25 junio 2015

La solución óptima sería una salida negociada del euro.

Entrevista al diputado griego Costas Lapavitsas sobre las barreras económicas a las que se enfrenta Syriza y los retos de una salida de la eurozona.
 
Mucho, demasiado, se ha escrito de manera periodística y superficial sobre el Ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis y las negociaciones del mes pasado con la Unión Europea. Pero ahora que las líneas se han definido y permiten que veamos las cosas de manera más clara, se ha abierto una nueva situación.
 
Cada vez se contempla con más frecuencia y de manera más explícita un escenario que contemple la salida de Grecia de la eurozona (“Grexit”) como la única manera de que el gobierno de Syriza evite retractarse de sus promesas electorales.
 
Para debatir este asunto con mayor profundidad, hablamos con el diputado de Syriza Costas Lapavitsas. Lapavitsas es, en muchos aspectos, el anti-Varoufakis, no solo en cuanto a estilo y trayectoria personal, sino, y más importante, en términos de línea política –se ha convertido en la figura a la que más se identifica con una ruptura clara y franca con la política del “euro bueno” de los dirigentes de Syriza.
 
Proveniente del SOAS [2] (Universidad de Londres), Lapavitsas no es miembro de Syriza (aunque fue elegido en las listas del partido) y es un recién llegado a la política parlamentaria. Sin embargo, ha sido toda su vida un activista socialista y es conocido por su incisivo y provocador trabajo teórico sobre la economía política de la moneda, el crédito y la financiarización (trabajo que comenzó con Makoto Itoh mientras estudiaba marxismo japonés).
 
Lapavitsas también ha trabajado en Londres con el grupo Investigación sobre Dinero y Finanzas (Research on Money and Finance) para producir análisis concretos del origen y trayectoria de la crisis europea y, más recientemente, ha publicado junto con el economista neo-keynesiano alemán Heiner Flassbeck una especie de manifesto proponiendo una radical ruptura con el euro.
 
Ha sido entrevistado para Jacobin por Sebastian Budgen, un editor de Verso Books que trabaja en el consejo directivo de Materialismo Histórico (Historical Materialism). Damos las gracias a Nantina Vgontzas, Félix Boggio, François Chesnais y Bue Hansen por sus comentarios, así como a Jonah Walters por trascribir la conversación.
 
Para más información sobre Syriza, ver nuestra Conversación de enero (January conversation) con Stathis Kouvelakis.

-Para alguien con su trayectoria, ¿qué ha supuesto verse inmerso en el centro de una tormenta política tras haber sido elegido diputado? Debe suponer un contraste enorme comparado con los días de reuniones de departamento en la SOAS.
 
-(Risas) Es difícil un cambio mayor. Tengo dos comentarios que hace al respecto. Primero, el período electoral –la campaña electoral y esas cosas- fue un proceso increíble porque por primera vez en mi vida política estuve en contacto con lo que podríamos llamar, en un sentido genuino, el pueblo, de una zona concreta, de Grecia.
 
Me entrevisté con grupos pequeños y grandes en pueblos, en ciudades, individualmente,… y resultó que mis opiniones –y yo personalmente- tenían una gran repercusión en esta gente. Eso fue una experiencia novedosa para mí porque mi dedicación a la política ha sido siempre en la Izquierda, que siempre ha tenido una influencia limitada. Por tanto, esa es la primera cuestión.
 
Ahora, desde mi elección como diputado mi experiencia ha sido -¿cómo lo diría? No quiero decir emocionante porque en muchos sentidos no lo es- apasionante y novedosa. Te encuentras en el corazón de los acontecimientos políticos y del proceso político, acumulando esa experiencia y poniéndote en contacto con posiciones establecidas y viendo cómo funciona la vida política al más alto nivel y siendo parte de ello. Para un hombre con mis antecedentes políticos, eso es nuevo y poco corriente.
 
-Para aclararnos, ¿fue usted elegido en una zona de Grecia de la que procede tu familia?
 
-Sí. Fui elegido en el área de Imathia, en Macedonia central. Esta es la zona de la que procede mi familia.
 
-¿Y sigue siendo esto un aspecto importante de la política griega?
 
-Sin duda. El hecho de que mi nombre fuera y sea reconocido a nivel local jugó un papel importante en mi elección.
 
-Comencemos con los acontecimientos que han ocurrido desde su elección. Más concretamente, con los aspectos económicos para luego pasar a los políticos. Supongo que de lo primero que tenemos que hablar es de la cuestión de la constitución del gobierno –la alianza con ANEL y los ministros nombrados para formar parte del gobierno, más concretamente, por una parte, Varoufakis, el diputado Georgios Stathakis, y el diputado Panagiotis Lafazanis. Ahora que ha transcurrido un poco de tiempo, ¿cómo describirías el proceso de composición del gobierno y la alianza de gobierno?
 
-Muy tradicional en muchos sentidos. Es una cuestión de equilibrio. Cuestión de equilibrio respecto a la sociedad en general y a la dinámica interna de Syriza. El gobierno, en primer lugar, se formó en alianza con ANEL. Contrariamente a lo que se dijo en la prensa internacional, esta no es una “alianza roji-parda” [3] . Esa fue una lectura totalmente incorrecta de la situación.
 
ANEL no es una versión suave de Amanecer Dorado (Golden Dawn). No son fascistas moderados. Eso es simplemente absurdo. ANEL es básicamente lo que llamamos la derecha popular en Grecia, que es tradicionalmente estatalista, escéptica respecto a la gran empresa, y nacionalista y conservadora, con “c” minúscula.
 
Obviamente no son el compañero de cama natural de un gobierno de izquierda radical. Sin embargo, dadas las circunstancias, la elección era clara. O no formas gobierno –y tienes nuevas elecciones y caos- o formas un gobierno con esta gente que al menos ha sido consistente en su rechazo al acuerdo de rescate y a favor de los trabajadores, la pequeña y mediana empresa y así.
 
-Por tanto rechazas el argumento de que un gobierno en minoría fuera posible.
 
-Eso es absurdo. Dadas las circunstancias, no había otra posibilidad. La culpa real es del Partido Comunista (KEE), por supuesto, que, una vez más, no ha estado a la altura de la demanda histórica y ha elegido una línea de total oposición y hostilidad hacia Syriza y lo que representa y que, por lo tanto, forzó a Syriza a formar gobierno con ANEL.
 
Tal y como han ido las cosas, no ha sido nada malo porque ha incrementado el apoyo a Syriza entre los sectores más pobres de la sociedad que tradicionalmente han preferido a la derecha conservadora y que de repente han prestado su apoyo al gobierno de la izquierda radical.
 
Pero la composición del gobierno propiamente dicha fue un acto de equilibrio. Lo más importante –lo que esto realmente señala- es que Syriza decidió ir a las negociaciones de las últimas semanas y enfrentarse al periodo venidero partiendo de la línea política que lleva años defendiendo y con la que ganó las elecciones.
 
En otras palabras, Syriza intentará acabar con la austeridad, reducir la deuda –restructurarla o cancelarla- y cambiar el equilibrio de fuerzas sociales, económicas y políticas en Grecia y en Europa sin separarse de la unión monetaria y sin entrar en un conflicto general con la Unión Europea. A eso es a lo que claramente apunta este gobierno.
 
-¿Y es una cuestión de equilibrio el que haya representantes tanto de la derecha de Syriza –Stathakis, por ejemplo- como de la izquierda –Lafazanis- y también algunas figuras como Varoufakis que no tiene ninguna relación orgánica con el partido?
 
-Es una cuestión de equilibrio exactamente en ese sentido, que todos los sectores del partido estén representadas en el sentido que usted indica. Y Varoufakis, en el sentido en que representa una línea en particular, expresa la que yo acabo de resumirle. A saber, que se pueden lograr estas cosas dentro de los confines del euro. Esa es su posición pública y eso es lo que personifica y representa de momento.
 
-Hablemos un poco sobre Varoufakis en la medida que usted pueda. Desde luego, ha habido mucha palabrería en los medios sobre Varoufakis, su personalidad, su estilo y demás. Y también ha habido algún escrito serio sobre él, de Michael Roberts por ejemplo, llamado “Más errático que marxista” (More Erratic than Marxist). En primer lugar, que papel jugó Varoufakis en la izquierda griega antes de la elección de Syriza?
 
-Sé que ha habido muchos trabajos sobre Varoufakis y su estilo de vida y lo que representa, pero la verdad es que eso es algo que no quiero comentar. Eso les corresponde a otros. Ahora no, posiblemente más adelante (el impacto que ha tenido en la política y cosas así).
 
Respecto a si es un marxista o un radical, recomendaría valoraciones más exigentes en el uso del término “marxista”, sobre todo por parte de personas que son considerados marxistas porque usan ciertos términos y hablan mucho sobre marxismo, cuando lo cierto es que la esencia de su análisis es de lo más simple que se pueda imaginar en economía y política. Así que un poco de contención a la hora de llamar o no llamar marxista a alguien, por favor. Ya no estamos en la política de un anfiteatro universitario – esto es real, ¿vale?
 
Por lo que respecta a Varoufakis le diré que hace mucho que le conozco como economista, claro. No creo que se le pueda clasificar de izquierda en el sentido de la izquierda radical o revolucionaria, no en el sentido en que se entiende en este país, pero ciertamente es un hombre situado a la izquierda del centro.
 
Siempre ha sido eso. Siempre ha sido heterodoxo y crítico en su economía. Siempre ha rechazado en sus trabajos la economía y teoría neoclásica. Y siempre ha estado dispuesto a plantear políticas no convencionales y a postular caminos alternativos.
 
Todo esto es positivo. Sin embargo, cuando analizas su trayectoria tienes que reconocer que también ha sido consejero del gobierno de George Papandreou, que fue el primer gobierno que introdujo las políticas de rescate en Grecia, y permaneció asociado a él durante un periodo de tiempo significativo. Por lo tanto, no creo que pueda decirse de él que sea un hombre de izquierdas de manera sistemática.
 
-El propio Varoufakis se ha posicionado explícitamente dentro de una especie de marco keynesiano y está aliado con gente como James Galbraith que son abiertamente Keynesianos.
 
-Quiero ser muy claro en esto. Keynes y el keynesianismo, por desgracia, siguen siendo las herramientas más importantes que tenemos, incluso los marxistas, para tratar cuestiones políticas aquí y ahora. La tradición marxista es muy poderosa al tratar cuestiones a medio y largo plazo y al entender las dimensiones de clase y las dimensiones sociales de la economía y de la sociedad en general, por supuesto. No hay comparación posible en esta esfera.
 
Pero para las políticas del aquí y ahora, por desgracia, Keynes y el keynesianismo siguen aportando ideas, conceptos y herramientas incluso para los marxistas. Esa es la realidad. El que haya personas que utilicen esas ideas y no las reconozcan como keynesianas es algo que no quiero comentar, pero ocurre.
 
Por tanto, no puedo culpar a Varoufakis por eso, por asociarse con keynesianos, porque yo también me he asociado con keynesianos de manera abierta y explícita. Si se me mostrara otra forma de hacer las cosas, estaría encantado, Pero puedo asegurarle que después de muchas décadas de trabajar la teoría económica Marxista, que no hay otra forma, de momento. Así que, sí, Varoufakis ha trabajado con keynesianos, pero eso, en sí mismo, no es algo condenable.
 
-Usted está estableciendo una distinción entre el marxismo como herramienta analítica y keynesianismo como herramienta política, pero también tienen diferentes objetivos, y Varoufakis ha dicho explícitamente que su objetivo era salvar al capitalismo de sí mismo. ¿No lo contempla como una línea clara de división?
 
-Sí, absolutamente. Keynes no es Marx y el keynesianismo no es marxismo. Un océano los separa y es muy parecido a como tú lo has planteado. El marxismo trata de derrotar al capitalismo y encaminarse hacia el socialismo. Siempre ha sido así y así seguirá siendo. El keynesianismo no es eso. Trata de mejorar el capitalismo incluso de rescatarlo de sí mismo. Es exactamente así.
 
Sin embargo, cuando se trata de cuestiones políticas tales como la política fiscal, la política de tipos cambio, la política bancaria y cosas así –asuntos sobre los que la izquierda marxista debe necesariamente posicionarse si quiere hacer política seria que vaya más allá de denunciar la situación del mundo desde la sala de estar- rápidamente te das cuenta de que, te guste o no, los conceptos que Keynes utilizó, los conceptos con los que han trabajado los keynesianos, juegan un papel indispensable para desarrollar la estrategia, que sigue siendo marxista.
 
Esa es la cuestión. Por desgracia, no hay otra salida. Y cuanto antes se den cuenta de eso los marxistas, más relevantes y realistas se volverán sus posiciones.
 
-Hablemos entonces de las negociaciones que se han dado en varias fases. Creo que se puede decir –y no sé si estará de acuerdo- que hay dos interpretaciones sobre qué ocurrió en las negociaciones.
 
Una versión, que es la dominante tanto en la izquierda crítica marxista como en la prensa económica (excepto para personajes como Paul Krugman y Galbraith), es que los griegos –Varoufakis y demás- trataron de jugar una partida de póker sin tener las cartas adecuadas, sin nada que pudiera respaldar su estrategia, y que básicamente fueron derrotados por la UE y particularmente por los alemanes.
 
La otra interpretación, procedente de los medios pro Varoufakis y pro Syriza es que, en realidad, fueron extremadamente hábiles en las negociaciones y que consiguieron darle la vuelta a la situación, al menos parcialmente, poniendo a los alemanes a la defensiva y consiguiendo un poco de aire que de otro modo no habrían logrado, y legitimando un discurso sobre la imposibilidad de pagar la deuda y la ineficacia de las medidas de austeridad.
 
No sé si estás de acuerdo con esta visión de dos interpretaciones diferentes y, en su caso, ¿cuál es tu posición al respecto?
 
-Entiendo tu planteamiento, pero no quiero posicionarme en relación con estas dos visiones generales, aunque eso no quiera decir que esté en desacuerdo con usted. Le diré lo que pienso y que sean los lectores quienes decidan con qué posición simpatizo más.
 
Mi idea, y podemos partir de ahí, es que el gobierno fue a la negociación con un planteamiento que, como ya he dicho, derivaba de su propia composición a la hora de formarlo, que consistía en que se podía entrar en la sala de negociaciones y exigir y luchar por cambios significativos, incluyendo el fin de la austeridad y la cancelación de la deuda, a la vez que manteniéndose firmemente dentro de los límites de la unión monetaria.
 
Esta es la idea crucial. Es lo que yo he denominado en mi trabajo el planteamiento del “euro bueno”; que cambiando de política, ganando elecciones, cambiando la relación de fuerzas políticas en Grecia y en Europa, negociaremos y transformaremos la unión monetaria y a Europa en su totalidad gracias a las bazas políticas con las que nos sentaremos a la mesa. Así es como fueron a negociar, y su estrategia negociadora estaba determinada por eso.
 
Ahora bien, hay cuestiones de inexperiencia que son inevitables, cuestiones de personalidad que son inevitables y a las que hemos aludido previamente cuando hablamos de Varoufakis. Estos son elementos importantes. Sin embargo, la clave no es esa. La clave fue la estrategia, y eso hay que entenderlo muy bien, porque si no, puedes perderte con argumentos sobre el póquer, el jugar de farol y esto y lo otro y lo de más allá.
 
Este gobierno tenía una estrategia que consistía en lo que acabo de exponer. Y se encontró con la realidad. Una realidad que consiste, creo, en que esta estrategia ha llegado a su fin. Es cierto que la escena política ha cambiado en Grecia, y cambiado enormemente. Porque no se trata de que el gobierno obtuviera un 40 por ciento del voto, es que también tenía un 80 por ciento de apoyo popular, como mostraban las encuestas. Pero eso contaba muy, muy poco en las negociaciones.
 
¿Por qué? Porque los límites de la unión monetaria son los que son. No son susceptibles a este tipo de argumentos. Es una serie de instituciones rígidas con una ideología integrada y un enfoque determinado de las cosas. La otra parte no iba a ceder sólo porque hubiera un nuevo gobierno de izquierda en un pequeño país.
 
Los griegos se presentaron con grandes esperanzas y cayeron en la trampa que les había tendido las instituciones. Y esa trampa consistía básicamente en (a) escasez de liquidez y (b) escasez de financiación para el gobierno. Así es como las instituciones utilizaron su ventaja estructural en relación con los griegos.
 
Los griegos carecían de opciones. No podían enfrentarse a eso. Syriza no podía enfrentarse a eso porque había aceptado las limitaciones del euro. Siempre que se acepten los límites que impone el euro, se carece de una respuesta eficaz. Por esa razón las cosas acabaron como acabaron.
 
Lo intentaron, se esforzaron por conseguir algo diferente. La otra parte, particularmente los alemanes, mantuvieron sus posiciones. Al final de las negociaciones era una cuestión de días el que los bancos tuvieran que cerrar. En esa situación, los griegos aceptaron básicamente un mal acuerdo.
 
-Creo que hay dos lecturas críticas de la estrategia del gobierno dentro de Syriza. Una es que el euro es considerado sencillamente un artículo de fe, un principio del que no puedes desviarte, bien porque es algo bueno en sí mismo o porque está legitimado en la sociedad griega y no se puede ir contra la opinión dominante. La otra consiste en considerar que es posible crear divisiones dentro de los poderes de la UE, que es posible separar a Mario Draghi de Wolfgang Schäuble, que es posible acercar a Matteo Renzi y François Hollande a la posición griega, que es posible contar con que Obama presione a Merkel y cosas por el estilo.
 
Lo que creo que mucha gente fuera de Grecia tiene dificultades de entender es tanto la idea de que pudieran estar atados al euro como cuestión de principio, como asunto de fe; como la idea, que parece muy ingenua, de que estos gobiernos social liberales –o neoliberales en el caso de Obama- serían de algún modo aliados objetivos contra los alemanes y los partidarios de la línea dura de la Unión Europea. ¿Qué piensas sobre esto? ¿Cuál es la lectura más amable de marco analítico del que parten para definir esta estrategia?
 
-Mi visión del marco analítico, cuando lo miro como economista político, es absolutamente crítica y lo he dicho abiertamente. De hecho, lo dije hace muchos años y creo que los hechos de las últimas semanas han confirmado mi posición inicial. Creo que, como marxistas, debemos comenzar por la economía política de la situación, no con el equilibrio de fuerzas políticas. Por desgracia, la izquierda griega y mucha de la izquierda europea lo hacen de la otra manera.
 
-¿Empiezan por la geopolítica en vez de por la economía política?
 
-Geopolítica y política interna; el equilibrio de fuerzas políticas, porque, por desgracia, a esto ha sido reducido el marxismo. Y cuando haces eso, cuando comienzas por la política – la correlación de fuerzas a nivel nacional o internacional- es fácil dejarse llevar por la fantasía. Es fácil creer que, al final, todo es política y que por lo tanto se puede cambiar la relación de fuerzas y que todo es posible.
 
Pues lo siento, eso no es así. Y eso no es marxismo. Como marxistas, creemos que la política, en última instancia, es el resultado de la realidad material de las relaciones económicas y de clase. Esa es una afirmación muy profunda de Karl Marx, siempre que sea comprendida correctamente, siempre que no sea mecánica. La esencia de esta afirmación es que no todo es posible mediante la política.
 
Y eso es exactamente lo que acabamos de ver. ¿Por qué? Porque la economía política de la unión monetaria es primordial. Guste o no, Europa y Grecia existen ahora dentro de los límites de la unión monetaria.
 
Desgraciadamente, mucha de la izquierda marxista no ha querido verlo o ha malinterpretado la importancia del dinero. Y no es sorprendente, porque la izquierda europea sencillamente no entiende de la moneda y de las finanzas. Hace como que entiende, pero no es así.
 
Repito, lo que es factible y lo que no lo es viene determinado en último término por la política económica de la unión monetaria. Dentro de los confines del capitalismo europeo, por supuesto –el capitalismo es la característica definitoria. Ahora Syriza acaba de descubrir eso. Y va siendo hora de que reconsidere las cosas y empiece a ver cómo elaborar políticas y como elaborar su manera de hacer política dentro de estos límites.
 
Si quiere lograr otras coas políticamente, tiene que cambiar el marco institucional. No hay otra manera. Para cambiar el marco, tienes que plantear la ruptura. Tienes que romper. No se puede cambiar el sistema del euro. Es imposible reformar la unión monetaria. Eso es lo que quedó muy claro.
 
Ahora bien, ¿es esta posición equivalente a decir que no se puede hacer nada a no ser que se derroque el capitalismo, que es lo que algunos sectores de la ultra-izquierda dicen? Eso es claramente ultra-izquierdismo absurdo. No hace falta una revolución socialista, y no hace falta derrocar al capitalismo a todas horas para hacer pequeñas cosas. Por supuesto que nuestro objetivo es derrocar al capitalismo y por supuesto que en última instancia queremos ver la revolución socialista. Pero esos no son los términos de la partida en este momento.
 
No se requiere una revolución socialista en Grecia y no es necesario derrocar al capitalismo en Grecia para deshacerse de la austeridad. No. Pero lo que sí es necesario es deshacerse del marco institucional del euro. Esta simple cuestión no es entendida –o no es lo suficientemente apreciada- ni por Syriza ni por la izquierda Europ e a, y eso es una tragedia desde hace años.
 
-¿Es eso así porque esa es más o menos la posición de Antarsya, del Partido Comunista Griego, y porque debido a la relación de fuerzas en Grecia no es posible aceptar estos argumentos, aunque sea a nivel analítico, de los críticos de izquierda?
 
-En parte sí. En otras palabras, hace tiempo que tenemos una patología en la izquierda griega –como en la izquierda británica, o lo que queda de ella- que es completamente venenosa a este nivel.
 
Pero aquí estamos ante algo más profundo: no es simplemente sectarismo ideológico. Lo que ocurre entre la izquierda diferente a Syriza es que hay miedo al poder. Se disfraza y oculta detrás de grandes palabra. En el caso del Partido Comunista, una de cada dos palabras alude al poder de los trabajadores. En el caso de Antarsya, en una de cada dos frases habla de derrocar al capitalismo y de establecer el comunismo. Lo que esto esconde, en realidad, es un miedo profundo a tener el poder. ¡Un miedo profundo al poder!
 
Y piensan que la gente no se da cuenta de esto, pero es absolutamente obvio que estas personas y estas organizaciones están asustadas hasta el tuétano ante la perspectiva de la responsabilidad y del poder. Por eso adoptan estas posiciones ultra-izquierdistas.
 
Hay un dicho tradicional griego que dice que el hombre que no quiere casarse siempre está prometido. Bien, eso es lo que los comunistas han estado haciendo, desafortunadamente. Dado que no quiere enfrentarse al aquí y ahora, hablan de revolución.
 
Por lo tanto, si haces eso, no tienes que enfrentarte a cuestiones como la del euro. Haces como que el asunto del euro es de alguna forma un asunto menor o colateral o lo que sea. O disparas hacia arriba: lo que se necesita es salir de la Unión Europa, salir de la OTAN, salir de esto, de lo otro, de lo demás allá. En otras palabras, no ofreces respuestas concretas porque estás contestando a todo.
 
-Una visión más benévola sería que les preocupa los efectos del poder en los gobiernos de izquierda, basándose en la experiencia histórica. Tienen menos miedo del poder en sí mismo, que del efecto del poder para destrozar la autonomía de los movimientos sociales.
 
-Me viene a la cabeza un dicho inglés: si tienes miedo del fuego, no entres en la cocina. La política es eso. No es teorizar y dar conferencias y cosas así.
La política trata de la sociedad tal cual es. Y la sociedad griega quiere respuestas reales aquí y ahora. Por desgracia, sólo Syriza empezó a dar respuestas a su manera y por eso ha llegado a donde está. Y es por eso que otras organizaciones están donde están.
 
-Ahora se dispone de cuatro meses de respiro. Hay mucha incertidumbre sobre cómo se van a llevar a la práctica las diferentes reformas propuestas por el gobierno, tanto en términos de reformas redistributivas que se prometieron durante la campaña electoral, como en términos de cuestiones como las privatizaciones, que son también líneas rojas.
 
También hay una clara división dentro de Syriza que todo el mundo puede ver, como sucedió en la reunión del comité central el pasado fin de semana. ¿Cómo ve usted esta fase en la que estamos ahora, entre ahora y el verano?
 
-Este va a ser un período muy, muy duro para el gobierno y para Syriza. Un periodo muy duro. Por supuesto, ese es consecuencia de los compromisos adquiridos en las negociaciones. Básicamente, los prestamistas y la UE han acorralado con tanta determinación como han podido. El gobierno va a estar sometido a una presión constante para cumplir los objetivos fiscales y los requisitos fiscales.
 
En marzo hay que abordar importantes pagos de la deuda, lo que está creando un serio problema porque el sistema impositivo se está colapsando. En abril, el gobierno tendrá que completar una revisión del proceso en marcha, que es una revisión retrasada del programa en curso. Ese va a ser un periodo infernal porque, obviamente, las instituciones monetarias van a ser duras.
 
Y luego, en mayo, el gobierno tendrá que prepararse para las negociaciones que tendrán lugar en junio de cara a un nuevo acuerdo a largo plazo que de algún modo tendrá que tratar de la financiación de la deuda y alcanzar la reducción de la deuda que Syriza prometió al pueblo griego. El tiempo entre ahora y junio pasará volando y será un tiempo de fricción y lucha constantes para evitar la crisis, o, mejor dicho, un periodo de diaria lucha con la crisis.
 
Desde mi perspectiva, en este contexto el gobierno sólo tiene dos opciones si quiere sobrevivir y hacer aquello para lo que fue elegido.
 
Lo primero es comenzar a aplicar su programa tanto como sea posible. Es absolutamente primordial enviar leyes al parlamento que demuestren a la gente corriente que lo que decíamos lo decíamos en serio. Incluso dentro de los límites del acuerdo, podemos hacer cosas, a veces saliéndonos de esos límites si podemos.
 
Lo segundo que debe hacer el gobierno es, por supuesto, aprender la lección de la estrategia fallida que resultó en el sucio acuerdo de febrero y empezar a preparar un enfoque diferente en las negociaciones de junio. Porque si se abordan las negociaciones con la misma estrategia, el resultado será el mismo.
 
-Entonces para usted los asuntos claves en los que el gobierno puede avanzar ¿serían asuntos como el de devolver la conexión eléctrica a la gente, tal vez revalorar las pensiones, las prestaciones sanitarias; pero no asuntos que han sido ya descartados como el incremento del salario mínimo, la recontratación de funcionarios públicos despedidos o la renegociación o reversión de las privatizaciones?
 
-Tenemos que tener cuidado y ser realistas en estos asuntos. El gobierno se encuentra en una situación muy difícil, por las razones que hemos comentado. Cuatro meses es un periodo de tiempo muy corto. Además, el gobierno carece de experiencia y la maquinaria estatal es muy lenta y, por lo general, hostil al nuevo gobierno. El plan no conduce a cambios espectaculares a corto plazo, desde el punto de vista de un gobierno de izquierdas.
 
Por lo tanto, hay que establecer prioridades sobre lo que se puede y no se puede lograr en este corto periodo de tiempo con el objetivo de mantener el apoyo popular y demostrarle a la gente que no somos como el otro bando. Qué promesas pueden empezar a cumplirse en los próximos cuatro meses es una cuestión de criterio.
 
Ciertamente, es primordial legislar para enfrentarse a la crisis humanitaria, cosa que ya ha comenzado. Leyes para regular las deudas frente al sector público, temas de impuestos, también es muy importante. Legislación que prohíba las ejecuciones hipotecarias para reembolsar las deudas a los bancos también es primordial. El incremento del salario mínimo, aunque es un compromiso adquirido que tenemos que cumplir, puede espera cuatro meses. No es el fin del mundo.
 
Por lo tanto, hay que establecer cuidadosamente las prioridades en el sentido que he sugerido. Pero si la UE y las otras instituciones nos presionan para que no introduzcamos ni siquiera alguna de estas medidas que he mencionado, deberíamos mantenernos firmes y decirles adiós. Porque si no lo hacemos, estamos acabados.
 
-Entonces hablemos de esta ruptura. Has publicado un libro con Heiner Flassbeck que recorre los pasos que según usted serían necesarios para establecer una alternativa a la estrategia actual. Tengo algunas preguntas sobre esos pasos, y hay gente que me ha hecho llegar más preguntas. Algunos de los objetivos son bastante obvios, pero presumiblemente, el paso más urgente sería el de los controles al capital, que es compatible también con ser miembro de la UE. ¿Es así?
 
-Creo que tenemos que dar otro paso previo y decir que una estrategia alternativa es importante –y una idea clara de lo que es y no es factible y cómo abordarlo- también para las negociaciones.
 
Creo firmemente que las negociaciones de febrero habrían tenido un resultado diferente, no sólo si el gobierno hubiera sido consciente de la trampa, sino también si hubiera estado preparado para realizar acciones que le impidieran caer en ella. Las negociaciones hubieran tenido un resultado muy diferente si la otra parte fuera consciente de que tienes una alternativa en tus manos y que estás dispuesta a aplicarla si es necesario.
 
-¿Cómo que puedes apretar el botón nuclear si quieres?
 
-¡Eso es! Es un punto muy importante. Porque si tú les dices que no estás listo para apretar el botón nuclear, como dice usted, obviamente debilitas tu posición enormemente. Así que, esa es la primera cuestión. Eso sí, si fuera necesario y Grecia fuera forzada a hacerlo.
 
-¿Como crees que ocurrirá, digamos, en cuatro meses?
 
-Creo que sí. O al menos que les será muy difícil hallar una alternativa significativa.
 
Quiero dejarlo claro, y esta es una buena ocasión para hacerlo, y decir lo siguiente: la solución obvia para Grecia en este momento, cuando lo miro como economista político, la solución óptima sería una salida negociada del euro. No necesariamente una salida conflictiva, sino una salida negociada. Creo que Grecia tendría una oportunidad razonable si fuera a las negociaciones preparada para luchar y aceptar una salida negociada. Podría ser por un periodo limitado de tiempo, si el pueblo griego lo aceptara así más fácilmente.
 
Salida negociada –negociada en el sentido de que la otra parte aceptara una profunda reducción de la deuda que sería el precio que tendría que pagar la unión monetaria- un 50% de reducción. Y, algo crucial, la salida estaría protegida en el sentido de que el Banco Central Europeo (BCE) se comprometiera a que la devaluación de la nueva moneda no sería superior al 20% y que los bancos sobrevivirían.
 
Ambas medidas –protección del tipo de cambio y protección a los bancos- tienen un coste próximo a cero. No es como si a la unión monetaria se le pidiera asignar fondos o cargar con un alto coste. Significaría mucho para Grecia y no le costaría gran cosa a la unión monetaria. El único coste para la unión monetaria sería la reducción de la deuda.
 
En ese contexto, creo que hay razones para pensar que la unión monetaria podría aceptarlo, ya que significaría ponerle fin al problema griego. Para mí, esa es la solución óptima ahora mismo porque una salida no negociada sería más problemática. Sin embargo, si fuera necesario, incluso una salida no negociada es mejor que continuar con el programa actual.
 
-Sobre la cuestión de una salida negociada: hay gente que dice que el ministro alemán de finanzas, Wolfgang Schäuble, está a favor de ella y que sólo le detiene la canciller alemana, Angela Merkel. El que aceptara la otra parte del acuerdo es obviamente discutible. ¿Cómo lo ve usted?
 
-Consta que Schäuble, al menos según los ministros griegos, ofreció a los griegos una salida con apoyos ya en el año 2011. Puedo imaginar, desde la perspectiva de la estructura de poder alemana, que puedan estar tentados por esta idea, y lo veo como un objetivo por el que vale la pena que luche el gobierno de izquierdas griego, por razones obvias.
 
Realmente no sé si hay divisiones dentro del “establishment” alemán, porque no entiendo los detalles del debate político alemán. Pero el argumento puede ser tan convincente a nivel general que soy razonablemente optimista.
 
Si la parte griega luchara por ello, y diera muestras de que desea aceptarlo, creo que se podría alcanzar un acuerdo interesante para los trabajadores griegos también, no sólo para la élite griega, porque se evitarían las dificultades de una salida conflictiva.
 
Ciertamente es algo por lo que vale la pena luchar. Y diría que es algo para lo que el gobierno griego se está preparando. Pero, repito, si resulta imposible, incluso una salida disputada, no negociada, es mejor que una continuación del programa actual.
 
-Asumamos que no es posible. Como dijo, tanto objetiva como subjetivamente –a la hora de enfrentarse al pánico que generaría ¿sería el inmediato control de capitales la primera mediada a desarrollar presumiblemente?
 
-Démosle la vuelta al argumento. Fijémonos en una salida no negociada. Si eso se diera, lo primero que ocurriría de manera inmediata sería el impago (“default”) de la deuda. Si Grecia no pagara su deuda, se abriría un proceso de negociación o reestructura de la deuda (porque la suspensión de pagos no significa que la deuda desaparezca, sencillamente te niegas a pagar).
 
Si no es dentro de los confines de la unión monetaria, será mucha más fácil una reestructuración. Mucho, mucho más fácil. El FMI, por ejemplo, sabe que la deuda tiene que ser reestructurada. Las fuerzas reales que impiden la reestructuración en Grecia son la UE y la unión monetaria. Por tanto, la reestructuración de la deuda debería ser más fácil y realizable si Grecia saliera (del euro). Eso es lo primero. La deuda puede esperar. Grecia entrará en suspensión de pagos, la deuda esperará, puede esperar.
 
Los problemas reales serían entonces los problemas inmediatos. Los problemas inmediatos requerirán de una serie de acciones inmediatas. Sabemos cuáles son basándonos en la experiencia chipriota, donde la UE las impuso. Anticipando muchas de sus preguntas, sabemos que la UE permite el control de capitales y ella misma los impone cuando tiene que hacerlo.
 
Así que el gobierno tendría que imponer controles de capital inmediatamente y tendría que imponer controles bancarios inmediatamente. Se da por sobreentendido. Tendría que hacer lo que la UE hizo en el caso de Chipre. Ahora bien, cuánto tiempo tienen que durar estos controles y cómo serán es una cuestión que depende de cómo se desarrolle la situación. Desde luego que durará un periodo de tiempo significativo. Y tendrá que mantenerse alguna forma de control de capitales.
 
Los controles bancarios, asumiendo que la situación se regulariza en un periodo razonable de tiempo, pueden empezar a levantarse después de unos meses. Pero estas dos medidas son de carácter inmediato, son medidas fundamentales que tendrán que ser tomadas inmediatamente.
 
Luego vendrá el asunto de la redenominación de todo a la nueva moneda. Eso generará ingentes cuestiones legales –necesitaremos una legión de abogados- porque la forma más fácil de llevar a cabo esta redenominación es básicamente uno a uno.
 
La redenominación dependerá de la ley aplicable a los contratos objeto de estudio. Si la ley aplicable es una ley extranjera, será problemático. Estos contratos tendrán que ser aparcados en alguna cuenta especial y tendrán que ser tratados en un periodo de tiempo. Los que estén sujetos a la ley griega, en general, tendrán que ser redenominados inmediatamente.
 
La redenominación crearía un problema a los bancos y obviamente sería necesaria una inmediata nacionalización de la banca. La nacionalización de la banca es claramente un paso vital para la economía griega ahora mismo porque el sistema bancario privado, o el sistema bancario en general, ha fracasado. Así que no estamos planteando nada particularmente traumático.
 
Luego el estado tendrá que intervenir una vez nacionalizados los bancos y redenominar sus balances para reestructurarlos. Se requiere una reorganización de los bancos para ver cuáles permanecen y en qué términos. Ese es un proceso que llevarán algún tiempo y que no será fácil.
 
-¿Ve usted esta nacionalización como un proceso puro de arriba abajo o como algo que conllevaría un cierto grado de control popular?
 
-Por supuesto que con más control popular y la participación de los trabajadores. Los sindicatos de los empleados de banca son muy activos y quieren contribuir positivamente a lo que está ocurriendo. Tendrían un papel en la dirección y reorganización de los nuevos bancos, claro. No es sólo una cosa de arriba abajo.
 
Pero una cosa de arriba abajo es necesaria. Tendremos que nombrar un comisario público para el sistema bancario, tendremos que cambiar la gestión inmediatamente y luego comenzar el proceso de reestructuración de los bancos para crear, por fin, algunos bancos sanos. El empleo y la producción aumentarán.
 
Lo siguiente sería, desde luego, lo más difícil en algunos sentidos, la cosa más compleja: tratar con mercados concretos y con el impacto de la salida en esos mercados. Estamos hablando de tres mercados claves: energía, que significa básicamente petróleo, comida y medicinas.
 
La situación de Grecia a este respecto es mucho mejor de lo que lo era en 2010 porque el país ha contrarrestado en buena medida los desequilibrios. Es más capaz de asegurar las importaciones que en 2010. Aun así, será necesaria una intervención activa en estas tres áreas para asegurarse de que las necesidades tienen prioridad, que la gente que necesita medicinas y comida lo obtenga como cosa prioritaria.
 
Esto no es tan difícil como alguna gente quiere hacer creer. No será un periodo agradable, pero es no es suficiente. No basta con decir que la salida no puede hacerse. A largo plazo, el coste de unos meses de dificultades no significa nada. Si se planifica, el coste puede ser reducido de manera significativa.
 
-Estamos hablando de racionamiento ¿verdad?
 
-Sí, estamos hablando de un proceso de racionamiento.
 
-¿Y cuentas con la burocracia griega para llevarlo a cabo de una manera equitativa y eficiente?
 
-Desgraciadamente, sí. Pero si usted me da otra opción yo la asumiré. No sólo eso, es que tenemos cuatro meses. En esos cuatro meses podemos adoptar todo tipo de acciones para prepararlo.
 
Déjeme decirle un par de cosas. Grecia está en medio de una crisis humanitaria. Ya hay racionamiento en el país, sólo que depende del poder adquisitivo. Buena parte de la población no tiene lo suficiente para comer, los que dependen de los donativos y de las denominadas tiendas sociales – es decir, lugares donde se puede adquirir comida a precios bajos.
 
Sí, estos son mecanismos de racionamiento que ya existen. Y hacer frente a la crisis humanitaria ahora mismo aportaría más capacidad en este sentido. Ya estamos poniendo en marcha mecanismos que pueden enfrentarse a estos problemas de escasez de suministros. Así que no debería ser tan difícil como lo habría sido en 2010.
 
-¿No tendría que haber un importante grado de control popular para evitar el clientelismo y la corrupción?
 
-Como siempre. Y eso es algo que Syriza puede y debe hacer. Eso es lo que un gobierno de izquierdas puede y debe hacer. Para eso está.
 
Respecto a las medicinas, Grecia exporta medicinas. Tiene una capacidad importante de producir medicinas. El problema no es tan serio como la gente cree. Y también tiene una gran capacidad para producir energía. Está muy cerca de ser auto-suficiente. Las carencias se darán en el transporte, donde será necesario el racionamiento. Racionamiento es lo que estamos viviendo en este momento, sólo que es un racionamiento que afecta dependiendo del poder adquisitivo. Mucha gente no utiliza sus vehículos porque no pueden permitírselo. En este sentido, las cosas no iban a cambiar para una gran cantidad de personas.
 
-¿Qué importancia tiene en este proceso el forjar alianzas alternativas con países como Rusia, Venezuela, China, Irán?
 
-Absolutamente crucial. Y hay razones para contar con respuestas positivas de estos países. Si Grecia es forzada a llegar a ello.
 
-Con condiciones, generalmente
 
-Bien, todo en la vida está sujeto a condiciones. Si Grecia es forzada hasta ese límite por sus supuestos socios de la UE, entonces Grecia deberá de explorar todas las opciones, libremente y sin restricciones. Si puede salvar a su gente y a su sociedad mediante esta clase de alianzas y acuerdos, debería hacerlo.
 
Quiero decir algo más en este sentido, no tanto sobre la geopolítica como sobre la política interna. Una de las características claves de la austeridad aplicada a Grecia y a otros países durante los últimos cuatro o cinco años ha sido la atomización y la individualización de la sociedad.
 
Estas políticas contienen en sí mismas fuertes elementos de clase y fuertes elementos disgregadores.
 
 La clase de actitud que inculcan a la gente, y el tipo de enfoque que incrustan en la sociedad es el de “sálvese quien pueda”. La sociedad tiene que funcionar a pesar de sí misma para general solidaridad, cosa que ha hecho, pero tiene que hacerlo contra la corriente dominante inspirada por estas políticas.
 
Creo que la salida en los términos que he expresado creará el resultado opuesto. Se generará una perspectiva de posible salvación. Una perspectiva de unidad, de cohesión social y de solidaridad social para hacer que la sociedad supere las dificultades. Eso, claro, asumiendo que la salida esté dirigida y gestionada por un gobierno de izquierdas que desea implementar la salida en beneficio de los trabajadores y de los pobres en general.
 
Si ese fuera el caso, creo que la perspectiva que prevalecerá será muy diferente de lo que hemos visto hasta ahora, y será una perspectiva que potencialmente ayudará a largo plazo a una transformación de la sociedad, que es lo que realmente queremos. La salida en sí misma y por sí misma no es lo que busca la izquierda. Pensamos que la salida es un paso necesario pero insuficiente para la transformación social.
 
-Una de las razones por las que creo que la gente es escéptica sobre la estrategia de salida es porque los precedentes que se citan no siempre son muy alentadores, al menos a nivel político. Argentina es uno de los precedentes citados a la hora de hablar de impago y revaluación. No muy alentador en términos de los resultados políticos o de alguna forma de transformación social. La solución chipriota tampoco ha sido progresista, ha sido una medida de emergencia que llevó a la derecha al poder. Y obviamente hay toda una serie de ejemplos históricos que no son nada positivos.
 
¿En su opinión, cual es la característica crucial –más allá de lo que uno desee o de cuestiones subjetivas- para asegurar una salida progresista en vez de regresiva y directamente reaccionaria?
 
-Esa es una pregunta muy buena, obviamente, y ha sido un asunto importante desde el comienzo de la crisis allá por 2010. Porque la salida puede darse de diferentes maneras.
 
Me apresuro a añadir que el caso de Argentina (aunque no sugiero en modo alguno que sea un modelo para la izquierda) ha sido muy difamado y malentendido. Lo que se obtuvo en ese país después de la suspensión de pagos y la salida fue mucho mejor de lo que había antes y mucho mejor para los trabajadores de lo que habría sido si el país hubiera seguido por el mismo camino. Subrayemos eso, para los trabajadores. Si lo miras en términos de empleo y de ingresos, no hay comparación posible.
 
Así que, sí, yo no diría que Grecia necesita repetir lo que hizo Argentina, por supuesto. Pero no caigamos en las paparruchas ideológicas que la derecha y los prestamistas han mantenido durante años sobre Argentina.
 
La cuestión crucial para mí aquí, para una salida progresista, sería la determinación del gobierno de involucrar a la gente, a las bases sociales, por así decirlo, en cada paso que se dé. Esto no ocurrió en Argentina. El impago se dio porque la élite dirigente perdió el control. Y luego vino el caos durante un tiempo.
 
La cuestión clave para que las cosas vayan en la dirección que deseo y que la izquierda también debería de desear consistiría en involucrar a la gente a todos los niveles. Habría que informar a la gente, darle opciones. Debe solicitarse la validación popular de todo lo que ocurra. Y debería solicitarse la acción popular.
 
Porque la única fuerza de un gobierno de izquierdas es esa. Nada más. No se trata de competencia técnica, aunque alguna tengamos. Es el apoyo popular. Eso es lo que me gustaría que sucediera. Eso es lo que garantizaría, creo, una salida progresista. Por desgracia, no hemos visto mucho últimamente en ese sentido.
 
-Jacobin publicó recientemente un artículo de Nantina Vgontzas sobre la salida y sobre la ruptura, y lo hace dentro de un marcó analítico que teniendo en cuenta que hay un sector del capital griego sin ataduras, independiente –habla de líneas aéreas, inmobiliarias y otros- podría, de alguna manera ser forzado por el gobierno griego a realizar actividades más productivas. Existe, pues, la idea de que Syriza podría jugar una especie de papel intervencionista en relación con una parte del capital. Obviamente, parte del capital querrá escabullirse, pero también hay una parte que no puedo o no lo hará.
 
Su pregunta es: ¿Se ha hablado algo sobre esto? ¿Qué piensa la Plataforma de Izquierdas en particular sobre la relación de Syriza con los inversores dentro de Grecia? ¿Qué piensa usted de esto? ¿Cómo podrían intervenir para someter al capital e intentar que invierta en actividades más productivas?
 
-En general no estoy en contra de una estrategia que diga que un gobierno de izquierdas también debería de mantener abierta la opción de disciplinar al capital privado y obligarle a realizar una estrategia de inversión y crecimiento consecuente con un mayor empleo, un mayor crecimiento y mayores ingresos. Y no hay nada en el marxismo o en la teoría economía básica que esté en contra de eso. Desde luego no como un periodo transitorio. El marxismo nunca ha consistido en que hasta el último botón o el último trozo de cuerda haya que fabricarlo a través de empresas públicas. Por tanto, no estoy en contra de eso.
 
No obstante, soy muy escéptico dado el contexto en que se encuentra ahora Grecia. No tanto por cuestiones de crecimiento como porque las necesidades de la economía griega son más apremiantes. Esas son cuestiones a abordar a medio plazo. Cuestiones que tienen que abordarse seriamente una vez que el problema de la deuda, la presión fiscal y la unión monetaria hayan sido resueltas.
 
Cuando empecemos a poner sobre la mesa una estrategia a medio plazo para el país, entonces sí, entonces veo la importancia de este enfoque. Y estaré encantado de debatirlo en el contexto de un plan de desarrollo nacional. Pero en tanto no se resuelvan los asuntos urgentes, estas cuestiones pueden resultar interesantes como ejercicios, pero no ofrecen respuestas inmediatas.
 
-¿Pero cree que es factible, que hay un sector del capital griego que no se dejaría llevar por el pánico ante una salida de Grecia?
 
-Estoy seguro de que así es.
 
-¿Incluido el gran capital?
 
-Bueno, eso requiere de un análisis más detallado. Pero sé que habría sectores del empresariado que no se asustarían lo más mínimo por la salida, que se enfrentaría a ella directa y abiertamente, y que lo que querrían es conocer cuáles serían las perspectivas de desarrollo a partir de entonces.
 
-Además de la expropiación y nacionalización del sistema bancario y de la desprivatización de los servicios públicos, ¿qué empresas importantes habría que expropiar/nacionalizar?
 
-Es una pregunta muy buena que aún no se ha planteado. Pero, en cierto modo, creo que tiene que ver con la pregunta anterior.
 
No creo que Syriza deba plantearse un amplio programa de nacionalizaciones ahora mismo. Lo que es necesario es nacionalizar la banca, por supuesto. Y asegurarse de que se paraliza la privatización de la energía, en particular de la electricidad. Eso hay que pararlo. Y detener la privatización en otros activos clave. Establecer una estrategia de crecimiento y recuperación fuera del euro, y entonces tener un plan de desarrollo a medio plazo.
 
Es en ese contexto en el que deberíamos considerar qué áreas de la economía necesitan ser sometidas a control público y cómo –porque la nacionalización en y por sí misma no es la respuesta; estamos hablando de control político, y éste puede adoptar diferentes formas- y qué sectores de la economía necesitan ser regulados sencillamente permitiendo que las empresas privadas se dediquen a lo suyo.
 
Ese es un debate a medio plazo, no un debate inmediato.
 
-Presumiblemente usted daría la misma respuesta a su segunda pregunta, que es si usted y sus colegas han estudiado la estructura de las exportaciones e importaciones de bienes y servicios y las medidas en política industrial dirigidas al comercio internacional que habría que tomar junto con el restablecimiento del dracma.
 
-Desde luego que somos conscientes de la estructura de las importaciones y las exportaciones (balanza de pagos) y puedo decir que esa estructura y la proporción del comercio en el incremento de PIB es indicativa del fracaso –el fracaso del desarrollo- del capitalismo griego en los últimos años.
 
Es fundamental reducir el peso del sector servicios, por supuesto. Porque Grecia ha dado un énfasis desmedido al sector servicios y ha permitido que se contrajeran los sectores primario y secundario. Básicamente, Grecia se ha desindustrializado. Y ha sido una desindustrialización de treinta años y una decadencia del sector primario que le ha convertido en ineficiente y pequeño. Así que necesitamos reequilibrar eso.
 
Y ahí también se encuentra la respuesta al comercio, porque el énfasis en el sector servicios significa que Grecia ha dejado de ser competitiva internacionalmente porque es bien sabido que los servicios no son particularmente competitivos – ¡Inglaterra sabe algo de eso! Por tanto, al priorizar el sector servicios, la economía griega ha creado un balance totalmente problemático entre bienes comercializables a bienes no comercializables.
 
Por tanto, la estrategia a medio plazo debería dirigirse a cambiar ese equilibrio. Grecia necesita reforzar los sectores primario y secundario y de esa manera mejorar su integración en la economía mundial produciendo más bienes comercializable. Cómo hacer eso es, nuevamente, es una cuestión de estrategia a medio plazo.
 
-En su libro con Flassbeck, usted habla de una devaluación de hasta el 50 por ciento, lo que doblaría el precio de los bienes de importación. Al no poder llevar a cabo en el corto plazo los planes a medio plazo, las exportaciones también serían complicadas, dado el estado de la industria griega. Por lo tanto va a haber un problema de capitales.
 
¿De dónde vendría este capital, teniendo en cuenta que los mercados financieros presumiblemente sólo prestarían bajo ciertas condiciones y con la clase de imposiciones que nos devolverían de hecho al punto de partida?
 
-Si la salida fuera pactada y protegida, y en vista de a dónde y cómo ha ido el nivel de coste del trabajo por unidad producida – en otras palabras, la destrucción de empleo que, por supuesto, hay que revertir, pero sin poder volver al punto del que partimos porque eso no es posible- es posible que Grecia necesitara una devaluación de sólo el 15 ó 20 por ciento debido a la reestructuración de los costes. Repito una vez más: los salarios tiene que subir, pero incluso así no se va a volver a donde se estaba. No es factible de momento. Para eso necesitamos una estrategia de crecimiento.
 
Una devaluación del 15 al 20 por ciento ahora podría ser suficiente para poner al país rápidamente en marcha. Si la devaluación fuera del 50 por ciento en caso de una salida no negociada, habría más problemas con las importaciones, por su puesto. Lo que hay que valorar es esto: la devaluación no funcionaría simplemente, o mayoritariamente, por las exportaciones. Funcionaría en el mercado interno, más que en las exportaciones.
 
De momento hay muchos recursos sin utilizar en Grecia. En ese sentido no hay poco capital. El capital es más que dinero en efectivo en el banco. Tenemos que pensar como marxistas. El capital es una relación. ¡Hay enormes recursos sin utilizar en el país! Si hubiera una devaluación, surgirían inmediatamente pequeñas y medianas empresas. Hay suficiente capital a pequeña escala para ello. El renacimiento de la economía, el retorno de la demanda y la producción serán muy rápidos y se darán fundamentalmente de esa manera.
 
Esto es el equivalente a una especie de Nueva Política Económica (NEP) d e Lenin y los bolcheviques. Tengo pocas dudas –y eso lo confirman estudios econométricos que he visto- de que las pequeñas y medianas empresas permitirán que Grecia vuelva a una situación de productividad razonable en muy poco tiempo, un par de años. Eso también generaría los capitales y ahorros para una estrategia a medio plazo.
 
Por tanto, estas cuestiones sobre de dónde vendrían los capitales tienen que ser examinadas de manera dinámica y no ser vistas estáticamente. Hay capitales en el país, pero están paralizados. Debemos movilizarlos, y eso es lo que hará la devaluación.
 
-¡Atención, titulares! Lapavitsas pide una estrategia de transición bujarinista. [4] 
 
-No tengo ningún problema con eso. Grecia está tan arruinada que claramente necesita un a NEP. Si Bujarin fue lo bastante listo como para pensar en un NEP y convencer a Lenin, que apoyó la NEP sin reservas, no veo por qué iba yo a estar en contra. Por tanto, el primer impacto sería en esa dirección, creo. Y eso generaría un resurgimiento suficiente como para permitirnos ir más lejos.
 
-Usted también habla –en el contexto de una salida negociada- de un regreso al sistema monetario europeo que garantizaría un cierto tipo de cambio entre las diferentes monedas y el euro y evitaría especulaciones sobre el dracma. Pero esto es una gran apuesta que depende de que los poderes europeos lo vean con buenos ojos. ¿No supone eso tener demasiada fe?
 
-Como dije, uno tiene que asumir ciertos supuestos para analizar las cosas. Yo no diría que eso sea tener mucha fe. Diría que son objetivos para la negociación por los que vale la pena luchar. Reconozco la dificultades y hemos sido testigos de la hostilidad de estas fuerzas hacia el gobierno de izquierdas las últimas semanas, así que sé que no será fácil conseguirlo. Y es esto lo que vale la pena debatir, porque el sistema en su conjunto no funciona en Europa.
 
Lo que yo quisiera, lo que supondría una enorme diferencia, sería que por fin la izquierda europea presentara propuestas sobre cómo cambiar este sistema ridículo que ha prevalecido en Europa por un sistema de tipos de cambio fijos. Eso sería de una gran importancia para Grecia y para España, que se puede ver en esta situación a finales de año.
 
En vez de discutir sobre cambios políticos y acabar con la austeridad dentro de la unión monetaria y cosas por el estilo, que es sencillamente imposible, la izquierda haría bien en empezar a proponer políticas que de verdad ayudaran, en términos de control de los tipos de cambio dentro de un sistema de control de flujo de capitales. Eso es lo que se necesita en Europa ahora, y no una especie de cuento de hadas sobre una unión monetaria buena, que es algo que no se puede dar.
 
-En el libro, usted también habla de una redenominación de empresas, bancos, Banco Central y gasto interno. Y habla de utilizar una ratio entre el euro y la dracma que variaría según los diferentes sectores, grado de endeudamiento y grado de riqueza para que pudiera convertirse en una medida redistributiva, no sólo una medida técnica. ¿Puede hablarnos de cómo sería eso y de su viabilidad así como de las experiencias en las que basa esa noción?
 
-Hasta cierto punto eso es lo que se hizo en Argentina en 2001 y 2002.
 
-Pero de manera caótica.
 
-De manera caótica, sí. Pero es perfectamente viable. Es muy sencillo. Los créditos del público con respecto a los bancos, ya sea de depósitos individuales, o depósitos de empresas, o depósitos de ahorros, tendría que ser convertidos a la nueva moneda. Esta conversión se haría sobre la base de 1 a 1, para facilitar las cosas y para facilitar la redenominación. Pero también podría hacerse con tipos diferenciales.
 
El objetivo del gobierno es conseguir cierta redistribución de riqueza. Así, la gente con menos dinero en el banco, depósitos más bajos, podría cambiar su dinero con un tipo beneficioso de, digamos, no 1 a 1, si no 1 a 1,2. La gente con mayor cantidad de dinero podría cambiar sus depósitos con un tipo de 0,8 a 1. De esta manera, se estaría transfiriendo dinero de los más ricos a los más pobres.
 
El problema es que lo que habría sido muy efectivo en 2010 cuando los depósitos aún eran altos en los bancos griegos, ahora es algo marginal, porque los ricos han sacado su dinero. Las políticas de los últimos cinco años les han permitido hacerlo sin problemas.
 
Por lo tanto, el margen para una política redistributiva, aunque no ha dejado de existir, ya no es el que era. Hasta cierto punto, el gobierno de izquierda puedo aplicar esta medida si quiere conseguir algo de apoyo, pero, como digo, dado el estado de los depósitos en los bancos griegos, el margen para esas políticas redistributivas no es muy grande.
 
-En el libro también habla usted del papel del euro como moneda mundial, una de las principales monedas mundiales. ¿Cómo cree que la Grexit (salida de Grecia de la eurozona) le afectaría a eso?
 
-Le perjudicaría. Ese es el problema real desde la perspectiva de quienes dirigen la unión monetaria, y también preocupa en USA. No hay una lucha entre USA y Europa, que es lo que algunos argumentan haciendo una lectura marxista simplista. Es una relación simbiótica, de conflicto, pero también de apoyo mutuo.
 
El papel del euro también se vería afectado si eso ocurriera; habría pérdida de confianza en él, tal vez algunas fugas, acompañado de una inestabilidad financiera que de rebote también afectaría a Estados Unidos – al dólar- y a los contratos financieros en dólares. Y eso es algo que Estados Unidos no quiere.
 
Desde una perspectiva de izquierdas, eso no es un problema. No es asunto nuestro rescatar al euro o al dólar en cuanto moneda mundial. Hay otra gente completamente dedicada a eso. Nosotros tenemos un objetivo diferente.
 
-La cuestión del dinero y la moneda es crucial. En Grecia, el miedo a salir del euro está impidiendo planteamientos más radicales. Y el miedo a un futuro fuera de la libra fue una de las razones utilizadas por los escoceses en su “no” al referéndum. Por tanto, para la izquierda dentro de Syriza, cualquier plan B tiene que incluir un plan concreto y convincente sobre una nueva moneda.
 
¿Qué piensa de la propuesta del Wolfgang Münchau en el Financial Times de introducir una moneda paralela, un instrumento de deuda emitida por el gobierno que pueda utilizarse con ciertos fines dentro del euro? Se refiere al escrito de Robert Parento y John Cochran, ambos economistas de USA, que proponían que el estado griego emitiera certificados de depósito - pagarés respaldados por futuras entradas fiscales.
 
Estos funcionarían como un mecanismo de cambio y serian fiables hasta el punto de que el estado los aceptaría como pagos de impuestos y promovería su circulación dando créditos fiscales al pago de impuestos en pagarés emitidos por el estado. ¿Estás de acuerdo con Münchau en que esto podría ser una posible medida para acabar con la austeridad y seguir estando en el euro?
 
-También argumenté en ese libro algo similar, que es la emisión de pagarés por parte del estado que circularían de manera obligada y podrían pagar impuestos, que es básicamente esa idea. Es una idea que ha surgido en diferentes formatos en muchas partes diferentes del mundo.
 
Sin embargo, no creo que eso pueda ser una respuesta a la austeridad a largo plazo. Eso son ilusiones. Como mucho, puede ser una medida suplementaria para crear liquidez mientras Grecia esté bajo la presión de quienes controlan el grifo de la liquidez – en otras palabras, el Sr Draghi y el BCE.
 
Un paso así, la circulación paralela, crearía inmediatamente problemas de equivalencia entre el euro real y el euro arbitrario creado por Grecia, porque se consideraría que el euro real tiene más valor que el otro y habrá un tipo de cambio entre los dos. Eso sería perjudicial para la circulación monetaria y para la moneda en general. No sería una solución sostenible. Sería solamente una medida provisional. Al final del todo, sería un parche que conduciría a la salida, básicamente. Hay que entenderlo así.
 
Por lo tanto, sí, estoy a favor de ello – de hecho es algo que el gobierno debería tomar seriamente en consideración como parte de su arsenal para las negociaciones de junio. Pero no hay que hacerse ilusiones pensando que esto podría ser algo permanente, una solución estable, porque no puede.
 
-Una pregunta más táctica: parece que la troika va a tener el derecho a vetar cualquier tipo de política que Syriza ponga en práctica en el futuro próximo. ¿Crees que esto puede ser utilizado para reforzar a Syriza, a saber, que si Syriza propone algo popular y aparentemente factible, que es rechazado por las instituciones, los griegos tendrán cada vez más claro el antagonismo de esas instituciones?
 
Al demostrarse la voluntad de Syriza, el incremento de su popularidad y también la incapacidad para actuar dentro en la eurozona – ¿puede ser, paradójicamente, una estrategia para aumentar el apoyo popular a la Grexit?
 
-Creo que podría pasar algo así, sí. Las denominadas instituciones que estarán presentes en todo momento, ejercerán su influencia para controlar. Se opondrán a la implementación de cualquier medida o ley que pueda tener implicaciones fiscales y que vaya contra el espíritu de lo acordado el 20 de febrero.
 
Pero la lucha contra esas instituciones es la lucha política más importante desde ahora hasta junio. Syriza debería afrontarla abiertamente. Esa es la manera de mantener el apoyo popular, porque es lo que quiere ver la gente. Quiere ver medidas de auxilio, y quieren ver oposición a estos tipos de la troika. Sin embargo, eso en sí mismo no es suficiente. También se necesita un plan para la siguiente ronda de negociaciones, porque la trampa está allí esperando.
-Entonces una pregunta sobre una salida forzada y sus consecuencias: el plan B que usted describe con cierto detalle con Flassbeck parece bastante estatista. ¿Sería suficiente para resistir el impacto de la devaluación y la autarquía?
 
De no ser así, ¿qué van a hacer los movimientos griegos y Syriza para desarrollar lo que podríamos llamar un plan C –un plan de resistencia, colectivo, solidario que organizaría la reproducción social donde el estado no pueda satisfacer las necesidades de la gene? ¿Qué papel jugarían tales estrategias para eludir las tentaciones autoritarias?
 
-Eso es parte del plan B en gran medida. El plan B –tal y como lo estamos explicando y tal y como lo he hablado con Flassbeck- es obviamente un plan que se da y debe darse a nivel de alta política en primer lugar, porque ahí es donde radica la crisis. Y necesitamos una intervención a alto nivel político y a nivel de estado.
 
Por supuesto, cualquier clase de estrategia en beneficio de los trabajadores –cualquier estrategia transitoria- tiene que incorporar precisamente lo que usted ha llamado plan C. Y cuando hablamos de lo público, del estado y esas coas, lo que tengo en mente es lo colectivo y el sector público en general. La idea de que el estado se apodere de todo está pasada de moda y muerta desde el colapso del Bloque del Este. Eso es algo que no está sobre la mesa.
 
De lo que estamos hablando es de soluciones públicas y colectivas. Y sí, de hecho necesitamos a la gente común. Sí, necesitamos actividad desde abajo. Sí necesitamos la contribución y las acciones de las comunidades. Pero primero tenemos que solucionar las macro cuestiones, las cuestiones de estado. Por desgracia, las comunidades no pueden hacerlo a ese nivel.
 
-Mucho de lo que usted dice sobre una salida positiva, progresista depende de la movilización popular para impulsar al gobierno y darle el apoyo suficiente cuando se llegue al momento decisivo. ¿Es usted optimista sobre la fortaleza de la movilización en Grecia cuando llegue ese momento? Porque se ha hablado mucho sobre el decaimiento, la desesperación y la resignación que ha afectado a la sociedad griega los dos últimos años.
 
Me anima el enorme apoyo al gobierno griego entre la gente corriente desde las elecciones. No hemos asistido a muchas movilizaciones, es cierto. Pero el apoyo es enorme. El espíritu favorable a lo que está ocurriendo y la disposición a aliarse y a facilitar el trabajo a este gobierno para que actúe son enormes. Y eso es lo más positivo de todo.
 
Ahora bien, ¿se traducirá ese apoyo en acción? No lo sé. Nadie lo sabe. Pero no se puede negar la buena voluntad. No se puede negar en absoluto. Y eso es algo sobre lo que tenemos que trabajar. Deberíamos movilizar esos sentimientos en favor de soluciones y respuestas radicales.
 
-¿Y qué piensa usted del papel de la gente que desde fuera de Grecia están a favor de tal salida progresista? Porque se habla mucho de que no se debe criticar lo que Syriza está haciendo, que es muy fácil criticar desde la comodidad del sofá de casa en países que no están al borde del precipicio.
 
Pero al mismo tiempo, es claro que se están produciendo grandes cambios a los que se debe prestar atención. ¿Cuál cree usted que es la posición correcta entre el apoyo acrítico y la solidaridad positiva?
 
-El apoyo acrítico a Syriza ahora es absurdo. Es una repetición de la peor enfermedad de la izquierda que yo y muchos otros pensábamos que había quedado atrás. “¡No critique, apoye, ra, ra, ra!” Estas son cosas que la izquierda solía hacer en los malos viejos tiempos. Y eso, en contextos muy diferentes, desde luego, es lo que permitió que surgieran los monstruos.
 
Eso no es lo que va a ocurrir en el caso de Syriza, por supuesto, pero la actitud de “es nuestro equipo el que está jugando, apoyémosle y no critiquemos” no es una actitud propia de la izquierda. Claro que apoyamos, pero criticamos. A no ser que critiquemos, no ocurrirá nada positivo. Ese es el punto en el que nos encontramos.
 
La izquierda fuera de Grecia tiene un papel y la obligación de criticar y de hacerlo a menudo, porque las cosas se ven más claras desde fuera de lo que se ven en casa. La visión interna de los hechos es menos objetiva que desde el exterior. La izquierda en el extranjero tiene la obligación de llamar a las cosas por su nombre. Y hacerlo de manera positiva y creativa.
 
En ese frente, la ayuda más seria y positiva que puede dar la izquierda, además de movilizarse, es comenzar a poner propuestas encima de la mesa, a empezar a reconsiderar la Unión Monetaria Europea en su conjunto. No me cansaré de repetirlo.
 
En los últimos años, la izquierda europea ha emprendido un camino increíble. Es como si hubiera perdido su sentido crítico. Ha imaginado que el proceso de Integración Europea a través de la UE y el proceso de formación de la Unión Monetaria Europea (UME) es una especie de internacionalismo en el sentido en que la izquierda entiende el internacionalismo.
 
Y no lo es. Lo siento, pero no lo es. Y no sólo no lo es, no puede convertirse en un internacionalismo genuino cambiando alguna cosa, haciendo alguna reforma o algunas mejoras. ¡Eso es absurdo! La izquierda tiene que redescubrir sus facultades críticas y su actitud crítica y darse cuenta de que no es progresista todo lo que trasciende las fronteras.
 
La izquierda tiene de una vez que empezar a poner propuestas encima de la mesa sobre una internacionalización genuina de Europa que rechace estas formas de integración capitalista. No mejorándolas. Rechazándolas. Esa es la perspectiva radical real para la izquierda, y eso es lo que debería hacer.
 
Aún hay una cosa más. La diré, aunque no sé qué impacto tendrá. En las dos últimas décadas, por desgracia, la izquierda marxista en particular, ha retrocedido en términos de su capacidad para analizar la política económica del capitalismo moderno. Se ha empapado de una especie de economía de segunda fila que básicamente piensa y cree que el marxismo y el análisis marxista del capitalismo casi puede condensarse en la tendencia a la caída de la tasa de beneficio.
 
Para mucha gente en Europa y en otras partes, la economía política marxista se resume en interpretarlo todo en términos de proporción de beneficios –o lo que se mide como beneficios- en relación con el capital invertido. Esa ratio, para algunos, te dice todo lo que necesitas saber sobre el pasado, el presente y el futuro del capitalismo.
 
Eso no es Karl Marx, por supuesto, y no es lo que los grandes marxistas hicieron. Hoy hay gente que trata de interpretar lo que está sucediendo en Europa según la tendencia a caer de la tasa de beneficio. Eso es absurdo. Absurdo manifiesto. No sirve para nada ni lleva a ningún sitio. No ayuda a nadie.
 
Grecia no está en crisis por la tendencia a bajar de la tasa de beneficio. La tendencia a bajar de la tasa de beneficio es importante, pero lo que está sucediendo en Grecia no es una crisis cíclica causada por la caída de las tasas de beneficio.
 
Así que la izquierda –lo que queda de ella- debería empezar a redescubrir los elementos del marxismo creativo del periodo clásico: un poco de Lenin, de Hilferding, de Bujarin, de los grandes marxistas alemanes. Y empezar a interpretar el capitalismo moderno de una manera compleja, rica y equilibrada.
 
La tendencia a la caída de la tasa de beneficio es importante, pero es una terrible teoría económica y un fetiche. No se puede condensar todo en la tendencia a la caída de la tasa de beneficio. Eso es mal marxismo y mala teoría económica. Es algo que la izquierda podría hacer con utilidad para salir de la eurozona en un futuro próximo.
 
-Una última pregunta para usted que en cierto modo nos devuelve a los temas personales con los que comenzamos. Su reputación está fundada en su análisis marxista del dinero y del crédito. Y aquí está usted, en una situación en la que tiene que debatir concretamente la creación de una nueva moneda, un nuevo sistema monetario, nuevos sistemas de crédito.
 
En realidad, tengo dos preguntas. Una es una pregunta un tanto pedante: ¿no es, en cierto sentido, la vuelta a la política económica una victoria teórica del neo-cartalismo, que usted ha combatido en teoría, pero, en la práctica, no es eso lo que está siendo confirmado?
 
Y la segunda pregunta –más relacionada con la conexión entre teoría y práctica- es: ¿qué clase de preparación y uso práctico le da a usted en la presente situación de Grecia su trabajo sobre financiarización, sobre la moneda y sobre el crédito?
 
-En cierto modo la primera pregunta es más fácil de contestar. El neo-cartalismo tiene muy poco que ver lo que sucede en Grecia. No estamos hablando de emisión de moneda por parte del estado, a parte de los pagarés para enfrentarse a las necesidades de liquidez inmediata de los que hablamos anteriormente. La denominada teoría monetaria moderna, esta especie de neo-cartalismo, es una teoría monetaria débil. Tiene muy poco que ofrecer para entender la eurozona y el capitalismo moderno en general.
 
Creo que la segunda cuestión es mucho más difícil de abordar y más exigente en muchos aspectos. Entiendo lo que está ocurriendo en Europa como un ejemplo de financiarización que adoptó una forma particular en Europa debido a la moneda única. Adoptó una forma patológica y enfermiza en Europa a causa de la moneda única. La financiarización de los países europeos ha sido distorsionada por la moneda única. Mi trabajo de años me ha sido muy útil y creo que los resultados son bastante obvios en el transcurso del tiempo.
 
Si abordamos la crisis de la eurozona como una cuestión meramente monetaria, desde la perspectiva de la teoría económica, no llevaría ni cinco minutos resolverla. Es totalmente obvio, totalmente simple. De hecho es casi trivial. Como problema de teoría monetaria es trivial. Y de hecho, no me llevó más de un fin de semana en 2010, cuando empecé a estudiar los números por primera vez, darme cuenta de su obviedad.
 
Se trata de una unión monetaria que está mal estructurada y que ha evolucionado muy mal en el curso de su existencia y es por lo tanto insostenible. Y eso, para alguien que está formado en teoría económica y que endiente de dinero y las finanzas, resulta más claro y fácil de ver que para otros que han trabajado en otras áreas de la economía y de la política económica.
 
Mi trabajo ha sido beneficioso para mí en ese sentido. Y cuando estalló la crisis en 2010, para mi resultaba claro que, dado el sistema monetario: a) la austeridad sería el resultado más probable y que sería desastroso, como yo y la gente del “Research on Monetary and Finance”, sosteníamos, y b) la salida estaría permanentemente encima de la mesa debido a la estructura de la unión monetaria. Eso es lo que todavía está sucediendo. Cinco años después, todavía estamos hablando de la salida. Y c) la idea de un euro bueno es risible, como de hecho ha resultado ser. Así que en ese sentido, mi trabajo de los últimos años me ha sido muy útil.
 
Del trabajo que he venido realizando durante años, hay otra parte más que es importante. Tiene que ver con la moneda como una categoría social más amplia. La dimensión social no económica del dinero y de las finanzas, que como usted sabe, ha sido algo que siempre me ha preocupado profundamente.
 
La crisis demuestra sin discusión posible que la moneda es mucho más que un fenómeno económico. Fundamentalmente es un fenómeno económico, por supuesto. Pero es mucho más que eso. Tiene muchas dimensiones sociales y una de las dimensiones que tiene, que es crítica, es el de la identidad.
La moneda, por razones que no vienen al caso ahora pero que desarrollo en mi obra, está asociada a las creencias, costumbres, perspectivas, ideología e identidad. La moneda genera identidad más que el capitalismo. Y el euro ha generado identidad en los países periféricos de una manera increíble, y en ningún sitio ha sido así más que en Grecia.
 
La cuestión de la salida y el miedo que genera –o la preocupación que genera- entre los griegos no tiene que ver sólo con las implicaciones económicas, por graves que puedan ser éstas. También tiene que ver con la identidad.
 
La gente tiene que entender que para los griegos, formar parte de la unión monetaria y utilizar la misma moneda que el resto de los países de la Europa Occidental era un salto de identidad. En la conciencia popular, y dada la historia de Grecia, permitió a los griegos pensar que se habían convertido en “Europeos de verdad”. Para un pequeño país al sur de los Balcanes, que tuvo una historia turbulenta durante el período otomano y lo que sucedió después, esto era algo muy, muy importante.
 
Esa importancia se ha puesto de manifiesto en los últimos años. Cuanto más profunda es la cris, y más absurda resulta la pertenencia a la unión monetaria, mayor es el apego al euro entre algunos sectores de la población. Y la razón es la identidad. Las gente desea mantener el contacto con la idea de Europa, la idea de no ser parte del Oriente Medio u Oriente Próximo.
 
-¿Como ser blanco?
 
-Sí. Eso es muy importante y no debe ser subestimado. Y para nosotros, para la izquierda en Grecia, pero también para la izquierda en Europa, una narrativa alternativa es vital. Porque el mismo problema de identidad ha emergido en Europa Occidental. De manera diferente.
 
Allí, no se trata de volverse europeo. Allí es una cuestión de internacionalismo. “Como utilizamos esta moneda, hemos superado todas las divisiones. Nos hemos convertido en europeos de verdad. Hemos transcendido nuestra vieja visión nacionalista, y así”. Es una estupidez, desde luego, pero una estupidez muy poderosa.
 
Por lo tanto, la izquierda en Grecia y en todas partes tiene que empezar a desarrollar urgentemente narrativas alternativas de internacionalismo, de europeidad, de solidaridad y demás, que se aparten de estos conceptos enfermos que el capitalismo financiero ha creado – de los cuales el más prominente es, por supuesto, la moneda única.

Notas
[1] Publicado en “Jacobin”, revista de la izquierda estadounidense. La edición impresa, que va por el número nueve, se publica cuatrimestralmente con una tirada de 10.000 ejemplares para subscriptores.
[1] School of Oriental and African Studies (Centro de Estudios Orientales y Africanos), ahora denominada Universidad de Londres. (Nota del traductor)
[3] Rojo, equivalente a comunista; pardo, equivalente a fascista (Nota del traductor)
[4] Nikolái Bujarin fue el principal ideólogo de la NEP soviética en la década de 1920 (nota del traductor).
(Traducido por Jesús de la Roza Braga -miembro del Secretariado de Asturies del SUATEA)

10 junio 2015

Acumulación por desposesión en Europa.

Héctor Illueca Ballester
 
La Unión Europea pretende anular el resultado de las elecciones celebradas en Grecia el pasado 25 de enero. Como era previsible, el Eurogrupo intenta aprovechar las dificultades financieras que atraviesa el país heleno para liquidar definitivamente el programa de Syriza y desautorizar su mensaje. Al exigir nuevas reformas del mercado laboral y del sistema de pensiones para desbloquear el último tramo del rescate financiero, medidas absolutamente ajenas a las necesidades reales del país, la Unión Europea evidencia que su estrategia de negociación no responde a motivaciones de índole económica, sino política: se trata, ante todo, de subvertir el proceso democrático y quebrantar la soberanía de Grecia, enviando al mismo tiempo un elocuente mensaje a los países de la periferia, y muy especialmente a España, que tiene a la vista las elecciones generales más importantes de su historia reciente. En este contexto, cabe preguntarse por la auténtica naturaleza del experimento social y político al que se enfrentan los pueblos del sur de Europa. ¿Qué está pasando en el Viejo Continente?
 
Debemos a David Harvey la acuñación de la expresión acumulación por desposesión, que describe la persistencia de prácticas depredadoras de acumulación en el capitalismo contemporáneo, similares a las observadas por Marx en la fase primitiva de este sistema económico. A juicio de Harvey, estas prácticas revisten formas diferentes en contextos distintos, pudiendo mencionarse a título ejemplificativo la privatización de activos públicos, la mercantilización de la fuerza de trabajo o la apropiación de los recursos naturales en el marco de procesos coloniales. El modus operandi de este régimen de acumulación consiste en utilizar el sistema de crédito como palanca de desposesión, atribuyendo al Estado un especial protagonismo con su monopolio de la violencia y su definición de la legalidad. O, por emplear las palabras de Harvey, “la perversa alianza entre los poderes del Estado y los comportamientos depredadores del capital financiero constituye el pico y las garras de un capitalismo buitresco que ejercita prácticas caníbales y devaluaciones forzadas” mientras invoca hipócritamente los más altos valores de la democracia.
 
En nuestra opinión, la evolución que ha experimentado la economía europea desde que empezó la crisis económica constituye una buena muestra de acumulación capitalista depredadora y especulativa. El endeudamiento de los países periféricos ha derivado en un estado de servidumbre por deudas que, con la mediación de la Unión Europea, está siendo utilizado para propiciar una gigantesca redistribución de activos desde el campo popular al dominio del capital. Esta operación incluye, entre otros aspectos, el desmantelamiento progresivo del Derecho del Trabajo, la privatización de empresas públicas o la abolición de conquistas históricas logradas por los trabajadores tras la intensa lucha de clases que se desarrolló con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial. Naturalmente, la desposesión se está llevando a cabo contra la voluntad de las poblaciones periféricas, que asisten atónitas a la imposición de programas económicos asombrosamente similares entre sí con independencia de las circunstancias de cada país. Como siempre, el aparato represivo del Estado juega un papel fundamental en la consolidación y desarrollo de tales procesos.
 
Llegados a este punto de la exposición, quedan pocas dudas sobre la auténtica naturaleza del fenómeno al que nos hemos referido en los anteriores párrafos. Los países del sur de Europa están siendo sometidos a un proceso de acumulación por desposesión, en el marco de una intensificación sin precedentes de la explotación de los trabajadores. Un balance provisorio muestra, en primer término, una redistribución profundamente regresiva del ingreso y un reordenamiento del equilibrio de fuerzas en beneficio del capital. Desde 2010, los salarios reales han retrocedido en casi todos los países europeos, destacando por su intensidad las caídas experimentadas en Grecia (20 por ciento), Portugal (7 por ciento) y España (6,4 por ciento). Tales datos evidencian la inversión del patrón distributivo vigente en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, delineando un escenario caracterizado por la recomposición del beneficio empresarial a través de la confiscación salarial.
 
Conquistas históricas como la sanidad y la educación públicas están siendo mercantilizadas, acentuando la vulnerabilidad de sectores cada vez más amplios de la población. En la actual fase de su desarrollo, la Unión Europea no sólo constituye un mercado unificado, sino que, por emplear la expresión de Polanyi, apunta a la conformación de una sociedad de mercado, es decir, una sociedad plenamente mercantilizada en la que los derechos sociales aparecen fagocitados por el mercado. En este contexto, y muy especialmente en el ámbito de los países periféricos, la transición neoliberal se viene produciendo por la vía de neutralizar las capacidades de intervención pública en la economía, convirtiendo a los pueblos del sur de Europa en rehenes del mercado autorregulado. La capitulación del Estado social y la mercantilización de las relaciones sociales alimentan un darwinismo social despiadado que selecciona a los más aptos en detrimento de los más débiles: parados, pensionistas, enfermos, trabajadores precarios… El resultado es un paisaje aterrador caracterizado por una precariedad galopante, obscenas desigualdades sociales y un dramático aumento de la pobreza.
 
Sin embargo, a medida que se descomponen las redes de solidaridad, aparecen las condiciones para una movilización sociopolítica capaz de poner en cuestión el entramado neoliberal de la Unión Europea. O, por decirlo de otra manera, la mutilación de la democracia en países como Grecia o España ha provocado una grave crisis de legitimidad y ha reforzado el protagonismo de los movimientos sociales en el ámbito político, reintroduciendo la vieja distinción entre un país real atravesado por rupturas y contradicciones y un país legal incapaz de atender las reivindicaciones de los ciudadanos. La proliferación de problemas sociales y la acumulación de demandas insatisfechas alimentan una movilización creciente de las clases populares que puede desalojar del poder a los gobiernos neoliberales, como efectivamente ha sucedido en Atenas y podría ocurrir en otros lugares. No obstante, está por ver si este proceso puede extenderse más allá de Grecia, donde predomina la influencia de un combativo movimiento obrero desde que empezó la crisis económica.
 
Lo que parece indudable es que cualquier fuerza política que pretenda romper realmente con el neoliberalismo, y no sólo sustituir unos gobiernos por otros, debe plantearse la cuestión de la soberanía y enfrentarse a la Unión Europea como tal. En nuestra opinión, el inicio de una era post-neoliberal sólo puede producirse sobre las ruinas de la actual Unión Europea y en el marco de una reestructuración radical del poder económico y social en favor de los trabajadores. Negar esta realidad o no atreverse a enfrentarla conduce invariablemente a la derrota ideológica y favorece a las fuerzas que alientan la recomposición del dominio neoliberal. La clave es construir un discurso global que articule adecuadamente el secuestro de la democracia, la deslegitimación de la política y la acumulación por desposesión que se ha desencadenado en Europa, otorgando coherencia y eficacia al aluvión de reclamos populares que expresan el sufrimiento de las grandes mayorías sociales.

Héctor Illueca Ballester es Doctor en Derecho e Inspector de Trabajo y Seguridad Social.
 

28 mayo 2015

Escuela de cuadros: Las crisis del capitalismo

En este programa de Escuela de cuadros se estudia las crisis del capitalismo en Marx con el intelectual argentino Jorge Beinstein.
 

17 mayo 2015

El panfleto de Mélenchon contra Merkel.

Rafael Poch
 
El líder de la izquierda francesa publica un libro que refleja el hartazgo con el insolente dominio de Berlín.
 
Hace tiempo que la disciplina alemana y la impertinencia aleccionadora de los políticos de Berlín hacen mella en Francia. Pero en los medios de comunicación y entre los políticos está feo hablar de ello. Por eso, el libro que acaba de publicar con mucho ruido y general condena, el líder del Front de Gauche Jean-Luc Mélenchon, es muy significativo. Se llama “El arenque de Bismarck” y es un simple panfleto, desenfadado, mordaz y divertido, contra la prepotencia germana y su maltrato -del sur de Europa y de Francia- el tabú que nadie se atreve a mentar.
 
El motivo es que si en Alemania el gobierno ha perdido todo complejo, en Francia hay -por una mezcla de cálculo oligárquico, elegancia, y prevención a caer en rancios chovinismos- mucho escrúpulo ante la crítica al vecino del otro lado del Rin. No es el caso de Mélenchon, un político que sin llegar, quizá, a la altura de su homólogo alemán, Oskar Lafontaine -sin duda el más brillante político de su país- también es un excelente orador (véase su épico discurso de Marsella, un 14 de abril de 2012) y una persona de una rara sensibilidad política. Estos días Mélenchon está siendo entrevistado por los principales canales públicos de radio y televisión sobre su explosivo libro, que mezcla conscientemente tópicos ligeros con constataciones bien actuales y se está vendiendo como rosquillas.
 
“Hay un asombroso contraste entre la insultante arrogancia de los dirigentes y mediócratas alemanes y el pánico de sus homólogos franceses para decir cualquier cosa que les contrarie”, afirma. Esa actitud, “ya provocó el naufragio moral de las élites francesas de antes de la guerra”, que ahora, “colaboran con entusiasmo en la denigración de su patria”, proclama.
 
Francia que cuenta con una economía mucho más diversificada que la alemana y una cultura general sobre el vivir infinitamente más rica y sofisticada, que siempre ha acomplejado a los alemanes, asiste a un aleccionamiento insoportable, pero decirlo, “merece inmediatamente el anatema de germanófobo”, dice Mélenchon. Eso, “cuando el secretario general de la CDU, Volker Kauder, proclama que “Europa habla alemán” ante el aplauso del congreso de su partido; cuando el jefe de la federación de exportadores alemanes, Anton Börner, afirma que, “los países mediterráneos no entienden nada que no sean palabras duras y la firmeza de los mercados de capitales”, cuando el esperpéntico comisario Günther Oettinger apela a “tratar con rigor” a Francia ese “país deficitario reincidente” (es decir, equiparando el déficit con un crimen); cuando Merkel dice que la ley del ex banquero y actual ministro de economía, Emmanuel Macron, es “buena” pero que las reformas en Francia son “insuficientes”, o cuando su siniestro ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble, se lamenta del obstáculo que el parlamento francés supone para las “reformas”.
 
La altanería guillermina ya denunciada por el anciano canciller Helmuth Schmidt e impensable en la Alemania anterior a la reunificación, se ha convertido en pose habitual del discurso político y mediático germano en su cruzada por imponer recetas que no están funcionando y llevaron a Japón a veinte años de deflación y estancamiento.
 
La Europa del Sur es el “Club Med”, la prensa alemana -y no solo el inefable Bild- se permite todo tipo de excesos, reproches falsos y populistas sobre edad de jubilación y días festivos que han sido bendecidos en algunos discursos por la propia canciller Merkel, quien se permite alabar o censurar las “reformas” francesas, apuntar sus insuficiencias, o hacer consideraciones sobre pueblos que se levantan pronto para ir a trabajar y otros gandules; “¿Qué otro jefe de gobierno se permitiría hablar en esos términos de sus vecinos?”, se pregunta el líder del Front de Gauche, que obtuvo un 12% en las presidenciales pero que desde entonces se busca a sí mismo, por la reticencia de algunos de sus sectores a romper definitivamente con el partido hollandista, que ha demostrado, por activa y por pasiva, su completa inutilidad como fuerza de cambio. Respecto al modelo alemán, simplemente es un mito, dice Mélenchon.
 
Con el 16% de la población por debajo del nivel de pobreza, una desigualdad galopante, un 25% de los asalariados en contrato basura (Francia, 13%) y un salario mínimo recién establecido que queda por debajo del francés ¿qué es lo que hace de Alemania un modelo?, se pregunta. Pues precisamente eso: un modelo para quienes propugnan el regreso al siglo XIX revestido de modernidad, progreso y racionalidad.
 
La caricatura alemana de Mélenchon no deja pie con bola. Son los principales emisores de CO2 de Europa y pasan por “ecologistas”, exportan pesticidas a mansalva, vuelven a ser los grandes vendedores de armas y van imponiendo poco a poco a su sociedad, tan adversaria de lo militar, una creciente militarización de la política exterior que destroza el mejor sentido común alemán de posguerra. Su nefasto modelo agropecuario-industrial orientado a la exportación a base de “granjas-fábrica”, así como sus grandes cadenas comerciales de alimentos estandarizados orientados a la reducción de costes (Aldi + Lidl), resultan en una epidemia de obesidad que afecta al 24% de los alemanes adultos (frente al 15% en Francia), dice.
 
La obsesión por este modelo estandarizado provoca en los gobernantes alemanes, “una espectacular disminución de su comprensión del mundo e incluso del sentido de la vida”, afirma Mélenchon en una de sus frases más crueles. Alemania, dice, “es un modelo para quienes no se interesan en la vida, nadie quiere ser alemán, ni siquiera los alemanes y la prueba es que no tienen hijos”: el país más anciano de Europa en el que los mayores de 65 años representan el 20,6% del total (Francia16,7%), con una de las tasas de procreación más bajas del mundo: 1,38 hijos por mujer en edad de procrear. Se comprende la obsesión por el ahorro y los excedentes comerciales: de lo que se trata es de “organizar su geriatría”, dice. Con el sistema de pensiones mayormente privatizado, los dineros se colocan en fondos, lo que explica la obsesión por cobrar las deudas de sus bancos manirrotos que invirtieron sin mirar en los negocios inmobiliarios americanos, españoles e irlandeses, contribuyendo a inflarlos junto con su corrupción intrínseca. Mélenchon no perdona.
 
“Nos invadieron tres veces en menos de un siglo, ocuparon nuestro país dos veces, una de ellas durante cerca de cincuenta años en Alsacia-Lorena: “ninguna reconciliación es incondicional”, cuando “el imperialismo alemán está de regreso”, dice el político antes de demoler la política exterior de esa Quinta Alemania que aparece tras la reunificación de 1990:
 
Primero en Yugoslavia, contribuyendo a la secesión de sus antiguos compinches de los años treinta (Eslovenia, Croacia y Bosnia), luego con su expansión económica en la débil Europa central/oriental recién salida del marasmo del “socialismo real”, burlando luego toda promesa de no expandir la OTAN, que hoy llega a las fronteras de Ucrania con las consecuencias conocidas, y liderando, finalmente, el “acuerdo comercial” secreto con Estados Unidos (TTIP) que quiere ser la guinda del pastel neoliberal en Europa; “Hay que empezar a descifrar a la Señora Merkel”, dice, antes de remontarse a los tiempos del Emperador romano Claudio:
 
“Ya en el siglo I de nuestra era decía que los jefes germanos no entendían de parlamentos ni de finezas, lo único que comprendían y respetaban era las relaciones de fuerza”. “Ante eso, las sutilezas francesas, las bromas del Presidente de la República le deben parecer a esa mujer como defectos de una voluntad somnolienta”, ironiza.
 
Mélenchon tiene muy mala entrada con los chiens de garde de la prensa, porque es poco tolerante ante su programada servidumbre siempre en sintonía con el recetario neoliberal, circunstancia que dice mucho en su favor. Pero, pese a esa mala prensa -que no llega al nivel de demonización, tergiversación y campaña denigratoria que Die Linke sufre en los medios alemanes- su libro ha sido criticado con cierta indulgencia. Le Figaro ha dicho que rezuma “un antigermanismo de café”, mientras que Le Monde se ha contentado con observar que, “cae en los mismos excesos que los germanófilos que denuncia”. Pero ambos medios han suscrito, por lo menos, parte del mensaje. Esa relativa benevolencia es muy significativa porque sugiere que el hartazgo con la actitud alemana es algo que trasciende a la izquierda y al ultraderechista Frente Nacional porque afecta al alma gaullista de parte del establishment francés.
 
Seguramente Mélenchon nunca habría escrito este panfleto si no hubiera sido por la “manera odiosa” con que “la nomenclatura germana está tratando al gobierno de Alexis Tsipras”. Ese es un espectáculo que revuelve el estómago, dice.
 
“Permitir que un Estado miembro de la Unión sea tratado de esa manera es un gran error político contra el ideal europeo”, dice Mélenchon en una entrevista con L´Humanité. “Después de haber hecho de Grecia un laboratorio político quieren hacer un escarmiento: ¡miren cómo son tratados los que se resisten! Cuando Tsipras ganó me reuní con François Hollande y le dije, “si permitimos que actúen así contra ellos, luego vendrá el turno de Francia”. Ya estamos en ello porque en el fondo estamos siendo tratados como los griegos. El comportamiento de Berlín no es soportable en ningún lado y la germanofobia está explotando por doquier en Europa. Es un sentimiento que puede transformarse en odio xenófobo, así que tenemos que explicar el por qué de su conducta: decir que Berlín se pone al servicio del ordoliberalismo. El otro motivo del libro es desmontar la idea de que hay un lugar en el que el sistema funciona, informar de la situación real de ese país. Y el tercer motivo es llamar la atención sobre la cobardía de los dirigentes franceses”, explica.
 
Si en España quedara algo del espíritu quijotesco, este panfleto, con todos los defectos inherentes al género, debería haber sido escrito allí hace tiempo. En lugar de eso, el país se recrea en su miserable papel de “alumno obediente”. Hay que recordar cuando fue la última vez de la historia en el que España fue obediente aliada de Alemania y en qué papel. No hay duda de que esas actitudes, de ayer y de hoy, están emparentadas. Los líderes del germanismo hispano de hoy son los hijos y nietos del de ayer.
 
Mélenchon dice no querer una confrontación entre los pueblos francés y alemán, sino la de ambos pueblos contra la oligarquía, pero “es necesaria una franca confrontación” con Alemania, única manera de hacerse respetar, dice. El consejo vale para todos.

 En lugar de las odas a Alemania de François Hollande y de su primer ministro Manuel Valls, hay que plantearse, “¿Quién decide en Europa y en nuestro país; las rentas o el trabajo? ¿el pueblo o la oligarquía? ¿El Banco Central Europeo o los ciudadanos? ¿Alemania o la unión libre de pueblos libres?”. En cualquier caso, con este explosivo arenque, diciendo todo eso que muchos piensan y no se atreven a decir, el político francés se ha quedado bien descansado. La vieja tendencia alemana de utilizar a Europa para su propia proyección de poder siempre se ha encontrado enfrente con Francia, el único país europeo capaz de ejercer una inspiración alternativa al modelo alemán. El panfleto de Mélenchon anuncia que todo eso acabará explotándole tarde o temprano al gobierno alemán.
 

05 mayo 2015

El reto de Alberto Garzón.

Alberto Arregui
Rebelión
 
Todo cambio social profundo implica el choque entre clases que contraponen intereses materiales y, por tanto, concepciones políticas y éticas enfrentadas. Las épocas de crisis de las estructuras de dominación se saldan con la pugna por cambiar el statu quo, por una parte de la sociedad, y el mantenerlo, por parte de la clase dominante de turno. Pero, aunque es trascendente, se presta menos atención a un factor constante: las condiciones y resultados de esa lucha de clases se deciden, al tiempo, en cada campo en conflicto. La historia de las revoluciones, la francesa, mexicana, rusa o la española del 31 al 37, es la historia de las luchas internas en cada campo.
 
La llamada “Transición” de la dictadura franquista al régimen monárquico del 78 es, en gran parte, la historia de la pugna por el control político de cada campo en liza. La de la burguesía, por unificar su campo a través de un nuevo partido (la UCD) y tener un liderazgo político que apostaba por el pacto social y político con los dirigentes de la izquierda. La de los dirigentes del PCE y del PSOE, por controlar el movimiento de sus propias bases y de la clase obrera, y apaciguar su campo para pactar en secreto con la dictadura reformada y poder, después, pactar la constitución monárquica y burguesa. El mérito de los reformadores del franquismo fue comprender que no podían derrotar al movimiento obrero, pero que si podían entenderse con sus dirigentes.
 
Podríamos afirmar que existe una relación entre la crisis profunda de la izquierda, los cambios, la inestabilidad y la crisis de la sociedad. Mientras la nueva conciencia y las reivindicaciones, forjadas al calor de la crisis de sobreproducción capitalista y las luchas en las calles, pugnan por tomar forma política, las viejas organizaciones crujen o languidecen al no ser capaces de o bien encauzar o bien anular dichas ansias de cambio. La lucha de clases se expresa pues, en el seno de las organizaciones de la clase obrera. Por un lado, aquellos dirigentes políticos y sindicales que se han acostumbrado a vivir del Estado, de las empresas, de los cargos institucionales, de los pagos de Bankia… en definitiva que se han hecho parte del sistema y del régimen del 78. Enfrentados a ellos, aquella militancia y una parte de los dirigentes que se sienten identificados con las aspiraciones de la clase trabajadora, que siguen creyendo en que la única alternativa conduce al camino de una sociedad socialista. Y llega un momento en que ambas tendencias no son compatibles en el seno de la misma organización. Esa es la situación de Izquierda Unida.
 
La dirección a veces juega un papel que podríamos llamar bonapartista, inclinándose entre los grupos en conflicto. Algo que hasta cierto punto han hecho Cayo Lara, o José Luis Centella, pero ahora parece que el coordinador general de IU ha dejado ese papel de juez imparcial del que le gustaba alardear, para implicarse con todas las consecuencias con el ala de derechas, la de Llamazares, la del “partido Bankia” [2], la del “club de la ceja”, la de PRISA, la de los despachos de los aparatos de CCOO y UGT. Cayo Lara fue elegido coordinador general de IU después de un período tormentoso de crisis en la organización. Con ese dato no daríamos una referencia temporal, pues la vida de IU ha sido la de la “crisis permanente”, parafraseando a Marx.
 
Izquierda Unida surgió en 1986 como un proyecto de unidad popular alternativo a la política del PSOE que, tras un triunfo aplastante en octubre de 1982, había traicionado todas las esperanzas de su electorado. Desde su origen, simplificando un poco, se ha mantenido siempre una pugna entre dos tendencias; por una parte los partidarios de convertir a IU en la rueda de repuesto del PSOE, con una relación de vasos comunicantes en cuanto a respaldo electoral, la otra es la de ser una alternativa al sistema y, por tanto, también una alternativa al PSOE, no un repuesto ni una muleta. Gaspar Llamazares y su ahora partido, Izquierda Abierta, son la expresión más clara de esa opción intercambiable con el PSOE.
 
Cayo Lara sustituye a Gaspar Llamazares
 
Era el año 2008, noviembre, cuando se celebró la IX Asamblea federal de IU. Gaspar Llamazares había conseguido hurtar el resultado de la VIII Asamblea federal y, a pesar de haber quedado en minoría, se mantuvo un mandato más, trucando los resultados y forzando al candidato alternativo, Enrique Santiago, y a quienes lo habíamos respaldado, a aceptar la situación creada o enfrentarse a la escisión.
 
Pero el llamazarismo, a pesar de todos los trucos, llegó agotado a esta IX asamblea de IU tratando de agruparse en torno a una de sus estrellas, Inés Sabanés. La oposición a ese “alter PSOE” de IU buscaba una candidatura en torno a quien agruparse, pero el PCE consideraba a Enrique Santiago demasiado de izquierdas y demasiado independiente respecto a las consignas emanadas de los órganos del PCE, y la persona elegida fue Cayo Lara, un dirigente de perfil discreto y sin especial carisma político, pero que era precedido por una fama de persona honesta que pelearía por la unidad de la organización y, sobre todo, de una cercanía que lo diferenciaba de los anteriores coordinadores. Se convirtió en el candidato oficial del PCE para desbancar a los demás sectores y recuperar el control del aparato de IU.
 
En la misma asamblea federal, a pesar de haber sido el candidato más votado, no pudo ser elegido coordinador, esperando a que se posicionase la federación de Madrid, dirigida por Ángel Pérez (emblemático amigo de Florentino, según relata Escudier [3], y cumplidor de las políticas de Caja Madrid-Bankia), lo que era un mal presagio. A pesar de que algunas personas, entre las que se encontraban Enrique Santiago y yo mismo, insistimos en la necesidad de someter la elección de Cayo a votación, el afectado, de la mano de Willy Meyer (otro mal presagio), no quiso someter su candidatura a la decisión del Consejo Político Federal, aunque tenía suficientes votos garantizados, y su elección se aplazó para dar tiempo a negociar. Es decir, ya se empezaba usurpando las decisiones de la asamblea y del consejo federal para ser sustituido por el juego de camarillas, negociaciones secretas y bambalinas, otro mal presagio, y peor comienzo. IU estuvo sin coordinador un mes, obteniendo un porcentaje de respaldo del 55% en el CPF, algo inferior al que podría haber obtenido de haberse presentado a la votación de los miembros del CPF elegidos en la Asamblea Federal, alcanzando un acuerdo con las otras candidaturas de izquierdas como solía ser habitual.
 
Las maniobras entre bastidores sirvieron para reforzar al sector más burocratizado y derechista. Willy Meyer tenía un papel importante en la nueva dirección federal, así como Ángel Pérez, que entró a formar parte de la dirección permanente, junto a Inés Sabanés y Rosa Aguilar, personificación de la intercambiabilidad con el PSOE que caracteriza al llamazarismo.
 
La mayor parte de la militancia ha atribuido a Cayo Lara el mérito de haber impedido una escisión en IU, de haber recuperado una imagen de credibilidad y cercanía. Sin duda, la organización estaba al borde de la desaparición, siendo cierto que el coordinador supo negociar y atemperar los enfrentamientos de los diversos barones y taifas, el mayor mérito correspondió a la militancia con su labor y su presencia en las movilizaciones, como todo el mundo ha reconocido.
 
La crisis y la movilización social lo cambió todo
 
El contexto económico y político hizo aflorar las contradicciones sociales con gran tensión y la X Asamblea federal de IU en diciembre de 2012, ya expresó una corriente muy clara de choque entre dos tendencias enfrentadas en la organización. Los seguidores de Llamazares habían quedado muy mermados, pero la diferenciación se estaba produciendo en el bloque mayoritario de IU y del PCE. La agitación en la calle, el 15 M, las huelgas generales, la lucha contra los desahucios… habían trastocado las conciencias. La militancia buscaba una respuesta acorde a los tiempos de crisis y lucha, y la dirección estaba anclada en el pasado.
 
El ambiente en la asamblea era de radicalización, las delegaciones respaldaron las propuestas más audaces tanto en la política económica (“la época del pacto social ha muerto”), como en derechos democráticos (“disolución de los antidisturbios”), como en la estructura interna (“limitación y control de los salarios de los cargos públicos a dos veces y media el SMI”, “Soberanía de las asambleas de base en su ámbito y elección democrática de las listas electorales”). La dirección sufrió esta derrota con la calma de quien sabe que el papel se mete en un cajón. Las resoluciones de esa Asamblea jamás han visto la luz y, por supuesto, fueron ignoradas y violadas diariamente por la práctica de la nueva dirección a cuya cabeza se volvió a situar Cayo. Pero no hay mayor droga que el éxito, y aparentemente el futuro de la organización estaba preñado de éxitos, ya que los acontecimientos favorecieron el crecimiento del apoyo a Izquierda Unida que se reflejaba en todas las encuestas, aunque con más dificultad en la militancia. Para muchos dirigentes el aumento de apoyo electoral, que era su principal preocupación, parecía garantizado.
 
Pero se estaban acumulando errores de dirección, incapacidad para democratizar la organización o políticas erráticas, como la entrada en el gobierno andaluz con el PSOE o el apoyo al PP en Extremadura, que también pasaron factura.
 
Ahora queda claro que fueron vientos favorables y que, cuando el viento cambió de rumbo, no había pilotos en una nave que empezó a derivar al pairo de los acontecimientos, hasta que ha sido desarbolada. Pero entonces se atribuía al buen papel de una dirección que ni entendió su ascenso ni mucho menos ha comprendido su declive. Se ha limitado a subir y bajar sin entender. El ser humano, que es capaz de transformar la historia, es en muchas ocasiones un instrumento inerte de las fuerzas que se mueven en ella.
 
Ascenso y declive de IU: el resultado de las europeas
 
Aunque algunos no se han dado cuenta hasta las elecciones andaluzas, el cambio de signo se produjo con las elecciones europeas. Donde en realidad se desencadena la primera escisión de IU: Podemos. Dejemos para otra ocasión el análisis de esta nueva formación política, que en mi opinión encaja a la perfección en la descripción que Gramsci hizo de “partido carismático”, para centrarnos en la evolución de la descomposición de IU [4].
 
Los pronósticos electorales eran tan positivos para IU en las vísperas de las elecciones de mayo de 2014 al Parlamento europeo, que el núcleo duro de su dirección despreció el cambio profundo que se había producido en el ambiente social. Las marchas de la dignidad de marzo habían demostrado que la capa más activa e implicada en el movimiento era muy consciente de la situación, y exigía una participación directa en la elaboración de las políticas y las listas electorales de las formaciones políticas.
 
El aparato de IU, parapetado tras las encuestas electorales, rechazó la posibilidad de una candidatura conjunta con la nueva formación, Podemos, que partía fundamentalmente de personas que habían pertenecido a IU o a su entorno. Desde luego, los promotores de esta nueva alternativa estaban más preocupados por las listas que por el programa a defender, pues defendían en esencia lo mismo que, sobre el papel, constaba en nuestro programa.
 
Al margen de la opinión que se tenga de Podemos, lo cierto es que el aparato de IU-PCE se atrincheró tras algo irrenunciable: el primer puesto era para Willy Meyer, hombre fuerte del aparato de ambas organizaciones, que llegaba a su tercer mandato como eurodiputado; el segundo, para Paloma López que expresaba el acuerdo de hierro con la burocracia de CCOO; y, por supuesto, nada de primarias, sino negociación pura y dura y algún puesto en la lista. El aparato, y el primero Cayo Lara, entendían muy bien que semejante tándem de salida no tenía nada que hacer en unas primarias, y prefirieron sacrificar todo en aras de una concepción burocrática de la política. Todo lo que conseguimos desde la izquierda de IU fue que Marina Albiol y Javier Couso fuesen en la lista en posición de posible salida. La postura de competir en una lista en primarias abiertas fue considerada anatema.
 
Cada día de campaña electoral reflejaba lo inevitable, IU se había aislado del movimiento que entonces estaba en auge, lejos de la depresión del cretinismo electoralista promocionado a día de hoy. Las encuestas y, sobre todo, el ambiente en la calle y en los mítines, iban pronosticando un progresivo descenso de IU y un ascenso de Podemos. Una semana más de campaña y aún perdemos algún otro escaño. La expresión en los rostros de la dirección de IU Federal, en el despacho de la calle Olimpo, en la noche electoral sobrepasa toda la capacidad descriptiva de la que soy capaz, pero digamos que era de estupefacción depresiva. La cara de no entender nada, y algunos aún no lo han comprendido un año y muchos militantes menos después.
 
Podemos ocupó el vacío que dejó la dirección de IU
 
Por si fuera poco, la “cazada” de Willy Meyer con un fondo de pensiones privado pagado con dinero público y administrado por una SICAV. Por si no estaba claro que IU debía haber apostado por las primarias con candidatas como Marina Albiol, Javier Couso, Lara Hernández o incluso Alberto Garzón, y haber forjado la unidad de la izquierda. Hoy otro gallo cantaría, porque no hay estupidez más grande que no entender que las cosas podrían haber sido de otra manera. Como dijo el propio A. Garzón: “Si IU hubiera hecho sus deberes históricos, Podemos hoy no existiría”.
 
IU había desaprovechado la mayor ocasión de su historia para convertirse en el cauce de expresión de las aspiraciones de millones de personas que estaban rechazando la política del PP, y también la del PSOE, y buscaban donde expresarse. No es que Podemos hubiese interceptado el potencial crecimiento de IU, sino que la formación dirigida por Cayo Lara dejó un vacío enorme al negarse a refundarse, a poner la organización en manos de los militantes y de la clase trabajadora, y ese vacío fue ocupado por un grupo indefinido pero que se veía vinculado a los estallidos sociales del período previo.
 
La clave fundamental de Podemos es algo sencillo, la gente que participaba tenía la ilusión de que estaba construyendo su propia herramienta, no votando, sin poder opinar, a una herramienta esclerotizada, con una gran tradición pero, en casos como el de Madrid, infectada por dirigentes insertados en la política institucional de coche oficial, sueldos elevados y opacidad en las cuentas.
 
Posteriormente estalla el escándalo de Bankia. La implicación de la dirección de IUCM en la política del PP en la Comunidad de Madrid, y que algunos de ellos cobraban de Caja Madrid y respaldaban la política del capital financiero frente al pueblo trabajador madrileño, era algo que veníamos denunciando hacía muchos años. Pero al fin, tristemente y de la peor manera, el escándalo de las tarjetas black, la opacidad de FUNDESTE, se venían a unir a los tres millones de euros de deuda de IUCM con Hacienda y la Seguridad Social. El olor a podrido esta vez sí que entró en la calle Olimpo, y en las alturas de IU no se pudieron hacer los locos.
 
A pesar de la resistencia tenaz del aparato de IUCM con el apoyo ferviente de Llamazares y sus gentes, y la propia actitud contraria de Cayo Lara, las exigencias de las federaciones y un informe demoledor de una Comisión Federal de Transparencia (que se mantiene en secreto), culminó con la expulsión de Gregorio Gordo y Angel Pérez. Pero ambos, a día de hoy y con el respaldo implícito de una buena parte de la Comisión Ejecutiva Federal de IU, siguen en sus puestos y dirigiendo IUCM.
 
El proyecto de Alberto Garzón: la necesidad de una revolución interna
 
Tras 29 años de existencia, Izquierda Unida se muestra agotada. Es una gran paradoja pues nunca había sido tan necesaria y tan posible como ahora. Después de tres décadas de lucha tenía la opción de romper el bipartidismo y, sin embargo, se descompone en una crisis interna letal. Su proyecto fundacional, su carácter de movimiento político y social no ha tenido éxito. No sólo carece de vis atractiva para servir de agrupamiento y expresión política de los movimientos sociales, sino que va sufriendo una sangría constante, en Catalunya, en el País Vasco, en el País Valenciano, la CUT en Andalucía, Equo, Podemos… y ahora la marginación en Madrid o Castellón y Extremadura de la militancia que ha apostado por los proyectos de Ganemos, de la unidad de la izquierda en los procesos electorales municipales. La vocación de secta siempre tiene adeptos si hay sillones garantizados.
 
El diagnóstico no puede ser más crudo, o Izquierda Unida lleva a cabo una revolución interna, con un giro radical en su política y métodos, o se enfrenta a la liquidación, eso sí con música de Joaquín Sabina, a coro con Almodóvar, el ex juez Garzón y Cristina Almeida.
 
No se trata de enterrar IU sino, precisamente, de todo lo contrario, de evitar su muerte y eso sólo se puede hacer rescatando su espíritu de partido de clase, no de secta, su programa de revolución democrática y socialista, no su adaptación al sistema. Ninguna reforma palaciega salvará a IU, sólo cabe una auténtica revolución interna, lo que quiere decir sustituir también a la actual dirección, aislada y esclerotizada.
 
Lo más parecido a esa opción de revolución interna en IU, es el movimiento que representa Alberto Garzón, que se ha convertido en una esperanza dentro y fuera de IU, y que es, en consecuencia, el enemigo a batir por todos los secuaces del régimen del 78 en el interior de IU.
 
Por primera vez en la historia de IU se aprobó la elección del candidato de la organización para encabezar la lista de las elecciones generales a través de unas primarias con participación tanto de la militancia como de simpatizantes. Pero el problema es que la mayoría de la dirección de IU-PCE no emprende una refundación sincera de IU, sino el intento de una serie de cambios cosméticos. Se mantiene a todos los viejos dinosaurios en la Comisión Ejecutiva (Willy Meyer, Miguel Reneses, los de IUCM-Llamazares…) y se impide la renovación con el sector más comprometido con Alberto Garzón, a quienes se les mantiene fuera de la dirección (Marina Albiol, Javier Couso, Lara Hernández, Yolanda Díaz…)
 
La maniobra es evidente a varias bandas. Aunque Cayo Lara renuncia a ser candidato en unas primarias frente a Garzón, mantiene un férreo control de la dirección federal y profundiza su alianza con el partido Bankia-Llamazares, que ya han ido conformando un bloque unido al oponerse conjuntamente a que IU depure las responsabilidades por el escándalo de Bankia, en el que están implicados una gran parte de los dirigentes de IUCM, algunos de los cuales forman parte también de los órganos federales de IU.
 
La reacción interna pasa a la ofensiva
 
Dialécticamente, la derrota humillante del aparato ligado a Izquierda Abierta (Llamazares) y al aparato de IUCM (Pérez, Gordo y cía), ha desatado la ofensiva de los sectores más reaccionarios de IU para desbaratar todo lo que representa Alberto Garzón y el proyecto de refundación de IU. En Madrid, la candidatura de Tania Sánchez a la Comunidad y Mauricio Valiente al Ayuntamiento de la capital dejaron, al menos, dos evidencias: el enorme potencial del que aún disfrutaba IU como organización si era capaz de ofrecerse como cauce del movimiento que se ha desarrollado en la sociedad y, algo que habíamos afirmado hace tiempo, que la dirección de IUCM eran una panda que tenía secuestrada a la organización, pues controlaban el aparato estando en minoría entre la base [5].
 
Ante semejante debilidad de los profesionales de la política, deciden boicotear las primarias internas federales y no presentan a nadie frente a Alberto Garzón, y al tiempo comienzan una campaña interna y pública contra él. La razón es muy simple, si Alberto Garzón compite en unas primarias hubiese ganado, con un resultado tan aplastante frente a sus hipotéticos rivales y con tal cantidad de votos, que hubiera quedado blindado no sólo como candidato sino como nuevo dirigente de IU. Al mismo tiempo, la debilidad de los IUCM-Llamazares hubiera sido puesta en evidencia por el ridículo respaldo que hubiesen obtenido. Pues bien, esos son los dos efectos que han evitado al boicotear las primarias.
 
En ese mismo período, la alianza entre los expulsados de IU Federal (Gordo-Pérez) y sus secuaces, con los llamazaristas de Madrid, se atrinchera y lanza un verdadero órdago a la dirección federal. Hace caso omiso a las expulsiones, ignora los resultados de las primarias internas a la comunidad y en los municipios, y consigue su primer triunfo: la marcha de Tania Sánchez de IU, dejándonos en la estacada a toda aquella militancia que le habíamos dado el triunfo en las primarias. Esa ha sido la mayor baza del aparato de IUCM en esta batalla, pues la oposición quedó desarbolada.
 
Sólo una posición de la dirección federal que hubiese mantenido los estatutos y la democracia interna hubiese evitado la evolución posterior de los acontecimientos. Envalentonados dieron un paso más, buscaron un poeta que tuviese el apoyo del “club de la ceja” y de PRISA, anularon las primarias y formaron listas a dedo a la Comunidad y los ayuntamientos. Para dejar clara su catadura moral “compraron”, literalmente, la marca “Ganemos” y hoy en muchos sitios del Estado español, la IU del pasado se presenta con la marca Ganemos unida a sus siglas.
 
Se podría pensar que, ante tanto desmán, la dirección federal de IU intervendría para defender nuestra política y nuestros principios. Pues sí, ha intervenido, por fin, pero para defender a los expulsados, a los usurpadores, a los que no han dado cuenta de su economía o su política, a los que deben tres millones de euros, a los que han cobrado sueldos y ayudas de Bankia…
 
Y Cayo Lara, en contra de la resolución aprobada por la Presidencia Federal, que decidió no reconocer la candidatura de IUCM al Ayuntamiento de Madrid, se presta a la alianza del aparato putrefacto de IUCM e Izquierda Abierta. El paso que ha dado un sector de la Comisión Ejecutiva (incluida la Secretaría de Organización), al preparar el terreno para amparar la lista a las municipales de Madrid del “partido Bankia”, es cualitativo en la evolución de la crisis de IU. Esta violación de la resolución de la última reunión de la Presidencia Federal rompe toda organicidad e implica, inevitablemente, al Coordinador General. A esto debemos unir la suspensión del acto previsto y anunciado para el pasado día 11 de abril en Madrid de apoyo a Alberto Garzón.
 
Lucha de clases en lU: el resultado no está decidido
 
A una parte de los dirigentes más críticos de la organización parece que les está costando reaccionar, y eso pondría en grave riesgo esta lucha contra la degeneración. Debemos entender que se trata de una batalla política y que es de vida o muerte para IU y, por tanto, debe librarse en el terreno político y con todas las armas a nuestra disposición. No estamos ante la incompatibilidad de “los dos proyectos de IU”, porque no se trata de distintos puntos de vista, sino una expresión de la lucha de clases en el seno de IU. Con todas las distorsiones que tiene, pero es el enfrentamiento entre la presión de los intereses de nuestra clase, por un lado, y, por el otro, los del sistema y del régimen del 78.
 
El problema es que, como en la lucha de clases, cuando una oportunidad se pierde no hay convocatoria de septiembre. El enemigo no espera tranquilamente, sino que aprovecha para destruir al adversario. Y, en esto, la reacción siempre muestra una mayor decisión (o falta de escrúpulos) y carácter implacable. Quieren destruir la posibilidad de refundación de IU y debemos reaccionar para evitarlo. Llevamos tiempo explicando esto, pero algunos de los compañeros y compañeras decisivas en esta lucha, deben asumir esta realidad y actuar en consonancia con la gravedad.
 
No hay duda, dentro de unos meses la IU que conocemos ahora no existirá, pero el rumbo no está decidido y la militancia crítica, con nuestras modestas fuerzas, tenemos mucho que decir en esta batalla de vital importancia para el futuro.
 
Una buena iniciativa sería lanzar una declaración política en todo el Estado para agrupar a la militancia de IU que quiere un cambio democrático y combativo de la organización, sobre la base de algunos puntos de democracia interna y de transformación social.
 
Los resultados de las elecciones andaluzas muestran la evidencia de que IU sigue siendo imprescindible para articular el frente de izquierdas capaz de conquistar el cambio social que anhela el pueblo. Pero, al tiempo, es un aviso apremiante de la necesidad de hacer una urgente y profunda reflexión, que desemboque en cambios internos inaplazables en la organización federal y en el conjunto de las federaciones.
 
La unidad de la izquierda no es una opción, es la única posibilidad de plantar cara al bipartidismo. La división o la debilidad frente a los partidos del régimen del 78, les ofrece la ocasión de recomponerse y perderíamos una oportunidad histórica de impulsar un proceso constituyente. Es una evidencia que, tras las movilizaciones que culminaron en las marchas de la dignidad de marzo de 2014, el Gobierno del PP estaba contra las cuerdas y el PSOE se mostraba agotado. Ha bastado un período de desorientación de la izquierda, tanto de IU como de Podemos, las riñas y, sobre todo, el abandono del énfasis en la movilización para centrarse en las tácticas electoralistas, para que la burguesía esté tomando aire y acaricie la esperanza de volver a tener mayoría uniendo el PP a Ciudadanos.
 
En consecuencia, quienes torpedean este proceso de unidad le hacen el juego al régimen bipartidista monárquico. No debemos hacer de la “unidad” un fetiche, pues “Podemos” ha reproducido todos los errores de IU, empezando porque algunos de ellos, como Juan Carlos Monedero y otros muchos ex cargos que han ido corriendo a esta formación, son las mismas personas que contribuyeron a llevar a IU a esta situación. El aparato burocrático se ha reproducido a velocidad de tuit, más moderno pero con los mismos tics. No es en los aparatos de Podemos e IU donde está el futuro de un partido que sea la expresión orgánica de los intereses del pueblo trabajador, pero si en su militancia. La unidad debe ser unidad para movilizar, para recuperar el terreno, barrer el sectarismo y forjar una nueva fuerza que pueda acometer la transformación de la sociedad, y eso sólo lo hará la militancia con el compromiso desde abajo, o no se hará.
 
La experiencia vivida por el pueblo griego nos demuestra que la historia abre su camino a los audaces, audentes fortuna iuvat, diría Virgilio. Pero ese logro ha tenido condiciones: la lucha de la clase obrera como protagonista del cambio con treinta huelgas generales en 5 años, la unidad de las principales fuerzas políticas y sindicales, una bandera bien visible de izquierda (SYRYZA es, Coalición Radical de Izquierdas) y, además entender que sólo arrebatando al PASOK su base electoral se podía alcanzar el triunfo. Más allá del destino que la lucha depare al pueblo trabajador griego, han demostrado que la opción de transformar la sociedad está en nuestras manos. Esa debiera ser la guía de IU.
 
Las tareas inmediatas
 
Además, en IU tenemos una tarea inmediata, es necesario reafirmar que los procesos que han llevado a candidaturas que han ganado limpiamente elecciones primarias, en diversos municipios y comunidades autónomas, no pueden ser boicoteados, tal como se está produciendo en algunos casos, y requieren del apoyo del conjunto de la organización federal. Especialmente debemos dejar claro que la candidatura encabezada por Mauricio Valiente es nuestra candidatura en la ciudad de Madrid, y llamamos a que los órganos federales de IU respalden esa opción sin ambigüedades, respetando el acuerdo tomado por la Presidencia Federal.
 
IU Federal carece de una dirección política y organizativa a la altura de las circunstancias. La alianza sin rubor entre la camarilla de IUCM, Izquierda Abierta y sectores ligados directamente al PSOE, están llevando a cabo un boicot desde la CE Federal de IU contra la candidatura de Alberto Garzón, y lo que esta representa de apuesta por una política de izquierdas frente al bipartidismo y de unidad para derrotar al PP.
 
El coordinador general de IU, Cayo Lara, debe aceptar la organicidad, la democracia interna, no sólo cuando le favorece, sino también cuando le es contraria. Jugaría un papel muy positivo si fuese leal al proyecto, a los principios y a la democracia interna, pero si se empeña en dilapidar el capital político acumulado que es patrimonio de la militancia, siempre tiene una salida más honrosa que la que está adoptando. Si no acepta ni comparte el liderazgo de Alberto Garzón y lo que esto representa, debiera dimitir y convocar una Asamblea extraordinaria de IU de forma inmediata.
 
No hay otro terreno para saldar las diferencias políticas que el debate abierto, el contraste de ideas, proyectos y personas y la decisión de las bases y, sobre todo, el inapelable dictamen de los acontecimientos. Lo que está en juego no son unas siglas, sino el futuro de la clase trabajadora.

Notas
Alberto Arregui es miembro de la Presidencia Federal de Izquierda Unida, órgano que no reconoce la candidatura de IUCM al Ayuntamiento de Madrid.
[2] “Partido Bankia”. Es la denominación con la que habitualmente se refieren en el seno de IU a las personas implicadas en la gestión de la política de IUCM en Caja Madrid-Bankia, que tuvo al frente a Moral Santín, Angel Pérez, Gregorio Gordo, Carlos Paino, Borja Goñi… entre otros.
[3] Forentino Pérez. Retrato en blanco y negro de un conseguidor. Juan Carlos Escudier (capítulo titulado “El marxismo ladrillismo”)
[4] “...el llamado "carisma", en el sentido utilizado por Michels, coincide siempre en el mundo moderno con una fase primitiva de los partidos de masa, fase en que la doctrina se presenta a las masas como algo nebuloso y no coherente, que necesita de un papa infalible para ser interpretada y adaptada a las circunstancias.”
“…Esta es la ventaja de los partidos carismáticos sobre los otros, basados en un programa bien definido y en los intereses de clase. Es cierto, sin embargo, que la duración de los partidos carismáticos está regulada con frecuencia por la duración de su impulso y de su entusiasmo, que tiene a veces una base muy frágil.” Antonio Gramsci.
[5] En la Comunidad de Madrid: Tania Sánchez, 5.101 votos (1.730 de afiliados y 3.371 de simpatizantes), frente a los 3.226 de José Antonio Moreno (1.254 de afiliados y 1.972 de simpatizantes) y los 699 de Julian Sánchez Vizcaíno (315 de afiliados y 384 de simpatizantes).
En el Ayuntamiento de Madrid: Mauricio Valiente, 1.875 votos (601 de afiliados y 1.274 de simpatizantes), frente a los 1.054 de Raquel López (357 de afiliados y 697 de simpatizantes) y los 246 de Lali Vaquero (117 de afiliados y 129 de simpatizantes).
 

29 abril 2015

Leyendo a Hugo Chávez en el segundo aniversario de su muerte.

<em>Leyendo a Hugo Chávez en el segundo aniversario de su muerte</em>
Por David Becerra
               
EL 5 de marzo se cumplieron dos años de la siembra de Hugo Chávez Frías. Digo siembra, y no muerte, porque Chávez no ha muerto, o al menos no ha muerto del todo. Porque no muere quien deja sembrado un legado que habrá de florecer en esta primavera consagrada llamada Revolución.
 
A los medios de comunicación a menudo se les olvida que la libertad de información no es un privilegio de los periodistas y sus dueños, sino que es un derecho que le pertenece al conjunto de la sociedad: la ciudadanía tiene derecho a estar informada, no intoxicada con informaciones falsas, medias verdades que en realidad son completas mentiras, tergiversaciones o manipulación de los hechos. Cuando hablan de Hugo Chávez, y de Venezuela en general, los intereses del gran capital –que financian y sustentan a los medios– se ponen por encima de la verdad.
 
Solo hay un modo de enfrentarnos a las mentiras de los grandes medios: leyendo y estudiando. Acudiendo a los libros que tratan sus temas con rigor. Por esta razón, en un día como hoy, quizá no haya mejor forma de entender Venezuela, de entender quién fue Hugo Chávez, que leyendo dos libros que se acercan con exhaustividad y voluntad científica e informativa, verdaderamente informativa, a Chávez y a lo se ha convenido en denominar chavismo
 
El autor del primero de ellos es Alfredo Serrano Mancilla y lleva por título El pensamiento económico de Hugo Chávez (El Viejo Topo, 2014). Frente a quienes pretenden encerrar en categorías estancas y en etiquetas clásicas el pensamiento económico de Chávez, Alfredo Serrano se detiene a observar su sincretismo y el modo en que se va configurando en sus distintas fases: «Chávez desarrolla una matriz propia de pensamiento económico difícil de encajar en paradigmas predefinidos. Esto nos obliga a estudiarlo como creador de un pensamiento económico propio, con un sincretismo tan amplio, diverso y complejo que constituye un paradigma particular (…). El pensamiento económico de Chávez es pura dialéctica, inteligencia en situación, en donde se enfrentan los planos empírico y teórico, político, social, histórico y cultural. Los intentos de clasificar a Chávez en un catálogo preestablecido son infructuosos». El propio Hugo Chávez lo reconoció en una ocasión: «yo más bien creo que tengo un poquito de cada cosa que uno va recogiendo en los caminos».
 
Pero, ¿qué es lo que va recogiendo por el camino Hugo Chávez para construir su pensamiento? El ensayo de Alfredo Serrano Mancilla lo detalla con rigor. En una primera etapa, sostiene el autor, Chávez toma un enfoque cepalino de la economía política, esto es, asimila los postulados de la CEPAL [Comisión Económica para América Latina y el Caribe], muy en auge en los años sesenta y setenta en el subcontinente. El enfoque cepalino se asentaba sobre tres pilares: el nacionalismo, la soberanía y el anti-imperialismo. Sin cuestionar en momento alguno el modelo capitalista, el Estado asumía el papel de motor de un proceso de industrialización y desarrollo con el fin de disminuir la relación de dependencia con respecto a las potencias del Norte. Las referencias políticas –y, por extensión, económicas– de Hugo Chávez en este primer periodo eras tres: Velasco Alvarado, presidente de Perú desde el triunfo de la Revolución de la Fuerza Armada de 1968, que fue el primer general progresista y nacionalista que llevó a cabo una política humanista, poniendo en marcha un reforma agraria y nacionalizando la banca, la industria pesquera y los sectores estratégicos; Juan José Torres, presidente de Bolivia, mestizo y de familia empobrecida, que llevó a cabo también una política económica basada en la soberanía y la recuperación de las riquezas nacionales; y Omar Torrijos, presidente de Panamá, hijo de maestros rurales y de familia humilde, que luchó contra lo que denominó «colonialismo disimulado» a través de una política desarrollista nacionalista que impugnaba las imposiciones llegadas del Norte. En ningún caso se cuestionó, mediante estas políticas, el capitalismo, y acaso por esta cuestión su éxito fue relativo, cuando no estuvieron directamente abocadas al fracaso. Había, pues, que reformular estas tesis.
 
Chávez, entonces, incorpora a su pensamiento lo que se ha llamado el «árbol de las tres raíces»: Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. «Este triángulo de referencias iba dando contenido nacional, de patria y soberanía, a un proyecto político y económico que comenzaba a trazarse», afirma Alfredo Serrano Mancilla; y, como recuerda más adelante, Chávez resumía estas tres raíces de la siguiente forma: «la idea geopolítica de Bolívar; la idea filosófica de Simón Rodríguez; y la idea social de Ezequiel Zamora». Chávez descubre América, las raíces revolucionarias de América Latina, antes que a Marx.
 
A medida que la Historia avanza, se produce el «Caracazo» en 1989 y fracasa el golpe de Chávez de 1992 contra las políticas neoliberales que estaban llevando al país a la ruina, Chávez va consolidando su pensamiento político y económico, situándose cada vez más en una postura antineoliberal, si bien todavía no anticapitalista. En la cárcel de Yare, donde permanece privado de libertad desde 1992 a 1994, Chávez no desaprovecha el tiempo y se alimenta de lecturas que resultarán fundamentales para la construcción de su paradigma económico. Lee al marxista y gramsciano Jorge Giordani, al ex ministro de Economía del gobierno de Allende, Carlos Matus, y al socialista argentino Óscar Varsavsky. De sus lecturas extrae la idea de la planificación económica para llevar a cabo un correcto desarrollo económico, desde una noción radicalmente enfrentada a las teorías hegemónicas del desarrollo. Como fructuosas serán también las lecturas del marxista húngaro Istvan Mészáros, de quien asimila la noción de «transición hacia el socialismo», y de Julius K. Nyerere, líder africano de quien aprehende el concepto de «Sur», más allá de ser entendido como un punto cardinal, lo interpreta en clave geopolítica.
 
Este era Hugo Chávez antes de ser el Hugo Chávez que asumió la Presidencia del Gobierno de Venezuela en 1999 y que inició un proceso constituyente para devolverle al país las riendas de su destino, hasta el momento secuestrado por las políticas de ajuste neoliberal que empobrecían al pueblo y mal vendían la patria a las grandes corporaciones multinacionales. Chávez comienza una primera etapa en el gobierno con un pensamiento económico que, ni mucho menos, podemos calificar de socialista. En este momento, Chávez inaugura la Agenda Alternativa Bolivariana, cuyo enfoque era más humanístico que anticapitalista, aunque sí ya claramente antineoliberal: no cuestiona el capitalismo, sino su gestión neoliberal. Los pasos hacia el socialismo del siglo XXI no llegarían hasta el 30 de enero 2005, cuando Chávez proclama, en el Foro Social Mundial en Porto Alegre (Brasil), que la única alternativa al neoliberalismo no puede ser sino el socialismo del siglo XXI que, como señala Serrano Mancilla, «no [es] un socialismo del pasado, sino un socialismo que había que inventar, construir». Para que Chávez alcance esas posiciones Venezuela ha tenido que sufrir dos duros golpes: un golpe de Estado en abril de 2002 y un golpe de mercado en 2003. El látigo de la contrarrevolución fue el que desencadenó una Revolución socialista y bolivariana como la que, todavía hoy, sigue viva en Venezuela.
 
Pero, ¿en qué consiste la Revolución Bolivariana? En otro libro, tan interesante y necesario como elLos siete pecados de Hugo Chávez (Yulca, 2014) y está firmado por el reputado periodista belga Michel Collon. En el libro, el autor pasa revista, desde su posición de testimonio que ha observado de cerca el proceso, a las más interesantes conquistas de la Revolución Bolivariana. La primera de ellas, y acaso la más destacada, ha sido romper el círculo vicioso de la pobreza a la que estaba condenada una parte de la población venezolana. La primera batalla, para romper el círculo, no pudo ser sino contra el analfabetismo: «El alfabetismo opera en un terrible círculo vicioso: pobre, por tanto, ignorante, por tanto, sin trabajo, por tanto, pobre. ¿Cómo salir de él?» Y añade Collon: «el hambre refuerza el círculo vicioso de la pobreza: los niños mal alimentados acceden a la escuela más tarde, presentan una memoria y una atención más débil, y en consecuencia, aprenden menos. Y abandonan la escuela tan pronto como pueden, especialmente si se requiere su trabajo para alimentar a la familia». Hay políticas que son urgentes y Chávez da de inmediato inicio a las llamadas «Misiones» para combatir el analfabetismo, la pobreza y la exclusión social. Con la «Misión Robinson», y el programa cubano «Yo sí puedo», Venezuela se proclama país libre de analfabetismo en 2005. Otras «Misiones» permiten la democratización del acceso universitario («Misión Sucre»), el derecho a la asistencia médica («Misión Barrio Adentro») o la posibilidad de acceder a la compra de alimentos a precios justos («Misión Mercal»).
de Alfredo Serrano Mancilla, se describe de forma muy detallada los logros, y asimismo los retos, de la Revolución. Se titula
 
Cuando Chávez alcanza el gobierno –que no el poder, que sigue en manos de la burguesía nacional e internacional– se ve obligado, por la realidad, a poner en marcha políticas urgentes que logren sacar de la pobreza y de la exclusión a miles de compatriotas de manera inmediata. Pero a la vez se trabaja con un horizonte más lejano, y asimismo se pone en marcha una política a largo plazo capaz de transformar, de forma radical, el funcionamiento del sistema y sus instituciones. Profundiza la democracia aumentando la participación ciudadana, permitiendo que las decisiones sobre el destino nacional se tomen de forma soberana y no obedeciendo los mandatos de los organismos multilaterales extranjeros; crea la figura del referéndum revocatorio para que se pueda someter a nuevas elecciones al mandatario aun cuando no haya terminado su legislatura; empodera a la ciudadanía a través de los Círculos Bolivarianos y los Consejos Municipales, que integran tanto a partidarios chavistas como a sus opositores, y que tienen la función de «supervisar la aplicación de las decisiones de las autoridades locales y de controlar el uso de los presupuestos»; fomenta la participación de los trabajadores en la toma de decisiones de las empresas en las que desarrollan su actividad laboral y se promociona la fundación de cooperativas y empresas mixtas que trabajen al servicio del desarrollo endógeno de cada territorio o región.
 
Con todo lo anterior, ¿cómo es posible que se trate a Chávez de dictador y, desde algunos sectores, no se reconozca que Venezuela es una auténtica democracia? Porque Chávez no se ha sometido al poder de los medios de comunicación ni ha bajado la cabeza ante los Estados Unidos. Chávez ha cuestionado el poder hegemónico global, y los poderosos no se lo perdonan. Por eso no dejan de golpear a Venezuela: golpes de Estado, golpes de mercado, golpes mediáticos.
 
No perdonan que Chávez haya restituido la esperanza por una vida digna y mejor en América Latina, un continente acostumbrado a la pobreza, que había naturalizado la desigualdad, como si de un mal endémico se tratara. Chávez le dijo al continente –y al mundo– que la pobreza no caía del cielo, sino que era resultado de unas políticas económicas concretas, que ponían a los intereses de los mercados por encima de las personas. A pesar del relato que tratan de construir los medios, Chávez ha materializado un sueño por muchos compartido: que otro mundo es posible, que podemos vivir fuera del neoliberalismo.
 
Lo que sucede es que cuando los pobres gobiernan, los ricos se manifiestan.
 
 

25 abril 2015

El Partido Comunista ya es segunda fuerza política en Japón: No al capitalismo, no a las nucleares, no al lacayismo con EEUU.

Que las ideas de izquierda están ganando espacios electorales en distintos países europeos no es ninguna novedad. El auge de Syriza en Grecia o Podemos en España da buena fe de ese giro político hacia posiciones anticapitalistas.
 
Sin embargo, esta evolución ha empezado a reproducirse lejos del Viejo Continente. Concretamente, el Partido Comunista de Japón está subiendo como la espuma entre las preferencias de los votantes del país asiático.
 
Esta formación política, que aspira a “agrupar a trabajadores y agricultores”, viene de conseguir un gran resultado en las elecciones municipales que se celebraron a lo largo del pasado fin de semana. Extrapolando sus votos en clave nacional, el partido que lidera el camarada Kazuo Shii se ha convertido en el segundo con más apoyos entre la sociedad nipona.
 
Las encuestas no anticipaban este auge de la izquierda entre el electorado. Se esperaba que el principal partido de la oposición mejorase sus resultados y recortasen distancias con la formación que ocupa el Gobierno.
 
En vez de suceder esto, el Partido Comunista se ha consolidado como el segundo partido de Japón, despertando las alarmas entre analistas e inversores. Tal y como ha explicado The Economist, “nunca se pensó que los comunistas japoneses pudiesen llegar al poder…”.
 
¿Qué propone esta formación para la economía japonesa? Su principal punto programático se centra en desmembrar la economía de mercado. Otras propuestas incluyen el fin de la alianza con Estados Unidos, el cierre de las centrales nucleares o la aprobación de medidas fiscales confiscatorias contra las empresas.
 
No, no encontraran nada al respecto de esta noticia entre los principales medios españoles de prensa, radio y televisión (El País, El Mundo, La Razón, ABC, A3, T5, La Sexta, Cuatro, TVE, la SER, COPE, etc.).
 

18 abril 2015

¿Como se gobierna en Ayuntamientos de izquierdas?.

En este vídeo  es de una conferencia de IU de Arriate (Málaga), donde Santiago Jiménez, Paqui Bejarano y Antonio Ruiz Martos, alcalde y concejales de IU en Villaverde del Río, explican cómo se gestiona un ayuntamiento aplicando las ideas del marxismo revolucionario.
 

 
 
 
 
 
 
 
 

16 abril 2015

17 de Abril: Día de las Luchas Campesinas contra las Transnacionales y los Tratados de Libre Comercio.



Director: Miguel Barros.

Sinopsis: La temática del documental es la historia del MST (Movimiento de Los Sin Tierra de Brasil). El MST representa la lucha por la justa distribución de la tierra y por la reforma agraria en Brasil. El documental denuncia las injusticias en el reparto y explotación agrícola de la tierra cultivable en Brasil, y muestra como el Movimiento Sin Tierra está luchando para mejorar las condiciones de vida de millones de familias brasileñas marginadas en el campo y las ciudades.

Comunicado La Vía Campesina

(Harare, 30 de Marzo de 2015) La Vía Campesina Internacional  definió  el 17 de Abril  como - el Día Internacional de las Luchas Campesinas -  para  visibilizar  y denunciar la criminalización de la protesta,  persecución y violencia que enfrenta cotidianamente el campesinado  a causa de la implementación del modelo neoliberal y del agronegocio en el campo. Para el Movimiento Campesino Internacional  es urgente agilizar la aprobación de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y otras personas que trabajan en zonas rurales como una herramienta de lucha para garantizar una vida digna en el campo. 

Este 17 de Abril de 2015, La Vía Campesina Internacional centrará su movilización en   los impactos de las Empresas Trasnacionales y los Tratados de Libre Comercio para la Agricultura Campesina y la Soberanía Nacional.  Por lo cual, en esta Jornada de Acción Global   llamamos a fortalecer la lucha social  y  la organización  de los pueblos  en todo el mundo para reivindicar  la tierra y  la reforma agraria,  así como el  derecho ancestral a la tierra y territorios como dos condiciones indispensables para la  Agricultura Campesina y la Soberanía Alimentaria de los Pueblos. 

Desde 1996 – en memoria de la masacre de 19 campesinos sin tierra de Brasil – en el  movimiento campesino internacional crece y se fortalece la jornada de acción  y movilización global, fortaleciendo la solidaridad y  la resistencia, así como también profundizando la alianza entre el campo y la ciudad a favor de un proyecto de sociedad basada en  justicia social y la dignidad de los pueblos. 

Nosotras las campesinas y campesinos, indígenas, afrodescendientes, sin tierra  luchamos por un modelo de Agricultura Campesina y soberana,  por lo cual  los Tratados de Libre Comercio  se han constituido  en   tratados de libre despojo, de expulsión y desaparición del campesinado, pues se fundan en  una agricultura capitalista,  industrial, subsidiada y altamente tóxica que  se negocia bajo la influencia y los intereses de unas pocas corporaciones transnacionales.

Para La Vía Campesina las políticas de apertura y  los procesos de desregularización solo favorecen a las transnacionales, puesto estos Tratados y Acuerdo Comerciales,  ya sean multilaterales y bilaterales, buscan básicamente proteger a las empresas extranjeras, estableciendo un conjunto de condiciones, medidas, y reglas para  asegurar  la protección plena de las inversiones de las empresas extranjeras, mientras que esta liberalización del mercado tiene  severos impactos económicos y sociales en los campesinos tanto del norte como del sur.  Con los TLC priman los derechos comerciales por sobre todos los demás derechos.

Para ejemplificar, actualmente, se debate  los Acuerdos de Libre Comercio y de Liberalización de las Inversiones entre la  Unión Europea  con  Estados Unidos y Canadá  que serían los más importantes jamás firmados. Los cuales tendrán un impacto global y determinarán las nuevas normas en favor de las transnacionales. Y éstas tendrán las herramientas para manipular todas las regulaciones, las normas y las políticas públicas para aumentar sus beneficios: el mecanismo de Resolución de Conflictos entre Inversores y Estados (RCIE) y el Consejo de Cooperación Regulatoria. Por lo tanto, los Estados, las regiones y las comunidades perderán su poder para proteger a los ciudadanos y a su entorno.

En ese sentido, denunciamos el  “arbitraje” mecanismo que usan estás empresas transnacionales el cual  se constituye una suerte de globalización, transnacionalización y privatización del sistema judicial, en el que las empresas privadas dictan las normas, así como una estrategia para debilitar a los estados  y las soberanías nacionales. En el caso de la tristemente célebre Organización Mundial de Comercio (OMC), que intenta renovarse para no perder total relevancia, este año viene con una nueva ofensiva contra los sistemas nacionales de producción, distribución, y almacenamiento alimentario, buscando debilitar a los sistemas públicos de protección para el pueblo.

En esta Jornada de Acción Global, La Vía Campesina hace un llamado a sus organizaciones, aliados y amigos  a realizar una serie de  acciones en los países y territorios con el fin de reforzar esta lucha global. Estas actividades pueden ser movilizaciones, tomas de tierras, intercambio de semillas, ferias de soberanía alimentaria, foros, eventos culturales, etc.

Les pedimos que registren estas acciones enviándonos informaciones sobre ellas para que de esta manera podamos visibilizar esta gran jornada mundial de lucha lvcweb@viacampesina.org 

Publicaremos un mapa de acciones en todo el mundo en www.viacampesina.org

También les animamos a compartir fotos, videos, afiches y audios para www.tv.viacampesina.org

09 abril 2015

CONFERENCIA “REPÚBLICA FEDERAL” CON CRISTINA SIMÓ.

SÁBADO 11 DE ABRIL. 19:00 H. SEDE PCE-LEÓN (C/ RAMÓN Y CAJAL).
 
 
El sábado 11 de abril a las 19:00 horas tendrá lugar en la sede del PCE de León (C/ Ramón y Cajal, 29) la Conferencia titulada “República Federal”, con la presencia de Cristina Simó, militante del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) y Secretaria de la Mujer del PCE. La conferencia está organizada por el Partido Comunista (PCE) y la Juventud Comunista (UJCE).
 
Esta conferencia forma parte del ciclo de actividades que tendrá lugar en la ciudad de León referidas a la conmemoración, el próximo 14 de abril, del 84 aniversario de la proclamación de la II República en España. Simó también estará presente en el Acto de Homenaje a las y los republicanos fusilados en el Cementerio de León, que se celebra todos los años y que tendrá lugar el domingo 12 de abril a las 12:00 horas en el Monumento a los Republicanos fusilados en el Cementerio de León. Así mismo, el martes 14 de abril tendrá lugar una manifestación a favor de la Tercera República con salida del Jardín del Cid a las 19:00 horas.
 
Para el Partido Comunista de España (PCE) el impulso de un proceso constituyente que nos lleve a la Tercera República es una prioridad dentro de la lucha contra el sistema que nos ha situado en la peor crisis económica y social desde los años 70. Nuestra propuesta de República con democracia participativa se configura como alternativa al marco político-constitucional (monarquía parlamentaria) y al modelo económico (neoliberalismo). Será una República identificada como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo frente a la concepción actual de un gobierno elitista donde los recursos del sector público están controlados por las grandes corporaciones financieras y donde la deuda de la Banca Privada debe ser pagada por la ciudadanía.
 
Cristina Simó es militante del PSUC y Secretaria de la Mujer del PCE. Es concejala del grupo municipal ICV-EUiA-EPM de Sils (Provincia de Girona). Escribe habitualmente en Mundo Obrero. Trabaja como maestra.