16 marzo 2014

El intelectual orgánico.

Una de las aportaciones determinantes de Lenin al marxismo fue la creación de un partido de nuevo tipo, una organización política que hasta entonces no existía, desconocida incluso para el propio movimiento obrero, cuyas formas de organización eran los partidos "de masas" típicos de la II Internacional. Pero Lenin no sólo plantea un nuevo tipo de organización sino una nueva tarea para ella: la de vanguardia, es decir, la de dirigir a las masas. Pero, ¿qué es dirigir?

Encerrado en las cárceles fascistas, Gramsci utilizó un lenguaje elíptico para explicar la naturaleza de la dirección política y habló de un "intelectual orgánico", un concepto prostituido -como el propio Gramsci- por el revisionismo, que ha desviado la atención para proponer una alianza entre los obreros y los intelectuales. De aquí parece deducirse que los intelectuales son algo distinto a los obreros, otro sector social cuyo papel en el capitalismo contemporáneo pretenden determinar.

Los revisionistas han tergiversado a Gramsci lo mismo que a los demás comunistas. Lo han convertido al idealismo utópico de Platón en el que los que deben regir las sociedades son los sabios, los que tengan conocimientos, lo que en última instancia se reduce hoy a quienes tengan diplomas académicos, cursillos y másters. Es esa estúpida concepción en boga que censura a los ministros que carecen de un título colgado de la pared.

Naturalmente que Gramsci habla de otra cosa. No se refiere a los intelectuales ni a que sean ellos los que dirijan sino a que la dirección de la lucha de clases es de naturaleza intelectual. La organización, la cohesión y la actuación de una clase como tal clase, tanto de la burguesía como del proletariado, requiere una experiencia (una práctica, una habilidad) política, social, cultural, científica, militar, económica y técnica. Los conocimientos intelectuales no son el punto partida sino que derivan de esa práctica. Los comunistas se refieren a eso cuando hablan de "cuadros" y de "revolucionarios profesionales", es decir, de los militantes del partido comunista cuya profesión es la revolución proletaria. Son ellos (y no los intelectuales) quienes dirigen al proletariado. Ellos son la conciencia de la clase obrera y su dirección es de la misma naturaleza que cualquier otra forma de conciencia: intelectual.
 

Para explicar su función Gramsci la contrapone al tipo tradicional de intelectual, el personaje ilustrado (escritor, filósofo, artista) que, por el dominio de un habilidad especializada, se cree por encima de las clases y de sus luchas y pretende apoyarse en un auditorio nacional o internacional incluso. En el siglo XIX el prestigio y la posición de algunos escritores, como Emilio Zola en el caso Dreyfus, no sólo le independizaban del poder político sino que le permitían el ejercicio de una cierta "crítica" que, por lo demás, era una dedicación al margen de la suya. El intelectual no era un profesional ni en la defensa ni en la crítica de las clases sociales.

Gramsci se refiere a otro tipo de intelectualidad. Según el comunista italiano con el desarrollo del capitalismo los intelectuales no se limitan a interpretar la sociedad sino que la dirigen con plena conciencia de ello. El concepto de intelectual orgánico sigue la misma línea que los de conciencia de clase (Marx y Engels) y vanguardia (Lenin). La conciencia de la clase obrera es su vanguardia y como cualquier otra forma de conciencia es de naturaleza predominantemente intelectual. Si Gramsci hablaba de un "intelectual orgánico", también se puede hablar de la organización del intelecto o de la organización de la conciencia (de clase), es decir, de militantes de organizaciones que trabajan organizadamente.

No se trata, pues, de cualquier clase de elaboración teórica de esas típicas que escriben los profesores, economistas o filósofos seudomarxistas, sino únicamente de aquella que está organizada, que es colectiva, que procede de una discusión mantenida dentro de una organización y para una organización, para el cumplimiento de su papel de vanguardia, de su línea y de su programa revolucionario.

La alusión a un tipo tradicional de intelectuales por parte de Gramsci pone de relieve el cambio de su papel en la nueva etapa imperialista, que desarrolla el trabajo complejo, intelectual, frente al trabajo simple y manual característico de la fase anterior. Ya no son personalidades individuales sino un único "intelectual colectivo". Gramsci llamaba así a todos aquellos que ejercen "funciones organizativas en sentido lato, tanto en el campo de la producción como en el de la cultura y en el político-administrativo". Hay muchos más intelectuales hoy que en el pasado y, a diferencia de los tiempos de Zola, la inmensa mayoría de ellos han sido plenamente domesticados. La universidad actual es el mejor ejemplo de su sumisión. Hoy lo verdaderamente exótico es encontrar un maestro, un profesor o un catedrático con una mínima capacidad crítica.

Para Gramsci, como para el materialismo histórico en general, el "laissez faire" (la espontaneidad) no existe, la lucha de clases no es un fenómeno espontáneo sino dirigido. Las clases sociales quieren dirigirlo todo pero todo no se puede dirigir, y menos bajo el capitalismo, que es un modo de producción anárquico por naturaleza que conduce a las crisis, por lo que la tarea de la burguesía es utópica en última instancia.

En contra de lo que piensan tanto los burgueses como los anarquistas, la sociedad capitalista se orienta conscientemente y esa orientación es un fenómeno general que no concierne sólo al proletariado, sino también a la burguesía. La conducción requiere de organizaciones, de un programa, de una línea y de una ideología. En la medida en que son conscientes, las clases sociales miran al futuro más que al pasado. No improvisan sino que actúan de manera planificada y sistemática. El intelectual orgánico no es el cronista de una realidad pasada sino el diseñador de la política futura, de lo que los anglosajones llaman "policy makers": diseñadores de políticas (económicas, sanitarias, ambientales, internacionales).

Son las formas de dirección de las clases sociales las que han cambiado porque bajo el imperialismo las sociedades han cambiado. Si Marx y Engels demostraron que el capitalismo conduce a las crisis, Lenin demostró que en su fase última las crisis se han hecho crónicas. Por consiguiente, la tarea de dirección de la burguesía es utópica por partida doble, lo cual favorece la tarea inversa del proletariado. La propia construcción de un partido de nuevo tipo por el proletariado se corresponde con la crisis, la descomposición y los cambios sociales que el imperialismo trae consigo.

A la burguesía las crisis no le deben sorprender, no puede soportar imprevistos. Por eso diseña planes para todo, tanto para emergencias meteorológicas, como militares o sanitarias; aprueba alertas amarillas, estados de alarma, planes de evacuación y salidas de emergencia ante cualquier eventualidad, lo que pone al Estado imperialista en un estado de renovación permanente. La crisis crónica ha hecho de la seguridad y la gobernabilidad sus elementos identificadores.

A pesar de su condición de vanguardia, el intelectual organizado, incluido el burgués, agrupa masas importantes, o aspira a ello al menos. Para cualquier clase social la tarea de dirección concierne a las masas, a las suyas propias, a las de su clase y a las de las demás clases. Ese es el concepto de hegemonía que también acuñó a Gramsci. Se trata de determinar quién dirige a quién, o a la inversa, qué clase social va a desempeñar un papel subalterno. No se trata sólo de saber dirigir, cómo dirigir, sino de algo aún más profundo: de saber en qué consiste dirigir, algo bien diferente -exactamente opuesto- a "dar órdenes", mandar o mangonear.

La homogeneidad de la clase es hegemonía ideológica. En cada momento el intelectual orgánico identifica los intereses de su clase y la cohesiona en torno a ellos, desarrollando una ideología que no es de naturaleza técnica ni económica, sino política porque reune los tres requisitos imprescindibles para imponer su hegemonía dentro de su clase y de las demás:

a) es consciente requiere un cierto grado de elaboración y difusión, así como la imposición de un lenguaje característico
b) es partidista, es decir, responde a los intereses de una parte de la sociedad, de una clase
c) es activa, forma un programa de acción e incluso una "ética", es decir, está destinada a la práctica

Para Gramsci todas las personas son intelectuales, en tanto que en mayor o menor medida todas emplean las facultades intelectuales de que disponen. Pero al mismo tiempo consideraba que en la sociedad no todos ejercen una función intelectual. Él se refería a quienes, como consecuencia de la división social del trabajo, se han especializado en la dirección y organización de la lucha de clases. No son analistas, ni comentaristas, del tipo de los profesores universitarios o los periodistas sino especialistas que desempeñan un papel activo y consciente al servicio de su clase.

Naturalmente, las clases sociales no dirigen de la misma manera. El proletariado dirige a través de su vanguardia y de los sindicatos y organizaciones de masas, de reuniones, de manifestaciones, de huelgas y de insurrecciones. La dirección de la burguesía es mucho más compleja y comprende partidos políticos, asociaciones empresariales, grupos de presión, fundaciones, foros ("think tank"), ONG y otras.

De la misma manera que el capital monopolista no lo dirige un accionista sino un gerente profesional, el intelectual orgánico de la burguesía también es un personaje de segunda línea, un capataz, mientras que los de la primera son los que aparecen en los medios, las ruedas de prensa y los debates parlamentarios. Sus discursos los escriben otros.
 
 
 
 

09 marzo 2014

Guillermo Teillier, Presidente del Partido Comunista de Chile: El pinochetismo sigue en todas partes.

El presidente del Partido Comunista chileno, que vuelve a La Moneda por primera vez desde el Gobierno de Allende, pide a sus socios democristianos que reconozcan su papel en el golpe.
 
Guillermo Tellier, presidente del PC chileno
 
Michelle Bachelet asumirá nuevamente la presidencia de Chile el martes próximo pero, a diferencia de su mandato anterior (2006-2010), lo hará arropada de un grupo de socios más diverso compuesto por democristianos, socialistas y, la principal novedad, el Partido Comunista (PC). Esta formación tendrá un ministerio —el Servicio Nacional de la Mujer— y volverán a los consejos de La Moneda por primera vez desde el 11 de septiembre de 1973, cuando los militares derrocaron a Salvador Allende. El principal responsable del regreso del PC al poder es Guillermo Teillier: 70 años, líder de los comunistas chilenos y diputado desde 2010.
 
Durante el régimen de Augusto Pinochet, Teillier usaba el seudónimo Sebastián Larraín para operar en la clandestinidad. Cambiaba de nombre, de casa, y por años no vio a sus hijos. Fue detenido y torturado, pero corrió mejor suerte que muchos de sus compañeros: 300 fueron ejecutados y una cantidad similar permanece desaparecida 40 años después. Teillier era jefe militar del PC y autorizaba las acciones subversivas. En 1986 dio luz verde a un frustrado atentado contra Pinochet. “Fue una decisión políticamente correcta”, sostiene.
 
Teillier habla pausado y, aunque casi siempre se muestra serio, tiene sentido del humor. Cuando se le pregunta por sus lecturas y se espera que responda con algún título doctrinario, contesta sin complejos: “Estoy con Sherlock Holmes”. Se considera marxista-leninista pero también “profundamente allendista”. Cree que es perfectamente posible ser comunista en 2014, casi 23 años después de la desaparición de la Unión Soviética: “De ninguna manera voy a desconocer lo que fue la revolución bolchevique y la instalación de la URSS, con todos los errores que haya podido tener”.
 
Los comunistas chilenos tuvieron durante el siglo XX, y hasta el golpe de 1973, presencia institucional. Su regreso a La Moneda representa un vuelco a su propia historia. En la Unidad Popular de Allende (1970-1973) fueron activistas ordenados que, a diferencia de los socialistas, donde militaba el propio presidente, respaldaron en bloque al Gobierno. En ese periodo los sectores de centro, liderados por la Democracia Cristiana (DC), ejercieron una dura oposición. Pero, posteriormente, la lucha común contra la dictadura hizo posible la peculiar alianza entre el centro y la izquierda que permitió derrocar a Pinochet mediante un plebiscito. Fue la génesis de 20 años de gobiernos de la Concertación (1990-2010).
 
Los comunistas, que no creyeron en este pacto de gobernabilidad, optaron durante esas dos décadas por mantenerse en la oposición y apostaron por un camino testimonial que en la práctica los condujo al aislamiento político. El martes regresarán a La Moneda siendo parte de la Nueva Mayoría, junto a la DC, que en Chile ha tenido una histórica tradición anticomunista. La tensión entre las dos fuerzas en temas relevantes como las relaciones internacionales —Venezuela y Cuba, por ejemplo— afectó la campaña de Bachelet y ha provocado esta semana una congelación de las relaciones.
 
El camino de regreso del PC a la primera fila de la escena política ha sido lento. En 2005 el partido emprendió una estrategia paulatina para recuperar su papel institucional de la mano de Teillier. En 2008, un acuerdo con la Concertación le permitió conseguir dos alcaldes. En 2009, el PC obtuvo tres diputados y el propio Teillier llegó al Congreso. Representan en torno al 6% del electorado y en los comicios pasados lograron siete diputados y un triunfo emblemático: la elección de la ex dirigente estudiantil Camila Vallejo. “Es el rostro de una generación que se le escapó de las manos al estatus imperante en Chile. Salieron del círculo del temor que acosaba a muchos sectores”, relata el comunista.
 
Pregunta. ¿Le cuesta controlarla? ¿es díscola?
 
Respuesta. Se está abriendo paso y viene con ideas nuevas y formas nuevas. Pero Camila es una militante que hace caso
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P. ¿A qué llegan los comunistas al Ejecutivo?
 
R. A hacer todo lo necesario para que se cumpla el programa de Gobierno. Después de la salida de la dictadura en 1990, por primera vez en Chile se plantean reformas estructurales de envergadura como la educación gratuita, el mejoramiento de la salud pública y una reforma tributaria. (La presidenta y sus colaboradores también esperan que el PC, que controla las principales centrales sindicales, le ayude a controlar las manifestaciones sociales).
 
P. ¿Ha dejado de justificar la lucha armada?
 
R. No puedo dejar de justificar la lucha armada. Cuando te declaran la guerra tienes el derecho a defenderte. Avalo el concepto a la rebelión y creo que fue justo. En Chile no existía Estado de derecho. Pero no estamos por propiciar eso ahora.
 
P. ¿Todavía existe el pinochetismo?
 
R. Sí.
 
P. ¿Y dónde está?
 
R. El pinochetismo sigue en todas partes. Está en el Congreso, donde hay personas que idolatran a Pinochet. Se atrincheran y luchan con todas sus fuerzas para que no se produzcan cambios democráticos.
 
P. Sus actuales socios, democristianos y socialistas, ¿fallaron en impedir la extradición de Pinochet a España en 1998?
 
R. Salvaron a Pinochet de un juicio.
 
P. Sus socios democristianos, críticos del chavismo, acusan al PC de tener dos caras en materia de derechos humanos.
 
R. Los que tienen un doble discurso son los democristianos que todavía no entienden que lo que hicieron en Chile en 1973 también puede suceder en Venezuela. La Democracia Cristiana facilitó el golpe de Estado y contribuyó a la desestabilización del Gobierno de Allende. Esto es una verdad histórica. Sería importante que los democristianos reconocieran las responsabilidades que tuvieron en el quiebre democrático de 1973 y que llevar agua al molino de la derecha fue un error.
 
P. Resulta extraño que dos fuerzas tan distintas formen parte de un mismo Gobierno.
 
R. De lo que formamos parte ambos partidos es de un acuerdo político programático y lo que nos compromete es a cumplir con ese programa. ¿Se va a mantener en el tiempo la alianza? No lo sabemos.
 
P. ¿No estima que el Gobierno de Maduro ha cometido excesos?
 
R. Pueden cometerse excesos, pero si se tiene en cuenta que la mayoría de los muertos son chavistas ¿de dónde viene el exceso? Tengo la sospecha de que en Venezuela existe mucho de construcción mediática.
 
P. ¿Tampoco considera que haya violaciones a los derechos humanos en Cuba?
 
R. Yo creo que en Cuba no hay problemas de derechos humanos. Hay restricciones que incluso ahora están levantando. Pero mientras no termine el bloqueo norteamericano es difícil tratar a Cuba como a un país normal.
 
P. ¿Cuál es su diagnóstico de la situación política de América Latina?
 
R. Indudablemente hay una izquierdización. No todos están pensando en el socialismo, pero sí en sociedades democráticas más progresistas. Después de la caída del socialismo europeo estamos construyendo nuestros propios conceptos.
 
Fuente: Diario El País.

01 marzo 2014

Ilegalización del Partido Comunista de Ucrania, una peligrosa farsa en tiempos sangrientos.

Elena Koroleva
KPRF

Ucrania con paso firme avanza en dirección al fascismo. Un signo evidente de ello no son solo los chavales de “autodefensa” que se pasean con antorchas en la mano por las calles de las ciudades buscando una nueva víctima que incendiar, también lo es el reavivar la vieja cantinela de la ilegalización del PCU. La paradoja es que a los comunistas los prohíben los regímenes nazistas y dictatoriales, como el de Hitler o Pinochet, para que no estorben en la construcción de Auschwitz, o en la puesta en marcha de reformas, sobre la sangre de los fusilados en el estadio de Santiago. Tampoco faltaron las ilegalizaciones del Partido Comunista tras la disolución de la URSS. Pero las repeticiones en la historia, son por lo general una farsa. En este nuevo intento, la farsa comienza ya por el promotor, el diputado Oleg Lyashko, conocido por sus escándalos.
 
En este momento, cuando no han pasado los cuarenta días (de luto) por los caídos en la guerra de Maidán, tanto civiles como policías, las bromas se convierten en algo indecente. Pero hay momentos tan paradójicos, que una no puede evitar ponerse sarcástica.
 
Por ejemplo, ¿qué hacer con los comunistas, que en Ucrania son 115 mil militantes? Después de la ilegalización, en algún sitio habría que meterlos. Especialmente a los que no estuviesen de acuerdo. Así que aquí los ultraderechistas, los de “Svoboda” y demás no podrían evitar tener que recurrir a la práctica hitleriana de los campos de concentración. Cierto que para mantener bajo arresto a todos los comunistas activos en un país completamente arruinado, no habría presupuesto. Habría que dirigirse a Occidente a por ayuda. Siempre está la esperanza de que el extranjero te ayude. Si no da dinero, al menos podría descongelar Auschwitz, para una solución más radical del problema…
 
¿Les suena salvaje, poco creíble? ¿Y quién podía imaginar hace 10 días, que la pacífica Ucrania, un caserío en los confines de Europa, se convertiría en epicentro de pogromos y de la agresión incontrolada de bandas paramilitares? ¿Quién podía imaginar que el orden en el país lo iban a imponer gente vestida de camuflaje, con fusiles, que iban a acudir de esa guisa a un pleno de una administración local, como el que vuelve a su tienda de campaña en el cuartel?
 
Una cuestión aún más delicada que se le plantease a “la dictadura de la democracia” sería qué hacer con el ejército de electores, con esos 2 millones, 687 mil 246 personas, que dieron su voto al PCU? Eso es prácticamente lo mismo que consiguiera UDAR, con todos los cinturones de campeón de Vitali Klichkó, y más de lo que obtuviera “Svoboda”, teniendo como tenían posibilidades ilimitadas en Ucrania Occidental. El Partido Comunista por el contrario ha estado trabajando siempre bajo presión por todas las partes; tanto del gobierno, como de la oposición. Mientras que el gobierno recurría a la palanca de la presión administrativa, los propagandistas de la oposición buscaban algún escándalo que los comprometiese o descalificase. Pero apenas consiguieron nada y la desacreditación no surtió efecto.
 
Mientras que después de la que han armado los clanes oligárquicos en disputa, en estos 3 meses de “revolución”, empezaron a dirigir sus esperanzas hacia los comunistas, incluso aquellos que las tenían depositadas en otras fuerzas políticas. Como dice el sabio refranero, “los señores se pelean y el siervo paga los platos rotos”. En estos tres meses de confrontación, cuando por un lado morían románticos revolucionarios y del otro policías y soldados, cada uno dejando huérfanos y familias desconsoladas, ningún político ha sufrido el menor daño. Ni un rasguño. Igual que en el anterior gobierno bebían coñac del caro, seguirán bebiendo en el nuevo. Y el pueblo se ha quedado sin trabajo, sin pensión, sin medios para subsistir. Y encima bajo la amenaza del terror criminal desatado por la “Autodefensa” (Samooborona). ¿Cómo no va a crecer la popularidad de los comunistas en estas condiciones?
 
Los que mueven los hilos de sus marionetas y han dirigido esta representación revolucionaria con numerosas víctimas, comprendiendo bien esto, han incluido a los comunistas en la lista de elementos peligrosos que hay que exterminar. En esa lista hay figuras del más variado signo; todos los que de un modo u otro pueden influir en la correlación preelectoral de fuerzas en mayo.
 
Empezando por la mismísima Yulia Timoshenko, quien nada más salir de la cárcel, anunciara sus ambiciones presidenciales. O el líder de “Praviy Sektor” Dmitri Yárosh, al que esa popularidad repentina le ha provocado un ataque de la enfermedad de las estrellas y también aspira a hacerse con el cetro. De Yárosh ya sabemos que la víspera de la muerte de la “centuria de los cielos” se reunió con Yanukóvich.
 
Le fue a pedir al todavía presidente el cargo de viceministro del interior. ¿Y Timoshenko? Ella estaba en la cárcel. Pero su hija, en lugar de estar sacando heridos en Maidán, estaba celebrando su cumpleaños, con su novio en Roma, en el hotel más lujoso. No es de extrañar que después de todas estas revelaciones, Yarosh haya tenido que bajar las revoluciones de su ambición, mientas que Timoshenko, simplemente ha huido a Alemania, renunciando al cargo de primera ministra. Y seguirá allí recuperándose, mientras el escándalo de su hija Zhuzha, no se le olvide a los electores.
 
Pero eso son minucias comparado con la munición pesada con la que disparan contra los comunistas. Primero soltaron el bulo de que al líder del PCU se le había visto en Moscú, rodeado de oligarcas y funcionarios del gobierno depuesto. No les resultó. Él estaba en su sitio. Luego asaltaron la sede del PCU. Es una guerra de nervios en la que eso solo era el preludio. Casi al mismo tiempo, destruyeron la casa del hijo de Piotr Simonenko, en la que durante un tiempo vivió con la mujer y los hijos. Al pueblo le mostraron un piano blanco y una taza de váter (no dorada, normal), lo que provocó un efecto bumerang: a juzgar por las reacciones en Facebook, la gente se indignó, poniéndose en el lugar de los afectados.
 
“Sería bueno saber cómo se hubiera sentido Tiagnibok, sentado en las cenizas de su casa, mientras los telespectadores veían como era su retrete”. Ya le llegará la hora, la vida da muchas vueltas, escribía un chaval, que a juzgar por lo demás participó activamente en el primer Euromaidán “estudiantil”.
 
Otros usuarios de las redes sociales, proponían recordar la historia. Por ejemplo, la llegada de Adolf Hitler al poder y la prohibición del Partido Comunista alemán, en enero de 1933. Por una de esas extrañas casualidades, entonces todo comenzó con un incendió. Claro que entonces se trató del incendio de Reichstag, del que se acusó a los comunistas, para desatar la represión contra ellos.
 
El 3 de marzo de 1933 fue arrestado el presidente del PCA, Ernst Thälmann. De los 300 mil miembros del PCA (a comienzos de 1933), cerca de la mitad sufrió persecución, acabaron en cárceles o campos de concentración y decenas de miles fueron asesinados. 222 dirigentes del PCA cayeron víctimas de los nazis.
 
¿Por qué los nazis no le pegaron fuego a la Rada, para culpar luego a los comunistas, sino que se presentaron en la casa del líder del partido? La respuesta es clara: no tienen ni tiempo, ni ganas de desatar una bufonada con proceso judicial incluido contra los comunistas. Y después de todo, tienen miedo de analogías directas con Hitler. Por eso van por un camino corto, directo e ilegal. Ilegalizar el PCU, amedrentar a Simonenko y demás líderes y desmoralizar a las bases, para de cara a las elecciones, despejar el terreno político de un competidor peligroso”, escriben en las redes sociales.
 
“El gato sabe, de quién es el tocino que come”, escribe otro usuario de Facebook. Fíjense a quién se le ha encomendado la vituperable misión de presentar la propuesta de ilegalización del PCU: a un payaso como Lyashko. Así, llegado el caso, se podría dar marcha atrás y culpar de todo a este “mariposón”. Si alguien se ha olvidado de comenzó su carrera este Oleg Lyashko, puede volver a ver el vídeo. Felicito a los comunistas: Si contra ellos están usando “flechas mágicas” como Lyashko, es que todavía les queda pólvora.
 
No es casualidad que esté recurriendo a citas sacadas de las redes sociales, ya que es ahí donde vive precisamente la libertad de expresión, aplacada por la censura y autocensura de los medios oficiales. Son precisamente Facebook y Twitter los que reflejan el sentir de diferentes grupos sociales y donde llegan las noticias más frescas o habladurías.
 
Uno de los temas que más se debate ahora en las redes es la “lustración” (colaboración con el “régimen” comunista) en Ucrania. Y la pregunta más frecuente es: ¿Y quiénes serían los jueces? ¿Tiagnibok con su pasado en el Komsomol? ¿la comunista Irina Farion? ¿el funcionario soviético E. Gurbits, gran amigo de los extremistas chechenos? ¿no deberían empezar por ellos mismos?
 
Los juristas, a su vez, le recomiendan a Lyashko que se lea la Constitución. El artículo 43 garantiza a todo ciudadano de Ucrania, “el derecho a la libertad de pensamiento y palabra y a la libre expresión de sus convicciones e ideales”. Incluidos los políticos. El artículo 36, reza que “los ciudadanos de Ucrania tienen derecho a la libertad de agrupación en partidos políticos y organizaciones sociales…”.
 
El artículo 37, establece la prohibición y actividad de partidos políticos u organizaciones sociales, que en sus tesis programáticas persigan la supresión de la independencia de Ucrania, la modificación del orden constitucional por la vía violenta, la violación de la soberanía y la integridad territorial del Estado, la conquista del poder de modo ilegal, la propaganda de la guerra, la violencia, la incitación al odio interétnico la discriminación por motivo de raza, religión, el atentado contra los derechos y libertades de la persona y la salud de la población”.
 
Si alguien tiene algo que alegar en lo referente a la propaganda de la violencia y la incitación del odio interétnico, que se dirija por favor al señor Tiagnibok y “Praviy Sektor”. También va para ellos el artículo 15 de la Constitución: “ninguna ideología puede ser reconocida por el Estado como obligatoria”. Ya habéis oído chavales: ninguna. Ni el nacionalismo, ni el anticomunismo, tienen el derecho constitucional a convertirse en la ideología dominante del Estado. Tampoco pueden tener los partidos políticos ni las organizaciones sociales formaciones paramilitares. Por eso la denominada “Centuria de San Stanislav”, de la que presume “Svoboda”, es motivo para iniciar el trámite de ilegalización de “Svoboda”.
 
P.S. Escribir un artículo y limitarse a postear del Facebook, sin escuchar la postura de los dirigentes del PCU no sería propio de una periodista. “Estamos acostumbrados a sobrevivir en tiempos difíciles” dice el líder del PCU Piotr Simonenko. Hablamos con él en Kiev, cerca de la sede central asaltada. Se le ve tranquilo, convencido. A la pregunta del incendio de Gorenko responde de modo escueto: “Como decía aquella canción: “Los enemigos quemaron mi “Jata…” (casa rural). No es eso lo más terrible: Hay mucha gente que ha perdido a sus familiares; ellos lo están pasando peor…”.
 
A la pregunta sobre la ilegalización del Partido Comunista, dice que estaba previsto, que era algo que no podía faltar. “Ya cuando comenzaron a destruir en plan masivo los monumentos a Lenin, a los héroes de la Gran Guerra Patria y cuando comenzaron los ataques contra nuestra sedes y a aterrorizar a nuestros militantes, estaba claro que los radicales nazis, alimentados por el entorno de Yanukóvich, iban a intentar usurpar el poder. Y no se van a conformar con la represión de determinados dirigentes del partido o de militantes de base. Pero no debemos tener miedo, hay que estar preparados para esto”.
 
Piotr Simonenko dice, que la tarea más importante en las actuales condiciones es mantener la estructura, los cuadros del partido, estar alerta y no caer en provocaciones. “El Partido Comunista, no se rinde, ni se va a la clandestinidad. La vida trabaja para nosotros. La gente verá los frutos de lo que están haciendo nuestros opositores. La mejor de sus maquinarias propagandísticas no podrá ocultar el drástico empeoramiento de la economía, el crecimiento del desempleo, los impagos de pensiones y salarios, la subida de precios y tarifas, de la delincuencia, el creciente empobrecimiento de la gente: nuestro pueblo no es tonto. Sabrá entender lo que pasa. Ya hemos vencido en muchas otras ocasiones y volveremos a vencer en esta ocasión”, responde sonriente Simonenko, mientras me estrecha fuertemente la mano…
 
Traducido del ruso por Josafat S. Comín

22 febrero 2014

Charlas sobre Antonio Gramsci con Atilio Boron y Néstor Kohan

Video del ciclo de charlas sobre Antonio Gramsci en el marco de la Cátedra de Pensamiento Marxista y Poder Popular del CEFMA. Participaron Atilio Boron (Coordinador de la Cátedra) y Néstor Kohan, quienes hablaron de "Gramsci y la lucha ideológica en América Latina". Más información en www.elcefma.com.ar
 
 

16 febrero 2014

Emotivo homenaje a Aída Avella en Bogotá.

La candidata presidencial de la Unión Patriótica agradeció el respaldo que múltiples sectores han dado a su campaña.
 



El 14 de febrero pasado se celebró en Bogotá un acto de homenaje a Aída Avella Esquivel, sobreviviente de la Unión Patriótica (UP) y candidata presidencial de ese movimiento para las elecciones presidenciales de mayo próximo.
 
El auditorio del Centro Cultural Gabriel García Márquez, en el centro de la capital, estuvo colmado de simpatizantes de la UP y miembros de organizaciones políticas y sociales allegadas a la candidatura de Aída.
 
En el evento también estuvieron presentes Carlos Lozano Guillén, candidato al Senado con el número 38 en la lista de la Alianza Verde; Jaime Caycedo, aspirante a la Cámara de Representantes por Bogotá; y Lilia Solano, fórmula de la UP al Parlamento Andino.
 

Compromiso con el “No"

 
En el marco del homenaje, Aida Avella recibió un saludo de Gustavo Petro, transmitido por Alfonso Jaramillo y Gloria Flores, voceros de la campaña del “No” a la revocatoria del alcalde mayor.
 
Aída y los demás candidatos de la UP ratificaron el apoyo al “No” en la revocatoria, así como el compromiso de esta fuerza política en la defensa de la democracia y la paz de los bogotanos.
 

Renace la esperanza

 
En el evento también intervino María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro Leóngomez, dirigente del M-19 asesinado en 1990 en momentos en que aspiraba a la Presidencia de la República.
 
También participaron destacadas personalidades de la cultura y el movimiento social. A lo largo de la noche se leyeron saludos y se proyectaron videos con mensajes de apoyo enviados desde todo el mundo.
 
En su intervención, Avella narró algunas anécdotas en su recorrido por el país impulsando su campaña. También resaltó las difíciles condiciones de muchas comunidades de la nación por causa de la explotación de los recursos naturales por parte de compañías extranjeras, en lo que el gobierno ha denominado la “locomotora minera”.
 
Finalmente agradeció al equipo de trabajo de la campaña y a los diversos sectores que han brindado su apoyo y adhesión a su candidatura.
 
Aída regresó al país tras 17 años de exilio, luego de sobrevivir a un atentado contra su vida cuando era concejal de Bogotá. Luego de la restitución de su personería jurídica, la UP, en su Quinto Congreso, la proclamó como su candidata presidencial.
 

08 febrero 2014

De la reforma agraria al banco de tierras: ¿el campo es para quien lo trabaja?.

 
 
Hace algo más de dos años, una imagen se coló en los hogares andaluces casi por casualidad: Diego Cañamero, Cayetano Martínez de Irujo y Juan Manuel Sánchez Gordillo estrechaban sus manos en un gesto de relativa concordia, que escenificaba, como pocas veces, esa histórica distancia entre jornaleros y terratenientes. El conde de Salvatierra se retractaba de las palabras emitidas en un programa de televisión en las que arremetía contra el PER y ahondaba en la polémica sobre el uso fraudulento de estas ayudas. Esta foto fija, la del poderoso latifundista y el jornalero sin tierra, fue la que tuvo entre las manos aquel 27 de mayo de 1983 Rafael Escuredo, entonces presidente de la Junta de Andalucía, cuando anunció en Ronda una medida que, 30 años después, sigue sin cuajar en el campo andaluz: la reforma agraria.
 
1983. Un 3% de propietarios poseen el 55% de la tierra. Un tierra rica, agradecida, pero dolorida de años de abusos. El propio Diamantino García, voz histórica de los jornaleros andaluces, confesaba pocos años antes de su muerte: “La sociedad está dividida entre ricos y pobres, situados y desfavorecidos… Y no se puede ser neutral, yo no podía estar café con leche, yo me tenía que definir… Gente que tiene tierras y gente que sólo tiene sus manos… yo decidí ponerme del lado de los jornaleros y enseguida tuve enfrente a los grandes propietarios, a terratenientes que me denunciaban a la guardia civil, a la Iglesia, a los curas que sesteaban tranquilos, y mi comportamiento molestaba su siesta”.
 
Los jornaleros sin tierra, el proletariado agrícola, del que formaban parte unos 500.000 trabajadores padecían el aumento del paro y se hallaban sometidos a condiciones de trabajo y de vida muy duras. Mantenían activas movilizaciones de protesta, con el apoyo de organizaciones sindicales y políticas, como el Sindicato de Obreros del Campo (SOC), creado en aquellos años 80 por el propio Diamantino García.
 
En este contexto, la Junta de Andalucía inicia entonces expropiaciones a estos terratenientes y trata de desarrollar una norma que, sin embargo, pocos años después quedaría arrinconada en un cajón, tras varapalos judiciales y críticas sin cuartel de la derecha. La reforma agraria, que ponía en papel ese espíritu de “tierra y libertad” que evocaba Blas Infante, proponía que los grandes propietarios arrendaran sus inmensas propiedades para evitar que vastas extensiones de tierra estuvieran sin trabajar, teniendo como telón de fondo un Andalucía rural acuciada por el paro. Proponía que el reparto de tierras se tradujera en transformar campos baldíos en cultivos y jornaleros sin trabajo en agricultores de futuro.
 
Pero nada de esto pasó y hoy en torno al 80% de las ayudas comunitarias que llegan al campo andaluz se las reparten el 20% de los propietarios.
 
Tres décadas después el movimiento de obreros del campo sigue ocupando fincas, como Las Turquillas, proclamando la función social de la tierra. El espíritu de aquella reforma agraria no sólo regresa de la voces reivindicativas del SAT. El Gobierno andaluz volvió a resucitarla de nuevo en forma de ley, esta vez sobre la función social de la vivienda. Vuelve a hablarse, como entonces, de expropiaciones de uso  y de esa, tan cuestionada hoy, función social de la propiedad, que, sin embargo, reconoce la propia Constitución española.
 
BANCO DE TIERRAS
 
Pero no sólo la ley antideshaucios trae a la memoria la fallida reforma agraria. La Junta de Andalucía, tras su pacto con IU, anunció la creación del llamado Banco de Tierras. Aunque el campo andaluz tiene poco que ver con la agricultura improductiva de aquellos años de la Transición, la propuesta que hace Izquierda Unida es un instrumento que retoma las expropiaciones de fincas privadas que lleven al menos dos años abandonadas y la creación de un fondo andaluz para luchar contra los latifundios, entre otras medidas.
 
Sin embargo, la propuesta no está cerrada. Izquierda Unida presiona a sus socios de Gobierno para que lo que hoy es un borrador, consensuado con organizaciones como el SAT y COAG, pase a convertirse en ley. En concreto, la intención de IU es que el proyecto del Banco de Tierras se enmarque dentro de la Ley Integral de Agricultura, que sí estaba entre los compromisos de gobierno, no así el banco de tierras como tal.
 
Las negociaciones no se auguran fáciles. La consejera de Agricultura, Elena Víboras, del PSOE, ya avisó, tras la investidura de Susana Díaz como nueva presidenta de la Junta de Andalucía el pasado mes de septiembre, que la intención del Gobierno era crear “un observatorio” para hacer un diagnóstico de las tierras sin cultivar en la comunidad autónoma y que, por ahora, no estaba en la agenda la gestión de las hectáreas que posee sin explotar para ponerlas en manos de cooperativas, ayuntamientos y parados.
 
Estas declaraciones, que seguro no contentaron a sus socios de gobierno, han desembocado finalmente en lo que parece una solución intermedia: de momento, la Junta ha consignado tres millones de euros en los presupuestos de 2014 para “mejorar el uso social del patrimonio agrícola y forestal”. ¿Y del resto? Pues el pacto dirá.
 

02 febrero 2014

Alberto Garzón: “No tengo ninguna duda de que IU y Podemos convergerán” .

El pasado lunes Izquierda Unida dio a conocer su campaña de “revolución democrática y social” por un “proceso constituyente”. Un proyecto que tratará de generar debate sobre las reformas que necesita la política, y los políticos, para conseguir una democracia más plena y que llevará a  Alberto Garzón de gira por una gran parte de los rincones del Estado. Cuartopoder.es ha contactado con el diputado más joven del Congreso para conocer más sobre esta iniciativa, las perspectivas de IU para conseguir esa mayoría social que proclama y, también, averiguar la opinión de Garzón sobre el proyecto Podemos que lanzó, recientemente, su amigo Pablo Iglesias.

– El titular en todos los medios de comunicación esta semana ha sido: “Alberto Garzón impulsa la campaña de radicalidad democráctica”. ¿En qué consiste esta campaña?
 
– Se trata de una campaña cuyo coordinador formal es José Luis Centella, pero yo soy el ponente y quien se va a encargar de todo lo referente a la campaña. No es una campaña electoral sino que es una campaña meramente política. Su aspiración es promover un debate honesto intelectualmente y riguroso respecto a cuestiones democráticas. La sociedad está impugnando las reglas democráticas actuales, no nos sentimos representados por lo que llamamos los políticos y hay que dar la palabra a la sociedad para que ella misma decida en su conjunto cuáles son las nuevas reglas democráticas que debería haber.
 
¿Cuáles serían esas nuevas reglas democráticas?
 
– La cuestión, quizá, más llamativa es la de los revocatorios. Pero hay otras muchas, como la rendición de cuentas por parte de los representantes a los representados y una vinculación mucho más orgánica dentro de esa relación, tanto en el conjunto del Estado como en las organizaciones políticas. Queremos que todos opinen sobre qué medidas serían las más adecuadas para un sistema democrático. El debate también incluirá el tema de las primarias, del sistema electoral, de la auditoria de la deuda y también de los revocatorios. Se trata de debatir de todo y por todos. Porque debatir también es un proceso de formación política que nos permite llegar a ciertas conclusiones para ponerlas en marcha a nivel interno en IU.
 
También somos conscientes de que algunas de las conclusiones a las que se llegue, como, por ejemplo, si concluimos que es necesario una nueva ley electoral más proporcional y en circunscripción única, no cabe dentro de la Constitución. Si sucede eso, el problema será de la Constitución, no nuestro. Estamos configurando una especie de brújula democrática.
 
¿Es un debate que encamina a IU a defender un nuevo proceso constituyente?
 
– Efectivamente. El proceso constituyente debe empezar con un debate sobre las nuevas reglas de juego. No se trata sólo de la elaboración de una Constitución sino de un proceso que comienza con la gente tomando las riendas del control y debatiendo sobre las nuevas reglas que quieren. Este debate debe terminar, si todo transcurre bien, con una organización que promueve una nueva Constitución que es la III República con este marco de reglas que aún están por delimitar.
 
¿Cómo va a ser esta campaña? ¿Va a hacer una gira por el Estado?
 
–Exacto. El proceso va a superar las europeas y gira en torno a la descentralización. La primera ronda comienza la semana que viene y, naturalmente, implica ir por todo el Estado. Ya estamos cerrando muchas fechas y la idea es pasear generando debate y sacando conclusiones por todo el Estado. No son conferencias, ni charlas. Son debates. Pero también vamos a impulsar el debate por las redes sociales, ya que nos permiten llegar a un perfil más joven, en teoría, más interesados en el cambio. Todas las conclusiones que vayamos sacando las iremos proponiendo como iniciativas legislativas en ayuntamientos, parlamentos autonómicos y en el Congreso para que el debate no muera nunca. Y, por supuesto, lo aplicaremos en IU para democratizar mucho más la organización.
 
Es decir, que el objetivo también es acercar IU a sus bases sociales y democratizar la federación.
 
– Efectivamente. Queremos hacer ver que IU no es un partido político tradicional. Aunque hayamos tenido vicios propios de un partido político tradicional, lo cierto es que somos un partido que nos definimos como partido político-movimiento social. Tenemos que quitarnos todos los vicios propios de la relación representante-representado incluso dentro de la organización. Tenemos que conseguir que la voluntad de los propios militantes de base acabe siendo ejecutada por los elegidos y que no se modifique esa voluntad. Es decir, que existan los revocatorios, que exista la rendición de cuentas, que exista la transparencia absoluta, primarias abiertas a militantes… Todos estos mecanismos hay que ir insertándolos desde un debate desde abajo. Tenemos que dejar claro que somos distintos de PP y PSOE y tenemos que conseguir que la gente nos vea como un instrumento útil de acción política.
 
Acaba de decir que IU tiene vicios de la política tradicional. ¿Puede hacer autocrítica y describir algunos de esos vicios que debería corregir IU para hacerse más democrático?
 
– Creo que todas las organizaciones están enquistadas en lo que se llama la ley de hierro de la oligarquía, que viene a decir que unos pocos acaban imponiendo sus criterios sobre la voluntad de la mayoría. Todo eso hay que evitarlo porque la idea de una democracia no es que una oligarquía pueda decidir por el resto. Hay que establecer nuevos mecanismos y estos mecanismos son los que queremos debatir, por ejemplo, los revocatorios. Un revocatorio haría que un dirigente no pueda desligarse de la base, ya que estos podrían retirarle su confianza en cualquier momento.
 
Lo ideal es que si uno sale elegido dirigente de IU tiene que estar rindiendo cuentas a los que le han puesto ahí. Eso no se hace hoy día. En ningún partido. Y esto es más importante que el debate de las primarias abiertas. No se trata sólo de elegir al candidato sino de que a quien se elija se pueda revocar en el momento en el que se considere que se ha salido de las directrices por las que ha sido elegido. Todo eso lo queremos colocar en el debate porque no está y creo que es lo más importante. Y también en IU es muy necesario. Somos, de lejos, mucho más democráticos que PP y PSOE, pero aún tenemos mucho margen para mejorar.
 
También el votante potencial de IU es mucho más estricto con la democracia interna de lo que puede ser el votante del Partido Popular.
 
– Rajoy fue elegido a dedo y no he visto muchas críticas por eso a sus militantes. Puede haber críticas a su gestión pero no al proceso que le llevo a la presidencia del PP. La izquierda tiene un sentido más crítico y más democrático porque, al fin y al cabo, es la izquierda quien trajo la democracia con las reivindicaciones del movimiento obrero y del sufragio universal. Y eso hay que tenerlo muy presente. IU no se puede permitir el lujo de no ser un partido democrático porque pierde base social. La gente de izquierda se organiza políticamente para hacer cosas que sirvan y que se sientan identificados con ella. Por tanto, si la gente de izquierda considera que en IU su voz no es tenida en cuenta, no va a militar en IU. Necesitamos dar pasos democráticos. Si no se hace así, tenemos un problema.
 
Como ha comentado el tema del revocatorio no está en el debate público, aunque IU va a intentar que esté. El tema que sí está en el debate público es el de las primarias. Hace poco Cayo Lara dijo que las primarias eran un invento norteamericano. ¿Qué opinión tiene usted?
 
– Dentro de un partido las primarias son necesarias. Es un mecanismo más que da la posibilidad de elegir a los dirigentes no por listas cerradas sino por listas abiertas y por la elección concreta de las personas en un proceso democrático interno. Eso me parece necesario. Pero tengo mis reparos en la elección del tipo de primarias abiertas. Para mi, la solución no es únicamente elegir la cara del candidato. Lo verdaderamente democrático es cómo fiscalizas al candidato una vez ha sido elegido. Nosotros somos una organización que busca la transformación social y nos movemos por ideología. Por tanto, hay poco encaje en unas primarias abiertas en las que el diseño permita elegir a todo el mundo el programa y a los candidatos porque podría desvirtuar el objetivo del partido.
 
Bajo el paraguas de las primarias abiertas entran un montón de cosas. Puede entrar que voten los simpatizantes que hayan pasado un determinado sesgo o puede entrar que vote todo dios, depende cómo se diseñe puede ser bueno o malo. Creo que lo importante no es centrarse en ese foco sino en otros aspectos. Es decir, primarias abiertas a los militantes y fiscalización de esas personas que han sido elegidas. Las primarias abiertas me parecen claramente insuficientes para un partido democrático.
 
La teoría política de la izquierda siempre ha resaltado que las primarias abiertas pueden ser controladas perfectamente por las oligarquías de los partidos. En la tradición histórica del pensamiento izquierdista está mucho más presente que los cargos sean rotativos. ¿Qué opinión tiene sobre la rotación en los cargos?
 
– Me parece absolutamente adecuado. Ya Robespierre, por ejemplo, defendía que los cargos tenían que rotar lo máximo posible y que cada persona esté el menos tiempo posible en cada uno de los cargos. Me parece necesario limitar los mandatos de manera importante y, sobre todo, permitir la capacidad de revocación para casos que en la propia IU se han dado. Ahora mismo, por ejemplo, estoy pensando en el caso de Rivas, donde una asamblea ha impugnado a su propio alcalde. Eso es lo que no tiene sentido. Se supone que el alcalde como tal de IU se debe a su asamblea y no tiene sentido que haga una cosa distinta de la que fue elegida por la asamblea.
 
Debo preguntarle por la irrupción de Podemos. ¿Está relacionado el surgimiento de Podemos con el inicio de esta campaña de “radicalidad democrática”?
 
– No, no lo está. Esta iniciativa surge cuando el PP presenta su documento de regeneración democrática en octubre para, a nuestro juicio, ocultar sus problemas de corrupción y taparlo con un barril de democracia regenerada. De hecho, en el plan original había unas jornadas en las que iba a participar Pablo Iglesias junto a Juan Carlos Monedero. Tanto Pablo como Juan Carlos son amigos míos y ellos eran conscientes de que estaba preparando esta campaña. Por contra, yo desconocía que ellos estaban trabajando en la iniciativa Podemos.
 
Pablo Iglesias ha reiterado que si Alberto Garzón o Ada Colau hubiesen lanzado un proyecto de unión de la izquierda, él no lo habría hecho. ¿Qué opinión te merece?
 
– Respeto su opinión, naturalmente, e insisto en que Pablo Iglesias es una persona muy valiosa para la izquierda y muy capaz, pero no comparto la estrategia de montar Podemos. Es un experimento que se dirige a un sector al que nosotros como IU no hemos podido llegar todavía y que muchos de IU queremos llegar. Muchos en IU pensamos que es el momento de construir mayorías. Por tanto, es el momento de poner encima de la mesa un proceso como el que hemos puesto nuestros y creo que va en la línea de lo que ha hecho Pablo, pero Pablo lo ha hecho al margen de IU. Al margen de la mayor organización de izquierda alternativa que existe en España, que tiene presencia en todos los municipios. No se puede construir una izquierda verdaderamente contestataria si no es contando con IU ni con el PCE.
 
Está claro que Podemos no es un enemigo de ninguna naturaleza. Son unos compañeros que han puesto en marcha una iniciativa legítima, pero yo no voy a competir con ellos. Tengo muy claro que si no es en estas elecciones europeas en posteriores procesos IU y Podemos van a converger. No tengo ninguna duda y creo que Pablo tampoco. La gente me lo está reclamando continuamente y creo que a ellos también. Estoy seguro de que en el futuro nos encontraremos y que esto de las europeas es un mero trámite.
 
¿Las elecciones europeas servirán para marcar las condiciones de esa posible convergencia?
 
– No me cabe ninguna duda de que es parte de la estrategia de Podemos. Es legítimo. Es calcular como ese discurso, con esas personas en la cabeza, obtiene fuerza electoral y, a partir de ahí, una unión. Lo que ocurre es que yo no soy alguien que entienda que la política es presentarse a las elecciones. Creo que la política es mucho más. Por lo tanto, sí que me preocupa más que todo esto genere tensiones entre partes de la izquierda que deberían trabajar en un objetivo común.
 
– Los procesos electorales donde hay competición generan tensiones que no tienen sentido ideológico. No tiene sentido ver a gente de IU criticando a Pablo Iglesias y su discurso cuando son discursos perfectamente compatibles. Eso me preocupa. Muchos estamos trabajando para que no se generen tantas tensiones. La suma, en este caso, de 1+1 da 3. La izquierda no se puede permitir, ni tampoco IU, el lujo de dejar sectores tan amplios de la izquierda lejos de un proceso de convergencia.
 
¿Ha habido conversaciones con Pablo Iglesias o con otra gente de Podemos para ver cómo se puede converger?
 
– No. Al menos, que yo sepa. Ellos han puesto en marcha Podemos y no tengo constancia de que hayan hablado con nadie de IU sobre esto. Yo, por ejemplo, he hablado con ellos a nivel personal porque son amigos, pero ellos tienen ahora mismo clara su estrategia. Quieren sumar músculo, o así lo entiendo yo y, después ya darán comienzo esas conversaciones sin ningún tipo de roces. Al menos, con determinados sectores de IU. De momento, ya te digo que no he tenido oportunidad de hablar con Pablo y Juan Carlos salvo un par de comentarios que entra dentro de lo normal.
 
De hecho, el día 5 coincidimos en un debate sobre democracia y estoy convencido de que el 99% de mi contenido será común. De momento, yo no tengo constancia de que Podemos e IU hayan tenido ninguna conversación formal. Hay mucha gente que se conoce entre sí, somos amigos, hemos estudiado juntos e incluso nos podemos tomar una cerveza juntos, pero no ha habido un foro para hablar seriamente de todo esto.
 
Para finalizar, IU ha tenido un salto en intención de voto muy importante que os sitúa con un 15%, donde parece que de momento se encuentro el techo de IU. No obstante, desde IU se habla de construir mayorías sociales. ¿Cómo se piensa construir esa mayoría?
 
– No es un problema de programa político sino de formas organizacionales y mensaje. Eso significa que hay una parte de la población que se define como izquierda y a la que nosotros interpelamos y eso llega al 15% y si el PSOE lo hace muy mal puede llegar al 20%. Para poder construir mayorías sociales hay que dirigirse a un sector que no se sitúa en izquierda o derecha sino dentro o fuera del sistema político. Para poder llegar a ese sector de la población y generar ilusión es necesario que IU demuestre que no es lo mismo organizativamente hablando y en el fondo que PP y PSOE. Por eso, tenemos que ser una organización que se sitúe de forma clara como rupturista con el régimen del 78 y absolutamente democrática en su interior. Si conseguimos eso romperemos la idea que algunos tienen de que somos parte del régimen.
 

30 enero 2014

La oportunidad de Izquierda Unida en el ciclo electoral.

Si hiciésemos una foto a la sociedad española en el momento actual, a inicios de 2014, probablemente lo primero que nos llamaría la atención es el explícito y permanente conflicto político. Las calles se han llenado en los últimos años de ciudadanos que defendemos espacios de poder que en otro tiempo creíamos asegurados. Cuestiones educativas, sanitarias, de vivienda, salariales, laborales en general o, sencillamente, una mezcla de todo. El proceso de desamortización social que estamos viviendo es real y, de hecho, puede explicarse atendiendo a sus fundamentos económicos y a la necesidad de supervivencia de un sistema económico implacable con el ser humano. No obstante, creo que podemos señalar tres factores que ayudan a entender el mapa político en el que nos situamos.
 
En primer lugar, hasta el momento las luchas sectoriales han predominado sobre las luchas estructurales. Las diferentes mareas, que expresan un movimiento de protesta heredero del 15M, no han terminado de confluir en una gran marea o tsunami ciudadano. En segundo lugar, la actitud es esencialmente defensiva. La percepción es que estamos ante una regresión social efectiva, y que el deber moral o la necesidad vital trata de impugnar. Y en tercer lugar, la manifestación institucional de todo ello es el desencanto y el descrédito respecto al sistema político, por un lado, y el creciente peso relativo de organizaciones políticas que tratan de canalizar el descontento, por otro lado.
 
Este último punto merece la pena abordarlo con rigor. Se ha hablado de desplome del bipartidismo, y bien creo que es así. La ciudadanía ha dejado de confiar, en términos generales, en los dos partidos políticos que han gestionado el país durante el tiempo en el que se gestaba el desastre actual. La intención de voto parece un buen indicador de ello. Sin embargo, ese fenómeno no se ha traducido en un ascenso igual de otras formaciones políticas. En realidad, la verdadera beneficiada del proceso es la suma de la abstención y el voto en blanco. Los datos no dejan lugar a dudas:
 
 
Probablemente esto se deba a que los ciudadanos no impugnan únicamente el bipartidismo sino el sistema político mismo. Asociada la política institucional española a un eje izquierda-derecha, donde PSOE y PP representaban ambos polos, el fracaso de ambos partidos es también el fracaso de ese eje como forma de identidad política. Que es, no cabe duda, el eje dominante en el que ha operado la política desde la Revolución Francesa.
 
Así las cosas, no podemos quedarnos en la epidermis del problema. Tratemos, más bien, de profundizar en las causas últimas de este fenómeno. Y me parece encontrar al menos tres importantes. La primera, el proceso de desdemocratización de las instituciones públicas, que incluye la mercantilización del espacio público y el regalo de los instrumentos políticos a instituciones alejadas de la ciudadanía (como el BCE o la Comisión Europea). El efecto es que la gente no siente que el Parlamento sea útil, en un sentido amplio. La segunda, que los casos de corrupción se perciben como generalizados y se asocian a la estructura oligárquica de los partidos políticos, desconectados totalmente de los representados. Así, a partir de la falta de mecanismos radicalmente democráticos en los partidos se ha creado un imaginario de clase política corrupta que lo abarca y contamina prácticamente todo. La tercera, que la frustración natural producto de una grave crisis económica se dirige a quienes, al menos formalmente, deberían dar respuesta a los problemas de la ciudadanía y sin embargo no lo están haciendo. ¿A quién interpelar sino a los formalmente propios representantes?.
 
En este contexto Izquierda Unida está consiguiendo sentirse representante de, aproximadamente, el mismo porcentaje de representados que en 1996. Pero a la vez es incapaz de absorber el desencanto político que está, por el contrario, nutriendo las filas de la abstención y el voto en blanco. Esa creciente abstención proviene fundamentalmente de las filas de los dos partidos mayoritarios, y probablemente poco o nada identificados con las posiciones más radicales del eje izquierda-derecha.
 
Lo que tenemos es un sector cada vez más amplio de la ciudadanía que no se siente representado y que está, de facto, fuera del sistema político. Está desilusionado, desencantado, destensado políticamente. Sin embargo, según las encuestas es un sector que simpatizó con el 15M, apoyando su filosofía e incluso sus propuestas, pero también con la Plataforma de Afectados por las Hipotecas. Es un sector, como apunta Fernández Liria en su reciente artículo, que comparte con los sectores más ideologizados las reivindicaciones sociales de resistencia, esto es, posee un sentido común que dice que no es justo que nos roben nuestros derechos. Por lo tanto no es un sector despolitizado per se, sino un sector sencillamente sin ilusión política. Perciben el actual sistema como algo gris, producto de formas de organización que no se adecúan a las necesidades sociales actuales.
 
Si se acepta lo anterior entonces no tenemos más remedio que reconocer que no estamos ante un problema de programa político, en el sentido clásico de la palabra, sino en un problema de enfoque político. Porque si uno se sigue moviendo en un marco con el que no se identifica un sector creciente de la población, sólo puede aspirar a mantener reducidos porcentajes de aceptación. Si, por el contrario, uno aspira a dar un salto cualitativo entonces sabe que tiene que cambiar las formas organizacionales y de mensaje para generar la ilusión, que es el requisito indispensable para poner en marcha el programa sustantivo. Estamos ante la diferencia entre aspirar a gestionar el 15% del voto o por el contrario aspirar a construir mayorías sociales. Hay un largo trecho entre ambas posiciones, a pesar de que se sitúen bajo el mismo programa formal.
 
Un ejemplo claro de todo esto ocurrió con el 15M. A nadie se le escapó que las demandas formales de Democracia Real Ya, primero, y de las Asambleas del 15M, después, eran en muchos casos plenamente coincidentes con el programa de la izquierda alternativa y, particularmente, de IU. Sin embargo, IU no logró por si sola canalizar la frustración del modo masivo que sí lo consiguió el 15M. No era tampoco entonces un problema de programa político.
 
Lo que estoy diciendo es que la Revolución Social tiene que ir necesariamente de la mano de la Revolución Política. Y esto, naturalmente, no es nada nuevo. Ya Louis Blanc lo señaló en el siglo XIX cuando trataba de convencer de las ventajas del republicanismo, como paradigma político, a los trabajadores que empezaban a difundir ideas socialistas. Pero también está vinculado con las formas de comunicación política, y tanto el jacobino Robespierre como el bolchevique Lenin sabían que no había otra manera de convencer y estimular al pueblo que a través de la palabra bien expresada. El primero defendió sus tesis roussonianas con una consigna tan básico como la del derecho a la existencia y el segundo no ignoró que los sesudos debates de teoría marxista debían terminar traducidos en poderosas consignas políticas como la de Paz, tierra y pan. Siempre los debates teóricos fundamentan las ideologías, mientras que los discursos se sitúan en el plano de la cristalización concreta. No en vano, Marx escribió El Capital, pero también El Manifiesto Comunista.
 
¿Qué hacer?
 
Pienso que Izquierda Unida tiene que decidir a qué aspira como colectivo. Y si, como pensamos algunos, nuestra aspiración es construir la mayoría social, entonces tenemos que adaptar nuestra organización al contexto sociopolítico en el que nos situamos. Ello pasa, necesariamente, por entender que los ciudadanos estamos reclamando participación en todos los niveles. Queremos que nuestra voz cuente, de modo que queremos que nuestros votos en democracia no sean secuestrados por los bancos, las grandes fortunas o la troika. Pero también queremos que nuestra voz como militantes cuente en la toma de decisiones colectivas de la organización. ¡Y que ocurra lo mismo como trabajadores en las empresas! Se trata, en resumen, de democratizar todo espacio de la vida política.
 
De ahí que una de las formas de recuperar la ilusión de quienes han tirado la toalla pase también por democratizar las instituciones del Estado y las de representación política. Es decir, un verdadero proceso constituyente que proporcione nuevas reglas al juego democrático.
 
Y ya tenemos debates que se sitúan en la superficie de esa cuestión. La reclamación de primarias abiertas es un síntoma de que hay reivindicaciones de esa naturaleza. Sin embargo, las primarias abiertas no suponen, a mi juicio, solución ninguna. Y en su tipo ideal no tienen encaje ideológico en un partido emancipatorio, como expuse hace unos días. Pero incluso aceptando sus virtudes, que existen, las primarias se quedarían cortas porque se refieren únicamente a la elección de candidatos. Y lo cierto es que lo verdadera y sustancialmente democrático es la participación permanente del representado en la tarea del representante. Es decir, llevar el debate a aspectos tales como la rendición de cuentas, los revocatorios, la transparencia y, desde luego, la habilitación de ágoras para debatir con sinceridad. Se trata, como recordaba el otro día, de neutralizar la ley de hierro de la oligarquía en el seno de las organizaciones políticas. De impedir, en definitiva, que unas pocas personas ostenten el poder efectivo, y la soberanía, que pertenece a la colectividad. Tanto en el Estado, donde el sujeto soberano es el ciudadano, como en los partidos políticos, donde lo es el militante.
 
Si aceptamos este enfoque entonces tampoco tenemos más remedio que aceptar que las próximas elecciones europeas no son unas elecciones más. Son el primer punto de encuentro de un ciclo político, compuesto por tres procesos electorales, que responde a un contexto socioeconómico que abre la factibilidad de emancipación social. Lo importante no es, ni ahora ni nunca, el resultado electoral per se sino el tejido social que se logra articular de cara a un objetivo político más ambicioso. Me parece más apropiado que el objetivo sea la transformación de la frustración social existente –y ello remite lógicamente al sector abstencionista- en un compromiso político bien definido, todo lo cual únicamente puede lograrse a través de dos mecanismos. El primero, que la organización se sitúe en el conflicto político cotidiano y no concentre todas sus fuerzas en el ámbito institucional. El segundo, que permita en su seno la total participación democrática, que es además la cuna de la legitimidad.
 
Por eso la elección de la candidatura de Izquierda Unida para estas elecciones -y la naturaleza del proceso correspondiente- no puede ser entendida como un mero accidente en el terreno. Se trata de una oportunidad para comenzar un proceso de adaptación organizativa a un contexto socioeconómico como el descrito más arriba. Se trata de definir, también a través de las formas, si aspiramos al 15% o a la mayoría social.
 
En efecto, iniciar un proceso de radicalidad democrática es, en realidad, ponernos manos a la obra en la construcción de las mayorías sociales y trabajar por la reconquista de la democracia. Dar al pueblo lo que le pertenece, su soberanía y su derecho a la existencia, es a fin de cuentas el motor de todas las revoluciones modernas.
 

 

22 enero 2014

LA SOCIALDEMOCRACIA HA RENUNCIADO YA HASTA AL MÁS MODESTO REFORMISMO.

Por Alejandro Teitelbaum.


Alejandro Teitelbaum es un conocido abogado, diplomado en Relaciones Económicas Internacionales en París y representante de la Asociación Americana de Juristas ante las Naciones Unidas. Es autor del libro "El papel de las sociedades transnacionales en el mundo contemporáneo". En el trabajo que les presentamos Teitelbaum traza un perfil  de la socialdemocracia de los últimos decenios
 
Que el Presidente francés Hollande haya sepultado todas sus promesas preelectorales (bastante brumosas, por cierto) no tiene que asombrar a nadie. La hipocresía y la mentira está en el ADN de todos los políticos al servicio del sistema capitalista imperante. Además, este caso particular es la conclusión lógica y coherente de un proceso que comenzó en 2011 con la elección del candidato presidencial del Partido Socialista, como veremos más adelante. Hollande ha anunciado la adopción de una “política de la oferta”. Dicha política está inspirada , aunque el “profesor” Hollande no lo dijo, en la teoría de Juan Bautista Say (1803), según la cual la oferta genera la demanda, de modo que siempre habría equivalencia entre la oferta y la demanda.

      En el plano teórico ya Marx se ocupó de demoler en términos poco amables (“tedioso Say”, “desdichado individuo”, “farsante”) la teoría de Say, retomada por Ricardo. Escribía Marx que “este es el parloteo infantil de un Say, pero no es digno de Ricardo”. (Marx, Teoría sobre la plusvalía (Tomo IV de El Capital). Marx explicaba que la teoría de Say podría hipotéticamente funcionar en una economía de trueque, pero ni siquiera en una economía mercantil simple y menos aún en una economía capitalista de mercado, donde el capitalista produce mercancías, no para cambiarlas por otras mercancías sino para transformarlas en dinero, en capital monetario y de ese modo realizar la ganancia que le queda después de pagar a sus proveedores y a los bancos que le prestaron capital, ganancia que puede destinar a atesorar, a especular, a mantener un tren de vida entre elevado y exuberante, etc. El capitalista, para transformar la mercancía en dinero necesita vender su producción y a veces ocurre que no la puede vender, al menos totalmente, porque no hay demanda suficiente a causa del estancamiento o disminución del poder adquisitivo de los consumidores de las clases populares. Y entonces los stocks de mercancía quedan acumulados o se venden por debajo del costo. Ese es el momento de las crisis periódicas del sistema, resultado de que entre la producción y el consumo, entre la oferta y la demanda, se interpone la apropiación capitalista de la plusvalía. De modo que la ley de Say nunca funcionó ni puede funcionar.

     Además de los hechos, después de Marx refutaron a Say muchos otros economistas, entre ellos Keynes, quien postulaba como forma de salir de la crisis la estimulación de la demanda. Las ideas de Keynes funcionaron durante un corto período cuando las condiciones económicas objetivas lo permitieron (el Estado de bienestar) pero en las condiciones actuales de crisis profunda e irreversible del sistema dichas ideas son imposibles de llevar a la práctica.

     La “política de la oferta” de Hollande se concreta en regalos fiscales gigantescos a los capitalistas: el CICE (Crédito de impuesto competitividad empleo) y la supresión del aporte patronal a las cargas sociales en 2017. El CICE tiene por objeto financiar por anticipado programas de las empresas destinados a mejorar su competitividad mediante innovaciones, formación del personal, etc., el reclutamiento de nuevo personal y la reconstitución de sus activos financieros. Todo lo cual, según la versión oficial, permitirá relanzar la economía y crear muchos empleos.  Pero los patrones no asumen obligación concreta alguna como contrapartida de los regalos que reciben y lo que ahorren en tasas e impuestos y ganen en subvenciones les servirá para aumentar su margen de ganancias. Nada autoriza a suponer que aumentará la demanda global porque el ingreso real de los asalariados tiende a disminuir con la congelación (y aun disminución) de los salarios reales directos e indirectos (objetivo gubernamental proclamado: disminución de los costos laborales), los aumentos de los impuestos al consumo y también a causa de la alta tasa de desocupación (en torno al 11% actualmente). Como ha dicho el mismo Hollande, la redistribución de los ingresos “vendrá DESPUÉS”.

     Esta “política de la oferta” (regalos a la patronal y virtual congelación de los salarios reales pese a un considerable aumento de la productividad que en Francia se multiplicó por cinco en 30 años) se viene practicando en dicho país desde hace más de 30 años. Es decir, hace tiempo que en Francia – con gobiernos “socialistas” o de derecha- aumenta la explotación de los asalariados y se ensancha la brecha entre ricos y pobres. La “política de la oferta” se acentuó con Sarkozy y ahora llega a su climax con Hollande. Esto no ocurre por azar: las políticas antisociales son toleradas más pasivamente por la población con un gobierno de “izquierda” que con un gobierno de derecha, pues el mito de gobiernos de “izquierda” y de derecha todavía funciona con las mayorías, las que pese a la evidencia, siempre esperan algo mejor de un gobierno de “izquierda”. Pero en la realidad no siempre es así. En Francia, fue durante el gobierno del Primer Ministro “socialista” Jospin (1997-2002) que se privatizaron más servicios públicos e industrias clave. Con escasa o nula reacción popular. Es decir, los gobiernos de “izquierda” gozan de más legitimidad para llevar a cabo una política antipopular.

      Decíamos antes que esta forma particularmente brutal en que Hollande adoptó una política ultraliberal es la conclusión lógica y coherente de un proceso que comenzó en 2011 con la elección del candidato presidencial del Partido Socialista.  En efecto, antes de las elecciones primarias abiertas en el Partido Socialista los sondeos de opinión daban ganador a Strauss Kahn, de tendencia francamente liberal en economía, en segundo lugar a Martine Aubry, tibiamente centro-izquierda con el antecedente de haber promovido como Ministro las 35 horas semanales y lejos, en tercer lugar, a Hollande, Secretario General del PS, de tendencia protoliberal y de escasa personalidad, apropiado para servir de bisagra entre las distintas corrientes del PS. Hollande fue durante varios años alcalde de Tulle, una pequeña ciudad de 14.000 habitantes. A la medida de sus calidades de estadista.

      Ahora su figura se ha vuelto patética con el vodevil de sus visitas nocturnas en “scooter” a su amiguita. Hasta el punto que una agencia de automóviles publicó un anuncio ofreciéndole autos con vidrios polarizados. Cuando Strauss Kahn quedó fuera de carrera a causa de su incontrolable sexualidad, los sondeos le dieron el primer lugar a Hollande y el segundo a Martine Aubry. Finalmente Hollande ganó las primarias socialistas con el 56 por ciento de los votos.

      Objetivamente Martine Aubry era mejor candidata que Hollande. Tenía experiencia gubernamental como Ministro y como Alcalde durante muchos años de la ciudad de Lille (225.000 habitantes), donde realizó una gestión correcta. Pero la mayoría de los electores socialistas (clase media) prefirió a un liberal como Strauss Kahn y cuando éste quedó “offside”, optó por un individuo de perfiles políticos borrosos y de pobre personalidad y no por Martine Aubry, quien para algunos “camaradas” socialistas era demasiado izquierdista.

     Dicho de otra manera el voto de la mayoría en las elecciones primarias del PS refleja la tendencia mayoritaria de las clases medias a favor de preservar el statu quo o sea, el orden establecido. Y así conservar los pequeños privilegios que les proporciona el sistema: un nivel de vida un poco más alto que el de la mayoría de los trabajadores manuales, el que le permite asistir a actividades culturales, comer de tanto en tanto en un restaurante (más bien modesto) ir de vacaciones, etc. Y poder formular críticas intrascendentes a la gestión gubernamental en público o en tertulias sociales, sin temor a ser apaleados o terminar en prisión. O sea, “vivir en democracia”. Desgraciadamente, la preferencia por el orden establecido y el temor a las consecuencias de un cambio radical es un fenómeno mundial que abarca a las mayorías y atraviesa a todas las clases sociales. E incluye a una buena parte de quienes no tienen privilegio alguno, viven en la precariedad y sin perspectivas de un futuro mejor.

     Hollande dice que es socialdemócrata y tiene razón. La socialdemocracia hace decenios que es un simple reaseguro del sistema, como lo muestra su práctica gubernamental en distintos países del mundo. Y sus alianzas para gobernar con la derecha tradicional.

     En Alemania (donde el “milagro” se basa en la no existencia de un salario mínimo -aunque ahora se promete establecer uno más adelante- y en salarios ínfimos de 450 euros mensuales pagados sobre todo a los trabajadores provenientes de Europa oriental) la actual alianza del PSD con la derecha fue aprobada por el voto directo de la gran mayoría de sus afiliados.

    En Italia el Partido Demócrata (resultado de la fusión, hace algunos años, de lo que quedaba de los Partidos Comunista (desde 1991 Partido Democrático de Izquierda) Socialista y Demócrata Cristiano) formó Gobierno a principios de 2013 en alianza con el partido de Berlusconi, cuyo núcleo, Forza Italia, es de tintes fascistizantes. En noviembre de 2013 Berlusconi rompió la coalición pero su propio partido se quebró y una parte del mismo quedó en el Gobierno con el nombre de Nuovo Centrodestra.

   En España el pueblo español, votando mayoritariamente una vez al PSOE y otra al Partido Popular, pasan alternativamente de la sartén al fuego. Las grandes movilizaciones de los “indignados” no impidió el triunfo electoral del Partido Popular en las últimas elecciones. Se cumplió una vez más el principio del “péndulo” electoral.

     Los socialdemócratas hace ya tiempo que han renunciado incluso a un modesto reformismo que, por otro lado, no tiene posibilidades de concreción en las actuales condiciones de crisis profunda del capitalismo el que sólo puede sobrevivir acentuando hasta el extremo la explotación de los asalariados y dejando al borde del camino a una parte de la población. Cuando las mayorías sufran condiciones de vida más allá de lo soportable y una parte de ellas pierdan hasta sus mínimos privilegios de la vida cotidiana, queda por saber qué ocurrirá.

    Puede formularse la hipótesis de que si no aparece una sólida y creíble alternativa de cambio radical anticapitalista, terminará por imponerse, con el consenso de las mayorías, alguna forma autoritaria de inspiración fascista. El tradicional péndulo electoral entre “izquierda” socialdemócrata y derecha tradicional puede alterarse a favor de la extrema derecha. Dicho de otra manera, la dictadura del gran capital puede terminar despojándose de sus últimos ropajes pseudo democráticos.