde la sociedad exige los cambios. No se ha parado la historia en las elecciones europeas. Continúa. La crisis seguirá empeorando y se generará un fenómeno social todavía más grande que hay que cristalizar, canalizar y utilizarlo como una oportunidad para cambiar el país. Ahí es donde tiene que estar IU.

¿Y hasta dónde está dispuesto a llegar usted para que IU esté donde quiere usted?

A nivel personal no tengo ningún tipo de ambición. A nivel personal los costes son mucho más amplios que una vida conformista en la Universidad o incluso marchándose del país con una oportunidad laboral. No es una cuestión de gusto sino de necesidad. Sí tengo, no obstante, una ambición política respecto a mi organización. Izquierda Unida no puede ver la revolución pasar. Tiene que implicarse. Tiene que renunciar a estar del lado que están el PP y el PSOE. Está claro pero es importante señalarlo. Los que somos dirigentes de IU tenemos la responsabilidad histórica de adaptar nuestra organización para que IU sea actor principal.

Hay muchas voces que señalan que la única posibilidad de que IU no vea la revolución pasar es apostar por usted como candidato a la presidencia del Gobierno. ¿Está dispuesto a presentarse a las primarias de su partido?

Hay cierta tradición personalista que yo no comparto. Evidentemente, los diferentes dirigentes tienen sus habilidades profesionales, personales, de carisma, y una determinada concepción del mundo. Lo importante es el proyecto político. Alberto Garzón no es nadie sin IU. Y por lo tanto si la organización de IU no quiere, Alberto no puede. En este sentido, si la organización va hacia una dirección tiene que querer la organización. Y somos muchos los que tenemos que convencer a nuestra organización y a nosotros mismos de que tenemos que caminar hacia el horizonte. A nivel personal estoy dispuesto a asumir todo tipo de responsabilidades porque es la base de la política. Si la gente de mi organización va pidiendo que yo tenga más responsabilidad política yo la asumo. No obstante, el diagnóstico de que sólo es posible con equis persona no es cierto.

Usted me dice que Alberto Garzón no es nadie sin IU pero tengo dudas de si no es al contrario. Es decir, que Izquierda Unida no es nadie ahora mismo sin la voz y el rostro de gente como Alberto Garzón o Tania Sánchez.

Hemos sufrido un proceso de mercantilización de la política. Estamos caminando a un sistema político presidencialista de facto en el que en vez de votar programas o candidaturas se están votando personas. Eso, que no es nuestro sistema político en el papel, conlleva una dependencia muy alta de liderazgos individuales. Y yo creo que no es la respuesta. Creo que la respuesta a este momento histórico es la del liderazgo colectivo. Por lo tanto, IU tiene que tener referentes que sean carismáticos y que estén apoyados por la gente de IU y de fuera. Ya no valen los dirigentes grises de un momento político que no existe. Hacen falta dirigentes que no se pongan de perfil, que cojan al coro por los cuernos. Pero no uno. Sino muchos. Un liderazgo colectivo. La dirección de IU tiene que ser un liderazgo colectivo y donde ninguno sea imprescindible. Una organización no puede ser un dirigente. Si hablamos de nueva política, no hay nada que sea más de vieja política que el liderazgo individual y casi cesarista.

Quizá sea yo que estoy contaminado después de cubrir la Asamblea Ciudadana de Podemos y el debate entre un secretario general o una dirección colegiada, pero parece que sus palabras también son dardos hacia el liderazgo de Pablo Iglesias en Podemos.

No, no. Yo no hablo de Podemos. Lo que pasa es que son debates que tenemos desde hace mucho tiempo. Ya en la Antigua Grecia cuando un dirigente político destacaba, por miedo a que fuera un futuro tirano, inauguraban una categoría que era el ostracismo y permitían a la gente votar para expulsar a alguien que se había hecho demasiado famoso y mostraba una tendencia a ser un futuro tirano. Es un debate viejo y es normal que suceda cuando se compone una nueva formación. Podemos es una fuerza nueva y son ellos los que tienen que decidir. Yo no opino por respeto a sus mecanismos. A mi me preocupan los de mi partido. Creo que IU tiene que acometer un proceso de democratización interna mucho más radical.

La percepción que tenemos desde fuera muchas veces es que al final la gente que está en IU dedica más tiempo a transformar su organización o en convencer a su organización de algo que a transformar el país, que es el objetivo último, en teoría, de un partido como IU.

Sí. Hay un riesgo ahí. Hay un riesgo de frustrar muchas energías y mucho tiempo. A veces pasa y hay que aceptarlo. Pero pasa en todas las organizaciones. No es una cuestión solamente de IU. Es un problema, pero también es verdad que la democracia conlleva tiempo. La dictadura es inmediata. La democracia conlleva un proceso de deliberación que se prolonga en el tiempo. Por lo tanto, hay en muchos casos un problema entre eficiencia y democracia. Cuando una organización pequeña se transforma en grande, como puede ser Podemos, van teniendo una serie de problemas de este tipo. En IU lo tenemos muy claro. IU tiene claro lo que quiere hacer y tiene claro que quiere transformar el país y las disputas internas tienen lugar porque hay disensión y debate pero ya no llegan a escisiones como pasó en otros tiempos. Sin ir más lejos nos pasó con Izquierda Anticapitalista.

Hace unos meses tuvimos oportunidad de entrevistarle y nos dijo que no tenía ninguna duda de que IU y Podemos terminarían convergiendo. En aquel momento aún no se habían celebrado las elecciones europeas y la estrategia de Podemos y sus intenciones respecto a IU no eran tan evidentes. ¿Usted sigue teniendo la misma percepción de que terminarán convergiendo?

Parto de la hipótesis de la necesidad de converger entre la gente que sufre la crisis. No he visto mayor espacio de convergencia que parar un desahucio. Cuando uno acude a un desahucio, la gente que recibe los golpes y las multas, pero que consigue parar el desahucio, tiene carnés políticos muy diferentes o no los tiene. Todo lo que luchamos juntos en la calle con mucho éxito tenemos que lucharlo juntos en las instituciones. Esa es la necesidad. No se trata de ampliar el espacio de poder. Es que o nos unimos o nos transforman la sociedad con hospitales privados y viviendas en manos de fondos buitre.

Nosotros somos conscientes de ello y ofrecemos encontrarnos en un espacio político común con Podemos, Anova, Compromís… Lo hemos puesto encima de la mesa. Si Podemos decide acudir será una enorme satisfacción para la sociedad porque incrementa la potencialidad de este instrumento. Sería una buena noticia. Pero si decide no acudir a este espacio de encuentro tendrá que ser Podemos quien diga por qué se ha frustrado la oportunidad histórica y tendrá que explicar por qué han desperdiciado una oportunidad de hacer lo que hicieron las mareas. No sé lo que van a decidir. Probablemente ellos tampoco. Pero creo que sería una irresponsabilidad histórica no aprovechar las oportunidades.

Usted me dice que sería una irresponsabilidad histórica que Podemos no acudiera a ese punto de encuentro. El otro día un buen amigo, afín a Podemos, me decía que sería una irresponsabilidad histórica que Alberto Garzón no abandonara IU y se sumara a Podemos.

Esto me recuerda a mucha gente que se equivocaba cuando decía que la convergencia pasaba porque todo el mundo viniera a IU. Pero ahora estamos en un momento histórico diferente y no procede decir vengan todos a mi lugar. Además, yo soy leal a mi organización y creo, profundamente, que IU es un instrumento más útil que Podemos en estos momentos para el cambio. Tenemos una historia, pero sobre todo tenemos una militancia en todas partes del Estado. Organizada, estructurada, que ha gestionado ayuntamientos, que conoce el sistema político… Todo eso es parte de la solución. No digo que IU tenga que ser el eje vertebrador. Digo que es parte de la solución. La propuesta es dejar de luchar en trincheras diferentes cuando la guerra es la misma. Eso significa responsabilidad histórica y altura de miras. No un vengan todos donde yo estoy, sino ponernos de acuerdo para desde nuestras trincheras disparar al mismo enemigo.

¿El militante de IU puede estar tranquilo de que su estrella no se va a ir a otro equipo?

No me consideraría una estrella, pero está claro que yo de IU no me muevo. Eso está fuera de dudas. Es decir, yo soy fiel a mis principios, a mis ideas y creo que el instrumento útil es IU. A mi me interesa que deje de haber pobreza, miseria, desempleo, desigualdad… y me da igual el nombre de la revolución. Eso es una enseñanza leninista. No fue la hoz y el martillo lo que abrió los campos rusos sino la consigna de paz, tierra y libertad. Por eso, yo creo que la solución no pasa por el mercado de fichajes sino por encontrarnos todos. Tarde o temprano, gente que opina lo que opina Pablo Iglesias, Iñigo Errejón, Juan Carlos MonederoLuis Alegre, Carolina Bescansa… como opina lo mismo en última instancia que IU sería una irresponsabilidad histórica que no nos encontráramos. No sé cuando. Si antes o después de las municipales, si antes o después de las generales, no lo sé.

¿Le sorprende el fuego amigo?

Que va. Eso es una costumbre ya no en la izquierda sino en la política. Sin embargo, hay que aprender a gestionarlo. Al final hay muchas motivaciones diferentes dentro de la militancia política.

Estas semanas hemos vivido un nuevo terremoto con las tarjetas black que ha vuelto a afectar a Izquierda Unida. Y antes de que me lo diga usted se lo digo yo. Ya sabemos que los corruptos han sido expulsados de IU, ya sabemos que IU es acusación particular y queEnrique Santiago, abogado de IU, está realizando un trabajo excelente. También sabemos que han puesto en marcha una comisión de investigación, etc. Sin embargo, en este caso el nombre de IU vuelve a estar ligado a PP, PSOE y corrupción, que es el cóctel de la marca España, y fortalece el argumento de que IU es más parte del problema que de la solución.

Efectivamente existe ese planteamiento, pero no estoy de acuerdo con él. Lo que ha ocurrido es que personas de IU han participado en un proceso de corrupción del PP y otras formaciones. Eso es muy grave porque la principal afectada es la sociedad y la segunda afectada es IU. Este fenómeno ha nublado el trabajo honesto de miles de militantes de IU. Nosotros tenemos militantes que han tenido que, como ha ocurrido en Mallorca, ir con guardaespaldas por denunciar la corrupción del PP. Hemos tenido mucho sufrimiento en mi provincia, en Málaga, cuando hemos denunciado desde el principio a Jesús Gil. Hemos sufrido amenazas de muerte, persecuciones, etc. Todo tipo de violencia física. Y todo eso se ha nublado porque alguien de IU ha hecho lo mismo: la corrupción. Es muy grave. Muy grave.

Por eso tenemos que ser muy contundentes. Eso implica no sólo la expulsión, que ya se hizo, sino pasar a una segunda fase: exigir responsabilidades políticas de aquellos que fueron responsables de hacer subir a esta gente a esa lugar para que metieran la mano. Si yo soy responsable por acción u omisión de algún fenómeno político desagradable tengo que dimitir. Yo lo haría. Willy Meyer lo hizo. Estas personas, que son responsables de poner a Moral Santín y de participar en el juego de las cajas con el PP hasta niveles todavía desconocidos, tienen que caer. Tienen que caer. Son responsables de hacer caer la imagen de IU en todo el Estado y de dar razones a aquellos que dicen que somos parte del problema.

La semana pasada entrevisté para este periódico a Tania Sánchez y también hablamos de este tema. Ella pedía que esta gente que describe ahora diera un paso atrás por el bien de la organización. Sin embargo, cuando le pedí nombres contestó que prefiere no darlos. ¿Usted se atreve?

No conozco la organización madrileña y no llevo ni dos años en los cargos orgánicos de IU. No conozco la organización de Madrid ni la historia de los responsables de todo esto. Tengo intuiciones y me han comentado cosas pero no puedo ser yo quien acuse a nadie porque no tengo la información suficiente. Sí sé que hay responsables porque cuando ocurre algo así sólo se puede hacer con el silencio cómplice. Se trata de averiguar quiénes son. Tenemos que abrir una comisión de investigación federal que diga este y este son responsables y hay que pedirles su dimisión. Tiene que caer gente.

¿No teme que los militantes de IU puedan decir que están hartos de su organización y que se marchan con otro, ya sea Podemos u otro partido?

Hay un riesgo muy importante. O somos inteligentes y hábiles o seremos como el Partido Comunista de Italia, que vivió un proceso de frustración generalizada. La gente no se va a otro partido. Se va a su casa. Frustrada. IU no es sus dirigentes. Son, sobre todo, sus militantes que trabajan por su pueblo, se pelean para evitar corruptelas contra planes urbanísticos y que de repente ven que en Madrid se ha pactado con Blesa y se han gastado 500.000 euros en una tarjeta. Eso frustra y tenemos que responder con contundencia, claridad y honestidad o la gente se va a su casa.

Para terminar quiero que se imagine como el cirujano de hierro del que hablaban tras la crisis de 1898 en España. Si pudiera elevarse unos metros sobre el suelo y sacar el bisturí, ¿qué cambiaría de IU para que se parezca a la que usted desea?

Es muy importante siempre hacer autocrítica. La primera autocrítica es: si sabemos lo que queremos, ¿por qué no lo hemos hecho hasta ahora? ¿Qué ha fallado? Hay que sacar muchos hilos. Primero uno de institucionalización, de haber interiorizado parcialmente que estábamos ante el fin de la historia y que ya no había ideologías y que ya sólo nos quedaba gestionar el capitalismo. Eso ha sido un virus que nos ha afectado y que estamos superando de una forma muy veloz. Esa institucionalización ha llevado a formar un partido político que ha renunciado a su origen. IU es un partido político y un movimiento social. Por lo tanto, IU tiene el deber de parecerse más a un movimiento social que a un partido.

¿Se aburguesó IU?

Se aburguesó la sociedad. Hace cuatro años el 80% de la gente votaba al bipartidismo y a IU lo votaba un 3%. No es un aburguesamiento sólo de IU sino también de la sociedad. Era un espejismo económico que nos decía que vivíamos en el mejor de los mundos y eso afectaba a IU. Hay que liberarse de esa losa de la que se está liberando también la sociedad. Aquí hay ideologías en disputa y los partidos son organizaciones de ideologías en disputa. Tenemos que penetrar en los barrios. Hay un 46% de gente que no vota. Si el fenómeno social que explica Podemos es importante, el fenómeno social en general es mayor. El día que vote la gente que no vota el panorama cambiará radicalmente. La gente que no vota no es del PP. Es gente que está cabreada, que cree que el sistema político no funciona.

IU tiene que abandonar la institucionalización. Tiene que ser menos maquinaria electoral y más maquinaría social. Es difícil. El tiempo histórico de nuestra organización es más lento que el de la sociedad. La sociedad está siendo en muchos casos más revolucionaria que una parte de IU, pero desde hace un tiempo estamos cogiendo la velocidad y el ritmo de la calle.

Fuente:http://www.larepublica.es/2014/10/alberto-garzon-izquierda-unida-es-un-instrumento-mas-util-que-podemos/

16 octubre 2014

El Partido de Pablo Neruda.

Por Ana Moreno Soriano
 
 
Ha ocurrido con bastante frecuencia en otros momentos pero, en los últimos años, en distintas tertulias, en conservaciones privadas y en todo tipo de mensajes en las redes sociales, la distancia o la desafección de la política es una opción muy extendida en la ciudadanía e incluso quien la profesa parece que adquiere cierta respetabilidad de la que carecen quienes se dedican a la cosa pública. Creo que es bueno recordar que la política existió antes que la polis como espacio físico, cuando se reunían en círculo las asambleas de guerreros –en las que, por supuesto, todos eran hombres- y ponían en común y en el centro los asuntos que consideraban importantes para la comunidad; ése es el origen de la polis, como lugar, que después sería ciudad o ciudad-estado para los griegos, y como debate, propuesta y resolución de los problemas, es decir, como política.

 Desde entonces, y salvando todas las distancias, ha habido personas que han pensado que lo importante eran sus problemas y sus intereses, personas ambiciosas y mezquinas, hipócritas y mentirosas; pero cuántas otras, nobles, comprometidas e incluso visionarias, han puesto en común y en el centro los problemas de la comunidad y han ideado estrategias para lograr objetivos como el estado de derecho, la jornada laboral, la educación obligatoria o la sanidad pública. Todo esto, y tantas cosas más, se ha conseguido con organización y con lucha política y muchas personas también han decidido, y siguen decidiendo, afiliarse a un partido.
 
Seguramente, no tendrán más tiempo que otras, ni serán menos libres, ni tendrán conciencia de que están desfasadas: simplemente, habrán encontrado un espacio para compartir unas ideas y una praxis y luchar por el modelo de sociedad que quieren, una opción muy respetable en un país como el nuestro donde el pluralismo político es uno de los valores superiores de su ordenamiento jurídico, según el artículo primero de la Constitución.
 
Para mí, formar parte de un partido político es, simplemente, la consecuencia de un compromiso; por eso, me afilié al Partido Comunista de España hace muchos años, una opción importante en mi vida, como otras que tomé por la misma época. Asumí la historia del PCE, sus objetivos y su forma de organizarse, valoré sus aciertos y sentí sus errores políticos; pero entendí, y sigo entendiendo, que las miserias y las actitudes rechazables no tienen su causa en ser comunistas sino en olvidar lo que eso significa.
 
Muy al contrario, he visto tanta nobleza y entrega en tantos comunistas y he aprendido tantas cosas en tantos años, que tengo que agradecer a mi Partido el bagaje político, cultural y humano adquirido en muchos debates, aunque fuera en reuniones de fin de semana a trescientos kilómetros; en el Partido, y leyendo a los clásicos del marxismo, he aprendido a aplicar la dialéctica como método de análisis y, sobre todo, a tratar de buscar la respuesta a la pregunta clásica “Qué hacer”, que pasa siempre por conocer la realidad, analizarla y actuar para modificarla. Muchos de los escritores que admiro son parte de esta Organización: Miguel Hernández, María Teresa León, Rafael Alberti, Armando López Salinas, Berltolt Brecht, Marcos Ana, Manuel Vázquez Montalbán, Carlos Álvarez, Felipe Alcaraz y tantos otros, y todos ellos han manifestado que el Partido Comunista es el lugar que eligieron para la lucha y para la utopía.
 
Pero, sin duda, uno de los que mejor lo ha expresado ha sido el poeta chileno Pablo Neruda que le dedica un poema en el Canto General: en él dice que su Partido le ha dado la fraternidad hacia el que no conoce, la fuerza de todos los que viven, la patria como un nacimiento, la libertad que no tiene el solitario, la rectitud que necesita el árbol… Y dice algo que, en estos momentos cobra un sentido profético: “Me has hecho ver la claridad del mundo y la posibilidad de la alegría. Me has hecho indestructible porque contigo no termino en mí mismo”. Claridad, alegría, solidaridad, memoria y futuro: el Partido Comunista de Pablo Neruda. Mi Partido.
 
Publicado por Diario IDEAL de Jaén en su edición impresa del 12 de octubre de 2014.
 

13 octubre 2014

PALABRAS DEL SECRETARIO GENERAL DEL PCA, FRANCISCO DE ASÍS FERNÁNDEZ, EN EL ACTO DE HOMENAJE A LOS MÁRTIRES DEL POZU FORTUNA.

 
Amigas y amigos, compañeros y compañeras, camaradas:
 
Un año más nos congrega el empeño de recordar y honrar a los mártires del Pozu Fortuna, republicanos, socialistas, anarquistas, sindicalistas, comunistas, también mujeres y hombres sin partido, unidos para siempre en el camino, para ellos truncado, hacia la libertad y la justicia. los mártires del Pozu Fortuna, cuya memoria luminosa terminó imponiéndose al ocultamiento urdido por unos y al olvido pretendido por otros, de una parte terrible del pasado de nuestro pueblo, pero que es una parte insoslayable, necesaria, imprescriptible de ese pasado y de este pueblo.
 
Ante esta fosa común innumerable nos congregamos hoy para afirmar que la Historia no termina, que han fracasado los que decretaron su final y su muerte. Que es larga y será larga la lucha por la emancipación humana, por el progreso del mundo, por la vida…
 
Larga es la lucha y corta la vida humana, especialmente corta lo fue para muchos de los que aquí yacen. En cualquier caso, nuestras vidas tan sólo duran para tomar la antorcha y andar un trecho del camino. Pero el camino sigue y proclamarlo aquí es el mejor homenaje que podemos hacer a nuestros muertos. Porque lo que interesa es el camino, es la aventura de caminar, de tropezar y de caerse y luego levantarse y seguir caminando.
 
Y por eso tiene sentido decir hoy aquí, que los enterrados en el Pozu Fortuna y quienes sentimos la necesidad de enfrentar a un régimen podrido y corrompido y de combatir un sistema social explotador, inhumano y cruel, de organizar la rebeldía popular contra los poderos, compartimos un larguísimo caminar que hunde sus huellas muy atrás en los siglos y nos lleva adelante, muy lejos, en el porvenir.

Somos los mismos que hace 2000 años desenvainamos la espada en la indómita hueste de Espartaco, tensamos nuestros arcos contra los poderosos en el bosque de Sherwood; fuimos moriscos  en la Alpujarra, comuneros en Villalar; nos vimos obligados a negar el movimiento con Galileo Galilei ante la Inquisición, para decir después “y sin embargo se mueve”; éramos “sans culottes” cuando asaltamos La Bastilla,  y Thermidor hizo rodar nuestras cabezas por haber aplaudido a Robespierrre y Saint Just;  nos alzamos con Riego en las Cabezas de San Juan y corrimos a esconder las banderas que bordara Mariana Pineda. Después de la Comuna de Paris nos fusilaron por miles ante los paredones del “Père Lachaise”; nos masacraron otra vez en 1905, pero luego fuimos jinetes de la caballería roja en la Revolución de Octubre, resueltos a asaltar los cielos; Los nazis no pudieron con nosotros ni en Leningrado ni en Stalingrado;  plantamos mil flores en Pekin; desembarcamos con Fidel desde el Gramma,  doblamos el pulso de los imperialistas en Playa Girón; caminamos por las quebradas de Bolívia y batimos al yanqui  en Vietnam.
 
Los que, además de rojos y rebeldes, somos asturianos cargamos con la mochila particular de nuestra historia, trabajamos de guajes en las sórdidas minas de los años 20 y 30, encendimos con nuestros cigarros los cartuchos en el 34, vimos caer a Aida en su puesto de San Pedro de Los Arcos, entramos con Dolores en la cárcel de Oviedo liberando los presos, defendimos las lomas del Mazucu y encajamos la más triste, sangrienta e inmerecida de las derrotas. Nos tiramos al monte y fuimos maquis. Después, la misión fue reconstruir el movimiento obrero. Lo hicimos. Y de todas esas luchas  aprendimos el valor de la memoria, el valor del ejemplo de quienes fueron jalonando el camino con su sacrificio, desde hace cientos de años, el sentimiento de gratitud hacia quienes, como los sepultados en el Pozu Fortuna, pagaron con su vida la defensa de unos ideales que, en su médula, continúan vivos porque siguen siendo necesarios.
 
Por eso hoy les rendimos un emocionado homenaje. ¿Cómo? ¿Con flores? Claro, también con flores. Pero sobre todo con nuestra consciencia del camino. De ese camino secular de luchas de la humanidad. Entendiendo que ahora es éste nuestro trecho por el mismo camino que ellos anduvieron, con el compromiso de continuarlo, con el compromiso de encender las antorchas de nuestros hijos y de nuestros nietos antes de que las nuestras se extingan, para seguir iluminando hacia el futuro la antigua y nueva senda de la emancipación, inseparable de la condición humana: La historia, que no cesa.
 
Un camino revolucionario de rebeldía frente a lo establecido y de alternativas,  para el que debemos contar con el impulso y el ejemplo de los mártires del Pozu fortuna, el de su unidad en la muerte, de modo que nos sirva hoy para nuestra unidad de lucha en la vida, porque los luchadores por otro mundo posible tenemos, junto a la fuerza de nuestros argumentos, esa otra fuerza, que decía el poeta, y que sopla como un viento desde todos nuestros muertos.
 
Por esa unidad. Por la verdad, la justicia y la reparación, mantengamos viva y activa la memoria de las víctimas del Pozu Fortuna.

05 octubre 2014

MARINA SILVA: LA INESPERADA CARTA DE LA DERECHA BRASILEÑA.

Gerardo Szalkowicz.  Librered
 
Dilma caminaba tranquila a la reelección pero la muerte de un candidato cambió el panorama con la aparición de Marina Silva, que no para de subir en las encuestas. Perfil de una líder ecologista que se transformó en la imprevista esperanza de la derecha brasileña.

No se puede negar que la muerte de Eduardo Campos el 13 de agosto y la irrupción de Marina Silva heredando la candidatura del Partido Socialista Brasileño trastocaron el escenario electoral. Según la encuesta de Ibope replicada el miércoles en todos los medios, a poco más de un mes para los comicios la ex senadora no sólo arrastra una intención de voto de 21 puntos más que su antecesor, sino que se impondría ante Dilma Rousseff por 45% a 36% en una eventual segunda vuelta. Lo que no muchos repararon es que el estudio fue contratado por el grupo Globo, el mayor emporio mediático del Brasil.

Más allá de la credibilidad en las encuestas, de su incierto correlato con la realidad y de la influencia de los medios en la construcción de sentidos en coyunturas electorales, queda clara la decisión que tomó buena parte de la derecha empresarial y mediática tras comprobar que su candidato natural, Aécio Neves, no daba pie con bola: apostar ahora todas las fichas a Marina en la búsqueda de su objetivo cardinal, tumbar el proceso iniciado por Lula en 2003.

La editorial del Diario O Globo del 20/8 proclama: “Otra constatación es que Marina atrae de manera bastante fuerte a aquellos que, sin ella como candidata del PSB, habrían votado en blanco o nulo o no sabían a quién elegir”. Sin eufemismos, sigue la bajada de línea: “Marina funciona como una aspiradora, atrae el voto de los desilusionados con la política”.

Pero además del polo mediático, ¿cuáles son los otros soportes de su candidatura? Una ficha clave es su amiga y coordinadora de campaña, la multimillonaria Mary Alice Setubal, hija del fundador del Banco Itaú, entidad que donó casi US$ 450 mil para su postulación presidencial en 2010.

El pragmatismo extremo de Marina se trasluce también en la convivencia de sus posturas ecologistas con las de su candidato a vice, Luiz Roberto de Albuquerque, de estrechos vínculos con el agronegocio, quien como diputado impulsó una ley que autorizó el incremento de cultivos de soja transgénica y tuvo como financistas a las empresas Klabin y Semientes Roos, dos símbolos del agronegocio.

También se encolumnan en esta apuesta los sectores financieros y empresariales seducidos por sus planes económicos, de claro corte ortodoxo, cuyos mentores son Eduardo Giannetti da Fonseca y André Lara Resende, dos nombres ligados a las políticas privatizadoras de Fernando Henrique Cardoso. Las alianzas del PSB también dan cuenta de su versatilidad: en algunas regiones, como San Pablo y Paraná, apoya a los candidatos del derechista Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Recientemente, Marina aseguró que el ex gobernador José Serra, referente del PSDB, no faltaría en su eventual gobierno.

Su mirada sobre América Latina también desacredita una impronta progresista. En su campaña en 2010, afirmó que en Cuba y Venezuela “las libertades han sido secuestradas”, que el entonces gobierno de Chávez “pone en riesgo la alternancia del poder” y que Cuba debe “abrirse al mundo y no puede tener miedo de transformarse en una democracia”. Lo mismo ocurre -como gran devota evangelista- con sus posturas ultraconsevadoras contra el matrimonio igualitario y el aborto.

Lejos quedó de Marina Silva su paso juvenil por el troskismo y su sindicalismo amazónico combativo en los ´80 junto al campesino asesinado Chico Mendes. También sus casi tres décadas como militante y funcionaria del PT, hasta que en 2009 rompió filas y comenzó a cimentar su fuerza propia. Este martes, durante el primer debate televisado, dejó en claro su idiosincrasia actual al responder sobre sus vínculos con banqueros y empresarios: “El problema de Brasil no es su élite, es la falta de ella”.
 

29 septiembre 2014

"Queremos que se conozca este atentado silenciado por Estados Unidos"

Se cumplen 50 años del ataque al mercante Sierra Aránzazu, un barco que transportaba comestibles y útiles de labranza a Cuba cuando fue asaltado brutalmente por un grupo anticastrista financiado por la CIA.


A José Vaquero Iglesias, de 23 años y natural de Villablino (León), le gustaba el mar, y lo convirtió en su profesión formándose como marino mercante. Trabajador de la compañía Marítima del Norte, viajaba como tercer maquinista a bordo del Sierra Aránzazu el fatídico 13 de septiembre de 1964. Un año antes, en el marco de la Guerra Fría, Estados Unidos impuso el bloqueo comercial a Cuba, y esta compañía naviera era la única en España que continuó con el transporte de comida y enseres a la isla del Caribe.

Ese día, al anochecer, el Sierra Aránzazu -cargado con alimentos, telas y aperos de labranza-, fue atacado por dos lanchas comandadas por miembros del Movimiento de Recuperación Revolucionaria [MRR] un grupo anticastrista financiado por la CIA. Durante diez minutos, las ráfagas de ametralladora y los cañones desataron el desastre impactando contra el casco y el puente del mercante, destrozando la chimenea y originando un incendio, e hiriendo de muerte a parte de la tripulación.

Los heridos leve arriaron el bote salvavidas con menos destrozos y allí se arremolinó la veintena de hombres del Sierra Aránzazu. Los dos marineros más graves murieron desangrados en aquel bote agujereado a la deriva. Entre ellos José Vaquero, con un impacto de bala que le destrozó el abdomen. Junto a él, Pedro Ibargurengoitia, el capitán. Francisco Javier Cabello, el segundo oficial, herido también de gravedad, murió a las pocas horas de ser rescatados.

Los hermanos pequeños de José, Tomás y Julio, llevan años recabando información sobre este episodio que se cubrió de olvido demasiado pronto y que se quiso revestir como un acto de piratería. "Tras el ataque, comenzaron a surgir muchas versiones; primero se hacía responsable a Cuba, después a otros grupos disidentes. Circularon mentiras para ocultar la responsabilidad del Movimiento de Recuperación Revolucionaria, dirigido por Manuel Artime, el ‘chico de oro' de la CIA", explica Tomás Vaquero, que ha tenido acceso a documentos desclasificados de la agencia de inteligencia estadounidense, con todo tipo de detalles.
La versión imperante, aceptada por las autoridades franquistas -que eludieron cualquier tipo de investigación-, fue la que defendía la "confusión" del objetivo a bombardear. "El MRR asumió la autoría del ataque, pero aseguró que había confundido el barco con el Sierra Maestra, el buque insignia de la flota cubana, un carguero de dimensiones cinco veces mayor que el Sierra Aránzazu", detalla Vaquero. "Alegaron que anochecía y que, con ayuda de un reflector, vieron la inscripción de ‘sierra' y pensaron que era el barco cubano", añade. Pero el Sierra Maestra había atravesado el Canal de Panamá una semana antes rumbo a China y "los americanos sabían eso perfectamente". En la información hallada por Vaquero, se detalla que el sistema de comunicaciones de las lanchas atacantes había sido facilitado -y era controlado- por la CIA.
Además, la amenaza del huracán Ethel obligó a cambiar de rumbo algunos grados a babor para acceder a Cuba por el sur de las Bahamas. Y horas antes del ataque, un avión de patrulla marítima de los guardacostas estadounidenses sobrevoló el carguero español en varias ocasiones a muy baja altura, según datos rescatados por el marino mercante e investigador de tragedias marítimas Manuel Rodríguez Aguilar.
Otro dato que ha salido a la luz tras la desclasificación del legajo sobre el ataque al Sierra Aránzazu -precisamente, el mismo que contiene la documentación sobre el asesinato de Kennedy, "algo que nos llamó mucho la atención", confiesa Vaquero- contribuye a probar la premeditación del atentado. En un cable enviado por un informador de la CIA bajo el nombre de Whitheld se avanza un encuentro que tendrá lugar en Paris con la persona que "arregló" el ataque al Sierra Aránzazu para pagar al radio operador "que facilitó la posición [del carguero español] a la nave atacante". Dicho cable, al que ha tenido acceso Público, expresa también que el radio operador "contó la historia completa a la policía española".

 

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De madrugada, un barco holandés divisó al Sierra Aránzazu en llamas y comunicó por radio el incidente. A las seis de la mañana llegó el avión de reconocimiento y, poco después, el rescate con el mismo buque de Holanda que había permanecido en los alrededores. El Gobierno americano atendió a las víctimas en un primer momento, y Cuba devolvió el Sierra Aránzazu a la naviera española sin reclamar después el importe de los gastos del traslado, tal y como se reconoce en el derecho marítimo. El gobierno de Castro, además, indemnizó a las familias de los marinos asesinados. "Creo recordar que fueron unas 60.000 pesetas", estima Vaquero. "Los supervivientes quedaron tocados de por vida", añade.

El franquismo acaparó el impacto mediático internacional del atentado contra el carguero, organizando un recibimiento institucional en el aeropuerto de Barajas con medios de comunicación, pero olvidando a las víctimas después. Estados Unidos prometió una investigación que nunca vio la luz. Y la compañía Marítima del Norte continuó sus viajes a Cuba pero sólo un año más, hasta 1965.
"Lo que queremos es que se conozca este atentado silenciado por Estados Unidos y olvidado en España, que se haga justicia con toda aquella tripulación masacrada", demanda Tomás Vaquero, que participó en el funeral celebrado la pasada semana en Villablino en recuerdo a su hermano y al resto de víctimas.

Archivos cerrados

 

La familia Vaquero Iglesias pide hoy esclarecer los hechos mediante el acceso a los archivos policiales en España. Además de los documentos desclasificados de la CIA, no han podido acceder a otros archivos, y creen que los ficheros españoles pueden albergar información clave. "Hay todavía muchos cabos sueltos y esperamos poder atarlos según se siga desclasificando", anhela Vaquero.
Hasta entonces, los hermanos del joven maquinista asesinado desean que se conozca la tragedia del Sierra Aránzazu por el sufrimiento que ocasionó a las víctimas y a sus familias, por la impunidad que siguió a aquellos hechos y para preservar la memoria de esos marinos que hace 50 años emprendieron, sin saberlo, su último viaje por aguas del Atlántico.

Fuente: Diario Público

23 septiembre 2014

¿Podemos hablar de política?

“En la izquierda ya no existe la costumbre
de pensar en grande, es decir, 
desde los
grandes problemas, desde los fundamentos,
con amplia perspectiva, sobre todo”.

Claudio Napoleoni, 1988
 
 
 
 
 
Manolo Monereo.

Siempre pensé que se trataba de un mal español. Me doy cuenta ahora de que no es así, que se trata de algo generalizado que afecta, cuando menos, al conjunto de las fuerzas políticas alternativas europeas. Me refiero a la incapacidad de la izquierda para pensar en grande, para reflexionar en serio y a fondo, sobre las grandes cuestiones del país, de la estrategia y de la táctica, de las alianzas sociales y políticas, de las conexiones entre lo ‘nacional’ y lo ‘internacional’.

En nuestras específicas condiciones el asunto es muy urgente. El porqué parece evidente: por primera vez desde la Transición, las fuerzas a la izquierda del PSOE tienen la posibilidad de superarlo electoralmente y con ello profundizar en la crisis del régimen borbónico y, más allá, abrir un proceso constituyente donde los ciudadanos y ciudadanas definan el tipo de país al que aspiran.

El fenómeno Podemos ha cambiado muchas cosas y ha modificado sustancialmente el campo de lo político. El terremoto de las elecciones europeas ha devenido en tsunami, obligando a las demás fuerzas a definirse y cambiar comportamientos y estrategias electorales. Podemos, por lo que sabemos, es un proyecto en construcción, caracterizado por un núcleo dirigente reducido y compacto, máquina electoral especialmente solvente y una estructura orgánica difusa que, dicho sea de paso, refleja bien la heterogeneidad de su base social y electoral. Por así decirlo, esta es su fuerza y su debilidad; fuerza: su amplia base y su pluralidad que, además, incorpora una nueva generación que hace aquí su primera experiencia de compromiso político activo; debilidad: la carencia de organización y una ‘base-río’ con afluentes de procedencia diversa y, por momentos, contradictorios entre sí.

La tarea no será fácil, aunque tiene, a mi juicio, un tiempo fechado: las próximas elecciones generales. Si Podemos gana, tendrá que construirse desde el Gobierno; si pierde, no le quedará otra que definirse, es decir, ser una ‘forma-partido’, esto es, traducir esa fuerza social y electoral en organización y en proyecto. Parece que hasta ese momento Podemos navegará con viento a favor y los problemas, que los habrá y no pequeños, quedaran aplazados hasta el momento de ajustar cuentas con el poder, el de verdad, el formal y el de las cloacas, el de los ‘primos’ norteamericanos y el de los poderes económicos y mediáticos, que parece que no existen pero que están ahí haciendo su trabajo. En medio, elecciones municipales y autonómicas, que se pueden complicar con el plebiscito catalán.

IU, por ahora, sigue sin sacar del todo las consecuencias del terremoto de las elecciones europeas. No es difícil de entender: el objetivo real del actual equipo dirigente no era otro que incrementar sustancialmente votos y diputados para gobernar en buenas y dignas condiciones con el PSOE. Las proclamas a favor de un proceso constituyente o de una ruptura democrático-republicana —la política aprobada en la última asamblea de IU— eran concesiones a una base militante especialmente comprometida, pero poco realista e incapaz de entender las necesidades de la ciudadanía. Lo más significativo del asunto era que esa misma dirección tenía informes solventes que le advertían de que se estaban creando condiciones para el surgimiento de una fuerza alternativa a IU. No se hizo caso y se decidió hacer una lista electoral donde lo decisivo era el reparto del poder interno y salir a no perder, a amarrar el resultado, sin tener en cuenta que estas elecciones iniciaban un largo ciclo y que era decisivo comenzarlo con un avance significativo.

En esta fase IU tiene mucho que ganar si valoriza sus fortalezas, es decir, si renueva su equipo dirigente, si es capaz de tener un proyecto programático-político claro, si moviliza a sus cuadros, afiliadas y afiliados, y si sigue defendiendo verazmente la unidad de las fuerzas democráticas y de izquierda para un proceso de ruptura con el régimen borbónico y la clase política que lo sustenta, encubre, y se lucra con ello. La unidad no vendrá del cielo, dependerá de las correlaciones de fuerza, de la lucidez de los equipos dirigentes y, no se debería de olvidar, de la lucha y de la movilización social.

Si se parte solo de las encuestas electorales y de las estrategias comunicacionales no se avanzará mucho en el debate. No digo que esto no sea importante. Pienso, con Iñigo Errejón, que el momento electoral puede ser un elemento fundamental para articular subjetividades y construir estructuras de sentido y, lo fundamental, organizar proyecto, identidad, fuerza social y cultural, sobre todo en un país como el nuestro, donde se abre una crisis política de envergadura en medio de una restructuración económico y social dirigida y al servicio de los grandes poderes económico-financieros. ¿Cómo no tomar nota de que toda crisis de régimen es también una crisis de representación política? En estas se desgarran, a veces muy duramente, los vínculos entre las bases sociales y electorales y los partidos políticos tradicionales, y emergen nuevas formaciones, casi siempre ideológicamente complejas, que tienen como función justamente esa: romper viejas identidades y crear otras. Toda esta fase estará marcada por la lucha entre restauración o ruptura, entendida no sólo como problema ideológico, sino como conflicto político concreto y como intervención consciente de las fuerzas que representan los intereses dominantes.

El punto central tiene que ver con la cuestión del poder y, dentro de él, el problema del gobierno. La coyuntura histórica ofrece esta posibilidad real: construir una fuerza de gobierno con voluntad de ser alternativa de régimen. No es poca cosa. Esta podría ser la base estratégica de unidad entre Podemos e IU. Como antes se indicó, puede haber alianzas electorales o no, dependerá de muchas cosas, sobre todo de la inteligencia y de la audacia de los equipos dirigentes. Es un punto de partida que compromete mucho y obliga pensar en serio y en grande.

Sobre esto tampoco vale engañarse demasiado. Un régimen político, muy sintéticamente, es la institucionalización de una determinada correlación estructural de fuerzas político-sociales. Si, como se dice, se trata de conquistar el gobierno para desde él iniciar un proceso constituyente hacia un nuevo régimen político, se entienden, al menos, tres cosas: 1) que esta Constituciónya no vale en lo fundamental para cambiar el país; 2) que queremos una nueva Constitución más favorable a las mayorías sociales, capaz de definir, por así decirlo, una ‘hoja de ruta’ para la transformación social, económica, política y cultural; y como corolario de todo ello, 3) la construcción de un sujeto político-social que se convierta en (contra) poder capaz de autogobernarse y definir un proyecto de sociedad.
 
Verdaderamente se trata del ‘nudo gordiano’ de la fase política desde el punto de vista nacional-popular; línea de demarcación entre las fuerzas del sistema dinástico-borbónico y las fuerzas democráticas-plebeyas. Se verá que, intencionadamente, no empleo la contraposición derecha-izquierda, pues no me parece hoy el dato más relevante, al menos, por dos razones. En primer lugar, porque para la opinión pública la derecha es la derecha y lleva toda la razón: el PP lo es y de qué forma. La izquierda, desgraciadamente, sigue siendo el PSOE, es decir, un partido que no hace ni defiende políticas de izquierda y que desde hace mucho tiempo dejó de ser socialdemócrata en cualquiera de las acepciones posibles de este término hoy día. En segundo lugar, porque la clave política de esta coyuntura histórica española obliga a ‘mirar’ el eje izquierda-derecha de forma subordinada a otro eje más definitorio desde el punto de vista del poder de clase y desde los intereses populares: restauración borbónica (una democracia oligárquica, limitada y autoritaria, subordinada a la Europa alemana del euro) o ruptura democrático-republicana (una democracia económica, ecológica y feminista fundada en la soberanía popular).

Esta es, a mi juicio, la verdadera línea de demarcación que definen a las fuerzas democráticas y de izquierda. Si realmente este es el objetivo estratégico, la unidad es una necesidad histórica más allá de las elecciones. Se trata, ni más y ni menos, de construir un nuevo bloque histórico para un nuevo proyecto de país; en el centro, una nueva clase dirigente para una nueva democracia republicana y plebeya. ¿Estaremos a la altura de los tiempos?