Homenaje al pensador marxista Adolfo Sánchez Vázquez en la Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM), septiembre de 2015. Intervención de
Néstor Kohan. Se puede leer la ponencia escrita en:
www.cipec.nuevaradio.org (Proyecto "Memoria del futuro" de Brancaleone
films, Cátedra Che Guevara, Cátedra "De la teoría social de Marx a la
teoría crítica latinoamericana" y Centro de Investigación en Pensamiento
Crítico [CIPEC], Sociología, UBA, Argentina).
Los militantes del PCE trabajan y luchan para la construcción del socialismo y la realización plena del ideal emancipador del comunismo. El PCE reitera el compromiso en la aspiración a la paz y la cooperación entre los pueblos, el derecho universal al trabajo digno, la realización de los derechos sociales y políticos de las personas, y la conformación de una sociedad que se inspire en valores de libertad, solidaridad, de la paz, justicia y la igualdad.
20 septiembre 2015
15 septiembre 2015
01 septiembre 2015
El laberinto griego.
Alberto Arregui y Jordi Escuer
Un jarro de agua helada ha caído sobre los sectores más combativos de
la izquierda europea que seguíamos día a día la odisea del pueblo
griego, la lucha titánica de la clase trabajadora que había conseguido
derrotar a su burguesía en las calles y en el Parlamento, que llevó a
sus representantes al Gobierno, y que humilló a los partidos de la
burguesía griega en el referéndum dando una bofetada a los planes de la
clase dominante europea al rechazar el memorándum del “rescate”. Y
después de tantas proezas “su gobierno”, los dirigentes de Syriza
encabezados por Alexis Tsipras, han claudicado sin lucha, se han rendido
dando la espalda a largos años de lucha.
El gobierno de
Tsipras pareció dar un paso audaz y decidido al convocar el referéndum
en Grecia, llamando a que su pueblo rechazase las ominosas condiciones
impuestas por los administradores del capitalismo europeo.
“Alea iacta est”
(la suerte está echada), inmortal frase de César, quizá es la cita en
latín más popular del mundo. Indica un alto contenido de riesgo, pues es
la misma expresión que se refiere a los juegos de dados. En esta
reflexión del genio romano hay una gran cantidad de audacia al aceptar
el riesgo de perder la batalla, sabiendo que ya no hay vuelta atrás, que
sólo cabe la victoria o la derrota. Por ello transgredió las normas
establecidas y cruzó al mando de sus tropas el río Rubicón, para
penetrar en Roma enfrentándose a Pompeyo.
Leones dirigidos por corderos
Tsipras ha sido una parodia de un César que llama a sus tropas a entrar
en las aguas del Rubicón pensando que esa escenificación sería
suficiente para conseguir un trato “entre caballeros”. Ese es,
precisamente, el error de todos los “reformistas” del mundo que han
encerrado el marxismo en un cajón: ¡no se trata de un diálogo entre
caballeros, sino de la lucha de clases!
El Gobierno heleno
cometió el peor error: declaró la guerra, desafió al capital y después
quedó atrapado por la imprevisión, paralizado por el miedo, tratando de
retroceder, y ahogándose. Una vez en la corriente se asustó y se rindió,
y ha provocado el estupor, la desbandada, la desorganización y la
derrota, no sólo del gobierno sino del Partido, provocando su escisión.
Todo ello hace que una victoria de la clase trabajadora griega se haya
convertido en una derrota. No hay mejor ejemplo de lo que Alejandro el
Grande, hubiese definido como “leones dirigidos por corderos”.
Toda la burguesía europea se frota las manos. Rajoy y la derecha no
pierden ocasión para utilizar el ejemplo del Gobierno de Tsipras para
alertar contra el “populismo”. Tampoco la dirección del PSOE. De hecho,
los dos partidos han votado a favor del tercer plan de ajuste, llamado
de “rescate”, en Grecia. Ya se han encargado ellos de contribuir a que
las cosas acabaran así, pero sería un error no llamar a las cosas por su
nombre: la actuación del Gobierno heleno es equivocada y una derrota.
¿Definitiva? No, pero se ha perdido una batalla y habrá que sacar
conclusiones de porqué. Ni debemos justificarle por el acuerdo ni
felicitarle por convocar elecciones anticipadas, si no queremos repetir
los mismos errores.
Sin embargo, ésa está siendo la actitud de
la dirección de Podemos y, por desgracia, también la de parte de la
dirección de IU. “El acuerdo es injusto pero lo impone la Troika”.
Entonces ¿sólo cabía aceptar el acuerdo? Parece ser que sí. Pero su
convocatoria de elecciones es “ejemplar” y hay que apoyar a Syriza. ¿A
cuál? ¿A la de Tsipras o a la de Lafazanis? O, en otras palabras, ¿la
que vota con la derecha y la socialdemocracia que llevó al país a este
desastre, o la que se mantiene coherente con el programa de Syriza y con
lo que votó la mayoría del pueblo en el referéndum del 5 de julio?
Convocar unas nuevas elecciones abre la puerta a una posible victoria
de la derecha, aliada con los socialdemócratas, por no hablar de los
neonazis, lo que sería un desastre para los trabajadores y trabajadoras.
El miedo a que eso suceda es lo que puede permitirle a Tsipras vencer.
Pero ¿qué política hará ese gobierno? La de recortes a la que le obliga
el tercer rescate de la Troika. Esa es una receta para el desastre.
¿Puede sorprendernos la actitud de la Troika?
Al final, la cuestión es si el gobierno de Tsipras podía haber actuado
de forma distinta y, por extensión, si un futuro gobierno de izquierdas
en el Estado español puede hacer algo distinto o está condenado a seguir
los pasos del ejecutivo heleno. Lo queramos o no, al justificar a
Tsipras, se refuerzan las críticas del PP y se dice que no tenemos
alternativa.
Decir que la culpa es de la Troika, que rechaza
cualquier tipo de acuerdo que no sea la rendición, equivale a reconocer
que no tenemos alternativa. Sólo quienes pensaban que era posible un
acuerdo con las instituciones de UE, del FMI y del BCE, y con las
grandes corporaciones empresariales a las que representan, que podían
convencerles de que otra gestión de la crisis sería buena hasta para
ellos, pueden sorprenderse de lo que ha ocurrido.
Sin embargo,
no tenemos ninguna posibilidad de persuadirles. El “austericidio”, los
recortes, no son un “error”, una obsesión “ideológica”, sino la defensa
de sus intereses de clase a toda costa. Y les está resultando
extraordinariamente rentable, como demuestra el incesante aumento del
número de ricos en Europa y de la cuantía de sus fortunas. Lo que son es
un desastre para la clase trabajadora y la pequeña burguesía.
La Troika, con el Gobierno alemán al frente, ha decidido dar un
escarmiento en Grecia, para evitar que cundiera el ejemplo de que otra
política es posible. Apenas vieron que el Gobierno de Tsipras no estaba
dispuesto a llegar hasta el final, pusieron condiciones aún más duras.
No podemos olvidar que días antes del referéndum, Tsipras manda una
carta a la Troika aceptando lo fundamental de las condiciones que unos
días antes rechazaba [2]. La debilidad invita a la agresión.
Y nadie puede alegar una correlación de fuerzas desfavorable
políticamente. La victoria en el referéndum con más del 60% del apoyo, a
pesar del “corralito” impuesto por el BCE, pone en evidencia el enorme
respaldo con el que contaban para luchar. El problema es que no tenían
alternativa, y cuando la Troika se dio cuenta, no lo dudó: exigió la
rendición sin paliativos.
Hay dos errores destacables. El
primero es que parece que el gobierno de Syriza infravaloró el carácter
del enemigo al que se enfrentaba. Se ve incluso por las declaraciones de
Varoufakis, diciendo que “ha sido un golpe, pero en lugar de tanques
han usado el poder financiero”. Sería de risa de no tener consecuencias
tan trágicas ¿cómo puede alguien pensar que no iban a utilizar todos los
recursos para someter al pueblo griego? Lo que Varoufakis y los demás
debían preguntarse es por qué ellos no se prepararon para eso y por qué
acudieron desarmados al campo de batalla. Y ahí está el segundo error,
el más grave, los dirigentes de Syriza han infravalorado sus propias
fuerzas, las fuerzas de la clase trabajadora y el pueblo griego que han
demostrado durante años que estaban preparados para la lucha. Los
generales de Syriza no se han atrevido a ponerse al frente de la
batalla, han claudicado sin lucha, han dado la espalda a su clase y se
han arrodillado ante el enemigo.
Quizá la imagen de la paradoja
de este camino al desastre es ver a Alexis Tsipras, formar coalición
con los enemigos de ayer, un frente patriótico con Nueva Democracia y
con el PASOK, que acababan de sufrir una derrota en el referéndum que
los había destrozado, y esa alianza se constituye para llevar a cabo la
política que Syriza había prometido combatir.
Tsipras afirma
que han logrado que se aborde la reestructuración de la deuda. Pero,
cuando ésta se haga, no se hará en beneficio del pueblo sino de los de
siempre y, mientras tanto, las privatizaciones, las reducciones de
pensiones y la precariedad laboral seguirán creciendo.
Cuando
la dirección de IU discutió en julio qué postura tomar en el Parlamento
español acerca de la votación sobre el memorándum, algunos dirigentes de
IU federal y del PCE defendían “salirse sin votar” y mostrar nuestro
apoyo “al Gobierno griego y a su pueblo”. El ala izquierda respondió
diciendo: “sólo cabe el voto “no” que es lo que ha votado el pueblo
griego, además IU tiene que elegir entre apoyar al Gobierno griego, o
apoyar al pueblo griego, pues tras la claudicación de Tsipras ese
Gobierno no representa al pueblo”.
Podemos discutir acerca de
cómo ha actuado la izquierda de Syriza en esta crisis, y desde luego
aceptar que una escisión es siempre un trauma y es muy difícil evaluar
qué haríamos en las mismas circunstancias. Pero de algo no cabe duda, no
podemos votar contra el plan de rescate y seguir apoyando a Tsipras,
Izquierda Unida debe dar todo su apoyo a quienes se opongan al
“austericidio”, a quienes mantengan su palabra ante el pueblo y
defiendan el programa del socialismo.
Pero sí hay alternativa
“No podemos quedarnos fuera del Euro”. Esa era la gran amenaza por
parte de la Troika y el Gobierno alemán, y esa fue la gran excusa del
Gobierno de Tsipras. Para empezar, echar a Grecia del Euro no es tan
sencillo. Una parte de la Troika temía las consecuencias de la misma.
Pero esa no era la cuestión central. Ahora, con el fracaso de Tsipras,
renace la idea de que lo necesario es salir del Euro, pero eso es huir
del debate de fondo: el impago de la deuda y tomar el control de la
economía griega.
El Gobierno griego debería haber declarado
desde el principio una suspensión de pagos de la deuda, lo cual la
hubiera puesto en condiciones de mucha más fuerza frente a la Troika y
le hubiera ahorrado unos 12.000 millones de euros hasta finales de 2015 [3].
La auditoría de la Deuda que se ha realizado en Grecia ha demostrado
que ésta ha sido engordada en beneficio de los bancos alemanes,
franceses, etcétera, y de las grandes fortunas de la propia Grecia. La
deuda ni se puede ni se debe pagar.
Pero, la segunda cuestión,
es que el gobierno de Tsipras debía haber nacionalizado los sectores
estratégicos de la economía, empezando por los bancos, para tener el
control de la columna vertebral de la misma, proceder a su saneamiento
efectivo y usar los recursos de las grandes empresas en beneficio de la
mayoría de la sociedad. Pero ni siquiera tomó el control del Banco de
Grecia, que sigue dirigido por quien puso el gobierno de la derecha,
Yannis Stournaras. Y, de hecho, ha aceptado la privatización masiva de
los recursos públicos, que había paralizado hace unos pocos meses.
En realidad, Tsipras renuncia a enfrentarse, no sólo a la Troika, sino a
la propia burguesía griega, que es el primer enemigo del pueblo heleno y
de su clase trabajadora. Las grandes fortunas griegas que, asociados
con los bancos alemanes y franceses, han saqueado el país durante años,
tienen más de 80.000 millones de euros en Suiza según los últimos
estudios, aunque algunos elevan a 200.000 millones la cantidad de dinero
en paraísos fiscales [4].
Para tomar esas medidas no
hay que salir del Euro. De hecho, se podría haber emitido moneda en
euros —el propio Varufakis preparó un plan para ponerlo en marcha— que
le hubiera permitido al gobierno disponer de liquidez.
Por
supuesto, podrían haber echado a Grecia del Euro y habría que estar
preparado para ello, pero eso es muy distinto a explicar que la solución
es salirse. Con euros o dracmas, el impago de la deuda y la
nacionalización de los sectores estratégicos es condición sine qua non para lograr salir adelante.
Es la lucha de clases a escala europea
Y es que ahí está uno de los errores de fondo cruciales a la hora de
entender lo que está pasando en Grecia y en la Unión Europea: no es un
problema de griegos contra alemanes, ni de países del sur contra países
del norte. Los capitalistas griegos ya están comprando, asociados con
empresas extranjeras —véase el caso de los aeropuertos [5] — las empresas públicas privatizadas.
Igualmente, la derecha y la burguesía españolas que, en teoría,
deberían estar interesadas en que Grecia renegociara su deuda y lograra
una quita que sentara un precedente, fueron junto con las de Portugal,
férreas opositoras a dicha posibilidad. Rajoy no quería quedar en
evidencia antes de las elecciones, ni los capitalistas españoles querían
un buen resultado en Grecia que pudiera animar un cambio en el Estado
español. A fin de cuentas, la deuda la estamos pagando los trabajadores y
trabajadoras, puesto que a ellos les va muy bien como atestigua que el
número de ricos ha crecido un 40% desde que empezó la crisis.
Por supuesto, dar esos pasos no sería ningún camino de rosas. Sin
embargo, Tsipras hubiera tenido el apoyo de firme de la mayoría del
pueblo griego y habría podido conquistar la simpatía de los trabajadores
y trabajadoras de toda Europa.
Por eso, la alternativa no es
la vuelta al redil del Estado nacional, sino ponerse en marcha tomando
el control de la propia economía nacional y hacer un llamamiento a crear
una nueva Europa de los pueblos, frente a la Europa de los banqueros y
las multinacionales, que se fundamente en los derechos sociales y la
cooperación y no en la competencia entre los pueblos y la explotación de
los trabajadores y trabajadoras.
Que eso es difícil no está en
discusión. Pero la alternativa para la mayoría del pueblo griego, que
ya ha sufrido una caída dramática de sus condiciones de vida, propia de
una guerra, es seguir empobreciéndose. Realmente, como los hechos
demostrarán, no tiene nada que perder, salvo sus cadenas. El hecho de
que la burguesía europea haya querido dar una lección a la clase
trabajadora europea en las carnes del pueblo griego, no es sino el
reconocimiento de que temen una movilización política y social a escala
europea. Un solo ejemplo de cambio real prendería como una chispa en un
barril de pólvora.
Y, pensando ya en las elecciones generales
españolas, hay que decir que el programa que esbozamos en estas líneas
es el que habría que aplicar aquí. Zapatero ya tomó en 2010 el camino
que ahora emprende Tsipras. El mismo que se verá obligado a tomar quien
no sea capaz de cuestionar el sistema.
Se equivoca Pablo
Iglesias cuando afirma que “nuestro país cuenta con mucha más fuerza
como actor en Europa y con unas instituciones públicas capaces de
disciplinar a nuestras oligarquías corruptas, improductivas y
defraudadoras simplemente haciendo cumplir la ley” [6] . Si no se
cambian las relaciones de propiedad, y las instituciones, no hay
ninguna posibilidad de garantizar “pan, techo, trabajo y dignidad” a la
mayoría de la población. Esa es la lección primera de Grecia y que vale
para todos los Estados de la UE.
No hay atajos, es una quimera
el fetichismo monetarista que piensa que la denominación monetaria en
euros o dracmas o pesetas es la solución, es sólo el miedo a reconocer
que sólo cabe abordar la raíz del problema en el sistema económico.
Tampoco cabe “el patriotismo” la “recuperación de la soberanía popular”,
pues nunca ha existido semejante estado de una Arcadia feliz.
No hay burguesía progresista, no hay “patriotas” entre los propietarios
de los medios de producción (las grandes empresas, la tierra, las
finanzas…), ha quedado muy claro en Grecia, donde toda la burguesía y
sus partidos se han agrupado junto a la troika para combatir el peligro
de la revolución social. El referéndum demostró muy a las claras que se
trataba de un enfrentamiento de clase contra clase, en las zonas obreras
el porcentaje del “oxi” fue aplastante.
No hay revolución
democrática a secas, no es una cuestión de libertades, sino de
propiedad. No hay libertad sin techo, pan y trabajo, es decir, sin
cuestionar la propiedad social de los medios de producción.
La
idea que ya defendió Marx en el siglo XIX hoy es aún más vigente: los
pueblos europeos se salvarán juntos o se hundirán en común, no hay
salvación posible si no se produce una transformación social en todo el
continente, el estrecho nacionalismo es un callejón sin salida.
Seguro que el pueblo griego encontrará el camino de salida de este laberinto y, con él, el conjunto de los pueblos de Europa.
Notas
[1]
Alberto Arregui es miembro de la Presidencia Federal de Izquierda Unida
y Jordi Escuer pertenece a la nueva Izquierda Unida de Madrid.
[2] http://www.lavanguardia.com/economia/20150701/54433134912/tsipras-acepta-ultima-propuesta-eurogrupo-financial-times.html
[4] http://blogs.publico.es/eltableroglobal/los-80-000-millones-que-necesita-grecia-estan-en-suiza-y-son-griegos/1211
[5] http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2015/08/18/tsipras_entrega_aeropuertos_griegos_una_empresa_alemana_36661_1022.html
[6] http://elpais.com/elpais/2015/07/18/opinion/1437241765_050702.html
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=202684
21 agosto 2015
De la "filosofía del marxismo" a "filosofía de Marx".
José María Laso Prieto.
Con este mismo título ha aparecido al público un muy interesante y útil libro del profesor Damián Pretel[1]. La edición ha corrido a cargo de Publicaciones para el Debate, de Barcelona, entidad editorial impulsada por la Asociación de Amigos de la Filosofía. Damián Pretel Martínez nació en Granada en 1930. Durante la guerra civil española formó parte del grupo de niños que se enviaron a la URSS para preservarles de los horrores de la contienda. Cursó la carrera de filosofía en la Universidad Lomonosov de Moscú y realizó los cursos de postgrado en el Departamento de Historia de la Filosofía, pero se doctoró en la Universidad de La Habana. En la capital soviética fue investigador del Instituto de Economía Mundial de Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias de la URSS. También fue profesor de Filosofía en el Instituto de Ciencias Sociales. En la Universidad de La Habana Pretel trabajó como profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y alcanzó el grado de catedrático. También realizó tareas como investigador en el Departamento de Filosofía de la Academia de Ciencias de Cuba. Actualmente es profesor de la Universidad de Granada. Ha publicado múltiples trabajos de filosofía en Moscú, La Habana, México, Praga, Madrid, Barcelona y Oviedo. Entre sus últimos trabajos, es de destacar el publicado –bajo el título de «La filosofía española en la Rusia de ayer y de hoy»– en el número 14 (segunda época) de la revista ovetense El Basilisco, que dirige el profesor Gustavo Bueno.
El libro del profesor Pretel pretende, como su propio título indica, realizar un retorno a la auténtica filosofía de Marx para diferenciarla nítida y rigurosamente de lo que se ha venido denominando «filosofía del marxismo». El proyecto es muy ambicioso, pero también muy necesario. Ya mucho antes de que el modelo del denominado «socialismo real» hiciese crisis, se habían podido comprobar las nefastas consecuencias negativas que para el desarrollo de la filosofía soviéticas habían tenido las diferentes etapas de dogmatismo político que habían imperado en la URSS. El sentido peyorativo que había adquirido el término Diamat, con el que habitualmente se denominaba a la filosofía soviética, era en ese sentido muy significativo. Y más todavía si se considera que la simplificación y la dogmatización de la filosofía marxista actual no se limitaba al ámbito de los países del bloque socialista, sino que incluía asimismo las posiciones de algunos marxistas occidentales. Así tuve ocasión de comprobarlo también en la Universidad Central de las Villas, de Santa Clara (Cuba), donde, en octubre de 1994, se realizó un curso postgradual universitario, organizado conjuntamente por los departamentos de Filosofía de las Universidades de Oviedo y la de Cuba citada, sobre el tema «El materialismo filosófico ante los desafíos actuales». Las posiciones de algunos de los profesores participantes –especialmente las de los latinoamericanos no cubanos– estaban claramente influidas por el Diamat. Su menor incidencia sobre los profesores cubanos (muchos de ellos ya críticos manifiestos del Diamat) puede explicarse por el impacto que entre los filósofos cubanos ha tenido la obra del profesor soviético Evald Ilienkov. Muy justamente, Damián Pretel le excluye del grupo de los dogmáticos y llega a considerarle como «el mejor filósofo marxista de los años cincuenta-setenta». De hecho, Ilienkov se hallaba en las antípodas del también soviético F. V. Konstantivov, a quien en su día Manuel Sacristán calificó de «provecto teólogo» por su obra sobre el materialismo histórico.
La obra que reseñamos abarca cuatro grandes bloques temáticos: a) «La historia de la filosofía y el método de pensamiento y de conocimiento»; b) «Filosofía como método»; c) «Categorías y leyes de la dialéctica»; d) «La práctica, principios de una teoría». Así se incluyen las principales cuestiones filosóficas que interesan desde una perspectiva marxista. En su crítica de las posiciones dogmáticas el autor distingue entre dogmatismo (correspondiente a la etapa de Stalin) y neodogmatismo. Este último fenómeno dogmático es el que corresponde al período de dirección de Bréznev. En principio constituye una difícil tarea, tanto el localizar las raíces filosóficas de las posiciones políticas dogmáticas como el esclarecer las consecuencias filosóficas negativas de posiciones políticas previas. Damián Pretel logra resolver muy operativamente esa doble tarea y en ello estriba el mayor interés y utilidad de su libro. Desde el punto de vista crítico, no obstante las demostradas cualidades pedagógicas del autor, se le podría reprochar el alto grado de concentración teórica que el libro alcanza, pudiendo su lectura resultar ardua para un no profesional de la filosofía. Quizás hubiese sido preferible que el profesor Pretel ilustrase sus tesis con un mayor número de ejemplos, extraídos de los campos político, social, económico, cultural, etc. Sin incurrir en el exceso de ejemplología que caracteriza a algunos manuales de marxismo, no le hubiese sido difícil a Damián Pretel conseguirlo, ya que demuestra poseer no sólo un amplio y profundo conocimiento de la obra de los clásicos del marxismo, sino también del contexto histórico en que ésta se desarrolló.
Resulta muy difícil, dentro del espacio limitado de una reseña, dar cuenta de toda la riqueza teórica marxista que nos proporciona el libro de Pretel. A título de ejemplo, nos limitaremos a señalar algunos puntos. Así, al tratar de la relación de las categorías dialécticas de lo general y lo singular, dice: «[...] Lo general existe sólo a través de lo singular, pero lo segundo no se puede deducir en abstracto de lo primero, según la pretensión del dogmatismo. El estudio de lo general no debe realizarse única y exclusivamente en el plano de la teoría, sino también en el de la práctica, a través del dominio de lo singular, individual, personal, etc. [...]. Así es como se enriquecen, se cambian y se sustituyen unas leyes por otras. Así es como, por ejemplo, se ha enriquecido y desarrollado la teoría de la revolución social formulada por el marxismo. Así es como Lenin demostró que, en las condiciones de la Primera Guerra Mundial, la revolución socialista podía irrumpir, en primer lugar, no en los países capitalistas desarrollados, sino en un país tan atrasado como Rusia. Así es como, en general, todas las revoluciones verdaderas han sido y serán, por así decirlo, heterodoxas. Ninguna se hará con la mirada vuelta hacia atrás, sino puesta en el presente y en el futuro. Nada tiene pues de extraño que aquí y ahora las transformaciones revolucionarias en los países capitalistas desarrollados tengan que abrirse camino por la vía democrática que, en líneas generales, ya había sido prevista por Marx y Engels, y más tarde por Lenin». Asimismo, al estudiar la relación entre las categorías de lo necesario y lo casual, Pretel precisa que el análisis de los procesos sociales debe tener en cuenta la unidad de lo necesario y lo casual –omitida por el dogmatismo– para evitar errores subjetivistas. Es lo que hizo Marx al analizar la experiencia de la Comuna de París. Así, en una carta a Kugelman, decía: «Sería muy cómodo hacer la historia universal si la lucha se puede emprender sólo en condiciones infaliblemente favorables. De otra parte, la historia tendría un carácter muy místico si las “casualidades” no desempeñasen ningún papel. Como es natural, las casualidades forman parte del curso general del desarrollo y son compensadas por otras casualidades. Pero la aceleración o el desarrollo dependen en grado considerable de estas “casualidades”, entre las que figura el carácter de los hombres que encabezan el movimiento al iniciarse éste».
Otro tema, no menos interesante, profundizado por el profesor Pretel, es el de las leyes de la dialéctica. Reaccionando contra el hecho de que Stalin las hubiese reducido a la condición de rasgos, las define como «el reflejo de las concatenaciones internas, necesarias y esenciales, que determinan la tendencia del desarrollo de los objetos y de los fenómenos de la realidad objetiva, así como del pensamiento, del conocimiento y de la práctica de los hombres». Tal definición, para Pretel, supera todo mecanicismo, debido a que: a) no parte de la negación de la casualidad; b) reconoce la acción del sujeto sobre el objeto; c) no fetichiza la acción de las leyes, que no se manifiestan de una manera automática, sino, todo lo contrario, como leyes-tendencia que se abren paso a través de obstáculos producidos por la acción de otras leyes, de contradicciones, etc. Es decir, en función de las condiciones concretas. De ello surge una pregunta. En el capitalismo, por ejemplo, ¿también lo es la de la explotación del hombre por el hombre? Pretel contesta sin ambages: toda ley es siempre una ley-tendencia. La ley de dicha explotación lo es también y ello se debe a que, en la ley, la necesidad nunca se manifiesta de manera pura. Además la ley no niega la casualidad, no suprime la acción del conjunto de las interconexiones y tampoco niega la actividad más o menos consciente de las masas, etc. Por ello, en el ejemplo de la explotación humana, Pretel precisa que esa ley se cumple en colisión con la lucha de los trabajadores por liberarse de la explotación capitalista. O sea, que se cumple, pero no de una manera pura y automática. No menos esclarecedor es el planteamiento que el autor realiza seguidamente: «Pero ¿y en el socialismo? ¿la planificación de la economía y del progreso social no conduce a que las leyes-tendencia actúen simplemente como leyes? El dogmatismo y el neo-dogmatismo han dado a esta pregunta una respuesta afirmativa, pero, con la planificación, la espontaneidad de las leyes sólo se mitiga, pero no desaparece, ni puede desaparecer, ya que el socialismo es también un proceso histórico natural. Así, de la dialéctica materialista se desprende que los hombres no pueden suprimir las leyes objetivas, aunque sean capaces de conocerlas y aplicarlas conscientemente. Lo único que pueden cambiar es la forma en que las leyes se realizan. Marx presta a esta cuestión una atención especial». En definitiva, el libro de Damián Pretel tiene no sólo utilidad teórica, sino también práctica. De práctica política.
[1] Damián Pretel: De la «filosofía del marxismo» a la filosofía de Marx. Barcelona: Publicaciones para el Debate, 1995.
13 agosto 2015
El vaquerito llegó descalzo.
El 30 de diciembre de 1958, hace 55 años, cayó en combate el Vaquerito, y el Che dijo: “Me han matado a cien hombres ¡y qué cien hombres!”...
El Vaquerito demostraba que la realidad y la fantasía para él no tenían fronteras determinadas.
Perfil de Roberto Rodríguez Fernández: conocido como el vaquerito, combatiente revolucionario cubano y capitán del Ejército Rebelde. Fue Capitán del Pelotón Suicida, cuyas misiones eran realizar las acciones más peligrosas.
La historia es tan conmovedora que merece volver a ser contada: Llegó descalzo, en 1957, a la Sierra Maestra. Allí se encontraban alzados Fidel Castro y sus barbudos. Celia Sánchez, la heroína que desbordó energía hasta su fallecimiento en 1980, le regaló unas botas que se ajustaron con facilidad a sus pies pequeños.
“Con los nuevos zapatos y un gran sombrero de guajiro, parecía un vaquero mexicano”, dijo de él el Che
A partir de entonces llamaron el Vaquerito a quien probablemente muy pocos conozcan por su nombre completo: Roberto Rodríguez Fernández.
GESTAS INOLVIDABLES
Con solo nueve años de edad se vio obligado a realizar diversas labores agrícolas, en la finca El Mango, Sancti Spíritus, para ayudar al sustento familiar. Además, trabajó como estibador, repartidor de leche, ayudante de tipógrafo, entre otros oficios que le reportaban escasas ganancias.
Siendo ya un joven, los esbirros de Fulgencio Batista le dieron una paliza por desafecto al régimen y así creció en él la idea de marchar a la Sierra Maestra, para combatir al tirano. Hasta allí llegó y se incorporó a la guerrilla, en la que asumió con gran responsabilidad la labor de mensajero.
Después se desempeñó como soldado de la Columna 1 José Martí. Se ofreció voluntario para la invasión a Occidente que comandarían Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara. Este último lo tomó bajo sus órdenes en la Columna 8 Ciro Redondo.
Chistoso, imaginativo y de buen carácter, el Vaquerito transmitía optimismo a los demás combatientes durante las travesías.
En el libro Pasajes de la Guerra Revolucionaria, el Che lo valoró así:
“El Vaquerito demostraba que la realidad y la fantasía para él no tenían fronteras determinadas y los mismos hechos que su mente ágil inventaba, los realizaba en el campo de combate; su arrojo extremo se había convertido en tema de leyenda cuando llegó el final de toda aquella epopeya que él no pudo ver”.
UN VALIENTE GUERRERO
El Comandante Ernesto Guevara no solo lo incorporó a su Columna, sino que, por su valentía y audacia lo designó al frente del Pelotón Suicida, unidad de élite que lanzaba todas sus energías contra el enemigo, constituía un ejemplo de moral revolucionaria y estaba integraba por voluntarios muy bien escogidos.
El Vaquerito brilló por su arrojo durante la toma de los municipios de Cabaiguán, Fomento, Placetas, Remedios y Caibarién, en Las Villas.
El 30 de diciembre de 1958, dos días antes del triunfo de la Revolución, en la batalla de Santa Clara, cayó gravemente herido, de un balazo en la cabeza, a consecuencia del cual murió horas después. Solo tenía solo 23 años de edad.
Su pérdida, a pocas horas del triunfo rebelde, conmocionó a la tropa y especialmente al Che, quien al conocer la triste noticia, conmovido, dijo: “Me han matado a cien hombres ¡y qué cien hombres!”
“Recuerdo —testimonió también el comandante Guevara— que tenía el dolor de comunicar al pueblo de Cuba la muerte del capitán Roberto Rodríguez, el Vaquerito, pequeño de estatura y de edad, jefe del Pelotón Suicida, quien jugó con la muerte una y mil veces en lucha por la libertad”.
El Che ordenó que su cadáver fuera velado en Placetas. Allí, el pueblo liberado unos días antes le rindió homenaje pese al constante hostigamiento de las avionetas enemigas.
A 55 años de aquellos sucesos retorna la imagen de aquel joven que con su humildad y valentía se ganó el reconocimiento de su pueblo y un lugar destacado en la historia patria.
31 julio 2015
Grecia: una desastrosa capitulación.
Costas Lapavitsas, diputado de Syriza y profesor de Economía en Londres.
El gobierno de Syriza acaba de firmar un nuevo acuerdo de rescate. Es un acuerdo muy malo por evidentes razones que voy a enumerar.
Para empezar, es un acuerdo recesivo. Va a hundir a la economía griega en la recesión porque los aumentos de impuestos se elevan al 2% del PIB. Afectan sobre todo al IVA, impuesto indirecto sobre productos que principalmente consumen los trabajadores. Pero afectan también a las empresas y en primer lugar a las pequeñas y medianas, que siguen siendo la columna vertebral de la economía griega. Aunque, sin duda, el sector más afectado por el aumento es la agricultura: el impuesto sobre la renta de los agricultores se va a duplicar, se van a ver sometidos a nuevas obligaciones.
Se trata de medidas incontestablemente recesivas. Llegan en un momento en que la economía griega se tambalea al borde del precipicio y no hay ninguna duda de que la van a hacer caer en la recesión.
En segundo lugar, el acuerdo contiene medidas claramente no igualitarias que van a exacerbar las desigualdades del país. No dejéis que nadie os convenza de lo contrario: el grueso de la recaudación fiscal vendrá de los impuestos indirectos, y ya se saben que son un factor de desigualdad. Las desigualdades van a aumentar porque las medidas imponen quitar 800 millones cada año de las pensiones. Supondrán una carga adicional para los pensionistas que, en general, ya se encuentran en las capas más pobres de la población. Y sin duda las desigualdades van a aumentar porque el paro va a crecer este año, y también el próximo.
El acuerdo es malo porque no remediará en nada el problema de la deuda del país. No prevé una reestructuración de la deuda. Va a reemplazar una categoría de duda por otra. Podría provocar una mejora marginal en los índices de interés y el escalonamiento de la deuda. Pero sin duda se va a aumentar en una cantidad de 20 a 25 mil millones, para recapitalizar los bancos. Según el FMI, la ratio de deuda sobre el PIB debería sobrepasar el 200% el año que viene. Y eso es probablemente lo que va a suceder.
En cuarto lugar, el acuerdo no prevé absolutamente nada para el desarrollo del país. El “paquete” de 35 mil millones de euros simplemente no existe. Esa cantidad ya se le ha entregado a Grecia en los diversos fondos. No sabemos ni cuando, ni como, recibirá al país “dinero fresco”. Nada, pues, en materia de desarrollo.
Finalmente, el acuerdo es claramente de tipo neocolonialista. El gobierno de izquierda ha firmado un acuerdo neocolonial, por varias razones. Me centraré en tres: para empezar, el acuerdo prevé la creación de un fondo de privatización de 50 millones de euros bajo control extranjero, que tendrá la misión de vender bienes públicos. Los primeros 25 mil millones irán destinados a los bancos. Si después queda algo –y no quedará nada porque nunca se alcanzarán los 50 mil millones-, servirá para pagar la deuda y, quizá, para hacer inversiones. En consecuencia, el fondo venderá todo cuanto pueda vender para recapitalizar los bancos. Acabamos de aceptar vender las joyas de la familia para recapitalizar algunos bancos griegos que están en quiebra.
También hemos aceptado llevar a cabo reformas en la administración pública bajo la dirección de la UE. Hemos aceptado someternos a un control que no solo será muy severo, sino que se prolongará durante mucho más tiempo que los 3 años que durará el acuerdo.
En mi opinión, este acuerdo representa una capitulación desastrosa. No es Brest-Litovsk. Quienes lo creéis, estáis equivocados. No se trata de ganar tiempo para asentar el poder bolchevique en Moscú y Leningrado. No se trata de ganar tiempo, porque no hay nada que ganar. De hecho, el tiempo juega a favor del enemigo. No es una maniobra táctica.
El acuerdo equivale a meter al país en una vía que no tiene más que una salida. Una salida que no sirve a los intereses del pueblo. En cuando a saber quien es el auténtico vencedor del acuerdo, es evidente. Tenéis delante al vencedor: es la oligarquía que se manifiesta en los medios de comunicación de masas. He aquí por qué los medios están exultantes y celebran la victoria. A veces, la realidad es exactamente lo que parece. Es inútil rascar en la superficie. Si leéis los grandes periódicos y escucháis a los medios, sabéis quien ha ganado.
El producto de un error estratégico
¿Por qué, entonces? ¿Por qué esta capitulación? ¿Por qué hemos llegado hasta aquí tras el gran entusiasmo de hace seis meses, tras el fuerte apoyo que hemos recibido de las movilizaciones de las bases, en este país y en Europa? ¿Por qué?
Para mí, la respuesta es clara. Se ha debido a una mala estrategia, una estrategia que fue suficientemente buena para ganar las elecciones pero que se ha revelado desastrosa una vez que Syriza ha llegado al poder. Esta mala estrategia ha durado mucho. ¿Cual ha sido? Es muy simple y se ha formulado explícitamente varias veces. Nosotros haremos un cambio radical en Grecia, un cambio radical en Europa, y lo haremos desde dentro de la zona euro. Esta era la estrategia. Pero eso no es posible. Los últimos meses han demostrado que simplemente no era posible.
No es una cuestión de ideología, neoliberal u otra. No es un asunto de reequilibrio de las relaciones de fuerza políticas. ¿Cuántas veces he escuchado hablar de reequilibrio? Y he aquí que el debate vuelve a estar sobre la mesa, que sre vuelve a sacar el argumento: “Esperamos que las relaciones de fuerza cambien en Europa, si Podemos resulta elegido las cosas serán diferentes”. Podríais esperar mucho tiempo. Mucho, mucho tiempo. Porque no es así como cambiará la situación.
¿Por qué? Porque la unión monetaria, de la que Grecia forma parte, no es de naturaleza ideológica. Bueno, lo es, pero no se trata únicamente de ideología. Ni de reequilibrio de las relaciones de fuerza. Es un mecanismo institucional. Cuanto antes lo entiendan los griegos, mejor para todos. Tenemos un asunto con un mecanismo institucional, con una unión monetaria, con un conjunto jerárquico que actúa en interés de las grandes empresas y de un pequeño número de países miembros. Esta es la naturaleza de la Unión Económica y Monetaria.
Históricamente, esta Unión monetaria ha fracasado. En Grecia, su fracaso es patente, ha arruinado el país. Y cuando más se acerca Grecia a su lugar en el seno de la Unión, más destruye a su pueblo y su sociedad. Es un hecho que la historia de las uniones monetarias ha establecido desde hace mucho tiempo. El problema es que, una y otra vez, la gente se niega a ver la realidad de frente.
La cuestión del dinero
Permitidme una digresión sobre la cuestión del dinero; después de todo me dirijo a un público universitario ya hace treinta años que estudio el dinero. El dinero es naturalmente el equivalente universal. La mercancía de las mercancías. Soy bastante tradicionalista a este respecto.
En su forma más simple y pura, es una cosa. La mayoría de la gente considera que el oro es el dinero. En algunos casos, todavía es cierto. Pero cuando es una cosa funciona de forma ciega y automática, como hacen todas las cosas. Y es objeto de la cosificación. Las relaciones sociales se encarnan en esta cosa; de forma ciega y automática, la sociedad se somete a esta cosa. Lo sabemos desde hace mucho tiempo, Keynes hablaba de la esclavitud del metal amarillo.
Naturalmente, el dinero moderno no es una cosa de este tipo. Sigue siendo una cosa, pero no una cosa que tiene forma de mercancía producida. Está controlado. Sigue siendo dinero, pero está controlado. Controlado por instituciones, comités, mecanismos, toda una jerarquía de relaciones. Esta jerarquía y este marco producen la cosificación, que difiere de la del oro. Lo que cosifican estas instituciones es la práctica. La ideología y los intereses de clase se cosifican en la práctica, en la propia institución.
Y esto es lo que la izquierda, en Europa y en Grecia, ha sido incapaz de comprender: los mecanismos de la Unión económica y monetaria son una práctica de clase cosificada. Y eso es todo. No podéis transformarlas porque hayáis ganado una elección en Grecia. Es imposible. No podéis cambiarlas porque Podemos llegue mañana al poder en España. No es posible. Por tanto, una de dos: o destruís este edificio o lo aceptáis tal como es. Ahora ya tenemos la prueba irrefutable.
Un programa radical supone un plan de salida del euro
Pero la verdadera pregunta es la siguiente: ¿Qué hacemos ahora? Voy a decíroslo y, en este punto, mi práctica tiene valor de prueba. La única postura coherente en el Parlamento durante los últimos días –coherentes con dos cosas: el mandato electoral recibido por Syriza el 25 de enero y el referéndum en el que el pueblo ha dicho claramente no al plan de rescate-, la única postura coherente con las expresiones de la voluntad popular, era decir No, en lugar de Si.
No es un asunto de conciencia moral. Yo respeto la conciencia de todos, comprendo la dificultad moral por la que ha pasado cada diputado, cada miembro de Syriza, cada ciudadano griego. Pero no es una cuestión moral. No sugiero en absoluto que el “no” sea moralmente superior al “si”. Quiero que quede muy claro. No se trata de moral sino de juicio político.
Lo que cuenta aquí es la política, y la orientación política justa que había que adoptar era decir no. Era la única opción que permitía seguir siendo coherente con la voluntad popular, con las promesas que hicimos al pueblo y con las medidas que podíamos adoptar en el futuro.
Si la orientación adoptada se mantiene, el « si » nos hundirá presumiblemente en graves dificultades. Inmensas dificultades por las razones expuestas, que se refieren al contenido del acuerdo. No es posible aceptar este acuerdo y transformar Grecia. No será posible porque el acuerdo contiene mecanismos de control muy duros. Esas personas del extranjero no son idiotas, saben exactamente lo que pasa. E impondrán condiciones, regulaciones, mecanismos de control que impedirán a Syriza adoptar medidas que vayan en el buen sentido al que muchos aspiran.
La prueba del pastel es que se come. Ya están exigiendo la retirada de la mayor parte de las leyes que hemos aprobado en los cinco últimos meses, en interés de los trabajadores. Y las retiraremos. Nos obligan a hacerlo. ¿Imagináis que a partir de ahora se vana poder aprobar otras medidas legislativas radicales? ¿En qué planeta vivís? Es imposible. No será posible.
Dar marcha atrás al acuerdo apoyándose en el No del referéndum
Entonces, ¿qué vamos a hacer? Tenemos que dar marcha atrás a la aceptación del acuerdo. Y concebir un programa radical compatible con nuestros valores, objetivos y el discurso que hemos mantenido durante todo este tiempo, desde hace varios años. Y este programa radical es imposible sin una salida del euro. Lo único en lo que debemos realmente trabajar es en el desarrollo de un plan de salida del euro que nos permita llevar a cabo nuestro programa. Es tan evidente que me siento estupefacto de ver que todavía no se ha comprendido, tras cinco meses de fracaso de las negociaciones.
¿Tenemos las fuerzas necesarias para hacerlo? Si. Si, porque el referendum, donde el “no” triunfó de manera inapelable, ha demostrado dos cosas: para empezar, que el euro es un asunto de clase. No es una forma impersonal de dinero. Como ya he dicho, cristaliza y contiene relaciones de clase. Y la gente lo ha entendido instintivamente: los ricos votaron “si”, los pobres votaron “no”. Es todo.
La segunda cosa demostrada por el referendum es que representa un enorme cambio: por primera vez desde hace cinco años, la juventud griega se ha expresado. Éramos muchos los que esperábamos que lo hiciera, y finalmente lo ha hecho. Y la juventud, esta juventud tan vinculada a Europa, tan educada, sin duda tan alejada de todos los dinosaurios que aun creen en Marx y sus consortes, esta juventud griega que disfruta de los programas Erasmus y que viaja por todas partes, ha dicho no en un 80%. He aquí la base para una orientación radical, y para una reorientación de Syriza. Si decimos si, si mantenemos el si, perdemos a los jóvenes. Tengo la más absoluta certeza.
¿Como organizar una salida del euro?
¿Cómo iniciar esta nueva orientación? ¿Es algo imposible? No imaginéis que no existan planes para salir de esta desastrosa unión monetaria y poner en marcha una estrategia radical. Existe un plan, solo que nunca se ha utilizado. Nunca se ha desarrollado, estudiado en profundidad. Para ponerlo en táctica hay que desarrollarlo y se necesita, por encima de todo, voluntad política.
Este plan, en forma de hoja de ruta, contendrá algunos puntos muy claros.
- En primer lugar, impago de la deuda nacional. El impago es el arma de los pobres. Grecia no debe pagar. No existe ninguna otra puerta de salida. El país está aplastado por su deuda. Un impago será pues un primer paso hacia una quita profunda de la deuda.
- En segundo lugar, nacionalización de los bancos. Nacionalización eficaz de los bancos. Con esto quiero decir que se nombrará un comisario público y un grupo de funcionarios y tecnócratas que saben como se hacen estas cosas. Se les pedirá que dirijan los bancos y licencien a los actuales equipos directivos. Esto es lo que hay que hacer, sin la menor duda. Y, en consecuencia, cambiaremos la estructura jurídica de esos establecimientos. Es una cosa muy fácil. Los bancos seguirán funcionando en un régimen de control de capitales. Y así habremos hecho la mitad del camino para salir de esta catastrófica unión monetaria. Pero será necesario crear un control adecuado de los bancos y los capitales, no el lamentable control que hemos visto en las dos últimas semanas. Esto deberá permitir que trabajadores y empresas recuperen su actividad normal. Es posible, es algo que se ha hecho ya en varias ocasiones.
- En tercer lugar, conversión de todos los precios, de todas las obligaciones, del conjunto de la masa monetaria en la nueva divisa. Se puede convertir todo lo que depende del derecho griego. Los depositarios perderán una parte de su poder adquisitivo, pero no en el valor nominal de sus depósitos. Y ganarán porque también disminuirá el poder adquisitivo de su deuda. Por tanto, la mayoría saldrá ganando.
- En cuarto lugar, organización del abastecimiento de los mercados protegidos; petróleo, productos farmacéuticos y alimentos. Es perfectamente posible definiendo un orden de prioridades y haciéndolo un poco por adelantado, y no en el último minuto. Es evidente que si se piensa poner todo esto en marcha el lunes por la mañana y se comienza a pensar en ellos el domingo, será un asunto difícil. Estoy de acuerdo en esto.
- Finalmente, determinar como se puede aliviar la presión en los tipos de cambio. Probablemente, el tipo de cambio primero caerá y después remontará; es lo que pasa normalmente. Se estabilizará en un nivel devaluado. Pienso que al final habrá una devaluación del 15 al 20%. Hay que saber, por tanto, como se puede controlar esa situación.
¿Cuales serán los efectos de la salida del euro?
¿Qué pasará si iniciamos este camino? para empezar, hay que prepararse técnicamente y, sobre todo, hay que preparar al pueblo, porque hacerlo es imposible sin contar con él. Bueno, esto no es del todo cierto: se puede ignorar al pueblo, pero en ese caso hay que sacar los tanques a la calle. Se puede hacer eso, pero no es la orientación de la izquierda. La izquierda quiere lograrlo con la participación del pueblo, queremos liberarle de esta forma, queremos hacerle participar.
¿Qué pasará si iniciamos este camino? Yo he visto simulacros y modelos econométricos del efecto que podría tener sobre el PIB, los precios, etc. Son cosas muy útiles e interesantes de leer. Pero, en este caso, los simulacros no tienen el menor valor. ¿Por qué? Porque, por esencia, el simulacro y la econometría se basan en la conservación de las características estructurales del modelo. Si no, el simulacro es imposible. Y, en este caso, nosotros transformamos la estructura. Es un cambio de régimen. O, por decirlo de otra manera, si alguien decide volver a cultivar su viña ¿Cómo prevenir los efectos?. Eso es lo que va a pasar. Se va a producir un cambio estructural. Por tanto, las previsiones cifradas no valen gran cosa. No creáis a quienes dicen que habrá una recesión del 25%, una contracción del PIB del 50%. La verdad es que no saben nada. Se sacan las cifras del sombrero.
Lo mejor que puede hacerse en estas condiciones es concebir anticipaciones razonablemente basadas en experiencias anteriores, y en la estructura de la economía griega. Imagino que si iniciamos este camino preparados entraremos en recesión. Será difícil. Probablemente durará varios meses, la caída al menos durará varios meses. Pero si me baso en la experiencia monetaria, no creo que esa situación dure más de seis meses. En Argentina duró tres meses; después, la economía se puso de nuevo en marcha.
Por tanto, la contracción durará varios y luego la economía se volverá a poner en marcha. En cambio, es probable que haya que esperar más tiempo para volver a tener índices de crecimiento positivos porque el consumo, la confianza y las pequeñas y medianas empresas sufrirán sin duda un shock importante. Supongo que volveremos a índices de crecimiento positivos al cabo de 12 a 18 meses.
Pienso que, una vez que el país salga de ese período de ajuste, la economía alcanzará índices de crecimiento rápidos y sostenidos. Por dos razones. Primero, la reconquista del mercado interior. El cambio de divisa permitirá que el sector productivo reconquiste el mercado interno, volver a crear oportunidades y actividades, cosas todas ellas han ocurrido cada vez que se han producido acontecimientos monetarios de esta amplitud. Y un gobierno de izquierda favorecerá la recuperación, para que sea más rápida y más sólida. En parte porque probablemente la exportaciones se van a volver a poner en marcha; y en parte porque se creará un programa sostenido de inversión pública que favorecerá también la inversión privada y generará crecimiento durante varios años. Estas son mis previsiones. Aquí no tengo tiempo para desarrollarlas.
El camino de la sabiduría…
Me gustaría añadir dos cosas. No se trata de una salida de Europa. Nadie defiende esa idea. No hay que confundir el euro, la Unión Económica y Monetaria, con Europa, ese valor desencarnado que lleva tanto tiempo atormentándonos. Aquí hablamos de salir de la unión monetaria. Grecia seguirá siendo miembro de Europa y de las estructuras europeas mientras el pueblo griego lo quiera. Esta estrategia se dirige, por el contrario, a liberar a Grecia de la trampa que constituye la unión monetaria, a permitirle recuperar un crecimiento sostenido y una justicia social, a cambiar la relación de fuerzas en beneficio de los trabajadores del país. Lo siento pero no hay otra estrategia. Imaginar lo contrario es perseguir quimeras.
Ignoro si Grecia optará por esta estrategia. Recientemente he leído una frase muy interesante, atribuida a un primer ministro israelí. Decía que las naciones toman el camino de la sabiduría, pero solamente tras haber intentado todos los demás. La vía de la sabiduría es la de la salida del euro, y el cambio social. Espero que Syriza lo comprensa y diga No. Que no firme el acuerdo. Que vuelva a sus principios radicales y a sus valores radicales. Que haga una nueva propuesta a la sociedad griega y se comprometa en el camino de la sabiduría.
13 julio 2015
61 años de la muerte de Frida Kahlo: Pintora Mexicana y revolucionaria.
Su féretro fue cubierto por la bandera del Partido Comunista Mexicano.
El ataud de Frida Kahlo cubierto con la bandera del Partido Comunista Al lado con gabardina está el muralista David Alfaro Siqueiros
La tercera hija de Guillermo Kahlo, un fotógrafo judío-alemán cuya familia era originaria de Oradea en Rumania, y de Matilda Kahlo, mestiza mexicana, Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón nació en el Coyoacán, al sur de Ciudad de México, en 1907. A pesar de ello Frida decía haber nacido en 1910, año del inicio de la Revolución Mexicana, porque quería que su vida comenzara con el México moderno. Este detalle nos muestra su singular personalidad, caracterizada desde su infancia por un profundo sentido de la independencia y la rebelión contra los hábitos sociales y morales ordinarios, movida por la pasión y la sensualidad. Orgullosa de su mexicanidad y de su tradición cultural se enfrentó a la reinante americanización. Todo ello mezclado con un peculiar sentido del humor.
Frida Kahlo en su niñez
Su vida quedó marcada por el sufrimiento físico que comenzó con la polio que contrajo en 1910 y continuó con diversas enfermedades, lesiones, accidentes y operaciones. Esta primera enfermedad le dejó una secuela permanente: una pierna derecha mucho más delgada que la izquierda.
En 1922 entró en la Escuela Nacional Preparatoria de México D.F., la más prestigiosa institución educativa de México la cual empezaba por primera vez a admitir no sólo a chicos, para tomar clases de dibujo y modelado. Allí sus travesuras la convirtieron en la cabecilla de un grupo mayoritariamente formado por chicos rebeldes con los que realizó innumerables tropelías en la escuela teniendo generalmente como víctimas a sus profesores. Fue precisamente en esta escuela donde entraría en contacto con su futuro marido, el conocido muralista mexicano Diego Rivera, a quien le había sido encargado pintar un mural en el auditorio de la escuela.
En 1925 aprendió la técnica del grabado con Fernando Fernández. El 17 de septiembre de ese mismo año un accidente de autobús la dejó con lesiones permanentes debido a que su columna vertebral quedó fracturada así como diversas costillas y la pelvis, su pie derecho se dislocó quedando machacado, su hombro se descoyuntó y un manillar le atravesó desde el estómago hasta la pelvis. La medicina de su tiempo la torturó con operaciones quirúrgicas (32 a lo largo de toda su vida), corsés de distintos tipos y diversos mecanismos de “estiramiento”.
Autoretrato con traje de terciopelo (Frida Kahlo, 1926)
Frida Kahlo y Diego Rivera en la Marcha del 1º de Mayo de 1929 (foto realizada por Tina Modotti)
El aburrimiento que le provocaba su postración la llevó a empezar a pintar: en 1926, todavía en su convalecencia, pinto su primer autorretrato, el primero de una larga serie en la cual expresaría los eventos de su vida y sus reacciones emocionales ante los mismos. La mayoría de sus pinturas las realizaría estirada en su cama sin embargo su gran fuerza y energía por vivir le permitieron una importante recuperación.
Tras esa recuperación, que le devolvió la capacidad de caminar, una amiga íntima la introdujo en los ambientes artísticos de México donde se encontraban, entre otros, la conocida fotógrafa, artista y comunista Tina Modotti (la fotografa revolucionaria, que vendría a España durante la Guerra Civil para luchar por la República) y Diego Rivera.
Frida Kahlo en 1931
Frida Kahlo y Diego Rivera en el Hotel Park Crescent durante una visita a Nueva York (1933)
Con este último se casó el 21 de agosto de 1929. Su matrimonio consistió en amor, aventuras con otras personas, vínculo creativo, odio y un divorcio en 1940 que solamente duró un año. Al matrimonio lo llegaron a llamar la unión entre un elefante y una paloma pues Diego era enorme y muy gordo mientras que ella era pequeña y delgada. Por otra parte; Frida, debido a sus lesiones, nunca pudo tener hijos, cosa que tardó muchos años en aceptar.
A pesar de las aventuras de Diego con otras mujeres (que llegaron a incluir a la propia hermana de la pintora), él la ayudó en muchos aspectos. Influida por la obra de su marido, adoptó el empleo de zonas de color amplias y sencillas plasmadas en un estilo deliberadamente ingenuo. Al igual que Rivera, quería que su obra fuera una afirmación de su identidad mexicana y por ello recurría con frecuencia a técnicas y temas extraídos del folklore y del arte popular de su país. Más adelante, la inclusión de elementos fantásticos, claramente introspectivos, la libre utilización del espacio pictórico y la yuxtaposición de objetos incongruentes realzaron el impacto de su obra, que llegó a ser relacionada con el movimiento surrealista. Él fue quien le sugirió a Frida que se vistiera con el traje tradicional mexicano consistente en largos vestidos de colores y joyería exótica. Esto, junto a su semblante cejijunto, se convirtió en su imagen de marca. Él amaba su pintura y fue también su mayor admirador. Frida, a cambio, fue la mayor crítica de Diego y el amor de su vida.
Frida Kahlo y Diego Rivera
Frida Kahlo junto a Leon Trotsky en Tampico, México (1937)
La creciente reputación de Rivera en los Estados Unidos los llevó entre 1931 y 1934 a pasar la mayor parte del tiempo en Nueva York y Detroit.
Entre 1937 y 1939 León Trotski vivió acogido en su casa de Coyoacán junto a su mujer. Allí Frida tendría un romance con el líder comunista para, tras su asesinato a manos del español Ramón Mercader, ser acusada como complice del mismo. Esto la llevó a estar arrestada pero finalmente fue dejaba en libertad cosa que ocurrió de igual modo con su marido.
En 1938 el poeta y ensayista del surrealismo André Bretón califica su obra de surrealista en un ensayo que escribe para la exposición de Kahlo en la galería Julien Levy de Nueva York. No obstante, ella misma declara más tarde: "Creían que yo era surrealista, pero no lo era. Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad".
Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos (Frida Kahlo, 1932)
Hospital Henry Ford (Frida Kahlo, 1932)
Las dos Fridas (Frida Kahlo, 1939)
La columna rota (Frida Kahlo, 1944)
Sin esperanza (Frida Kahlo, 1945)
Sus cuadros representan fundamentalmente su experiencia personal: los aspectos dolorosos de su vida, que transcurrió en gran parte postrada en una cama, son narrados a través de una imaginería gráfica. Expresa la desintegración de su cuerpo y el terrible sufrimiento que padeció en obras como La columna rota (1944), en la que aparece con un aparato ortopédico de metal y con el cuerpo abierto mostrando una columna rota en lugar de la columna vertebral. Su dolor ante la imposibilidad de tener hijos lo plasma en Hospital Henry Ford (1932), en la que se ve a un bebé y varios objetos, como un hueso pélvico y una máquina, diseminados alrededor de una cama de hospital donde yace mientras sufre un aborto. Otras obras son: Unos cuantos piquetitos (1935), Las dos Fridas (1939) y Sin esperanza (1945).
En 1939 expone en París en la galería Renón et Collea gracias a Breton. Su estancia en la capital francesa la llevó a relacionarse con Picasso y a aparecer en la portada del "Vogue" francés. Por entonces Frida era conocida en el mundo entero. Todos la querían, salvo los sectores reaccionarios, por supuesto.
Frida Kahlo y Diego Rivera durante un viaje a San Francisco, California (1940)
A partir de 1943 dio clases en la escuela La Esmeralda del México D.F.
En la primavera de 1953 la Galería de Arte Contemporáneo de esta misma ciudad le organizó, por primera vez, una importante exposición. La salud de Frida era muy mala por entonces y los médicos le prohibieron el asistir a la misma. Minutos después de que todos los invitados se encontraran en el interior de la galería se empezaron a oír sirenas desde el exterior. La muchedumbre enloquecida se dirigió al exterior, allí estaba una ambulancia acompañada de una escolta en motocicleta. Frida Kahlo había sido llevada a su exposición en una cama de hospital. Los fotógrafos y los periodistas se quedaron impresionados. Ella fue colocada en el centro de la galería. La multitud fue a saludarla. Frida contó chistes, cantó y bebió la tarde entera. La exhibición había sido un éxito rotundo.
Ese mismo año le tuvieron que amputar la pierna por debajo de la rodilla debido a una infección de gangrena. Esto la sumió en una gran depresión que le llevó a intentar el suicidio en un par de ocasiones.
Murió en Coyoacán el 13 de julio de 1954. No se realizó ninguna autopsia. El día de su entierro, el féretro de Frida fue cubierto con la bandera roja del Partido Comunista, del que Diego y Frida eran militantes.
Sus últimas palabras en su diario fueron: “Espero que la marcha sea feliz y espero no volver”.
25 junio 2015
La solución óptima sería una salida negociada del euro.
Entrevista al diputado griego Costas Lapavitsas sobre las barreras económicas a las que se enfrenta Syriza y los retos de una salida de la eurozona.
Mucho, demasiado, se ha escrito de manera periodística y superficial sobre el Ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis y las negociaciones del mes pasado con la Unión Europea. Pero ahora que las líneas se han definido y permiten que veamos las cosas de manera más clara, se ha abierto una nueva situación.
Cada vez se contempla con más frecuencia y de manera más explícita un escenario que contemple la salida de Grecia de la eurozona (“Grexit”) como la única manera de que el gobierno de Syriza evite retractarse de sus promesas electorales.
Para debatir este asunto con mayor profundidad, hablamos con el diputado de Syriza Costas Lapavitsas. Lapavitsas es, en muchos aspectos, el anti-Varoufakis, no solo en cuanto a estilo y trayectoria personal, sino, y más importante, en términos de línea política –se ha convertido en la figura a la que más se identifica con una ruptura clara y franca con la política del “euro bueno” de los dirigentes de Syriza.
Proveniente del SOAS [2] (Universidad de Londres), Lapavitsas no es miembro de Syriza (aunque fue elegido en las listas del partido) y es un recién llegado a la política parlamentaria. Sin embargo, ha sido toda su vida un activista socialista y es conocido por su incisivo y provocador trabajo teórico sobre la economía política de la moneda, el crédito y la financiarización (trabajo que comenzó con Makoto Itoh mientras estudiaba marxismo japonés).
Lapavitsas también ha trabajado en Londres con el grupo Investigación sobre Dinero y Finanzas (Research on Money and Finance) para producir análisis concretos del origen y trayectoria de la crisis europea y, más recientemente, ha publicado junto con el economista neo-keynesiano alemán Heiner Flassbeck una especie de manifesto proponiendo una radical ruptura con el euro.
Ha sido entrevistado para Jacobin por Sebastian Budgen, un editor de Verso Books que trabaja en el consejo directivo de Materialismo Histórico (Historical Materialism). Damos las gracias a Nantina Vgontzas, Félix Boggio, François Chesnais y Bue Hansen por sus comentarios, así como a Jonah Walters por trascribir la conversación.
Para más información sobre Syriza, ver nuestra Conversación de enero (January conversation) con Stathis Kouvelakis.
-Para alguien con su trayectoria, ¿qué ha supuesto verse inmerso en el centro de una tormenta política tras haber sido elegido diputado? Debe suponer un contraste enorme comparado con los días de reuniones de departamento en la SOAS.
-(Risas) Es difícil un cambio mayor. Tengo dos comentarios que hace al respecto. Primero, el período electoral –la campaña electoral y esas cosas- fue un proceso increíble porque por primera vez en mi vida política estuve en contacto con lo que podríamos llamar, en un sentido genuino, el pueblo, de una zona concreta, de Grecia.
Me entrevisté con grupos pequeños y grandes en pueblos, en ciudades, individualmente,… y resultó que mis opiniones –y yo personalmente- tenían una gran repercusión en esta gente. Eso fue una experiencia novedosa para mí porque mi dedicación a la política ha sido siempre en la Izquierda, que siempre ha tenido una influencia limitada. Por tanto, esa es la primera cuestión.
Ahora, desde mi elección como diputado mi experiencia ha sido -¿cómo lo diría? No quiero decir emocionante porque en muchos sentidos no lo es- apasionante y novedosa. Te encuentras en el corazón de los acontecimientos políticos y del proceso político, acumulando esa experiencia y poniéndote en contacto con posiciones establecidas y viendo cómo funciona la vida política al más alto nivel y siendo parte de ello. Para un hombre con mis antecedentes políticos, eso es nuevo y poco corriente.
-Para aclararnos, ¿fue usted elegido en una zona de Grecia de la que procede tu familia?
-Sí. Fui elegido en el área de Imathia, en Macedonia central. Esta es la zona de la que procede mi familia.
-¿Y sigue siendo esto un aspecto importante de la política griega?
-Sin duda. El hecho de que mi nombre fuera y sea reconocido a nivel local jugó un papel importante en mi elección.
-Comencemos con los acontecimientos que han ocurrido desde su elección. Más concretamente, con los aspectos económicos para luego pasar a los políticos. Supongo que de lo primero que tenemos que hablar es de la cuestión de la constitución del gobierno –la alianza con ANEL y los ministros nombrados para formar parte del gobierno, más concretamente, por una parte, Varoufakis, el diputado Georgios Stathakis, y el diputado Panagiotis Lafazanis. Ahora que ha transcurrido un poco de tiempo, ¿cómo describirías el proceso de composición del gobierno y la alianza de gobierno?
-Muy tradicional en muchos sentidos. Es una cuestión de equilibrio. Cuestión de equilibrio respecto a la sociedad en general y a la dinámica interna de Syriza. El gobierno, en primer lugar, se formó en alianza con ANEL. Contrariamente a lo que se dijo en la prensa internacional, esta no es una “alianza roji-parda” [3] . Esa fue una lectura totalmente incorrecta de la situación.
ANEL no es una versión suave de Amanecer Dorado (Golden Dawn). No son fascistas moderados. Eso es simplemente absurdo. ANEL es básicamente lo que llamamos la derecha popular en Grecia, que es tradicionalmente estatalista, escéptica respecto a la gran empresa, y nacionalista y conservadora, con “c” minúscula.
Obviamente no son el compañero de cama natural de un gobierno de izquierda radical. Sin embargo, dadas las circunstancias, la elección era clara. O no formas gobierno –y tienes nuevas elecciones y caos- o formas un gobierno con esta gente que al menos ha sido consistente en su rechazo al acuerdo de rescate y a favor de los trabajadores, la pequeña y mediana empresa y así.
-Por tanto rechazas el argumento de que un gobierno en minoría fuera posible.
-Eso es absurdo. Dadas las circunstancias, no había otra posibilidad. La culpa real es del Partido Comunista (KEE), por supuesto, que, una vez más, no ha estado a la altura de la demanda histórica y ha elegido una línea de total oposición y hostilidad hacia Syriza y lo que representa y que, por lo tanto, forzó a Syriza a formar gobierno con ANEL.
Tal y como han ido las cosas, no ha sido nada malo porque ha incrementado el apoyo a Syriza entre los sectores más pobres de la sociedad que tradicionalmente han preferido a la derecha conservadora y que de repente han prestado su apoyo al gobierno de la izquierda radical.
Pero la composición del gobierno propiamente dicha fue un acto de equilibrio. Lo más importante –lo que esto realmente señala- es que Syriza decidió ir a las negociaciones de las últimas semanas y enfrentarse al periodo venidero partiendo de la línea política que lleva años defendiendo y con la que ganó las elecciones.
En otras palabras, Syriza intentará acabar con la austeridad, reducir la deuda –restructurarla o cancelarla- y cambiar el equilibrio de fuerzas sociales, económicas y políticas en Grecia y en Europa sin separarse de la unión monetaria y sin entrar en un conflicto general con la Unión Europea. A eso es a lo que claramente apunta este gobierno.
-¿Y es una cuestión de equilibrio el que haya representantes tanto de la derecha de Syriza –Stathakis, por ejemplo- como de la izquierda –Lafazanis- y también algunas figuras como Varoufakis que no tiene ninguna relación orgánica con el partido?
-Es una cuestión de equilibrio exactamente en ese sentido, que todos los sectores del partido estén representadas en el sentido que usted indica. Y Varoufakis, en el sentido en que representa una línea en particular, expresa la que yo acabo de resumirle. A saber, que se pueden lograr estas cosas dentro de los confines del euro. Esa es su posición pública y eso es lo que personifica y representa de momento.
-Hablemos un poco sobre Varoufakis en la medida que usted pueda. Desde luego, ha habido mucha palabrería en los medios sobre Varoufakis, su personalidad, su estilo y demás. Y también ha habido algún escrito serio sobre él, de Michael Roberts por ejemplo, llamado “Más errático que marxista” (More Erratic than Marxist). En primer lugar, que papel jugó Varoufakis en la izquierda griega antes de la elección de Syriza?
-Sé que ha habido muchos trabajos sobre Varoufakis y su estilo de vida y lo que representa, pero la verdad es que eso es algo que no quiero comentar. Eso les corresponde a otros. Ahora no, posiblemente más adelante (el impacto que ha tenido en la política y cosas así).
Respecto a si es un marxista o un radical, recomendaría valoraciones más exigentes en el uso del término “marxista”, sobre todo por parte de personas que son considerados marxistas porque usan ciertos términos y hablan mucho sobre marxismo, cuando lo cierto es que la esencia de su análisis es de lo más simple que se pueda imaginar en economía y política. Así que un poco de contención a la hora de llamar o no llamar marxista a alguien, por favor. Ya no estamos en la política de un anfiteatro universitario – esto es real, ¿vale?
Por lo que respecta a Varoufakis le diré que hace mucho que le conozco como economista, claro. No creo que se le pueda clasificar de izquierda en el sentido de la izquierda radical o revolucionaria, no en el sentido en que se entiende en este país, pero ciertamente es un hombre situado a la izquierda del centro.
Siempre ha sido eso. Siempre ha sido heterodoxo y crítico en su economía. Siempre ha rechazado en sus trabajos la economía y teoría neoclásica. Y siempre ha estado dispuesto a plantear políticas no convencionales y a postular caminos alternativos.
Todo esto es positivo. Sin embargo, cuando analizas su trayectoria tienes que reconocer que también ha sido consejero del gobierno de George Papandreou, que fue el primer gobierno que introdujo las políticas de rescate en Grecia, y permaneció asociado a él durante un periodo de tiempo significativo. Por lo tanto, no creo que pueda decirse de él que sea un hombre de izquierdas de manera sistemática.
-El propio Varoufakis se ha posicionado explícitamente dentro de una especie de marco keynesiano y está aliado con gente como James Galbraith que son abiertamente Keynesianos.
-Quiero ser muy claro en esto. Keynes y el keynesianismo, por desgracia, siguen siendo las herramientas más importantes que tenemos, incluso los marxistas, para tratar cuestiones políticas aquí y ahora. La tradición marxista es muy poderosa al tratar cuestiones a medio y largo plazo y al entender las dimensiones de clase y las dimensiones sociales de la economía y de la sociedad en general, por supuesto. No hay comparación posible en esta esfera.
Pero para las políticas del aquí y ahora, por desgracia, Keynes y el keynesianismo siguen aportando ideas, conceptos y herramientas incluso para los marxistas. Esa es la realidad. El que haya personas que utilicen esas ideas y no las reconozcan como keynesianas es algo que no quiero comentar, pero ocurre.
Por tanto, no puedo culpar a Varoufakis por eso, por asociarse con keynesianos, porque yo también me he asociado con keynesianos de manera abierta y explícita. Si se me mostrara otra forma de hacer las cosas, estaría encantado, Pero puedo asegurarle que después de muchas décadas de trabajar la teoría económica Marxista, que no hay otra forma, de momento. Así que, sí, Varoufakis ha trabajado con keynesianos, pero eso, en sí mismo, no es algo condenable.
-Usted está estableciendo una distinción entre el marxismo como herramienta analítica y keynesianismo como herramienta política, pero también tienen diferentes objetivos, y Varoufakis ha dicho explícitamente que su objetivo era salvar al capitalismo de sí mismo. ¿No lo contempla como una línea clara de división?
-Sí, absolutamente. Keynes no es Marx y el keynesianismo no es marxismo. Un océano los separa y es muy parecido a como tú lo has planteado. El marxismo trata de derrotar al capitalismo y encaminarse hacia el socialismo. Siempre ha sido así y así seguirá siendo. El keynesianismo no es eso. Trata de mejorar el capitalismo incluso de rescatarlo de sí mismo. Es exactamente así.
Sin embargo, cuando se trata de cuestiones políticas tales como la política fiscal, la política de tipos cambio, la política bancaria y cosas así –asuntos sobre los que la izquierda marxista debe necesariamente posicionarse si quiere hacer política seria que vaya más allá de denunciar la situación del mundo desde la sala de estar- rápidamente te das cuenta de que, te guste o no, los conceptos que Keynes utilizó, los conceptos con los que han trabajado los keynesianos, juegan un papel indispensable para desarrollar la estrategia, que sigue siendo marxista.
Esa es la cuestión. Por desgracia, no hay otra salida. Y cuanto antes se den cuenta de eso los marxistas, más relevantes y realistas se volverán sus posiciones.
-Hablemos entonces de las negociaciones que se han dado en varias fases. Creo que se puede decir –y no sé si estará de acuerdo- que hay dos interpretaciones sobre qué ocurrió en las negociaciones.
Una versión, que es la dominante tanto en la izquierda crítica marxista como en la prensa económica (excepto para personajes como Paul Krugman y Galbraith), es que los griegos –Varoufakis y demás- trataron de jugar una partida de póker sin tener las cartas adecuadas, sin nada que pudiera respaldar su estrategia, y que básicamente fueron derrotados por la UE y particularmente por los alemanes.
La otra interpretación, procedente de los medios pro Varoufakis y pro Syriza es que, en realidad, fueron extremadamente hábiles en las negociaciones y que consiguieron darle la vuelta a la situación, al menos parcialmente, poniendo a los alemanes a la defensiva y consiguiendo un poco de aire que de otro modo no habrían logrado, y legitimando un discurso sobre la imposibilidad de pagar la deuda y la ineficacia de las medidas de austeridad.
No sé si estás de acuerdo con esta visión de dos interpretaciones diferentes y, en su caso, ¿cuál es tu posición al respecto?
-Entiendo tu planteamiento, pero no quiero posicionarme en relación con estas dos visiones generales, aunque eso no quiera decir que esté en desacuerdo con usted. Le diré lo que pienso y que sean los lectores quienes decidan con qué posición simpatizo más.
Mi idea, y podemos partir de ahí, es que el gobierno fue a la negociación con un planteamiento que, como ya he dicho, derivaba de su propia composición a la hora de formarlo, que consistía en que se podía entrar en la sala de negociaciones y exigir y luchar por cambios significativos, incluyendo el fin de la austeridad y la cancelación de la deuda, a la vez que manteniéndose firmemente dentro de los límites de la unión monetaria.
Esta es la idea crucial. Es lo que yo he denominado en mi trabajo el planteamiento del “euro bueno”; que cambiando de política, ganando elecciones, cambiando la relación de fuerzas políticas en Grecia y en Europa, negociaremos y transformaremos la unión monetaria y a Europa en su totalidad gracias a las bazas políticas con las que nos sentaremos a la mesa. Así es como fueron a negociar, y su estrategia negociadora estaba determinada por eso.
Ahora bien, hay cuestiones de inexperiencia que son inevitables, cuestiones de personalidad que son inevitables y a las que hemos aludido previamente cuando hablamos de Varoufakis. Estos son elementos importantes. Sin embargo, la clave no es esa. La clave fue la estrategia, y eso hay que entenderlo muy bien, porque si no, puedes perderte con argumentos sobre el póquer, el jugar de farol y esto y lo otro y lo de más allá.
Este gobierno tenía una estrategia que consistía en lo que acabo de exponer. Y se encontró con la realidad. Una realidad que consiste, creo, en que esta estrategia ha llegado a su fin. Es cierto que la escena política ha cambiado en Grecia, y cambiado enormemente. Porque no se trata de que el gobierno obtuviera un 40 por ciento del voto, es que también tenía un 80 por ciento de apoyo popular, como mostraban las encuestas. Pero eso contaba muy, muy poco en las negociaciones.
¿Por qué? Porque los límites de la unión monetaria son los que son. No son susceptibles a este tipo de argumentos. Es una serie de instituciones rígidas con una ideología integrada y un enfoque determinado de las cosas. La otra parte no iba a ceder sólo porque hubiera un nuevo gobierno de izquierda en un pequeño país.
Los griegos se presentaron con grandes esperanzas y cayeron en la trampa que les había tendido las instituciones. Y esa trampa consistía básicamente en (a) escasez de liquidez y (b) escasez de financiación para el gobierno. Así es como las instituciones utilizaron su ventaja estructural en relación con los griegos.
Los griegos carecían de opciones. No podían enfrentarse a eso. Syriza no podía enfrentarse a eso porque había aceptado las limitaciones del euro. Siempre que se acepten los límites que impone el euro, se carece de una respuesta eficaz. Por esa razón las cosas acabaron como acabaron.
Lo intentaron, se esforzaron por conseguir algo diferente. La otra parte, particularmente los alemanes, mantuvieron sus posiciones. Al final de las negociaciones era una cuestión de días el que los bancos tuvieran que cerrar. En esa situación, los griegos aceptaron básicamente un mal acuerdo.
-Creo que hay dos lecturas críticas de la estrategia del gobierno dentro de Syriza. Una es que el euro es considerado sencillamente un artículo de fe, un principio del que no puedes desviarte, bien porque es algo bueno en sí mismo o porque está legitimado en la sociedad griega y no se puede ir contra la opinión dominante. La otra consiste en considerar que es posible crear divisiones dentro de los poderes de la UE, que es posible separar a Mario Draghi de Wolfgang Schäuble, que es posible acercar a Matteo Renzi y François Hollande a la posición griega, que es posible contar con que Obama presione a Merkel y cosas por el estilo.
Lo que creo que mucha gente fuera de Grecia tiene dificultades de entender es tanto la idea de que pudieran estar atados al euro como cuestión de principio, como asunto de fe; como la idea, que parece muy ingenua, de que estos gobiernos social liberales –o neoliberales en el caso de Obama- serían de algún modo aliados objetivos contra los alemanes y los partidarios de la línea dura de la Unión Europea. ¿Qué piensas sobre esto? ¿Cuál es la lectura más amable de marco analítico del que parten para definir esta estrategia?
-Mi visión del marco analítico, cuando lo miro como economista político, es absolutamente crítica y lo he dicho abiertamente. De hecho, lo dije hace muchos años y creo que los hechos de las últimas semanas han confirmado mi posición inicial. Creo que, como marxistas, debemos comenzar por la economía política de la situación, no con el equilibrio de fuerzas políticas. Por desgracia, la izquierda griega y mucha de la izquierda europea lo hacen de la otra manera.
-¿Empiezan por la geopolítica en vez de por la economía política?
-Geopolítica y política interna; el equilibrio de fuerzas políticas, porque, por desgracia, a esto ha sido reducido el marxismo. Y cuando haces eso, cuando comienzas por la política – la correlación de fuerzas a nivel nacional o internacional- es fácil dejarse llevar por la fantasía. Es fácil creer que, al final, todo es política y que por lo tanto se puede cambiar la relación de fuerzas y que todo es posible.
Pues lo siento, eso no es así. Y eso no es marxismo. Como marxistas, creemos que la política, en última instancia, es el resultado de la realidad material de las relaciones económicas y de clase. Esa es una afirmación muy profunda de Karl Marx, siempre que sea comprendida correctamente, siempre que no sea mecánica. La esencia de esta afirmación es que no todo es posible mediante la política.
Y eso es exactamente lo que acabamos de ver. ¿Por qué? Porque la economía política de la unión monetaria es primordial. Guste o no, Europa y Grecia existen ahora dentro de los límites de la unión monetaria.
Desgraciadamente, mucha de la izquierda marxista no ha querido verlo o ha malinterpretado la importancia del dinero. Y no es sorprendente, porque la izquierda europea sencillamente no entiende de la moneda y de las finanzas. Hace como que entiende, pero no es así.
Repito, lo que es factible y lo que no lo es viene determinado en último término por la política económica de la unión monetaria. Dentro de los confines del capitalismo europeo, por supuesto –el capitalismo es la característica definitoria. Ahora Syriza acaba de descubrir eso. Y va siendo hora de que reconsidere las cosas y empiece a ver cómo elaborar políticas y como elaborar su manera de hacer política dentro de estos límites.
Si quiere lograr otras coas políticamente, tiene que cambiar el marco institucional. No hay otra manera. Para cambiar el marco, tienes que plantear la ruptura. Tienes que romper. No se puede cambiar el sistema del euro. Es imposible reformar la unión monetaria. Eso es lo que quedó muy claro.
Ahora bien, ¿es esta posición equivalente a decir que no se puede hacer nada a no ser que se derroque el capitalismo, que es lo que algunos sectores de la ultra-izquierda dicen? Eso es claramente ultra-izquierdismo absurdo. No hace falta una revolución socialista, y no hace falta derrocar al capitalismo a todas horas para hacer pequeñas cosas. Por supuesto que nuestro objetivo es derrocar al capitalismo y por supuesto que en última instancia queremos ver la revolución socialista. Pero esos no son los términos de la partida en este momento.
No se requiere una revolución socialista en Grecia y no es necesario derrocar al capitalismo en Grecia para deshacerse de la austeridad. No. Pero lo que sí es necesario es deshacerse del marco institucional del euro. Esta simple cuestión no es entendida –o no es lo suficientemente apreciada- ni por Syriza ni por la izquierda Europ e a, y eso es una tragedia desde hace años.
-¿Es eso así porque esa es más o menos la posición de Antarsya, del Partido Comunista Griego, y porque debido a la relación de fuerzas en Grecia no es posible aceptar estos argumentos, aunque sea a nivel analítico, de los críticos de izquierda?
-En parte sí. En otras palabras, hace tiempo que tenemos una patología en la izquierda griega –como en la izquierda británica, o lo que queda de ella- que es completamente venenosa a este nivel.
Pero aquí estamos ante algo más profundo: no es simplemente sectarismo ideológico. Lo que ocurre entre la izquierda diferente a Syriza es que hay miedo al poder. Se disfraza y oculta detrás de grandes palabra. En el caso del Partido Comunista, una de cada dos palabras alude al poder de los trabajadores. En el caso de Antarsya, en una de cada dos frases habla de derrocar al capitalismo y de establecer el comunismo. Lo que esto esconde, en realidad, es un miedo profundo a tener el poder. ¡Un miedo profundo al poder!
Y piensan que la gente no se da cuenta de esto, pero es absolutamente obvio que estas personas y estas organizaciones están asustadas hasta el tuétano ante la perspectiva de la responsabilidad y del poder. Por eso adoptan estas posiciones ultra-izquierdistas.
Hay un dicho tradicional griego que dice que el hombre que no quiere casarse siempre está prometido. Bien, eso es lo que los comunistas han estado haciendo, desafortunadamente. Dado que no quiere enfrentarse al aquí y ahora, hablan de revolución.
Por lo tanto, si haces eso, no tienes que enfrentarte a cuestiones como la del euro. Haces como que el asunto del euro es de alguna forma un asunto menor o colateral o lo que sea. O disparas hacia arriba: lo que se necesita es salir de la Unión Europa, salir de la OTAN, salir de esto, de lo otro, de lo demás allá. En otras palabras, no ofreces respuestas concretas porque estás contestando a todo.
-Una visión más benévola sería que les preocupa los efectos del poder en los gobiernos de izquierda, basándose en la experiencia histórica. Tienen menos miedo del poder en sí mismo, que del efecto del poder para destrozar la autonomía de los movimientos sociales.
-Me viene a la cabeza un dicho inglés: si tienes miedo del fuego, no entres en la cocina. La política es eso. No es teorizar y dar conferencias y cosas así.
La política trata de la sociedad tal cual es. Y la sociedad griega quiere respuestas reales aquí y ahora. Por desgracia, sólo Syriza empezó a dar respuestas a su manera y por eso ha llegado a donde está. Y es por eso que otras organizaciones están donde están.
-Ahora se dispone de cuatro meses de respiro. Hay mucha incertidumbre sobre cómo se van a llevar a la práctica las diferentes reformas propuestas por el gobierno, tanto en términos de reformas redistributivas que se prometieron durante la campaña electoral, como en términos de cuestiones como las privatizaciones, que son también líneas rojas.
También hay una clara división dentro de Syriza que todo el mundo puede ver, como sucedió en la reunión del comité central el pasado fin de semana. ¿Cómo ve usted esta fase en la que estamos ahora, entre ahora y el verano?
-Este va a ser un período muy, muy duro para el gobierno y para Syriza. Un periodo muy duro. Por supuesto, ese es consecuencia de los compromisos adquiridos en las negociaciones. Básicamente, los prestamistas y la UE han acorralado con tanta determinación como han podido. El gobierno va a estar sometido a una presión constante para cumplir los objetivos fiscales y los requisitos fiscales.
En marzo hay que abordar importantes pagos de la deuda, lo que está creando un serio problema porque el sistema impositivo se está colapsando. En abril, el gobierno tendrá que completar una revisión del proceso en marcha, que es una revisión retrasada del programa en curso. Ese va a ser un periodo infernal porque, obviamente, las instituciones monetarias van a ser duras.
Y luego, en mayo, el gobierno tendrá que prepararse para las negociaciones que tendrán lugar en junio de cara a un nuevo acuerdo a largo plazo que de algún modo tendrá que tratar de la financiación de la deuda y alcanzar la reducción de la deuda que Syriza prometió al pueblo griego. El tiempo entre ahora y junio pasará volando y será un tiempo de fricción y lucha constantes para evitar la crisis, o, mejor dicho, un periodo de diaria lucha con la crisis.
Desde mi perspectiva, en este contexto el gobierno sólo tiene dos opciones si quiere sobrevivir y hacer aquello para lo que fue elegido.
Lo primero es comenzar a aplicar su programa tanto como sea posible. Es absolutamente primordial enviar leyes al parlamento que demuestren a la gente corriente que lo que decíamos lo decíamos en serio. Incluso dentro de los límites del acuerdo, podemos hacer cosas, a veces saliéndonos de esos límites si podemos.
Lo segundo que debe hacer el gobierno es, por supuesto, aprender la lección de la estrategia fallida que resultó en el sucio acuerdo de febrero y empezar a preparar un enfoque diferente en las negociaciones de junio. Porque si se abordan las negociaciones con la misma estrategia, el resultado será el mismo.
-Entonces para usted los asuntos claves en los que el gobierno puede avanzar ¿serían asuntos como el de devolver la conexión eléctrica a la gente, tal vez revalorar las pensiones, las prestaciones sanitarias; pero no asuntos que han sido ya descartados como el incremento del salario mínimo, la recontratación de funcionarios públicos despedidos o la renegociación o reversión de las privatizaciones?
-Tenemos que tener cuidado y ser realistas en estos asuntos. El gobierno se encuentra en una situación muy difícil, por las razones que hemos comentado. Cuatro meses es un periodo de tiempo muy corto. Además, el gobierno carece de experiencia y la maquinaria estatal es muy lenta y, por lo general, hostil al nuevo gobierno. El plan no conduce a cambios espectaculares a corto plazo, desde el punto de vista de un gobierno de izquierdas.
Por lo tanto, hay que establecer prioridades sobre lo que se puede y no se puede lograr en este corto periodo de tiempo con el objetivo de mantener el apoyo popular y demostrarle a la gente que no somos como el otro bando. Qué promesas pueden empezar a cumplirse en los próximos cuatro meses es una cuestión de criterio.
Ciertamente, es primordial legislar para enfrentarse a la crisis humanitaria, cosa que ya ha comenzado. Leyes para regular las deudas frente al sector público, temas de impuestos, también es muy importante. Legislación que prohíba las ejecuciones hipotecarias para reembolsar las deudas a los bancos también es primordial. El incremento del salario mínimo, aunque es un compromiso adquirido que tenemos que cumplir, puede espera cuatro meses. No es el fin del mundo.
Por lo tanto, hay que establecer cuidadosamente las prioridades en el sentido que he sugerido. Pero si la UE y las otras instituciones nos presionan para que no introduzcamos ni siquiera alguna de estas medidas que he mencionado, deberíamos mantenernos firmes y decirles adiós. Porque si no lo hacemos, estamos acabados.
-Entonces hablemos de esta ruptura. Has publicado un libro con Heiner Flassbeck que recorre los pasos que según usted serían necesarios para establecer una alternativa a la estrategia actual. Tengo algunas preguntas sobre esos pasos, y hay gente que me ha hecho llegar más preguntas. Algunos de los objetivos son bastante obvios, pero presumiblemente, el paso más urgente sería el de los controles al capital, que es compatible también con ser miembro de la UE. ¿Es así?
-Creo que tenemos que dar otro paso previo y decir que una estrategia alternativa es importante –y una idea clara de lo que es y no es factible y cómo abordarlo- también para las negociaciones.
Creo firmemente que las negociaciones de febrero habrían tenido un resultado diferente, no sólo si el gobierno hubiera sido consciente de la trampa, sino también si hubiera estado preparado para realizar acciones que le impidieran caer en ella. Las negociaciones hubieran tenido un resultado muy diferente si la otra parte fuera consciente de que tienes una alternativa en tus manos y que estás dispuesta a aplicarla si es necesario.
-¿Cómo que puedes apretar el botón nuclear si quieres?
-¡Eso es! Es un punto muy importante. Porque si tú les dices que no estás listo para apretar el botón nuclear, como dice usted, obviamente debilitas tu posición enormemente. Así que, esa es la primera cuestión. Eso sí, si fuera necesario y Grecia fuera forzada a hacerlo.
-¿Como crees que ocurrirá, digamos, en cuatro meses?
-Creo que sí. O al menos que les será muy difícil hallar una alternativa significativa.
Quiero dejarlo claro, y esta es una buena ocasión para hacerlo, y decir lo siguiente: la solución obvia para Grecia en este momento, cuando lo miro como economista político, la solución óptima sería una salida negociada del euro. No necesariamente una salida conflictiva, sino una salida negociada. Creo que Grecia tendría una oportunidad razonable si fuera a las negociaciones preparada para luchar y aceptar una salida negociada. Podría ser por un periodo limitado de tiempo, si el pueblo griego lo aceptara así más fácilmente.
Salida negociada –negociada en el sentido de que la otra parte aceptara una profunda reducción de la deuda que sería el precio que tendría que pagar la unión monetaria- un 50% de reducción. Y, algo crucial, la salida estaría protegida en el sentido de que el Banco Central Europeo (BCE) se comprometiera a que la devaluación de la nueva moneda no sería superior al 20% y que los bancos sobrevivirían.
Ambas medidas –protección del tipo de cambio y protección a los bancos- tienen un coste próximo a cero. No es como si a la unión monetaria se le pidiera asignar fondos o cargar con un alto coste. Significaría mucho para Grecia y no le costaría gran cosa a la unión monetaria. El único coste para la unión monetaria sería la reducción de la deuda.
En ese contexto, creo que hay razones para pensar que la unión monetaria podría aceptarlo, ya que significaría ponerle fin al problema griego. Para mí, esa es la solución óptima ahora mismo porque una salida no negociada sería más problemática. Sin embargo, si fuera necesario, incluso una salida no negociada es mejor que continuar con el programa actual.
-Sobre la cuestión de una salida negociada: hay gente que dice que el ministro alemán de finanzas, Wolfgang Schäuble, está a favor de ella y que sólo le detiene la canciller alemana, Angela Merkel. El que aceptara la otra parte del acuerdo es obviamente discutible. ¿Cómo lo ve usted?
-Consta que Schäuble, al menos según los ministros griegos, ofreció a los griegos una salida con apoyos ya en el año 2011. Puedo imaginar, desde la perspectiva de la estructura de poder alemana, que puedan estar tentados por esta idea, y lo veo como un objetivo por el que vale la pena que luche el gobierno de izquierdas griego, por razones obvias.
Realmente no sé si hay divisiones dentro del “establishment” alemán, porque no entiendo los detalles del debate político alemán. Pero el argumento puede ser tan convincente a nivel general que soy razonablemente optimista.
Si la parte griega luchara por ello, y diera muestras de que desea aceptarlo, creo que se podría alcanzar un acuerdo interesante para los trabajadores griegos también, no sólo para la élite griega, porque se evitarían las dificultades de una salida conflictiva.
Ciertamente es algo por lo que vale la pena luchar. Y diría que es algo para lo que el gobierno griego se está preparando. Pero, repito, si resulta imposible, incluso una salida disputada, no negociada, es mejor que una continuación del programa actual.
-Asumamos que no es posible. Como dijo, tanto objetiva como subjetivamente –a la hora de enfrentarse al pánico que generaría ¿sería el inmediato control de capitales la primera mediada a desarrollar presumiblemente?
-Démosle la vuelta al argumento. Fijémonos en una salida no negociada. Si eso se diera, lo primero que ocurriría de manera inmediata sería el impago (“default”) de la deuda. Si Grecia no pagara su deuda, se abriría un proceso de negociación o reestructura de la deuda (porque la suspensión de pagos no significa que la deuda desaparezca, sencillamente te niegas a pagar).
Si no es dentro de los confines de la unión monetaria, será mucha más fácil una reestructuración. Mucho, mucho más fácil. El FMI, por ejemplo, sabe que la deuda tiene que ser reestructurada. Las fuerzas reales que impiden la reestructuración en Grecia son la UE y la unión monetaria. Por tanto, la reestructuración de la deuda debería ser más fácil y realizable si Grecia saliera (del euro). Eso es lo primero. La deuda puede esperar. Grecia entrará en suspensión de pagos, la deuda esperará, puede esperar.
Los problemas reales serían entonces los problemas inmediatos. Los problemas inmediatos requerirán de una serie de acciones inmediatas. Sabemos cuáles son basándonos en la experiencia chipriota, donde la UE las impuso. Anticipando muchas de sus preguntas, sabemos que la UE permite el control de capitales y ella misma los impone cuando tiene que hacerlo.
Así que el gobierno tendría que imponer controles de capital inmediatamente y tendría que imponer controles bancarios inmediatamente. Se da por sobreentendido. Tendría que hacer lo que la UE hizo en el caso de Chipre. Ahora bien, cuánto tiempo tienen que durar estos controles y cómo serán es una cuestión que depende de cómo se desarrolle la situación. Desde luego que durará un periodo de tiempo significativo. Y tendrá que mantenerse alguna forma de control de capitales.
Los controles bancarios, asumiendo que la situación se regulariza en un periodo razonable de tiempo, pueden empezar a levantarse después de unos meses. Pero estas dos medidas son de carácter inmediato, son medidas fundamentales que tendrán que ser tomadas inmediatamente.
Luego vendrá el asunto de la redenominación de todo a la nueva moneda. Eso generará ingentes cuestiones legales –necesitaremos una legión de abogados- porque la forma más fácil de llevar a cabo esta redenominación es básicamente uno a uno.
La redenominación dependerá de la ley aplicable a los contratos objeto de estudio. Si la ley aplicable es una ley extranjera, será problemático. Estos contratos tendrán que ser aparcados en alguna cuenta especial y tendrán que ser tratados en un periodo de tiempo. Los que estén sujetos a la ley griega, en general, tendrán que ser redenominados inmediatamente.
La redenominación crearía un problema a los bancos y obviamente sería necesaria una inmediata nacionalización de la banca. La nacionalización de la banca es claramente un paso vital para la economía griega ahora mismo porque el sistema bancario privado, o el sistema bancario en general, ha fracasado. Así que no estamos planteando nada particularmente traumático.
Luego el estado tendrá que intervenir una vez nacionalizados los bancos y redenominar sus balances para reestructurarlos. Se requiere una reorganización de los bancos para ver cuáles permanecen y en qué términos. Ese es un proceso que llevarán algún tiempo y que no será fácil.
-¿Ve usted esta nacionalización como un proceso puro de arriba abajo o como algo que conllevaría un cierto grado de control popular?
-Por supuesto que con más control popular y la participación de los trabajadores. Los sindicatos de los empleados de banca son muy activos y quieren contribuir positivamente a lo que está ocurriendo. Tendrían un papel en la dirección y reorganización de los nuevos bancos, claro. No es sólo una cosa de arriba abajo.
Pero una cosa de arriba abajo es necesaria. Tendremos que nombrar un comisario público para el sistema bancario, tendremos que cambiar la gestión inmediatamente y luego comenzar el proceso de reestructuración de los bancos para crear, por fin, algunos bancos sanos. El empleo y la producción aumentarán.
Lo siguiente sería, desde luego, lo más difícil en algunos sentidos, la cosa más compleja: tratar con mercados concretos y con el impacto de la salida en esos mercados. Estamos hablando de tres mercados claves: energía, que significa básicamente petróleo, comida y medicinas.
La situación de Grecia a este respecto es mucho mejor de lo que lo era en 2010 porque el país ha contrarrestado en buena medida los desequilibrios. Es más capaz de asegurar las importaciones que en 2010. Aun así, será necesaria una intervención activa en estas tres áreas para asegurarse de que las necesidades tienen prioridad, que la gente que necesita medicinas y comida lo obtenga como cosa prioritaria.
Esto no es tan difícil como alguna gente quiere hacer creer. No será un periodo agradable, pero es no es suficiente. No basta con decir que la salida no puede hacerse. A largo plazo, el coste de unos meses de dificultades no significa nada. Si se planifica, el coste puede ser reducido de manera significativa.
-Estamos hablando de racionamiento ¿verdad?
-Sí, estamos hablando de un proceso de racionamiento.
-¿Y cuentas con la burocracia griega para llevarlo a cabo de una manera equitativa y eficiente?
-Desgraciadamente, sí. Pero si usted me da otra opción yo la asumiré. No sólo eso, es que tenemos cuatro meses. En esos cuatro meses podemos adoptar todo tipo de acciones para prepararlo.
Déjeme decirle un par de cosas. Grecia está en medio de una crisis humanitaria. Ya hay racionamiento en el país, sólo que depende del poder adquisitivo. Buena parte de la población no tiene lo suficiente para comer, los que dependen de los donativos y de las denominadas tiendas sociales – es decir, lugares donde se puede adquirir comida a precios bajos.
Sí, estos son mecanismos de racionamiento que ya existen. Y hacer frente a la crisis humanitaria ahora mismo aportaría más capacidad en este sentido. Ya estamos poniendo en marcha mecanismos que pueden enfrentarse a estos problemas de escasez de suministros. Así que no debería ser tan difícil como lo habría sido en 2010.
-¿No tendría que haber un importante grado de control popular para evitar el clientelismo y la corrupción?
-Como siempre. Y eso es algo que Syriza puede y debe hacer. Eso es lo que un gobierno de izquierdas puede y debe hacer. Para eso está.
Respecto a las medicinas, Grecia exporta medicinas. Tiene una capacidad importante de producir medicinas. El problema no es tan serio como la gente cree. Y también tiene una gran capacidad para producir energía. Está muy cerca de ser auto-suficiente. Las carencias se darán en el transporte, donde será necesario el racionamiento. Racionamiento es lo que estamos viviendo en este momento, sólo que es un racionamiento que afecta dependiendo del poder adquisitivo. Mucha gente no utiliza sus vehículos porque no pueden permitírselo. En este sentido, las cosas no iban a cambiar para una gran cantidad de personas.
-¿Qué importancia tiene en este proceso el forjar alianzas alternativas con países como Rusia, Venezuela, China, Irán?
-Absolutamente crucial. Y hay razones para contar con respuestas positivas de estos países. Si Grecia es forzada a llegar a ello.
-Con condiciones, generalmente
-Bien, todo en la vida está sujeto a condiciones. Si Grecia es forzada hasta ese límite por sus supuestos socios de la UE, entonces Grecia deberá de explorar todas las opciones, libremente y sin restricciones. Si puede salvar a su gente y a su sociedad mediante esta clase de alianzas y acuerdos, debería hacerlo.
Quiero decir algo más en este sentido, no tanto sobre la geopolítica como sobre la política interna. Una de las características claves de la austeridad aplicada a Grecia y a otros países durante los últimos cuatro o cinco años ha sido la atomización y la individualización de la sociedad.
Estas políticas contienen en sí mismas fuertes elementos de clase y fuertes elementos disgregadores.
La clase de actitud que inculcan a la gente, y el tipo de enfoque que incrustan en la sociedad es el de “sálvese quien pueda”. La sociedad tiene que funcionar a pesar de sí misma para general solidaridad, cosa que ha hecho, pero tiene que hacerlo contra la corriente dominante inspirada por estas políticas.
Creo que la salida en los términos que he expresado creará el resultado opuesto. Se generará una perspectiva de posible salvación. Una perspectiva de unidad, de cohesión social y de solidaridad social para hacer que la sociedad supere las dificultades. Eso, claro, asumiendo que la salida esté dirigida y gestionada por un gobierno de izquierdas que desea implementar la salida en beneficio de los trabajadores y de los pobres en general.
Si ese fuera el caso, creo que la perspectiva que prevalecerá será muy diferente de lo que hemos visto hasta ahora, y será una perspectiva que potencialmente ayudará a largo plazo a una transformación de la sociedad, que es lo que realmente queremos. La salida en sí misma y por sí misma no es lo que busca la izquierda. Pensamos que la salida es un paso necesario pero insuficiente para la transformación social.
-Una de las razones por las que creo que la gente es escéptica sobre la estrategia de salida es porque los precedentes que se citan no siempre son muy alentadores, al menos a nivel político. Argentina es uno de los precedentes citados a la hora de hablar de impago y revaluación. No muy alentador en términos de los resultados políticos o de alguna forma de transformación social. La solución chipriota tampoco ha sido progresista, ha sido una medida de emergencia que llevó a la derecha al poder. Y obviamente hay toda una serie de ejemplos históricos que no son nada positivos.
¿En su opinión, cual es la característica crucial –más allá de lo que uno desee o de cuestiones subjetivas- para asegurar una salida progresista en vez de regresiva y directamente reaccionaria?
-Esa es una pregunta muy buena, obviamente, y ha sido un asunto importante desde el comienzo de la crisis allá por 2010. Porque la salida puede darse de diferentes maneras.
Me apresuro a añadir que el caso de Argentina (aunque no sugiero en modo alguno que sea un modelo para la izquierda) ha sido muy difamado y malentendido. Lo que se obtuvo en ese país después de la suspensión de pagos y la salida fue mucho mejor de lo que había antes y mucho mejor para los trabajadores de lo que habría sido si el país hubiera seguido por el mismo camino. Subrayemos eso, para los trabajadores. Si lo miras en términos de empleo y de ingresos, no hay comparación posible.
Así que, sí, yo no diría que Grecia necesita repetir lo que hizo Argentina, por supuesto. Pero no caigamos en las paparruchas ideológicas que la derecha y los prestamistas han mantenido durante años sobre Argentina.
La cuestión crucial para mí aquí, para una salida progresista, sería la determinación del gobierno de involucrar a la gente, a las bases sociales, por así decirlo, en cada paso que se dé. Esto no ocurrió en Argentina. El impago se dio porque la élite dirigente perdió el control. Y luego vino el caos durante un tiempo.
La cuestión clave para que las cosas vayan en la dirección que deseo y que la izquierda también debería de desear consistiría en involucrar a la gente a todos los niveles. Habría que informar a la gente, darle opciones. Debe solicitarse la validación popular de todo lo que ocurra. Y debería solicitarse la acción popular.
Porque la única fuerza de un gobierno de izquierdas es esa. Nada más. No se trata de competencia técnica, aunque alguna tengamos. Es el apoyo popular. Eso es lo que me gustaría que sucediera. Eso es lo que garantizaría, creo, una salida progresista. Por desgracia, no hemos visto mucho últimamente en ese sentido.
-Jacobin publicó recientemente un artículo de Nantina Vgontzas sobre la salida y sobre la ruptura, y lo hace dentro de un marcó analítico que teniendo en cuenta que hay un sector del capital griego sin ataduras, independiente –habla de líneas aéreas, inmobiliarias y otros- podría, de alguna manera ser forzado por el gobierno griego a realizar actividades más productivas. Existe, pues, la idea de que Syriza podría jugar una especie de papel intervencionista en relación con una parte del capital. Obviamente, parte del capital querrá escabullirse, pero también hay una parte que no puedo o no lo hará.
Su pregunta es: ¿Se ha hablado algo sobre esto? ¿Qué piensa la Plataforma de Izquierdas en particular sobre la relación de Syriza con los inversores dentro de Grecia? ¿Qué piensa usted de esto? ¿Cómo podrían intervenir para someter al capital e intentar que invierta en actividades más productivas?
-En general no estoy en contra de una estrategia que diga que un gobierno de izquierdas también debería de mantener abierta la opción de disciplinar al capital privado y obligarle a realizar una estrategia de inversión y crecimiento consecuente con un mayor empleo, un mayor crecimiento y mayores ingresos. Y no hay nada en el marxismo o en la teoría economía básica que esté en contra de eso. Desde luego no como un periodo transitorio. El marxismo nunca ha consistido en que hasta el último botón o el último trozo de cuerda haya que fabricarlo a través de empresas públicas. Por tanto, no estoy en contra de eso.
No obstante, soy muy escéptico dado el contexto en que se encuentra ahora Grecia. No tanto por cuestiones de crecimiento como porque las necesidades de la economía griega son más apremiantes. Esas son cuestiones a abordar a medio plazo. Cuestiones que tienen que abordarse seriamente una vez que el problema de la deuda, la presión fiscal y la unión monetaria hayan sido resueltas.
Cuando empecemos a poner sobre la mesa una estrategia a medio plazo para el país, entonces sí, entonces veo la importancia de este enfoque. Y estaré encantado de debatirlo en el contexto de un plan de desarrollo nacional. Pero en tanto no se resuelvan los asuntos urgentes, estas cuestiones pueden resultar interesantes como ejercicios, pero no ofrecen respuestas inmediatas.
-¿Pero cree que es factible, que hay un sector del capital griego que no se dejaría llevar por el pánico ante una salida de Grecia?
-Estoy seguro de que así es.
-¿Incluido el gran capital?
-Bueno, eso requiere de un análisis más detallado. Pero sé que habría sectores del empresariado que no se asustarían lo más mínimo por la salida, que se enfrentaría a ella directa y abiertamente, y que lo que querrían es conocer cuáles serían las perspectivas de desarrollo a partir de entonces.
-Además de la expropiación y nacionalización del sistema bancario y de la desprivatización de los servicios públicos, ¿qué empresas importantes habría que expropiar/nacionalizar?
-Es una pregunta muy buena que aún no se ha planteado. Pero, en cierto modo, creo que tiene que ver con la pregunta anterior.
No creo que Syriza deba plantearse un amplio programa de nacionalizaciones ahora mismo. Lo que es necesario es nacionalizar la banca, por supuesto. Y asegurarse de que se paraliza la privatización de la energía, en particular de la electricidad. Eso hay que pararlo. Y detener la privatización en otros activos clave. Establecer una estrategia de crecimiento y recuperación fuera del euro, y entonces tener un plan de desarrollo a medio plazo.
Es en ese contexto en el que deberíamos considerar qué áreas de la economía necesitan ser sometidas a control público y cómo –porque la nacionalización en y por sí misma no es la respuesta; estamos hablando de control político, y éste puede adoptar diferentes formas- y qué sectores de la economía necesitan ser regulados sencillamente permitiendo que las empresas privadas se dediquen a lo suyo.
Ese es un debate a medio plazo, no un debate inmediato.
-Presumiblemente usted daría la misma respuesta a su segunda pregunta, que es si usted y sus colegas han estudiado la estructura de las exportaciones e importaciones de bienes y servicios y las medidas en política industrial dirigidas al comercio internacional que habría que tomar junto con el restablecimiento del dracma.
-Desde luego que somos conscientes de la estructura de las importaciones y las exportaciones (balanza de pagos) y puedo decir que esa estructura y la proporción del comercio en el incremento de PIB es indicativa del fracaso –el fracaso del desarrollo- del capitalismo griego en los últimos años.
Es fundamental reducir el peso del sector servicios, por supuesto. Porque Grecia ha dado un énfasis desmedido al sector servicios y ha permitido que se contrajeran los sectores primario y secundario. Básicamente, Grecia se ha desindustrializado. Y ha sido una desindustrialización de treinta años y una decadencia del sector primario que le ha convertido en ineficiente y pequeño. Así que necesitamos reequilibrar eso.
Y ahí también se encuentra la respuesta al comercio, porque el énfasis en el sector servicios significa que Grecia ha dejado de ser competitiva internacionalmente porque es bien sabido que los servicios no son particularmente competitivos – ¡Inglaterra sabe algo de eso! Por tanto, al priorizar el sector servicios, la economía griega ha creado un balance totalmente problemático entre bienes comercializables a bienes no comercializables.
Por tanto, la estrategia a medio plazo debería dirigirse a cambiar ese equilibrio. Grecia necesita reforzar los sectores primario y secundario y de esa manera mejorar su integración en la economía mundial produciendo más bienes comercializable. Cómo hacer eso es, nuevamente, es una cuestión de estrategia a medio plazo.
-En su libro con Flassbeck, usted habla de una devaluación de hasta el 50 por ciento, lo que doblaría el precio de los bienes de importación. Al no poder llevar a cabo en el corto plazo los planes a medio plazo, las exportaciones también serían complicadas, dado el estado de la industria griega. Por lo tanto va a haber un problema de capitales.
¿De dónde vendría este capital, teniendo en cuenta que los mercados financieros presumiblemente sólo prestarían bajo ciertas condiciones y con la clase de imposiciones que nos devolverían de hecho al punto de partida?
-Si la salida fuera pactada y protegida, y en vista de a dónde y cómo ha ido el nivel de coste del trabajo por unidad producida – en otras palabras, la destrucción de empleo que, por supuesto, hay que revertir, pero sin poder volver al punto del que partimos porque eso no es posible- es posible que Grecia necesitara una devaluación de sólo el 15 ó 20 por ciento debido a la reestructuración de los costes. Repito una vez más: los salarios tiene que subir, pero incluso así no se va a volver a donde se estaba. No es factible de momento. Para eso necesitamos una estrategia de crecimiento.
Una devaluación del 15 al 20 por ciento ahora podría ser suficiente para poner al país rápidamente en marcha. Si la devaluación fuera del 50 por ciento en caso de una salida no negociada, habría más problemas con las importaciones, por su puesto. Lo que hay que valorar es esto: la devaluación no funcionaría simplemente, o mayoritariamente, por las exportaciones. Funcionaría en el mercado interno, más que en las exportaciones.
De momento hay muchos recursos sin utilizar en Grecia. En ese sentido no hay poco capital. El capital es más que dinero en efectivo en el banco. Tenemos que pensar como marxistas. El capital es una relación. ¡Hay enormes recursos sin utilizar en el país! Si hubiera una devaluación, surgirían inmediatamente pequeñas y medianas empresas. Hay suficiente capital a pequeña escala para ello. El renacimiento de la economía, el retorno de la demanda y la producción serán muy rápidos y se darán fundamentalmente de esa manera.
Esto es el equivalente a una especie de Nueva Política Económica (NEP) d e Lenin y los bolcheviques. Tengo pocas dudas –y eso lo confirman estudios econométricos que he visto- de que las pequeñas y medianas empresas permitirán que Grecia vuelva a una situación de productividad razonable en muy poco tiempo, un par de años. Eso también generaría los capitales y ahorros para una estrategia a medio plazo.
Por tanto, estas cuestiones sobre de dónde vendrían los capitales tienen que ser examinadas de manera dinámica y no ser vistas estáticamente. Hay capitales en el país, pero están paralizados. Debemos movilizarlos, y eso es lo que hará la devaluación.
-¡Atención, titulares! Lapavitsas pide una estrategia de transición bujarinista. [4]
-No tengo ningún problema con eso. Grecia está tan arruinada que claramente necesita un a NEP. Si Bujarin fue lo bastante listo como para pensar en un NEP y convencer a Lenin, que apoyó la NEP sin reservas, no veo por qué iba yo a estar en contra. Por tanto, el primer impacto sería en esa dirección, creo. Y eso generaría un resurgimiento suficiente como para permitirnos ir más lejos.
-Usted también habla –en el contexto de una salida negociada- de un regreso al sistema monetario europeo que garantizaría un cierto tipo de cambio entre las diferentes monedas y el euro y evitaría especulaciones sobre el dracma. Pero esto es una gran apuesta que depende de que los poderes europeos lo vean con buenos ojos. ¿No supone eso tener demasiada fe?
-Como dije, uno tiene que asumir ciertos supuestos para analizar las cosas. Yo no diría que eso sea tener mucha fe. Diría que son objetivos para la negociación por los que vale la pena luchar. Reconozco la dificultades y hemos sido testigos de la hostilidad de estas fuerzas hacia el gobierno de izquierdas las últimas semanas, así que sé que no será fácil conseguirlo. Y es esto lo que vale la pena debatir, porque el sistema en su conjunto no funciona en Europa.
Lo que yo quisiera, lo que supondría una enorme diferencia, sería que por fin la izquierda europea presentara propuestas sobre cómo cambiar este sistema ridículo que ha prevalecido en Europa por un sistema de tipos de cambio fijos. Eso sería de una gran importancia para Grecia y para España, que se puede ver en esta situación a finales de año.
En vez de discutir sobre cambios políticos y acabar con la austeridad dentro de la unión monetaria y cosas por el estilo, que es sencillamente imposible, la izquierda haría bien en empezar a proponer políticas que de verdad ayudaran, en términos de control de los tipos de cambio dentro de un sistema de control de flujo de capitales. Eso es lo que se necesita en Europa ahora, y no una especie de cuento de hadas sobre una unión monetaria buena, que es algo que no se puede dar.
-En el libro, usted también habla de una redenominación de empresas, bancos, Banco Central y gasto interno. Y habla de utilizar una ratio entre el euro y la dracma que variaría según los diferentes sectores, grado de endeudamiento y grado de riqueza para que pudiera convertirse en una medida redistributiva, no sólo una medida técnica. ¿Puede hablarnos de cómo sería eso y de su viabilidad así como de las experiencias en las que basa esa noción?
-Hasta cierto punto eso es lo que se hizo en Argentina en 2001 y 2002.
-Pero de manera caótica.
-De manera caótica, sí. Pero es perfectamente viable. Es muy sencillo. Los créditos del público con respecto a los bancos, ya sea de depósitos individuales, o depósitos de empresas, o depósitos de ahorros, tendría que ser convertidos a la nueva moneda. Esta conversión se haría sobre la base de 1 a 1, para facilitar las cosas y para facilitar la redenominación. Pero también podría hacerse con tipos diferenciales.
El objetivo del gobierno es conseguir cierta redistribución de riqueza. Así, la gente con menos dinero en el banco, depósitos más bajos, podría cambiar su dinero con un tipo beneficioso de, digamos, no 1 a 1, si no 1 a 1,2. La gente con mayor cantidad de dinero podría cambiar sus depósitos con un tipo de 0,8 a 1. De esta manera, se estaría transfiriendo dinero de los más ricos a los más pobres.
El problema es que lo que habría sido muy efectivo en 2010 cuando los depósitos aún eran altos en los bancos griegos, ahora es algo marginal, porque los ricos han sacado su dinero. Las políticas de los últimos cinco años les han permitido hacerlo sin problemas.
Por lo tanto, el margen para una política redistributiva, aunque no ha dejado de existir, ya no es el que era. Hasta cierto punto, el gobierno de izquierda puedo aplicar esta medida si quiere conseguir algo de apoyo, pero, como digo, dado el estado de los depósitos en los bancos griegos, el margen para esas políticas redistributivas no es muy grande.
-En el libro también habla usted del papel del euro como moneda mundial, una de las principales monedas mundiales. ¿Cómo cree que la Grexit (salida de Grecia de la eurozona) le afectaría a eso?
-Le perjudicaría. Ese es el problema real desde la perspectiva de quienes dirigen la unión monetaria, y también preocupa en USA. No hay una lucha entre USA y Europa, que es lo que algunos argumentan haciendo una lectura marxista simplista. Es una relación simbiótica, de conflicto, pero también de apoyo mutuo.
El papel del euro también se vería afectado si eso ocurriera; habría pérdida de confianza en él, tal vez algunas fugas, acompañado de una inestabilidad financiera que de rebote también afectaría a Estados Unidos – al dólar- y a los contratos financieros en dólares. Y eso es algo que Estados Unidos no quiere.
Desde una perspectiva de izquierdas, eso no es un problema. No es asunto nuestro rescatar al euro o al dólar en cuanto moneda mundial. Hay otra gente completamente dedicada a eso. Nosotros tenemos un objetivo diferente.
-La cuestión del dinero y la moneda es crucial. En Grecia, el miedo a salir del euro está impidiendo planteamientos más radicales. Y el miedo a un futuro fuera de la libra fue una de las razones utilizadas por los escoceses en su “no” al referéndum. Por tanto, para la izquierda dentro de Syriza, cualquier plan B tiene que incluir un plan concreto y convincente sobre una nueva moneda.
¿Qué piensa de la propuesta del Wolfgang Münchau en el Financial Times de introducir una moneda paralela, un instrumento de deuda emitida por el gobierno que pueda utilizarse con ciertos fines dentro del euro? Se refiere al escrito de Robert Parento y John Cochran, ambos economistas de USA, que proponían que el estado griego emitiera certificados de depósito - pagarés respaldados por futuras entradas fiscales.
Estos funcionarían como un mecanismo de cambio y serian fiables hasta el punto de que el estado los aceptaría como pagos de impuestos y promovería su circulación dando créditos fiscales al pago de impuestos en pagarés emitidos por el estado. ¿Estás de acuerdo con Münchau en que esto podría ser una posible medida para acabar con la austeridad y seguir estando en el euro?
-También argumenté en ese libro algo similar, que es la emisión de pagarés por parte del estado que circularían de manera obligada y podrían pagar impuestos, que es básicamente esa idea. Es una idea que ha surgido en diferentes formatos en muchas partes diferentes del mundo.
Sin embargo, no creo que eso pueda ser una respuesta a la austeridad a largo plazo. Eso son ilusiones. Como mucho, puede ser una medida suplementaria para crear liquidez mientras Grecia esté bajo la presión de quienes controlan el grifo de la liquidez – en otras palabras, el Sr Draghi y el BCE.
Un paso así, la circulación paralela, crearía inmediatamente problemas de equivalencia entre el euro real y el euro arbitrario creado por Grecia, porque se consideraría que el euro real tiene más valor que el otro y habrá un tipo de cambio entre los dos. Eso sería perjudicial para la circulación monetaria y para la moneda en general. No sería una solución sostenible. Sería solamente una medida provisional. Al final del todo, sería un parche que conduciría a la salida, básicamente. Hay que entenderlo así.
Por lo tanto, sí, estoy a favor de ello – de hecho es algo que el gobierno debería tomar seriamente en consideración como parte de su arsenal para las negociaciones de junio. Pero no hay que hacerse ilusiones pensando que esto podría ser algo permanente, una solución estable, porque no puede.
-Una pregunta más táctica: parece que la troika va a tener el derecho a vetar cualquier tipo de política que Syriza ponga en práctica en el futuro próximo. ¿Crees que esto puede ser utilizado para reforzar a Syriza, a saber, que si Syriza propone algo popular y aparentemente factible, que es rechazado por las instituciones, los griegos tendrán cada vez más claro el antagonismo de esas instituciones?
Al demostrarse la voluntad de Syriza, el incremento de su popularidad y también la incapacidad para actuar dentro en la eurozona – ¿puede ser, paradójicamente, una estrategia para aumentar el apoyo popular a la Grexit?
-Creo que podría pasar algo así, sí. Las denominadas instituciones que estarán presentes en todo momento, ejercerán su influencia para controlar. Se opondrán a la implementación de cualquier medida o ley que pueda tener implicaciones fiscales y que vaya contra el espíritu de lo acordado el 20 de febrero.
Pero la lucha contra esas instituciones es la lucha política más importante desde ahora hasta junio. Syriza debería afrontarla abiertamente. Esa es la manera de mantener el apoyo popular, porque es lo que quiere ver la gente. Quiere ver medidas de auxilio, y quieren ver oposición a estos tipos de la troika. Sin embargo, eso en sí mismo no es suficiente. También se necesita un plan para la siguiente ronda de negociaciones, porque la trampa está allí esperando.
-Entonces una pregunta sobre una salida forzada y sus consecuencias: el plan B que usted describe con cierto detalle con Flassbeck parece bastante estatista. ¿Sería suficiente para resistir el impacto de la devaluación y la autarquía?
De no ser así, ¿qué van a hacer los movimientos griegos y Syriza para desarrollar lo que podríamos llamar un plan C –un plan de resistencia, colectivo, solidario que organizaría la reproducción social donde el estado no pueda satisfacer las necesidades de la gene? ¿Qué papel jugarían tales estrategias para eludir las tentaciones autoritarias?
-Eso es parte del plan B en gran medida. El plan B –tal y como lo estamos explicando y tal y como lo he hablado con Flassbeck- es obviamente un plan que se da y debe darse a nivel de alta política en primer lugar, porque ahí es donde radica la crisis. Y necesitamos una intervención a alto nivel político y a nivel de estado.
Por supuesto, cualquier clase de estrategia en beneficio de los trabajadores –cualquier estrategia transitoria- tiene que incorporar precisamente lo que usted ha llamado plan C. Y cuando hablamos de lo público, del estado y esas coas, lo que tengo en mente es lo colectivo y el sector público en general. La idea de que el estado se apodere de todo está pasada de moda y muerta desde el colapso del Bloque del Este. Eso es algo que no está sobre la mesa.
De lo que estamos hablando es de soluciones públicas y colectivas. Y sí, de hecho necesitamos a la gente común. Sí, necesitamos actividad desde abajo. Sí necesitamos la contribución y las acciones de las comunidades. Pero primero tenemos que solucionar las macro cuestiones, las cuestiones de estado. Por desgracia, las comunidades no pueden hacerlo a ese nivel.
-Mucho de lo que usted dice sobre una salida positiva, progresista depende de la movilización popular para impulsar al gobierno y darle el apoyo suficiente cuando se llegue al momento decisivo. ¿Es usted optimista sobre la fortaleza de la movilización en Grecia cuando llegue ese momento? Porque se ha hablado mucho sobre el decaimiento, la desesperación y la resignación que ha afectado a la sociedad griega los dos últimos años.
Me anima el enorme apoyo al gobierno griego entre la gente corriente desde las elecciones. No hemos asistido a muchas movilizaciones, es cierto. Pero el apoyo es enorme. El espíritu favorable a lo que está ocurriendo y la disposición a aliarse y a facilitar el trabajo a este gobierno para que actúe son enormes. Y eso es lo más positivo de todo.
Ahora bien, ¿se traducirá ese apoyo en acción? No lo sé. Nadie lo sabe. Pero no se puede negar la buena voluntad. No se puede negar en absoluto. Y eso es algo sobre lo que tenemos que trabajar. Deberíamos movilizar esos sentimientos en favor de soluciones y respuestas radicales.
-¿Y qué piensa usted del papel de la gente que desde fuera de Grecia están a favor de tal salida progresista? Porque se habla mucho de que no se debe criticar lo que Syriza está haciendo, que es muy fácil criticar desde la comodidad del sofá de casa en países que no están al borde del precipicio.
Pero al mismo tiempo, es claro que se están produciendo grandes cambios a los que se debe prestar atención. ¿Cuál cree usted que es la posición correcta entre el apoyo acrítico y la solidaridad positiva?
-El apoyo acrítico a Syriza ahora es absurdo. Es una repetición de la peor enfermedad de la izquierda que yo y muchos otros pensábamos que había quedado atrás. “¡No critique, apoye, ra, ra, ra!” Estas son cosas que la izquierda solía hacer en los malos viejos tiempos. Y eso, en contextos muy diferentes, desde luego, es lo que permitió que surgieran los monstruos.
Eso no es lo que va a ocurrir en el caso de Syriza, por supuesto, pero la actitud de “es nuestro equipo el que está jugando, apoyémosle y no critiquemos” no es una actitud propia de la izquierda. Claro que apoyamos, pero criticamos. A no ser que critiquemos, no ocurrirá nada positivo. Ese es el punto en el que nos encontramos.
La izquierda fuera de Grecia tiene un papel y la obligación de criticar y de hacerlo a menudo, porque las cosas se ven más claras desde fuera de lo que se ven en casa. La visión interna de los hechos es menos objetiva que desde el exterior. La izquierda en el extranjero tiene la obligación de llamar a las cosas por su nombre. Y hacerlo de manera positiva y creativa.
En ese frente, la ayuda más seria y positiva que puede dar la izquierda, además de movilizarse, es comenzar a poner propuestas encima de la mesa, a empezar a reconsiderar la Unión Monetaria Europea en su conjunto. No me cansaré de repetirlo.
En los últimos años, la izquierda europea ha emprendido un camino increíble. Es como si hubiera perdido su sentido crítico. Ha imaginado que el proceso de Integración Europea a través de la UE y el proceso de formación de la Unión Monetaria Europea (UME) es una especie de internacionalismo en el sentido en que la izquierda entiende el internacionalismo.
Y no lo es. Lo siento, pero no lo es. Y no sólo no lo es, no puede convertirse en un internacionalismo genuino cambiando alguna cosa, haciendo alguna reforma o algunas mejoras. ¡Eso es absurdo! La izquierda tiene que redescubrir sus facultades críticas y su actitud crítica y darse cuenta de que no es progresista todo lo que trasciende las fronteras.
La izquierda tiene de una vez que empezar a poner propuestas encima de la mesa sobre una internacionalización genuina de Europa que rechace estas formas de integración capitalista. No mejorándolas. Rechazándolas. Esa es la perspectiva radical real para la izquierda, y eso es lo que debería hacer.
Aún hay una cosa más. La diré, aunque no sé qué impacto tendrá. En las dos últimas décadas, por desgracia, la izquierda marxista en particular, ha retrocedido en términos de su capacidad para analizar la política económica del capitalismo moderno. Se ha empapado de una especie de economía de segunda fila que básicamente piensa y cree que el marxismo y el análisis marxista del capitalismo casi puede condensarse en la tendencia a la caída de la tasa de beneficio.
Para mucha gente en Europa y en otras partes, la economía política marxista se resume en interpretarlo todo en términos de proporción de beneficios –o lo que se mide como beneficios- en relación con el capital invertido. Esa ratio, para algunos, te dice todo lo que necesitas saber sobre el pasado, el presente y el futuro del capitalismo.
Eso no es Karl Marx, por supuesto, y no es lo que los grandes marxistas hicieron. Hoy hay gente que trata de interpretar lo que está sucediendo en Europa según la tendencia a caer de la tasa de beneficio. Eso es absurdo. Absurdo manifiesto. No sirve para nada ni lleva a ningún sitio. No ayuda a nadie.
Grecia no está en crisis por la tendencia a bajar de la tasa de beneficio. La tendencia a bajar de la tasa de beneficio es importante, pero lo que está sucediendo en Grecia no es una crisis cíclica causada por la caída de las tasas de beneficio.
Así que la izquierda –lo que queda de ella- debería empezar a redescubrir los elementos del marxismo creativo del periodo clásico: un poco de Lenin, de Hilferding, de Bujarin, de los grandes marxistas alemanes. Y empezar a interpretar el capitalismo moderno de una manera compleja, rica y equilibrada.
La tendencia a la caída de la tasa de beneficio es importante, pero es una terrible teoría económica y un fetiche. No se puede condensar todo en la tendencia a la caída de la tasa de beneficio. Eso es mal marxismo y mala teoría económica. Es algo que la izquierda podría hacer con utilidad para salir de la eurozona en un futuro próximo.
-Una última pregunta para usted que en cierto modo nos devuelve a los temas personales con los que comenzamos. Su reputación está fundada en su análisis marxista del dinero y del crédito. Y aquí está usted, en una situación en la que tiene que debatir concretamente la creación de una nueva moneda, un nuevo sistema monetario, nuevos sistemas de crédito.
En realidad, tengo dos preguntas. Una es una pregunta un tanto pedante: ¿no es, en cierto sentido, la vuelta a la política económica una victoria teórica del neo-cartalismo, que usted ha combatido en teoría, pero, en la práctica, no es eso lo que está siendo confirmado?
Y la segunda pregunta –más relacionada con la conexión entre teoría y práctica- es: ¿qué clase de preparación y uso práctico le da a usted en la presente situación de Grecia su trabajo sobre financiarización, sobre la moneda y sobre el crédito?
-En cierto modo la primera pregunta es más fácil de contestar. El neo-cartalismo tiene muy poco que ver lo que sucede en Grecia. No estamos hablando de emisión de moneda por parte del estado, a parte de los pagarés para enfrentarse a las necesidades de liquidez inmediata de los que hablamos anteriormente. La denominada teoría monetaria moderna, esta especie de neo-cartalismo, es una teoría monetaria débil. Tiene muy poco que ofrecer para entender la eurozona y el capitalismo moderno en general.
Creo que la segunda cuestión es mucho más difícil de abordar y más exigente en muchos aspectos. Entiendo lo que está ocurriendo en Europa como un ejemplo de financiarización que adoptó una forma particular en Europa debido a la moneda única. Adoptó una forma patológica y enfermiza en Europa a causa de la moneda única. La financiarización de los países europeos ha sido distorsionada por la moneda única. Mi trabajo de años me ha sido muy útil y creo que los resultados son bastante obvios en el transcurso del tiempo.
Si abordamos la crisis de la eurozona como una cuestión meramente monetaria, desde la perspectiva de la teoría económica, no llevaría ni cinco minutos resolverla. Es totalmente obvio, totalmente simple. De hecho es casi trivial. Como problema de teoría monetaria es trivial. Y de hecho, no me llevó más de un fin de semana en 2010, cuando empecé a estudiar los números por primera vez, darme cuenta de su obviedad.
Se trata de una unión monetaria que está mal estructurada y que ha evolucionado muy mal en el curso de su existencia y es por lo tanto insostenible. Y eso, para alguien que está formado en teoría económica y que endiente de dinero y las finanzas, resulta más claro y fácil de ver que para otros que han trabajado en otras áreas de la economía y de la política económica.
Mi trabajo ha sido beneficioso para mí en ese sentido. Y cuando estalló la crisis en 2010, para mi resultaba claro que, dado el sistema monetario: a) la austeridad sería el resultado más probable y que sería desastroso, como yo y la gente del “Research on Monetary and Finance”, sosteníamos, y b) la salida estaría permanentemente encima de la mesa debido a la estructura de la unión monetaria. Eso es lo que todavía está sucediendo. Cinco años después, todavía estamos hablando de la salida. Y c) la idea de un euro bueno es risible, como de hecho ha resultado ser. Así que en ese sentido, mi trabajo de los últimos años me ha sido muy útil.
Del trabajo que he venido realizando durante años, hay otra parte más que es importante. Tiene que ver con la moneda como una categoría social más amplia. La dimensión social no económica del dinero y de las finanzas, que como usted sabe, ha sido algo que siempre me ha preocupado profundamente.
La crisis demuestra sin discusión posible que la moneda es mucho más que un fenómeno económico. Fundamentalmente es un fenómeno económico, por supuesto. Pero es mucho más que eso. Tiene muchas dimensiones sociales y una de las dimensiones que tiene, que es crítica, es el de la identidad.
La moneda, por razones que no vienen al caso ahora pero que desarrollo en mi obra, está asociada a las creencias, costumbres, perspectivas, ideología e identidad. La moneda genera identidad más que el capitalismo. Y el euro ha generado identidad en los países periféricos de una manera increíble, y en ningún sitio ha sido así más que en Grecia.
La cuestión de la salida y el miedo que genera –o la preocupación que genera- entre los griegos no tiene que ver sólo con las implicaciones económicas, por graves que puedan ser éstas. También tiene que ver con la identidad.
La gente tiene que entender que para los griegos, formar parte de la unión monetaria y utilizar la misma moneda que el resto de los países de la Europa Occidental era un salto de identidad. En la conciencia popular, y dada la historia de Grecia, permitió a los griegos pensar que se habían convertido en “Europeos de verdad”. Para un pequeño país al sur de los Balcanes, que tuvo una historia turbulenta durante el período otomano y lo que sucedió después, esto era algo muy, muy importante.
Esa importancia se ha puesto de manifiesto en los últimos años. Cuanto más profunda es la cris, y más absurda resulta la pertenencia a la unión monetaria, mayor es el apego al euro entre algunos sectores de la población. Y la razón es la identidad. Las gente desea mantener el contacto con la idea de Europa, la idea de no ser parte del Oriente Medio u Oriente Próximo.
-¿Como ser blanco?
-Sí. Eso es muy importante y no debe ser subestimado. Y para nosotros, para la izquierda en Grecia, pero también para la izquierda en Europa, una narrativa alternativa es vital. Porque el mismo problema de identidad ha emergido en Europa Occidental. De manera diferente.
Allí, no se trata de volverse europeo. Allí es una cuestión de internacionalismo. “Como utilizamos esta moneda, hemos superado todas las divisiones. Nos hemos convertido en europeos de verdad. Hemos transcendido nuestra vieja visión nacionalista, y así”. Es una estupidez, desde luego, pero una estupidez muy poderosa.
Por lo tanto, la izquierda en Grecia y en todas partes tiene que empezar a desarrollar urgentemente narrativas alternativas de internacionalismo, de europeidad, de solidaridad y demás, que se aparten de estos conceptos enfermos que el capitalismo financiero ha creado – de los cuales el más prominente es, por supuesto, la moneda única.
Notas
[1] Publicado en “Jacobin”, revista de la izquierda estadounidense. La edición impresa, que va por el número nueve, se publica cuatrimestralmente con una tirada de 10.000 ejemplares para subscriptores.
[1] School of Oriental and African Studies (Centro de Estudios Orientales y Africanos), ahora denominada Universidad de Londres. (Nota del traductor)
[3] Rojo, equivalente a comunista; pardo, equivalente a fascista (Nota del traductor)
[4] Nikolái Bujarin fue el principal ideólogo de la NEP soviética en la década de 1920 (nota del traductor).
(Traducido por Jesús de la Roza Braga -miembro del Secretariado de Asturies del SUATEA)
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