01 junio 2013

China, 2013.

Por Samir Amin

Los debates sobre el presente y el futuro de China (un poder "emergente") no me acaban de convencer. Algunos sostienen que China ha emprendido, de una vez por todas, el "camino capitalista" y se propone incluso acelerar su integración en la globalización capitalista contemporánea. Satisfechos con dicha conclusión sólo esperan que esta "vuelta a la normalidad" (el capitalismo, el "fin de la historia") se acompañe del desarrollo de la democracia al estilo occidental (múltiples partidos, elecciones, derechos humanos). Creen (o necesitan creer) en la posibilidad de que China alcance en términos de renta per cápita a las sociedades opulentas de Occidente, aunque sea poco a poco, algo que yo creo imposible. La derecha china secunda este punto de vista. Otros se lamentan por lo mismo en nombre de los valores de un "socialismo traicionado." Hay quienes repiten las expresiones dominantes de la práctica del  “China de bashing”1 en Occidente. Y otros, (quienes están en el poder en Beijing) describen el camino elegido como "socialismo al estilo chino", sin precisar más. Sin embargo, se pueden discernir sus características mediante la lectura detallada de los textos oficiales, sobre todo la de los planes quinquenales, que son precisos y aplicados muy en serio.
 
De hecho la pregunta, "¿Es China capitalista o socialista?" está mal planteada, es demasiado general y abstracta para que cualquier respuesta tenga sentido en términos absolutos. De hecho, China ha venido siguiendo una vía original desde 1950, e incluso desde la Revolución de los Taiping en el siglo XIX. Trataré aquí de aclarar la naturaleza de esta ruta original en cada una de las etapas de su desarrollo, desde 1950 hasta la actualidad -2013.
 
La cuestión agraria
 
Mao describió la naturaleza de la revolución llevada a cabo en China por su Partido Comunista como una revolución anti-imperialista/anti-feudal que caminaba hacia el socialismo. Mao nunca supuso que, después de encargarse del imperialismo y el feudalismo, los chinos hubiesen "construido" una sociedad socialista. Siempre caracterizó esta construcción como la primera fase del largo camino hacia el socialismo.
 
Debo destacar el carácter altamente específico de la respuesta dada a la cuestión agraria por la Revolución China. La tierra (agrícola) distribuida no se privatizó, sino que mantuvo la propiedad de la nación representada por las comunas rurales y se concedió a las familias campesinas su uso. Este no fue el caso de Rusia, donde Lenin, ante el hecho consumado de la insurrección campesina de 1917, reconoció la propiedad privada de los beneficiarios de la distribución de la tierra.
 
¿Por qué la aplicación del principio de que la tierra agrícola no es un bien comerciable fue posible en China (y Vietnam)? Se repite constantemente que los campesinos de todo el mundo suspiran por la propiedad, sin más. Si ese hubiese sido el caso de China, la decisión de nacionalizar la tierra habría conducido a una interminable guerra con los campesinos, como sucedió cuando Stalin comenzó la colectivización forzosa en la Unión Soviética.
 
La actitud de los campesinos de China y Vietnam (y de ningún otro país) no puede ser explicada por una supuesta "tradición" que ignorase la propiedad. Es el producto de una línea política inteligente y excepcional implementada por los partidos comunistas de ambos países.
 
La Segunda Internacional dio por sentada la aspiración inevitable de los campesinos a la propiedad, lo suficientemente real en la Europa del siglo XIX. Durante la larga transición europea del feudalismo al capitalismo (1500-1800), las incipientes formas feudales institucionalizadas de acceso a la tierra a través de los derechos compartidos entre rey, señores y siervos campesinos se había disuelto gradualmente siendo reemplazada por propiedad privada burguesa moderna, que trata la tierra como una mercancía, un bien del que el propietario puede disponer libremente (comprar y vender). Los socialistas de la Segunda Internacional aceptaron este hecho consumado de la "revolución burguesa", aunque lo criticaran.
 
También pensaban que la pequeña propiedad campesina no tenía futuro, que estaba en las grandes empresas agrícolas mecanizadas siguiendo el modelo de la industria. Pensaban que el desarrollo capitalista por sí mismo llevaría a una gran concentración de la propiedad, así como a las formas más eficaces de explotación (ver los escritos de Kautsky sobre este tema). La historia demostró que estaban equivocados. 
 
La agricultura campesina dio paso a la agricultura familiar capitalista en un doble sentido: una que produce para el mercado (siendo el autoconsumo insignificante) y otra que hace uso de equipos modernos, insumos industriales, y crédito bancario. Es más, esta agricultura familiar capitalista ha resultado ser muy eficiente si se compara con las grandes explotaciones, en términos de volumen de producción por hectárea y por trabajador/año. Esta observación no excluye el hecho de que el agricultor capitalista moderno es explotado por el capital monopolista generalizado, que controla el abastecimiento por arriba de los insumos y el crédito y por abajo, la comercialización ulterior de los productos. Estos agricultores se han convertido en subcontratistas del capital dominante.

Por lo tanto, (erróneamente) persuadidos de que la gran empresa siempre es más eficiente que la pequeña en todas las áreas de la industria, los servicios y la agricultura, los socialistas radicales de la Segunda Internacional, asumieron que la abolición de la propiedad de la tierra (la nacionalización de la tierra) podría permitir la creación de grandes granjas socialistas (análogos a los futuros sovjoses y koljoses soviéticos). Sin embargo, no fueron capaces de poner esas medidas a prueba puesto que la revolución no estaba en el orden del día en sus países (los centros imperialistas).
 
Los bolcheviques aceptaron estas tesis hasta 1917. Contemplaban la nacionalización de las grandes propiedades de la aristocracia rusa, dejando la propiedad de las tierras comunales a los campesinos. Sin embargo, fueron sorprendidos más adelante por la insurrección campesina, que se apoderó de los latifundios.
 
Mao extrajo conclusiones de este hecho y desarrolló una línea completamente diferente en la acción política. A principios de la década de 1930 en el sur de China, durante la guerra civil de la liberación, Mao basa la creciente presencia del Partido Comunista en una sólida alianza con los campesinos pobres y sin tierra (la mayoría), mantuvo relaciones amistosas con los campesinos medios y aisló a los campesinos ricos en todas las etapas de la guerra, sin llegar a antagonizar con los mismos. El éxito de esta línea prepara a la gran mayoría de la población rural a considerar y aceptar una solución a sus problemas que no pasase por la propiedad privada de las tierras adquiridas a través de la distribución. 
 
Creo que las ideas de Mao y su implementación exitosa, tienen sus raíces históricas en la Revolución de los Taiping del siglo XIX. Así Mao tuvo éxito donde el Partido bolchevique había fracasado: en el establecimiento de una sólida alianza con la gran mayoría rural. En Rusia, el hecho consumado del verano 1917 eliminó posteriores posibilidades de una alianza con los campesinos pobres y medios contra los ricos (los kulaks), ya que los primeros estaban ansiosos por defender su propiedad privada adquirida y, por tanto, prefirieron seguir a los kulaks en lugar de a los bolcheviques.
 
Esta "especificidad China" (cuyas consecuencias tienen gran importancia), nos impide caracterizar la China contemporánea (incluso en 2013) como "capitalista", porque el camino capitalista se basa en la transformación de la tierra en una mercancía.
 
 
Presente y futuro de la pequeña producción
 
Sin embargo, una vez que se acepta este principio, las formas de uso de este bien común (la tierra de las comunidades de las aldeas) pueden ser muy diversa. Para entenderlo, debemos ser capaces de distinguir entre pequeña producción y pequeña propiedad.
 
La pequeña producción (campesina y artesanal) ha dominado la producción en todas las sociedades del pasado. Ha conservado un lugar importante en el capitalismo moderno, ahora vinculado a la pequeña propiedad en la agricultura, los servicios, e incluso en ciertos sectores de la industria. Ciertamente, en la tríada dominante del mundo contemporáneo (Estados Unidos, Europa y Japón) está retrocediendo. Un ejemplo de ello es la desaparición de las pequeñas empresas y su sustitución por las grandes operaciones comerciales. Sin embargo, esto no quiere decir que este cambio sea "progresista", incluso en términos de eficiencia, y con mayor razón si se tienen en cuenta las dimensiones sociales, culturales y civilizacionales. De hecho, es un ejemplo de la distorsión producida por la dominación de los monopolios rentistas. Por lo tanto, tal vez en un futuro socialismo el lugar de la pequeña producción sea llamado a reanudar su importancia.
 
En la China contemporánea, en todo caso, la pequeña producción (no necesariamente vinculada a la pequeña propiedad) mantiene un lugar importante en la producción nacional, no sólo en la agricultura sino también en amplios sectores de la vida urbana.
 
China ha experimentado muy diversas formas de uso de la tierra como bien común, incluso contradictorias. Tenemos que discutir, por un lado, la eficiencia (el volumen de la producción de una hectárea por trabajador / año) y, por otro, la dinámica de las transformaciones puestas en marcha. Estas formas pueden reforzar las tendencias hacia el desarrollo capitalista, que terminaría poniendo en duda el carácter no mercantil de la tierra, o pueden ser parte del desarrollo en una dirección socialista. Estas preguntas sólo pueden responderse a través del examen concreto de las formas en cuestión, ya que se llevaron a cabo en momentos sucesivos de desarrollo de China, desde 1950 hasta el presente.
 
Al principio, en la década de 1950, la forma adoptada era la pequeña producción familiar combinada con formas más simples de cooperación para la gestión del riego, trabajo que requiere la coordinación y el uso común de ciertos equipos. Esto se asoció con la inserción de esa pequeña producción de la familia en una economía estatal que mantiene el monopolio de la compra de la producción destinada al mercado y la oferta del crédito e insumos, todos ellos en función de los precios previstos (decididos por el centro).
 
La experiencia de los municipios tras la creación de las cooperativas de producción en la década de 1970 está llena de lecciones. No es necesariamente una cuestión de pasar de la pequeña producción a las grandes explotaciones, aunque la idea de la superioridad de estas últimas inspiró a algunos de sus seguidores. Lo esencial de esta iniciativa se originó en la aspiración a la construcción del socialismo descentralizado. Las comunas no sólo tenían la responsabilidad de la gestión de la producción agrícola de un pueblo grande o de un colectivo de pueblos y aldeas (esta organización en sí era una mezcla de las formas de la pequeña producción familiar y de una ambiciosa producción especializada), sino que también proporcionó un marco más amplio: ( 1) unir las actividades industriales que empleaban a los campesinos disponibles en ciertas épocas del año, (2) la articulación de las actividades económicas productivas, junto con la gestión de los servicios sociales (educación, salud, vivienda), y (3) el inicio de la descentralización de la administración política de la sociedad. Como había previsto la Comuna de París, el Estado socialista se convertiría, al menos parcialmente, en una federación de comunas socialistas.
 
Sin lugar a dudas, en muchos aspectos, las comunas eran algo avanzado para su tiempo y la dialéctica entre la descentralización del poder de decisión y la centralización asumida por la omnipresencia del Partido Comunista no siempre funcionó sin problemas. Sin embargo, los resultados registrados están lejos de haber sido desastrosos, como nos quiere hacer creer la derecha. La comuna de la región de Beijing, que se resistió a la disolución del sistema, sigue registrando excelentes resultados económicos vinculados a la persistencia de debates políticos de alta calidad, que desaparecieron en otros lugares. Los proyectos actuales de "reconstrucción rural", implementado por las comunidades rurales de varias regiones de China, parecen estar inspirados en la experiencia de las comunas.
 
La decisión de disolver las comunas, tomada por Deng Xiaoping en 1980 reforzó la pequeña producción familiar, que ha sido la forma dominante durante las tres décadas siguientes. Sin embargo, la envergadura de los derechos de los usuarios (comunas rurales y unidades familiares) se ha ampliado considerablemente. Los titulares de los derechos de uso de la tierra pueden "alquilar" la tierra (pero nunca "venderla"), ya sea a otros pequeños productores, facilitando así la emigración a las ciudades, en especial de los jóvenes educados que no quieren permanecer en ámbitos rurales o a empresas organizadoras de una gran hacienda remodelada (nunca un latifundio, que no existe en China, aunque son considerablemente más grandes que las granjas familiares). Estas fórmulas son el medio utilizado para fomentar la producción especializada (como el vino de calidad, para el que China ha pedido la colaboración de expertos de Borgoña) o para probar nuevos métodos científicos (OGM y otros).
 
"Aprobar" o "rechazar" la diversidad de estos sistemas, a priori, no tiene sentido, en mi opinión. Una vez más, el análisis concreto de cada uno de ellos, tanto en el diseño como en la realidad de su aplicación, es imprescindible. El hecho es que la diversidad creativa de las formas de uso de la tierra ha llevado a resultados increíbles. En primer lugar, en términos de eficiencia económica, aunque la población urbana ha crecido del 20% al 50% de la población total, China ha logrado aumentar la producción agrícola para mantener el ritmo de las gigantescas necesidades de la urbanización. Es un resultado notable y excepcional, sin precedentes en los países del Sur "capitalista". Ha preservado y fortalecido su soberanía alimentaria, a pesar de partir de una desventaja importante: su agricultura alimenta al 22% de la población mundial razonablemente bien aunque sólo tiene el 6% de la tierra cultivable del mundo. Además, en cuanto a la forma (y el nivel) de la vida de las poblaciones rurales, los pueblos chinos ya no tienen nada que ver con lo que sigue siendo dominante en el resto del tercer mundo capitalista. Las estructuras permanentes, cómodas y bien equipadas, son un contraste llamativo, no sólo con la antigua China, del hambre y la pobreza extrema, sino también con las formas extremas de pobreza que todavía dominan el campo de la India o África.
 
Los principios y las políticas implementadas (la tierra poseída en común y el apoyo a la pequeña producción sin pequeña propiedad) son los responsables de estos resultados inigualables. Han hecho posible una migración rural-urbana relativamente controlada. Compárese con el camino capitalista, en Brasil, por ejemplo. La propiedad privada de la tierra agrícola ha vaciado el campo de Brasil y hoy sólo el 11% de la población del país es rural. Pero al menos el 50% de los residentes urbanos viven en barrios pobres (favelas) y sobreviven gracias a la "economía informal" (incluida la delincuencia organizada). En China no existen situaciones semejantes, la población urbana está, en su conjunto, adecuadamente empleada y alojada, incluso en comparación con muchos "países desarrollados", ¡sin mencionar a aquellos en los que el PIB per cápita es semejante al chino!
 
El traslado de la población desde un campo chino muy densamente poblado (sólo alcanza niveles semejantes en Vietnam, Bangladesh y Egipto) era esencial. Mejoró las condiciones de la pequeña producción rural, permitió contar con más suelo. Esta transferencia, aunque relativamente controlada (una vez más, nada es perfecto en la historia de la humanidad, ni en China ni en ningún otro sitio), esconde tal vez la amenaza de ser demasiado rápida. Es lo que se discute en China.
 
 
El capitalismo de Estado chino
 
La primera etiqueta que viene a la mente para describir la realidad china es el capitalismo de Estado. Muy bien, pero esta etiqueta sigue siendo vaga y superficial, si no analizamos el contenido específico.
 
De hecho, es capitalismo en el sentido de que la relación con la que se topan los trabajadores sometidos por las autoridades que organizan la producción es similar a la que caracteriza al capitalismo: el trabajo sumiso y alienado, la extracción del trabajo excedente. Existen formas brutales de explotación extrema de los trabajadores en China, como en las minas de carbón o en el vertiginoso ritmo de los talleres que emplean a mujeres. Es un escándalo para un país que afirma querer seguir adelante en el camino hacia el socialismo. Sin embargo, el establecimiento de un régimen de capitalismo de Estado es inevitable, y lo seguirá siendo en todas partes. Ni los países capitalistas desarrollados podrán entrar en un camino socialista (que no está en la agenda visible hoy en día) sin pasar a través de esta primera etapa. Se trata de la fase preliminar en el compromiso potencial de cualquier sociedad para liberarse del capitalismo histórico en el largo camino hacia el socialismo / comunismo. La socialización y la reorganización del sistema económico a todos los niveles, desde la empresa (la unidad primaria) hasta la nación y el mundo, requieren de una larga lucha durante un período de tiempo histórico que no puede ser acortado.
 
Más allá de esta reflexión preliminar, se debe describir concretamente el capitalismo de Estado en cuestión extrayendo la naturaleza y el proyecto del Estado, porque no hay un solo tipo de capitalismo de Estado, sino muchos diferentes. El capitalismo de Estado de Francia de la Quinta República desde 1958 hasta 1975 fue diseñado para servir y fortalecer los monopolios privados franceses, no para introducir al país en un camino socialista.
 
El capitalismo de estado chino fue construido para lograr tres objetivos: (i) construir un moderno sistema industrial integrado y soberano, (ii) gestionar la relación de este sistema con la pequeña producción rural, y (iii) controlar la integración de China en el sistema mundial, dominado por los monopolios de la tríada imperialista (Estados Unidos, Europa, Japón). La consecución de estos tres objetivos prioritarios es inevitable. En consecuencia, permite avanzar en el largo camino hacia el socialismo, pero, al mismo tiempo refuerza la tendencia a abandonar esa posibilidad en favor de la consecución del desarrollo capitalista, puro y simple. Hay que aceptar que este conflicto es inevitable y siempre presente. La pregunta, por tanto, es la siguiente: ¿Cuáles son las opciones concretas de China a favor de una de las dos vías?
 
El capitalismo de estado chino requiere, en su primera fase (1954-1980), la nacionalización de todas las empresas (junto a la nacionalización de las tierras agrícolas), grandes y pequeñas por igual. Luego sigue una apertura a la iniciativa privada, nacional y / o extranjera, y la liberalización de la pequeña producción rural y urbana (pequeñas empresas, comercio, servicios). Sin embargo, las grandes industrias básicas y el sistema de crédito que se establecieron en el período maoísta no se desnacionalizaron, aunque se han modificado las formas de organización de su integración en una economía de "mercado". Esta elección se acompañó del establecimiento de medios de control de la iniciativa privada y del potencial de asociación con capital extranjero. Queda por ver hasta qué punto estos medios cumplen con las funciones asignadas o, por el contrario, se han convertido en cáscaras vacías, y la connivencia con el capital privado (a través de la "corrupción" de la gestión) ha tomado la delantera. 
 
Lo que el capitalismo de Estado chino ha logrado entre 1950 y 2012 es sencillamente increíble. De hecho, tuvo éxito en la construcción de un sistema productivo moderno soberano e integrado en un país gigantesco, algo comparable sólo con los Estados Unidos. Ha logrado dejar atrás la dependencia tecnológica inicial (de la importación de modelos occidentales, o soviéticos) a través del desarrollo de su capacidad para producir descubrimientos tecnológicos. Sin embargo, no ha iniciado (¿todavía?)  la reorganización del trabajo desde la perspectiva de la socialización de la gestión económica. El Plan (y no a la "apertura") ha seguido siendo el medio fundamental para la aplicación de esta construcción sistemática.
 
En la fase maoísta de la planificación del desarrollo, el Plan se mantuvo imprescindible en todos los detalles: la naturaleza y la ubicación de las nuevas inversiones, los objetivos de producción y los precios. En esa etapa era posible, y no existía otra alternativa razonable. Mencionaré, sin profundizar más, el interesante debate mantenido en este período sobre si la ley del valor apuntala la planificación. El éxito (y no el fracaso) de esta primera fase requiere alterar los medios para llevar a cabor un proyecto de desarrollo acelerado. La "apertura" a la iniciativa privada, desde 1980, pero sobre todo desde 1990 era necesaria a fin de evitar el estancamiento, algo fatal para la URSS. A pesar de que esta apertura coincidió con el triunfo de la globalización neo-liberal (con todos los efectos negativos de esta coincidencia, a los que volveremos) la elección de un "socialismo de mercado", o mejor aún, de un "socialismo con mercado ", fue fundamental para esta segunda fase de desarrollo acelerado y en mi opinión está en gran medida justificado.
 
Los resultados de esta elección son, una vez más, sencillamente increíbles. En unas pocas décadas, China ha logrado una urbanización productiva, industrial, que reúne a 600 millones de seres humanos, dos tercios de los cuales se urbanizaron en las últimas dos décadas (¡casi igual que la población de Europa!). Se logró gracias al Plan y no al mercado. China ahora cuenta con un sistema productivo verdaderamente soberano. Ningún otro país del Sur (con excepción de Corea y Taiwan) ha tenido éxito en hacer esto. En la India y Brasil, sólo hay unos pocos elementos aislados de un proyecto soberano semejante, nada más.
 
Los métodos para el diseño y la ejecución del Plan se han transformado en estas nuevas condiciones. El Plan sigue siendo obligatorio para las grandes inversiones de infraestructuras que requiere el proyecto: viviendas para 400 millones de nuevos habitantes urbanos en condiciones adecuadas, la construcción de una red sin igual de autopistas, carreteras, vías férreas, presas y plantas de energía eléctrica, para abrir todo o casi todo el campo chino, y para la transferencia del centro de gravedad del desarrollo de las regiones costeras al oeste continental. El Plan también sigue siendo imprescindible, al menos en parte, para los objetivos y los recursos financieros de las empresas públicas (del Estado, provincias y municipios). En cuanto al resto, apunta posibles y probables objetivos para la expansión de la pequeña producción mercantil urbana, así como la expansión de actividades industriales. Estos objetivos se toman en serio y se especifican los recursos políticos y económicos necesarios para su realización. En general, los resultados no son muy diferentes de las predicciones "planificadas".
 
El capitalismo de Estado chino ha integrado en su proyecto el desarrollo de una dimensión social visible (no digo "socialista"). Estos objetivos ya estaban presentes en la era maoísta: la erradicación del analfabetismo, la atención básica de salud para todos, etc... En la primera parte de la fase post-maoísta (los años 1990), la tendencia fue, sin duda, la de descuidar la búsqueda de estos esfuerzos. Sin embargo, cabe señalar que desde entonces la dimensión social del proyecto ha recuperado su lugar y, en respuesta a los movimientos sociales activos y poderosos, se espera que siga progresando. La nueva urbanización no tiene paralelo en ningún otro país del Sur. Es cierto que hay barrios "chic" y otros que no son nada opulentos, pero no hay barriadas pobres, que en el resto de las ciudades del tercer mundo se han seguido ampliando.
 
 
La integración de China en la globalización capitalista
 
No podemos continuar el análisis del capitalismo de Estado chino (denominado "socialismo de mercado" por el gobierno) sin tener en cuenta su integración en la globalización.
 
El mundo soviético había previsto una desconexión del sistema capitalista mundial, complementando esa desconexión mediante la construcción de un sistema socialista integrado que abarcaba la URSS y Europa del Este. La URSS logró esta desvinculación, en gran medida impuesta por la hostilidad de Occidente, incluso culpando al bloqueo de su aislamiento. Sin embargo, el proyecto de integración de Europa del Este no avanzó mucho, a pesar de las iniciativas del COMECOM. Las naciones de Europa del Este se quedaron en posiciones inciertas y vulnerables, y a partir de 1970 parcialmente desvinculadas, sobre unas bases estrictamente nacionales y abiertas parcialmente a Europa Occidental. Nunca hubo una integración URSS-China, no sólo porque el nacionalismo chino no la habría aceptado, pero aún más porque las tareas prioritarias de China no lo requerían. La China maoísta se desvinculó a su manera. ¿Hay que decir que, mediante la reintegración en la globalización a partir de la década de 1990, ha renunciado plena y definitivamente a esta desvinculación?
China entró en la globalización en los años 1990 mediante la senda del desarrollo acelerado de las exportaciones de manufacturas, posibles para su sistema productivo, dando prioridad a las exportaciones cuyas tasas de crecimiento superaban al crecimiento del PIB. El triunfo del neoliberalismo, favoreció el éxito de esta opción durante quince años (1990-2005). La búsqueda de esta elección es cuestionable, no sólo por sus efectos políticos y sociales, sino también porque se ve amenazada por la implosión del capitalismo globalizado neoliberal, que comenzó en 2007. El gobierno chino parece ser consciente de ello y comenzó muy pronto a intentar una corrección dando mayor importancia al mercado interno y al desarrollo del oeste de China.
 
Decir, como se oye hasta la saciedad, que el éxito de China se debe atribuir al abandono del maoísmo (cuyo "fracaso" era obvio), a la apertura al exterior y la entrada de capital extranjero es, sencillamente, una idiotez. La construcción maoísta puso en marcha la base sin la cual la apertura no hubiera logrado el éxito que ha logrado. La comparación con la India, que no ha hecho una revolución semejante, lo demuestra. Decir que el éxito de China se debe principalmente (incluso "completamente") a las iniciativas de capital extranjero el igualmente ridículo. El capital multinacional no construyó el sistema industrial de China ni ha logrado la urbanización y la construcción de infraestructuras. El éxito es en el 90% atribuible al proyecto chino soberano. Sin duda, la apertura al capital extranjero ha cumplido funciones útiles: ha incrementado la importación de tecnologías modernas. Pero, debido a sus métodos de asociación, China absorbió estas tecnologías y ahora domina su desarrollo. No existe una situación parecida en ningún otro sitio, ni en la India o Brasil, ni en Tailandia, Malasia, Sudáfrica u otros lugares.
 
La integración de China en la globalización se ha mantenido, además, parcial y controlada (o al menos controlable, si se quiere decirlo así). China se ha mantenido al margen de la globalización financiera. Su sistema bancario es enteramente nacional y se centra en el mercado de crédito interno del país. La gestión del yuan sigue siendo materia de toma de decisiones soberanas de China. El yuan no está sujeto a los vaivenes de las bolsas flexibles que la globalización financiera impone. Beijing puede decirle a Washington que "el yuan es nuestro dinero y vuestro problema", al igual que Washington dijo a los europeos en 1971, "el dólar es nuestra moneda y vuestro problema." Por otra parte, China mantiene una gran reserva para el despliegue de su sistema público de crédito. La deuda pública es insignificante en comparación con las tasas de endeudamiento (consideradas intolerables) de los Estados Unidos, Europa, Japón, y muchos de los países del Sur. De este modo China puede aumentar la expansión de los gastos públicos sin grave peligro de la inflación.
 
La atracción de capital extranjero hacia China, de la que se ha beneficiado, no está detrás del éxito de su proyecto. Por el contrario, es el éxito del proyecto lo que ha hecho que la inversión en China sea atractiva para las transnacionales occidentales. Los países del Sur, que abrieron sus puertas mucho más que China y aceptaron sin condiciones la globalización financiera no se han convertido en atractivos en el mismo grado. El capital transnacional no se siente atraído por China para saquear los recursos naturales del país, ni tampoco para deslocalizar y beneficiarse de los bajos salarios de mano de obra, sin ningún tipo de transferencia de tecnología, ni para aprovechar las ventajas de la formación y la integración de las unidades deslocalizadas en un inexistente sistema nacional productivo, como en Marruecos y Túnez, ni siquiera para crear una red financiera y permitir que los bancos imperialistas se hagan con los ahorros nacionales, como sucedió en México, Argentina y el sudeste de Asia. En China, por el contrario, ciertamente las inversiones extranjeras pueden beneficiarse de los bajos salarios y logar buenas ganancias, a condición de que sus planes convengan a China y permitan la transferencia de tecnología. En suma, se trata de ganancias "normales", ¡más si la connivencia con las autoridades chinas lo permite!
 
 
China, potencia emergente
 
No cabe duda de que China es una potencia emergente. Una idea muy presente es que China sólo intenta recuperar el lugar que ocupó durante siglos y que perdió en el siglo XIX. Sin embargo, esta idea (sin duda correcta, y favorecedora, por otra parte), no nos ayuda mucho en la comprensión de la naturaleza de la emergencia y sus posibilidades reales en el mundo contemporáneo. Por cierto, aquellos que propagan esta idea general y vaga no tienen interés en considerar si China va a replegarse a los principios generales del capitalismo (que ellos creen necesario) o si va a tomar en serio su proyecto de "socialismo con características chinas". Por mi parte, sostengo que si China es de hecho un poder emergente, esto es precisamente porque no ha elegido el camino de desarrollo capitalista puro y simple, y que, en consecuencia, si decidiera seguir ese camino capitalista, el propio proyecto de la emergencia china estaría en grave peligro de fracasar.
 
La tesis que yo apoyo implica rechazar la idea de que los pueblos no pueden saltarse la secuencia necesaria de etapas y que China debe pasar por un desarrollo capitalista antes de considerar la cuestión de su posible futuro socialista. El debate sobre esta cuestión entre las diferentes corrientes del marxismo histórico nunca se concluyó. Marx se mantuvo indeciso sobre esta cuestión. Sabemos que después de los primeros ataques europeos (las Guerras del Opio), escribió: la próxima vez que envieis vuestros ejércitos a China serán recibidos por una pancarta: "Atención, se encuentran en las fronteras de la República burguesa de China." Esta magnífica intuición muestra la confianza en la capacidad del pueblo chino para responder al desafío, pero al mismo tiempo, es un error porque, de hecho, la pancarta dice: "Se encuentra en las fronteras de la República Popular de China." Sin embargo, sabemos que, en relación a Rusia, Marx no rechazó la idea de saltarse la etapa capitalista (leáse su correspondencia con Vera Zasulich). Hoy en día, podríamos creer que el primer Marx tenía razón y que China ha escogido el camino hacia el desarrollo capitalista.
 
Pero Mao entendió – mejor incluso que Lenin -  que el camino capitalista no conduciría a nada y que la resurrección de China sólo podía ser obra de los comunistas. Los emperadores Qing a finales del siglo XIX, seguidos por Sun Yat Sen y el Guomindang, ya habían planeado una resurrección de China en respuesta al desafío de Occidente. Sin embargo, no imaginaban ninguna otra manera que la del capitalismo y no tenían los medios intelectuales para comprender lo que el capitalismo supone en realidad y por qué este camino se cerró para China, y para todas las periferias del sistema mundial capitalista. Mao, un espíritu marxista independiente, lo entendió. Más que eso, Mao cree que esta batalla no estaba definitivamente ganada por la victoria de 1949, y que el conflicto entre el compromiso con el largo camino hacia el socialismo, la condición para el renacimiento de China, y el volver al redil capitalista ocuparía la totalidad visible del futuro.
 
Personalmente, siempre he compartido el análisis de Mao y volveré a este tema en algunos de mis pensamientos sobre el papel de la Revolución Taiping (que considero es el origen lejano del maoísmo), la revolución de 1911 en China, y otras revoluciones en el Sur a principios del siglo XX, los debates en el inicio del período de Bandung y el análisis de los callejones sin salida en el que están atrapados los llamados países emergentes del Sur comprometidos con el camino capitalista. Todas estas consideraciones son el corolario de mi tesis central sobre la polarización (es decir, la construcción del contraste centro / periferia) inmanente al desarrollo histórico mundial del capitalismo. Esta polarización elimina la posibilidad de que un país de la periferia pueda "ponerse al día" en el contexto del capitalismo. Debemos sacar la conclusión: si "alcanzar" a los países opulentos es imposible, se debe hacer algo más: se llama seguir el camino socialista.
 
China no ha seguido un camino particular sólo desde 1980, sino desde 1950, aunque este camino ha pasado a través de fases que son diferentes en muchos aspectos. China ha desarrollado un proyecto coherente y soberano que es apropiado para sus propias necesidades. Ese proyecto ciertamente no es el capitalismo, cuya lógica exige que las tierras agrícolas se traten como una mercancía. Este proyecto sigue siendo soberano en la medida en que China se queda fuera de la globalización económica contemporánea.
 
El hecho de que el proyecto chino no sea capitalista, no significa que "sea" socialista, sólo hace que sea posible avanzar en el largo camino hacia el socialismo. No obstante, también sigue amenazado con una deriva que se salga de ese camino y termine con un retorno puro y simple al capitalismo.
El exitoso surgimiento de China consecuencia única de este proyecto soberano. En este sentido, China es el único país auténticamente emergente (junto con Corea y Taiwán, sobre quienes hablaremos más adelante). Ninguno de los numerosos países a los que el Banco Mundial ha certificado como emergentes lo es realmente debido a que ninguno de estos países está llevando a cabo constantemente un proyecto soberano coherente. Todos suscriben los principios fundamentales del capitalismo puro y duro, incluso en sectores potenciales de su capitalismo de Estado. Todos han aceptado la sumisión a la globalización contemporánea en todas sus dimensiones, incluida la financiera. Rusia y la India son excepciones parciales a este último punto, pero no Brasil, África del Sur, entre otros. A veces hay elementos de una "política de la industria nacional", pero nada comparable con el proyecto chino sistemático de construcción de un sistema industrial completo, integrado y soberano (en particular en el área de especialización tecnológica).
 
Por estas razones, todos estos otros países, caracterizados demasiado rápido como emergentes, siguen siendo vulnerables en diversos grados, pero siempre mucho más que China. Por todas estas razones, las apariencias de emergencia (respetables tasas de crecimiento, capacidad de exportación de productos manufacturados) siempre están vinculados a los procesos de pauperización que afectan a la mayoría de su población (especialmente a los campesinos), lo que no sucede en China. Ciertamente, el aumento de la desigualdad es evidente en todas partes, incluyendo a China, pero esta observación es superficial y engañosa. La desigualdad en la distribución de los beneficios de un modelo de crecimiento que sin embargo no excluye a nadie (e incluso se acompaña con una reducción de las bolsas de pobreza, como sucede en China) es una cosa, la desigualdad proveniente de crecimiento que sólo beneficia a un sector minoritario (desde el 5% al 30% de la población, según el caso), mientras que el destino de los otros sigue siendo desesperante, es otra. Quienes practican los ataques a China no son conscientes (o pretenden no serlo) de esta diferencia decisiva. La desigualdad que resulta de la existencia de barrios con casas de lujo, por un lado, y barrios con viviendas confortables para la clase media y trabajadora, por el otro, no es la misma que la desigualdad que se manifiesta en la yuxtaposición de los barrios ricos, viviendas para la clase media, y los favelas para la mayoría. Los coeficientes de Gini son valiosos para la medición de los cambios de un año a otro en un sistema con una estructura fija. Sin embargo, en las comparativas internacionales entre sistemas con diferentes estructuras, pierden su significado, al igual que todas las demás magnitudes macroeconómicas de las cuentas nacionales. Los países emergentes (excepto China) son realmente "mercados emergentes", abiertos a la penetración de los monopolios de la tríada imperialista. Estos mercados permiten que extraigan, en su beneficio, una parte considerable de la plusvalía producida en el país en cuestión. China es diferente: es una nación emergente en la que el sistema hace posible quedarse con la mayoría del valor excedente allí producida.
 
Corea y Taiwán son los dos únicos ejemplos de éxito de países auténticamente emergéntes en y através del capitalismo. Estos dos países deben su éxito a las razones geoestratégicas que llevaron a los Estados Unidos a que les permita lograr lo que Washington prohíbe en otros sitios. El contraste entre el apoyo de los Estados Unidos al capitalismo de Estado de estos dos países y la oposición extremadamente violenta al capitalismo de Estado en el Egipto de Nasser o la Argelia de Boumedienne es, muy esclarecedor.
 
No voy a discutir aquí los posibles proyectos de emergencia, que parecen muy posibles en Vietnam y Cuba, o las condiciones de una posible reanudación de los avances en esa dirección en Rusia. Tampoco voy a hablar sobre los objetivos estratégicos de la lucha de las fuerzas progresistas en el Sur capitalista, en partes de la India, del sudeste asiático, América Latina, el mundo árabe y África, que podrían facilitar ir más allá del impasse actuales y fomentar la aparición de proyectos soberanos que inicien una verdadera ruptura con la lógica del capitalismo dominante.
 
 
Grandes Éxitos, Nuevos Desafíos
 
China no sólo ha llegado a una encrucijada, sino que ha estado en ella cada día desde 1950. Las fuerzas sociales y políticas de derechas e izquierdas, activas en la sociedad y el partido, siempre se han enfrentado.
 
¿De dónde viene la derecha China? Ciertamente, las antiguas burguesías compradora y burocrática del Kuomintang fueron excluidas del poder. Sin embargo, en el transcurso de la guerra de liberación, segmentos enteros de la clase media, profesionales, funcionarios y empresarios, decepcionados por la ineficacia del Guomindang frente a la agresión japonesa, se acercaron al Partido Comunista, incluso se unieron al mismo. Muchos de ellos, (pero ciertamente no todos) siguieron siendo tan sólo nacionalistas, nada más. Posteriormente, a partir de 1990 con la apertura a la iniciativa privada, aparece una nueva y poderosa derecha. No debe reducirse simplemente a "empresarios" con éxito y grandes (a veces colosales) fortunas, fortalecidas por su clientela, incluyendo a funcionarios del Estado y del partido, que mezclan el control con la connivencia con, e incluso con la corrupción.
 
Este éxito, como siempre, alienta el apoyo a las ideas de derecha en las clases medias educadas en expansión. Es en este sentido la creciente desigualdad, incluso si no tiene nada que ver con la desigualdad característica de otros países del Sur, es un gran peligro político, el vehículo para la difusión de las ideas de derechas, la despolitización y las ilusiones ingenuas.
 
Aquí voy a hacer una observación adicional que creo que es importante: la pequeña producción, sobre todo campesina, no están motivada por ideas de derechas, como pensaba Lenin (lo que sí era exacto en las condiciones de Rusia). La situación de China contrasta aquí con la de la ex-URSS. El campesinado chino, en su conjunto, no es reaccionario, ya que no está defendiendo el principio de propiedad privada, en contraste con el campesinado soviético, al que los comunistas no lograron alejar del apoyo a los kulaks en defensa de la propiedad privada. Por el contrario, el campesinado chino de pequeños productores (sin ser pequeños propietarios) es, actualmente, una clase que no ofrece soluciones de derechas, sino que es parte del campo de quienes agitan para la adopción de políticas sociales y ecológicas más valientes. El poderoso movimiento de "renovación de la sociedad rural" es una muestra. El campesinado chino se encuentra en gran medida en el campo de la izquierda, junto a la clase obrera. La izquierda tiene sus intelectuales orgánicos y ejerce cierta influencia en los aparatos del Estado y del partido.

El conflicto perpetuo entre la derecha y la izquierda en China siempre se ha reflejado en las sucesivas líneas políticas implementadas por el liderazgo del Estado y del partido. En la era maoísta, la línea de izquierdas no prevaleció sin luchar. Constatando el progreso de las ideas de derecha dentro del partido y de su dirección, un poco siguiendo el modelo soviético, Mao desencadenó la Revolución Cultural para combatirlo. "Bombardear el cuartel genearl", es decir, la dirección del Partido, donde se estaba formando la "nueva burguesía". Sin embargo, mientras la Revolución Cultural de Mao cumplió con las expectativas durante los dos primeros años de su existencia, posteriormente derivó en la anarquía, vinculada a la pérdida de control por parte de Mao y la izquierda en el partido sobre la secuencia de los acontecimientos. Esta desviación llevó al Estado y el partido a tomar las cosas en sus manos de nuevo, lo que dio a la derecha su oportunidad. Desde entonces, la derecha ha mantenido una parte importante de todos los órganos de dirección. Sin embargo, la izquierda está presente en el terreno, lo que restringe a la dirección suprema a compromisos de "centro”, de centro derecha o de centro izquierda?
 
Para comprender la naturaleza de los desafíos que enfrenta China hoy en día, es esencial entender que el conflicto entre el proyecto soberano de China, tal y como es, y el imperialismo norteamericano y sus aliados europeos y japoneses subalternos aumentará en intensidad en la medida que China continúe con su éxito. Hay varias zonas de conflicto: el manejo de China de tecnologías modernas, el acceso a los recursos del planeta, el fortalecimiento de las capacidades militares de China, y la búsqueda de la reconstrucción de la política internacional sobre la base de los derechos soberanos de los pueblos a elegir su propio sistema político y sistema económico. Cada uno de estos objetivos entra en conflicto directo con los objetivos perseguidos por la tríada imperialista.
 
El objetivo de la estrategia política de EE.UU. es el control militar del planeta, la única manera con la que Washington puede mantener las ventajas que le dan la hegemonía. Este objetivo se persigue a través de guerras preventivas en el Medio Oriente, y en este sentido, estas guerras son los preliminares a la guerra (nuclear) preventiva contra China, prevista a sangre fría, por el establishment norteamericano como algo posiblemente necesario "antes de que es demasiado tarde”. Fomentar la hostilidad hacia China es algo inseparable de esta estrategia global, que se manifiesta en el apoyo mostrado a esclavistas del Tibet y Sinkiang, el refuerzo a la presencia naval de EE.UU. en el Mar de China, y el impulso incansable a Japón para la construcción de sus fuerzas militares. Quienes promueven los ataques a China contribuyen a mantener viva esta hostilidad.
 
Al mismo tiempo, Washington se dedica a la manipulación de la situación conteniendo las posibles ambiciones de China y otros países llamados emergentes a través de la creación del G-20, que tiene por objeto crear en estos países la ilusión de que su adhesión a la globalización liberal serviría a sus intereses. El G2 (Estados Unidos / China) es, en este sentido, una trampa para lograr que China sea cómplice de las aventuras imperialistas de los Estados Unidos, y puede provocar que la política exterior pacífica de Pekín pierda toda su credibilidad.
 
La única respuesta posible eficaz a esta estrategia debe proceder a dos niveles: (i) fortalecer las fuerzas militares de China y dotarlas de la posibilidad de una respuesta disuasoria, y (ii) proseguir tenazmente el objetivo de la reconstrucción de un sistema político internacional policéntrico, respetuoso con todas las soberanías nacionales, y, en este sentido, impulsar la rehabilitación de las Naciones Unidas, ahora marginada por la OTAN. Hago hincapié en la importancia decisiva de este último objetivo, que implica la prioridad de reconstrucción de un "frente del sur" (¿Bandung 2?) capaz de apoyar las iniciativas independientes de los pueblos y Estados del Sur. Esto implica, a su vez, que China se dé cuenta que no tiene la posibilidad absurda de alinearse con las prácticas depredadoras del imperialismo (el saqueo de los recursos naturales del planeta), ya que carece de un poder militar similar al de Estados Unidos, que en última instancia es la garantía de éxito para los proyectos imperialistas. China, en cambio, tiene mucho que ganar con el desarrollo de su oferta de apoyo a la industrialización de los países del Sur, que el club de los "donantes" imperialistas está tratando de hacer imposible.
 
El lenguaje utilizado por las autoridades chinas en las cuestiones internacionales, restringido al extremo (algo comprensible), hace que sea difícil saber hasta qué punto los líderes del país son conscientes de los desafíos analizados anteriormente. Más seriamente, esta elección de palabras refuerza las ilusiones ingenuas y la despolitización en la opinión pública.
 
La otra parte del problema se refiere a la cuestión de la democratización de la gestión política y social del país.
 
Mao formuló y puso en práctica un principio general para la gestión política de la nueva China que se resume en estos términos: reunir a la izquierda, neutralizar (añado: y no eliminar) a la derecha, gobernar desde el centro izquierda. En mi opinión, esta es la mejor manera de concebir una manera eficaz para avanzar a través de avances sucesivos, entendidos y apoyados por la gran mayoría. De esta manera, Mao dio un contenido positivo al concepto de democratización de la sociedad junto con el progreso social en el largo camino hacia el socialismo. Formuló el método para la aplicación de esta: "la línea de masas" (bajar hacia las masas, aprender de sus luchas, y subir nuevamente a las cumbres del poder). Lin Chun ha analizado con precisión el método y los resultados que hace posible.
 
La cuestión de la democratización relacionada con el progreso social, en contraste con la "democracia" desconectado del progreso social (conectada a menudo con la regresión social), no atañe a China por sí sola, sino a todos los pueblos del mundo. Los métodos que se deben implementar para lograr el éxito no se pueden resumir en una sola fórmula, válida para todo tiempo y lugar. En cualquier caso, la fórmula que ofrecen los medios de propaganda occidentales (múltiples partidos y elecciones) debería sencillamente ser rechazada. Más aún este tipo de "democracia" se convierte en farsa, incluso en Occidente más que en otros lugares. La "línea de masas" era el medio para producir un consenso sobre los objetivos sucesivos, en constante progreso, estratégicos. Esto está en contraste con el "consenso" obtenido en los países occidentales a través de la manipulación mediática y la farsa electoral, que no es más que la alineación con los requisitos del capital.
 
Sin embargo, hoy en día, ¿cómo debería reconstruir China el equivalente a una nueva línea de masas en las nuevas condiciones sociales? No va a ser fácil, porque el poder de la dirección, que se ha trasladado sobre todo a la derecha en el Partido Comunista, basa la estabilidad de su gestión en la despolitización y las ilusiones ingenuas que le acompañan. El éxito de las políticas de desarrollo refuerza la tendencia espontánea a moverse en esa dirección. Se cree ampliamente en China, en las clases medias, que el camino real de alcanzar el modo de vida de los países opulentos ya está abierto, libre de obstáculos, se cree que los estados de la tríada (Estados Unidos, Europa, Japón) no se oponen a ello, incluso los métodos de Estados Unidos son admirados acríticamente, etc... Esto es particularmente cierto en las clases medias urbanas, que se están expandiendo rápidamente y cuyas condiciones de vida han mejorado mucho. El lavado de cerebro al que los estudiantes chinos son sometidos en los Estados Unidos, particularmente en las ciencias sociales, junto con el rechazo que general la enseñanza oficial falta de imaginación y tediosa del marxismo, han contribuido a reducir los espacios para los debates críticos radicales.
 
El gobierno de China no es insensible a la cuestión social, no sólo por la tradición de un discurso basado en el marxismo, sino también por el pueblo chino, que aprendió a luchar y sigue haciéndolo, hasta doblar la mano del gobierno. Si en la década de 1990, esta dimensión social había disminuido ante las prioridades inmediatas de acelerar el crecimiento, en la actualidad la tendencia se invierte. En el mismo momento en que las conquistas socialdemócratas de la seguridad social se están erosionando en el Occidente opulento, la pobre China está llevando a cabo la ampliación de la seguridad social en tres dimensiones: salud, vivienda y pensiones. La política de vivienda popular de China, vilipendiada por la derecha y la izquierda europeas, sería envidiada, no sólo en la India o Brasil, ¡sino también en los barrios periféricos de París, Londres o Chicago!
 
La seguridad social y el sistema de pensiones ya cubren al 50% de la población urbana (¡que ha aumentado, recordemos, entre 200 y 600 millones de habitantes!) y el Plan (que sigue aplicándose en China) prevé el aumento de la población con cobertura al 85% en el próximo año. Dejemos que los periodistas de los “ataques a China” nos den ejemplos comparables en los "países que se embarcaron en la vía democrática", que continuamente alaban. Sin embargo, el debate sigue abierto acerca de los métodos para aplicar el sistema. La izquierda aboga por el sistema francés de distribución basadoen el principio de solidaridad entre los trabajadores y las diferentes generaciones - que prepara el socialismo por venir- mientras que la derecha, obviamente, prefiere el odioso sistema de EE.UU. de fondos de pensiones, que divide a los trabajadores y transferencias los riesgo del capital al trabajo.
 
Sin embargo, la adquisición de las prestaciones sociales es insuficiente si no se combina con la democratización de la gestión política de la sociedad, con su repolitización por métodos que fortalezcan la invención creativa de formas para el futuro socialista/comunista.
 
Seguir los principios de un sistema electoral pluripartidista como es abogado ad nauseam por los medios de comunicación occidentales y los profesionales de los ataques a China, y defendido por "disidentes" que se presentan como auténticos "demócratas" no cumple con el desafío. Al contrario, la aplicación de estos principios sólo podría producir en China, ya que todas las experiencias del mundo contemporáneo lo demuestran (en Rusia, Europa del Este, el mundo árabe), la autodestrucción del proyecto de emergencia social y renacimiento, que es, de hecho, el objetivo real de la defensa de estos principios, enmascarada por una retórica vacía ("no hay otra solución que las elecciones multipartidistas"). Sin embargo para contrarrestar esta mala solución no es suficiente el retorno a la posición rígida de defender el privilegio del partido, en sí esclerotizado y transformado en una institución dedicada a la contratación de funcionarios para la administración del Estado. Algo nuevo debe inventarse.
 
Los objetivos de re-politización y la creación de condiciones favorables a la invención de nuevas respuestas no se pueden obtener a través de campañas de "propaganda". Sólo pueden ser promovidas a través de las luchas sociales, políticas e ideológicas. Esto implica el reconocimiento previo de la legitimidad de las luchas y de la legislación sobre la base de los derechos colectivos de organización, expresión, y proponer iniciativas legislativas. Esto implica, a su vez, que el propio partido esté involucrado en estas luchas, es decir, reinventar la fórmula maoísta de la línea de masas. La re-politización no tiene sentido si no se combina con los procedimientos que fomenten la conquista gradual de la responsabilidad de los trabajadores en la gestión de su sociedad a todos los niveles: de empresa, local y nacional. Un programa de este tipo no excluye el reconocimiento de los derechos individuales. Por el contrario, supone su institucionalización. Su aplicación permitiría reinventar nuevas formas de utilizar las elecciones para elegir a los dirigentes.
 
Samir Amin
Original: Montlhly Review
Marzo 2013
Traducción: Asociación Cultural Jaime Lago
 
 
Agradecimientos
Este trabajo debe mucho a los debates organizados en China (noviembre-diciembre de 2012) por Lau Kin Chi (Universidad Linjang, Hong Kong), en asociación con la Universidad Suroeste de Chongqing (Wen Tiejun), Renmin y Universidades Xinhua de Beijing (Dai Jinhua, Wang Hui), la CASS (Huang Ping) y a las reuniones con grupos de activistas del movimiento rural en las provincias de Shanxi, Shaanxi, Hubei, Hunan y Chongqing. Dirijo a todos ellos mi agradecimiento y espero que este artículo sea de utilidad para sus deliberaciones en curso. También le debe mucho a la lectura de los escritos de Wen Tiejun y Wang Hui.
 
Notas
 
1. El “China bashing” o ataques a China se refiere al deporte favorito de los medios de comunicación occidentales de todas las tendencias, incluyendo, por desgracia, de izquierdas que consiste en denigrar sistemáticamente, incluso criminalizar, todo lo hecho en China. China, exporta chatarra barata a los mercados pobres del tercer mundo (esto es cierto), un crimen horrible. Sin embargo, también produce trenes de alta velocidad, aviones, satélites, cuya maravillosa tecnológica de calidad es elogiada en Occidente, pero es a lo que China no debería tener derecho. Parecen pensar que la construcción masiva de viviendas para la clase obrera no es más que el abandono de los trabajadores a barrios pobres y comparan la "desigualdad" en China (las casas de la clase trabajadora no son urbanizaciones de lujo) a la de la India (urbanizaciones de lujo junto a barrios marginales), etc... Los “China bashers” halaga a la opinión infantil que se encuentra en algunas corrientes de la "izquierda" occidental: ¡si no es el comunismo del siglo XXIII, es una traición! Los ataques a China participan en la campaña sistemática de mantener la hostilidad hacia China, en vista de un posible ataque militar. Esto no es más que una cuestión de destruir las posibilidades de una auténtica emergencia de un gran pueblo del sur.
 
Fuentes
  • El camino de China y la cuestión agraria
  • Karl Kautsky, sobre la cuestión agraria, 2 vols. (Londres: Zwan Publications, 1988). Publicado originalmente el 1899.
  • Samir Amin, "La Comuna de París y la Revolución de Taiping," Pensamiento Crítico Internacional, de próxima publicación en 2013.
  • Samir Amin, "La Revolución de 1911 en una perspectiva histórica mundial: una comparación con la restauración Meiji y las revoluciones en México, Turquía y Egipto", publicado en chino en 1990.
  • Samir Amin, acabar con la crisis del capitalismo o terminar con el capitalismo? (Oxford: Pambazuka Press, 2011), capítulo 5, "La cuestión agraria."
  • La globalización contemporánea, el desafío imperialista
  • Samir Amin, A Life Looking Forward: Memorias de un marxista Independent (Londres: Zed Books, 2006). "El despliegue y la erosión del Proyecto Bandung", en el capítulo 7,
  • Samir Amin, la ley del valor en todo el mundo (Nueva York: Monthly Review Press, 2010), "Las iniciativas del Sur", 121ff, sección 4.
  • Samir Amin, la implosión del capitalismo contemporáneo (New York: Monthly Review Press, de próxima publicación en 2013), en el capítulo 2, "El Sur: Surgimiento y lumpendesarrollo."
  • Samir Amin, Más allá de la hegemonía de EE.UU. (London: Zed Books, 2006). "El proyecto de la American Ruling Class", "China, el socialismo de mercado?", "Rusia, fuera del túnel?", "India, una gran potencia?" Y "multipolaridad en el siglo 20."
  • Samir Amin, Capitalismo Obsoleta (London: Zed Books, 2003), capítulo 5, "La Militarización del nuevo imperialismo colectivo".
  • André Gunder Frank, reoriente: Economía Global en la Era Asiática (Berkeley: University of California Press, 1998).
  • Yash Tandon, Ending Aid Dependence (Oxford: Fahamu, 2008).
  • El desafío democrático
  • Samir Amin, "El fraude de la Alternativa Democrática y universalista," Monthly Review 63, no. 5 (octubre de 2011): 29-45.
  • Lin Chun, La transformación del socialismo chino (Durham, NC: Duke University Press, 1996).

Fuente: Asociación cultural Jaime Lago.

15 mayo 2013

AL-NAKBA, 65 años en el exilio.

Este 15 de mayo se cumplen 65 años desde la ‘Nakba’ (la catástrofe), fecha en que se recuerda la guerra árabe-israelí de 1948 que desembocó en la creación del Estado de Israel y que obligó a miles de palestinos a dejar atrás sus hogares y su tierra, y emprender el éxodo. Desde aquella fecha, más de 700.000 personas se convirtieron en refugiados de Palestina. A lo largo de estos 65 años esa cifra ha seguido creciendo, y ya son más de 5 millones los refugiados de Palestina que UNRWA tiene en sus registros, aproximadamente la tercera parte de la población refugiada del mundo.
 

 
Uno de los refugios a los que pudieron huir algunos de los palestinos que fueron desposeídos de su pasado fue Siria, hoy un país inmerso en un grave conflicto armado que dura ya más de dos años. Hasta allí se desplazaron en busca de un lugar seguro en el que permanecer hasta regresar a su tierra pero hasta la fecha ha sido imposible y, pasados los años, en Siria han vuelto a toparse con la violencia y la inseguridad.
 
 
En 2011, cuando estallaba el conflicto, en el país vivían cerca de 500.000 refugiados de Palestina, descendientes de aquellos que tuvieron que emprender la huida más de 60 años atrás. La mayoría, 150.000, se asentó en Yarmouk, el mayor campamento de refugiados de Palestina en Siria y actualmente una zona prácticamente destruida de la que ha tenido que huir la práctica totalidad de los refugiados de Palestina por los continuos enfrentamientos. Algunos de aquellos supervivientes, condenados al exilio desde que eran niños, se han visto empujados de nuevo a emprender un éxodo con sus familias y unas pocas pertenencias. La tragedia de la ‘Nakba’ se repite.
 
La población refugiada de Palestina, que ya se encontraba entre la más vulnerables de Siria antes del inicio de la violencia, ha padecido durante meses asedios y bloqueos que han limitado el acceso a alimentos y medicinas. En busca de un lugar seguro, más de 50.000 refugiados han huido hasta Líbano y cerca de 6.000 lo han hecho hasta Jordania, pero las condiciones de vida en estos lugares de acogida no son las ideales y se ven forzados a permanecer en una tierra que no es la suya.
 
 
 
Los refugiados de Palestina en Siria, y de todo el mundo, anhelan el regreso a sus hogares en Palestina y el reconocimiento de su trágica situación, para abandonar de una vez por todas el miedo a la huida. Pero la espera es interminable dado que Israel ni reconoce su estatus, ni permite su retorno y además mantiene militarmente ocupado el territorio palestino.
 
Najwa Sheikh: La tercera generación de refugiados
 
Palestinos de todo el mundo conmemoran la 'Nakba', la pérdida de su patria, la identidad, la dignidad y la vida. Muchos países y organizaciones de todo el mundo participarán en esta conmemoración, sin embargo, la 'Nakba' para ellos es hablar sobre el sufrimiento y la pérdida de una nación, contando historias de aquellos que vivieron el evento, y que huyeron de sus hogares con la esperanza de volver un día.
 
 

Como tercera generación de palestinos, para mí la 'Nakba' es diferente por todo el dolor y sufrimiento que representa. Soy totalmente consciente de la enorme pérdida que mis abuelos y mis padres experimentaron cuando huyeron de su tierra natal en 1948, y yo sé lo devastador que es perder el lugar que ofrece seguridad y una identidad. El dolor que mis abuelos experimentaron durante todos los años que vivieron en campamentos de refugiados -hasta el momento de su muerte- con el único deseo de ver su casa otra vez. Los sueños de mi padre eran los mismos que los de sus padres: volver a casa.
 
 
 
Sin embargo, para mí, la 'Nakba' es más que huir de su tierra natal y la pérdida de identidad, sino que es, en realidad, no tener un solo recuerdo de la patria de donde vinieron mis abuelos y mis padres. Es no tener nada que decir a mis hijos sobre el sabor de la fruta de su tierra, el olor de la arena y los momentos que pasamos con la gente de allí.
 
Mis abuelos, mis padres y sus respectivas generaciones tienen suerte, sencillamente porque cada uno de ellos tiene aún una historia que contar -su propia historia-, incluso con todo el dolor que implica. Sus recuerdos compartidos del lugar que una vez fue suyo les ayudó a seguir viviendo y les dio el coraje para luchar contra las condiciones más difíciles. Todavía recuerdo las historias que mis abuelos me contaban sobre su tierra natal: sus tradiciones, sus vecinos, bodas... Con cada palabra se avivaba una corriente de sensaciones. Compartir estas historias con sus hijos y sus nietos era una manera de revivir su patria.
 
 
 
Por el contrario, aquí estoy yo, una refugiada que ha vivido toda su vida en un campamento preguntándome qué historias que debo contar a mis hijos. En mis historias no hay escenarios naturales, hay gente simples del día a día que viven. Y estas son las historias que mis hijos también tendrán que contar a sus hijos, ya que tienen la misma vida que sus padres, la vida en un campamento de refugiados.
 
 
 
 

28 abril 2013

El banco público de tierras de Andalucía tendrá 10.000 hectáreas y generará 10.000 empleos.

  • Esa es la intención de IU, socio de Gobierno del PSOE en la Junta de Andalucía y promotor del proyecto.
  • Desde la Consejería de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente dicen que los trabajos técnicos están "bastante avanzados"
  • Los promotores se miran en el espejo de los kibuts israelíes, la corriente cooperativista de Marinaleda y la ocupación de la finca de Somontes, en Palma del Río.
  • Quieren que esté operativo antes de 2016.
 
 
 
Crear un banco público de tierras para entregar terrenos públicos sin aprovechamiento a parados. Es uno de los anhelos de Izquierda Unida, multitud de jornaleros andaluces y parece que también de sindicatos como COAG y CCOO, que protagonizaron en marzo la ocupación simbólica de una finca malagueña en Campillos.
 
El proyecto es de IULV-CA, socio de Gobierno del PSOE en el Gobierno autonómico, lo cual hace que tenga que prestarse una especial atención para un deseo que hace años podía parecer una utopía. Pero la situación ha cambiado y el desempleo de miles de hogares puede ahora hacer viable esta opción de habitar una finca donde se vive trabajando y rindiendo la tierra.
 
Desde IU, su responsable de Agricultura en el Parlamento andaluz, Lola Quintana, tiene claro que el banco público de tierras debe estar a pleno rendimiento antes de que finalice esta legislatura, es decir, en el primer trimestre de 2016. Es más, la coalición de izquierdas quiere que toda la normativa referente al asunto se apruebe en este período de sesiones, es decir, antes de julio de este mismo año.
 
En total, serán cerca de 10.000 hectáreas repartidas por las ocho provincias las que formarán parte de este peculiar banco. Según los cálculos de Quintana, cada hectárea debe generar un empleo, es decir, un total de 10.000 puestos de trabajo para personas sin actividad laboral alguna. Teniendo en cuenta las últimas cifras de paro en la región: 1.126.452 parados, se traduce en que este banco público de tierras serviría para absorber el 0,88 por ciento de estos demandantes de empleo.
 
Pero, ¿cómo se podría acceder a ocupar estas tierras? Según el modelo previsto por IU, la idea es que se puedan adjudicar a cooperativas que se creen con el tutelaje de la Junta de Andalucía. No obstante, también son posibles otras fórmulas con la colaboración de los ayuntamientos. Así, los consistorios que tengan en su término municipal alguna finca perteneciente al banco público de tierras también tomarían parte en la adjudicación de los beneficiarios.
 
Marinaleda y Somontes
 
El plan que perfila IU trataría de coger lo mejor del movimiento cooperativista de la localidad de Marinaleda (Sevilla), cuyo alcalde es el mediático Juan Manuel Sánchez Gordillo, y lo mejor de la experiencia en la finca ocupada de Somontes, en Palma del Río (Córdoba).
 
Según Quintana, "se deben aprovechar las experiencias positivas puestas en marcha hasta ahora" y entienden que esas dos lo son. Somontes lleva ocupada más de un año y sus 400 hectáreas dan cobijo y alimento a una veintena de personas que antes de la ocupación estaban paradas. Eso sí, de salir adelante en la Cámara autonómica la propuesta del banco público de tierras, no habría que hablar de ocupación ya que todo quedaría amparado bajo la ley.
 
Por más que llame la atención un banco público de tierras, no hay que creerse que es una idea nacida en la región andaluza. Ya existen los kibutz israelíes y Lola Quintana dice que "reflejan una idea parecida a lo que se pretende impulsar en Andalucía". Estos kibutz son comunas agrícolas y se rigen por postulados como la propiedad colectiva, salarios igualitarios, rotación de los puestos y decisiones democráticas.
 
La apuesta de IULV-CA por el banco de tierras es muy fuerte. Desde la formación ya tienen pensado proponer a los compañeros de partido en el resto de regiones de España que intenten implementar estas medidas en sus comunidades. Y es que según Lola Quintana, desde IU creen "que en estos momentos cualquier patrimonio público debe ponerse a la disposición de la creación de empleo".
 
Es un compromiso de Gobierno
 
Ante la pregunta a IU de ¿Saben si tendrán un apoyo total del PSOE? La respuesta de Quintana es clara: "Es un compromiso del Gobierno".
 
Así, el consejero de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, Luis Planas, (PSOE) detalló recientemente que los "trabajos técnicos" para crear el banco público de tierras estaban "bastante avanzados". Esto quiere decir que el socio de IU en el Gobierno, el PSOE, también estaría decidido a seguir hacia delante con esta iniciativa.
 
Planas ve que "puede ser una idea interesante" para "desarrollar, incrementar si ello es posible, el empleo".
 
No obstante, consciente de que esta medida sólo reduciría el paro registrado en un 0,88 por ciento, ha añadido que el empleo se incrementaría “de una forma limitada, porque estamos hablando de pequeñas cifras, pero de una forma significativa, como un gesto de cara a la situación realmente difícil que se está viviendo ahora en muchas localidades de Andalucía”.
 
Eso sí, el consejero ha matizado en alguna intervención que “en ocasiones, las informaciones” dadas sobre este tema "no se ajustan exactamente a la realidad", de manera que “las fincas a las que se hace referencia, no son fincas que no estén explotadas”, aunque “pertenecen aún a la Administración pública porque no han sido enajenadas”.
 
Parece que IU se ha ganado el favor del PSOE para hacer realidad una iniciativa que a buen seguro dará que hablar próximamente.
 
Fuente: El Diario.

21 abril 2013

Juan Pinilla, cuando el flamenco se tiñe de rojo.

"Las voces que no callaron, flamenco y revolución" es una obra valiente, hermosa y necesaria, donde la poesía y el flamenco se funden de manera natural y fluida.
 
Juan Pinilla (Huétor Tájar, Granada, 1983) es periodista y cantaor de flamenco, o cantaor de flamenco y periodista, que para el caso que nos ocupa, tanto monta. Y además de esto, Juan Pinilla es militante del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), del Partido Comunista de España (PCE) y  de Izquierda Unida. Y desde su triple condición de hombre de letras, hombre de música, y militante político y sindical, el cantaor de Granada publicó hace unos meses un trabajo tan necesario como el agua de mayo: Las voces que no callaron, flamenco y revolución.
 
Se trata de un precioso disco-libro publicado por la Sociedad Cooperativa Andaluza Atrapasueños Editorial, que hace unos días puso en la calle la segunda edición, de lo cual se deduce que el público lo ha acogido como un trabajo de esta índole merece, con todo el cariño y el respeto del mundo. Y es que en los tiempos que corren, que una obra de estas características conozca una segunda edición es todo un éxito, y no me estoy refiriendo precisamente al aspecto comercial —que también, por supuesto—, sino al artístico que, al fin y al cabo, es el que a nosotros nos debe importar.
 
Como he dicho más arriba, Las voces que no callaron, flamenco y revolución es un disco-libro, con formato de cd. En la parte literaria, el periodista Juan Pinilla lleva a cabo un pormenorizado estudio sobre el flamenco “de izquierdas”, y trata de derribar la idea que aún hoy muchos sostienen de que el flamenco es un arte conservador, apegado a los señoritos y acostumbrado a moverse por donde se mueve el dinero. Y para demostrar su tesis, Pinilla nos recuerda que a lo largo de la historia del flamenco ha habido un gran número de cantaores y cantaoras, de guitarristas, de bailaores y bailaoras que nunca ocultaron su militancia, como el Chato de las Ventas, fusilado por los fascistas en Badajoz, durante la Guerra Civil; de Miguel de Molina, apaleado y humillado por un grupo de falangistas y exiliado en Sudamérica por su condición de homosexual y republicano; de Juan Valderrama, que combatió en una columna anarquista durante la guerra, o de Pastora Pavón, la Niña de los Peines, la cantaora republicana por excelencia, que popularizó aquellos versos que decían “Que bonita está Triana / cuando le ponen al puente / banderas republicanas”; también tienen su rinconcito en este libro gente más cercana en el tiempo, como Manuel Gerena, Salvador Távora, El Piki, El Cabrero o Paco Moyano, todos ellos destacados cantaores antifascistas, durante la Transición y como en el caso de José Domínguez, El Cabrero, con una longeva carrera discográfica y sobre los escenarios de todo el mundo. Las voces que no callaron, flamenco y revolución es, sin duda, un trabajo de investigación ameno, lleno de jugosas anécdotas, que te atrapa y te deja con la sensación de que uno no se ha quedado saciado del todo, y quiere saber más y más sobre el tema.
 
En la parte musical, la más experimental y, en mi opinión, valiosa, de este trabajo, el cantaor de flamenco Juan Pinilla, acompañado por las guitarras de Rafael Rodríguez, de Paco Cortés y de Josele de la Rosa, va transitando a lo largo de cuarenta y tres minutos por diferentes palos, muchos de ellos poco habituales en el flamenco que se hace en la actualidad, en el que con tanto descaro prima lo comercial. De esta manera, Juan Pinilla se atreve con las cartageneras, los tangos, las bulerías, la temporera y debla —un palo tan poco habitual en estos días y que se adaptaba de maravilla a la voz del maestro Enrique Morente—, los fandangos, la petenera, las seguiriyas, el mirabrás y algún cante más, que harán las delicias de todo aquel que se acerque a este disco y a este cantaor, con los oídos bien abiertos, sin prejuicios y sin las ideas preconcebidas que tanto daño hacen al flamenco.
 
Y es que Juan ha dado un doble salto mortal sin red a la hora de hacer este trabajo. Por un lado, atreviéndose a reivindicar a los flamencos de la izquierda, a los contestatarios, a los que transitaron por el tortuoso sendero del compromiso social, a los de las letras reivindicativas y nada complacientes con los poderosos, a los que se atrevieron a protestar y a denunciar. Por otro lado, atreviéndose a encajar en los palos flamencos textos, frases, ideas y poemas de autores tan dispares y tan alejados del flamenco como Nietszche, Ernesto Che Guevara —sublimes las peteneras donde el de Granada canta “Mañana cuando yo muera / no me vengáis a llorar / nunca estaré bajo tierra / soy viento de libertad”—, Edgar Allan Poe, Groucho Marx —probablemente lo más surrealista que se ha visto hasta ahora en el campo del flamenco haya sido adaptar con tanto tino frases célebres del bigotudo de los hermanos Marx al ritmo de los tanguillos de Cádiz—, Gregorio Marañón o Franz Grillparzer. El disco se abre con un estremecedor recitado a cargo de Emma Cohen del poema “Mi corazón es patio”, de Marcos Ana. Hacia la mitad, es el actor Paco Algora el que recita “Autobiografía”, del insigne Gabriel Celaya.
 
Las voces que no callaron, flamenco y revolución es una obra valiente, hermosa y necesaria, donde la poesía y el flamenco se funden de manera natural y fluida. En mi modesta y nada experta opinión, estamos ante una obra imprescindible, de esas que se revalorizan más y más con el tiempo y nos recuerdan que no todos los artistas están en esto por el dinero. Una obra que jamás figurará en el número uno de ninguna lista de éxitos (ni creo que sea esa la intención de su autor). Una obra que, como el propio Pinilla señala, está dedicada a todos aquellos que miden al hombre con parámetros humanos, y no numéricos. Una obra para las mujeres y los hombres que disfrutan de lo mejor del ser humano, el arte y la libertad. Una obra que nadie con un mínimo de sensibilidad debería dejar de disfrutar.
 
Fuente: Kaos en la red.

08 abril 2013

Construir base social a partir de las ruinas del régimen.

Por Alberto Garzón.
 
Hay un régimen viniéndose abajo. Tanto el sistema económico como el sistema político están sumidos en una crisis de legitimidad en cuyo desarrollo se está hundiendo la sociedad y dinamitando la cohesión social. Algunos sectores, entre los que se encuentran muy claramente las direcciones de los dos grandes partidos, intentan apuntalar como pueden un diseño institucional y económico que durante décadas les ha permitido reproducirse tanto en el Gobierno como en el poder.
 
En ambos ámbitos, económico y social, la directriz oficial es tomar la vía de la huida hacia delante. Así, el Gobierno espera que la modificación rápida del modelo de crecimiento económico dé pronto sus frutos. Esos frutos esperados son un crecimiento del empleo de carácter precario, prácticamente esclavista, y una calma en los mercados financieros que sea bendecida por el todopoderoso e independiente Banco Central Europeo. El camino es tortuoso, especialmente para los más desfavorecidos, y sin un final feliz garantizado, pero al Gobierno se le va agotando el tiempo. Todo parece indicar que el estallido social puede llegar mucho antes que la esperada meta económica del Gobierno.
 
En el otro ámbito, el del sistema político y la representación política, las cosas están aún peor. Según Metroscopia, un 80% de los ciudadanos piensa que los diputados del Congreso no les representan, y hasta un 85% cree que los diputados y los banqueros son deshonestos. La corrupción y la sensación dominante de impunidad de los delincuentes fiscales y financieros es algo desolador.
 
Y para enfrentar esto tenemos la necesidad no sólo de diseñar propuestas factibles en ambos ámbitos, con un proyecto político y económico que sea viable y sustancialmente distinto al empujado por el Gobierno en su huida. Es decir, es insuficiente con poner encima de la mesa un proceso constituyente y un modelo económico alternativo al actual. Sobre todo necesitamos también encontrar la forma de aglutinar todo el descontento generalizado y transformarlo en una fuerza que sea catalizadora del cambio social y económico. Esto es, crear una base social.
 
Efectivamente, suele haber acuerdo en que cualquier proceso de transformación de las características apuntadas requiere la existencia previa de una base social, esto es, un colectivo que comparta unas determinadas condiciones objetivas, una amplia cohesión y un grado de intervención suficiente. Se trata, en definitiva, de lograr que la ciudadanía que sufre bajadas salariales, recortes en los servicios públicos y desahucios vean las mismas causas en el origen de esos distintos procesos. Que compartan, dicho de otra forma, un diagnóstico político de lo que está fallando. Desde ese punto de partida es posible cohesionar a la ciudadanía en torno al proyecto político y económico, y si existe una organización de ese proyecto será factible poner en marcha el proceso de cambio.
 
Esta teórica hoja de ruta choca con un obstáculo perverso del actual sistema político. A saber, que la voluntad de la ciudadanía está mediada por los partidos políticos, los cuales cohesionan en torno a otro tipo de valores. Dicho de otra forma, los partidos funcionan como fuerzas centrípetas de la frustración ciudadana y logran la absorción de fuerzas que son necesarias para la configuración de esa base social, la cual naturalmente ha de ser más amplia que la que potencialmente pueden alcanzar estos mismos partidos en las condiciones actuales.
 
En la práctica esto deriva en una guerra de siglas, cada una de ellas presentadas como los mejores instrumentos de cambio. Así, el debate se traslada desde el fondo –el proyecto ideológico– hacia la forma –las siglas y la pertenencia o la identidad política a un partido–. En consecuencia, personas que en otras circunstancias compartirían espacios políticos se encuentran enfrentadas por la mediación de los partidos políticos y el ciclo electoral.
 
En otros países esta realidad ha conllevado la implosión de gran parte de los partidos políticos, abriendo espacios a nuevos proyectos de transformación –como en Ecuador, Bolivia o Venezuela– o a nuevos partidos que heredaron las viejas prácticas –como en Italia–. El perfil que marca actualmente España es el de la descomposición paulatina pero firme de los dos grandes partidos, especialmente con un acentuado nivel de pérdida de identidad en el Partido Socialista.
 
Lo que a mi juicio corresponde hacer es tratar de convertir instrumentos políticos como Izquierda Unida en elementos que catalicen la creación de esa base social que requerimos. Ignorar el análisis anterior puede convertir a IU en un partido que se limite a ver pasar de largo el proceso de transformación, no necesariamente positivo, llevado a cabo entonces por otros actores políticos.
 
Izquierda Unida debería aspirar a ser el dispositivo que active la creación de esa base social, sin pretender ser el centro dirigente del cambio. Ese centro corresponde a las personas cuya ideología busca dicho cambio. Otros colectivos, organizados en la periferia ideológica de IU, forman parte de esa base social potencial que necesitamos y, en consecuencia, son también compañeros de viaje.
 
Así, hay que romper con las viejas prácticas y mentalidad de un sistema político decadente. La lucha no puede darse enfrentando siglas o banderas, sino ideas, y ello conlleva aceptar también que hay un sector muy importante en la base social del PSOE que es igualmente necesario.
 
El reciente abucheo a la dirigente socialista Beatriz Talegón, en la manifestación del 16F, pone de relieve que aún nos queda camino por recorrer. Porque sin duda hay que combatir la hipocresía y oportunismo de quienes, como López Aguilar, pertenecieron a un Gobierno que agilizó los desahucios y ahora defienden lo contrario. Pero tampoco podemos ignorar que muchos militantes y votantes del PSOE no son corresponsables de las prácticas infames llevadas a cabo por los dirigentes de su partido.
 
En Alemania y Francia, importantes dirigentes socialistas, repletos de honestidad, dieron el salto hacia proyectos alternativos en Die Linke y Front de Gauche. En Grecia, la base social de Syriza proviene también, y lógicamente, de gran parte de la base social del antiguo PASOK. Y tanto en las recientes elecciones de Galicia como las de Catalunya, los votos de Alternativa Galega e ICV-EUiA también provenían de la antigua base social socialista. Y esa aglutinación de fuerzas probablemente ha generado círculos virtuosos que han animado a más personas a participar en el proyecto de transformación, al percibir utilidad y eficacia en el mismo.
 
En consecuencia, sería injusto y contraproducente estigmatizar a quienes han pertenecido o votado siglas que hoy representan el gran capital y el neoliberalismo más salvaje, puesto que las transformaciones no se realizan desde espacios minoritarios sino desde aquella base social de la que hemos hablado. Y el trabajo es construirla en torno al proyecto político y económico, es decir, en torno a un proyecto ideológico.
 
Fuente: Público.

28 marzo 2013

Soberanía de la tierra (No al Fracking).

Por Gustavo Duch.
 
En Mozambique, empresas brasileñas y japonesas están haciendo prospecciones de tierras en la zona conocida como Corredor de Nacala para llevar a cabo en 14 millones de hectáreas una agricultura industrial de cultivos que alimentarán a las multinacionales de la venta de piensos para animales o agrocombustibles para camiones. En la República Dominicana, la población se manifiesta ante la embajada de Canadá para detener la mina a cielo abierto que busca oro en Pueblo Viejo; a la gente campesina les preocupa la contaminación con cianuro de sus tierras. La biodiversidad agrícola argentina en pocas décadas se ha convertido en un monocultivo de soja que, en manos de pocos terratenientes, es un fabuloso negocio para engordar la ganadería europea. Y ahora, en Cataluña, como en otros muchos lugares, afloran las intenciones de perforar el territorio rural en la búsqueda de cuatro gotas del gas denominado de esquisto.
 
Los intereses de la agroexportación, los cultivos energéticos, la minería o el fracking los podemos interpretar como un verdadero asalto de las grandes corporaciones del planeta para hacerse con los bienes naturales y colectivos. En todos estos casos estamos hablando de tres elementos comunes: acaparar grandísimas extensiones de tierra fértil y cultivable; controlar las grandes cantidades de agua que éstas esconden y que son necesarias para su cultivo o para la extracción de los minerales o del gas; y, con la tierra y el agua en sus manos, usarlas con tanta agresividad que, con total seguridad, llevarán al agotamiento y muerte de dos recursos, antes renovables y siempre vitales.
 
Es en este marco de ‘un acaparamiento global de tierras’ que hemos de entender las propuestas de fracking, donde se enfrentan frente a frente dos modelos civilizatorios. El actual, un capitalismo que exigiendo un crecimiento perpetuo para incrementar la acumulación de capital, entiende la tierra y el territorio como un recurso más que quemar antes de asumir su quiebra, visible en forma de crisis multidimensional y, por otro lado, un nuevo paradigma que sabe y defiende que la tierra y el agua como bienes comunes no están a la venta porque no son de nadie, pertenecen a todo un pueblo y sus futuras generaciones.
 
Hechas estas consideraciones globales, ¿a quién, en particular, afecta el fracking? Las denuncias que nos llegan de los EE.UU. y Canadá son claras, afecta a las tierras rurales y por lo tanto a la agricultura y campesinado, sectores siempre olvidados. Las fuentes de agua para los cultivos cercanos a pozos de fracking disminuyen peligrosamente y llegan contaminadas de tóxicos que beben su ganado o riegan sus cultivos; las propias perforaciones, las carreteras y conducciones que las comunican son tierras que pierden su dedicación agraria; llegan elementos tóxicos también a la tierra cultivable afectando la vida animal y vegetal; e incluso se observan efectos negativos en el ganado por convivir con un terrible ajetreo de maquinaria y camiones… Es decir, en la medida que en Cataluña se perforen pozos, lo que conseguiríamos seria, por un lado, profundizar en las dificultades de tener un territorio rural vivo, con población activa en la agricultura o en la transformación de alimentos, cuidando el paisaje, etc. y, por otro, profundizar en nuestra ya delicada vulnerabilidad alimentaria (el 60% de nuestra comida no lo produce nuestro campesinado, llega del exterior).
 
Frente a estos ataques corporativos por las tierras está surgiendo también una respuesta global que reivindica una misma expresión, la defensa de la Soberanía del pueblo. Como los movimientos a favor de la agricultura local y ecológica que están llevando gente joven a los pueblos para trabajar la tierra y reconstruir masías abandonadas; los movimientos que declaran sus territorios libres de minería, fracking o de cultivos transgénicos; o las luchas históricas por la justa redistribución de las tierras y la reforma agraria. ¿No es esta lucha un reflejo de la voluntad de los pueblos por recuperar su Soberanía?
 
Ningún pueblo que se quiera libre y soberano lo será si no asegura, en primer lugar, la soberanía de su tierra, es decir, el derecho que tiene la población al acceso efectivo de la tierra, al usufructo de ella y a su control, entendiéndola como un bien común del que somos parte, y que tenemos que preservar como territorio y como paisaje. Y para lo cual solamente hay una fórmula válida: priorizar la tierra para quienes cultiven amorosamente nuestra comida, asegurando el mayor de los beneficios y la más grande de las ganancias: la reproducción de la vida.
 
No aceptamos pues ni una sola prospección de fracking, porque como han dicho en el pequeño pueblo de Riudaura, ‘mejor vivos que fósiles’.
 
Fuente: gustavoduch.wordpress.com

17 marzo 2013

El balance económico de Chávez.

Por Raúl Dellatorre.

No debe haber resultado sencillo transformar una economía en la que una cuarta parte de la población (26 por ciento) se encontraba en la pobreza extrema, el 15 por ciento de los trabajadores desempleados y, de los que tenían trabajo, más de la mitad (54 por ciento) lo hacían fuera de la legalidad. Esta era la situación de la economía venezolana hacia fines de la década del ’90, cuando Hugo Chávez llegó a la presidencia para reemplazar a Rafael Caldera, último representante del bipartidismo socialcristiano (Copei) y socialdemócrata (Acción Democrática) que mantuvo durante décadas, alternándose en el poder, la situación de concentración de la renta petrolera y desigualdad, de liquidación del desarrollo industrial y agrícola, y la ausencia de los más elementales servicios sociales responsabilidad del Estado, como salud y educación.

La transformación de esa economía, sin embargo, se logró. En base a un proceso revolucionario cuyo primer objetivo estratégico fue recuperar el control de Pdvsa, la poderosa petrolera estatal cuya línea gerencial se resistió por más de un lustro (hasta después del intento de golpe de 2002) a obedecer las directivas del poder político democrático. Paralelamente, se de-sarrollaba un ambicioso (más aún teniendo en cuenta las limitaciones presupuestarias, sin acceso en los primeros años a la totalidad de la renta petrolera) programa de alfabetización y de instalación de centros de salud en toda la extensión del territorio venezolano.

La reconstrucción del tejido productivo demandó recomponer una matriz desarticulada. Un ejemplo conocido es el de la producción de mineral de hierro, que se vendía a precio subsidiado a la industria siderúrgica, para que ésta produjera bienes intermedios (chapas y perfiles) que se exportaban a Estados Unidos a precio libre. Mientras tanto, la construcción debía proveerse en el exterior de los insumos siderúrgicos necesarios, pagando precios elevadísimos o requiriendo subsidio estatal. El intermediario que se quedaba con los mayores beneficios era una empresa monopólica, Sidor. Obviamente, la solución fue renacionalizarla (había sido privatizada por gobiernos anteriores). Lo curioso es que hubiera críticas a esta respuesta política del Estado.

Pdvsa no había dejado de ser estatal, pero su asociación con capitales privados extranjeros la convirtió en un actor más de la política petrolera depredatoria del medio ambiente. Muchas tierras antiguamente dedicadas a la agricultura fueron abandonadas entre las décadas del ’70 y del ’90 a medida que avanzaban las torres petroleras sobre las costas del lago de Maracaibo, y los territorios de Anzoategui y Monagas. La consecuencia fue el éxodo de la población rural o su condena a la miseria, con la formación de amplios cinturones de pobreza.
 
Hugo Chávez supo recurrir a la cooperación internacional, con orientación hacia un proyecto regional, para revertir la situación. Los médicos y maestros cubanos fueron una presencia notable que caracterizó los primeros años del proceso, así como los técnicos en materia agrícola de origen argentino lo fueron en la segunda etapa, de “reinstalación” de una economía rural. Cuando la Revolución Bolivariana recuperó el manejo del recurso petrolero, Chávez devolvió esos favores con un suministro permanente de recursos energéticos a Cuba y prestando ayuda financiera a la Argentina.

Si en sus primeros años de gobierno la Revolución Bolivariana había dado gestos de la orientación buscada, el fallido golpe en su contra de abril de 2002 impulsó las decisiones que hacían falta para profundizar el proceso. La derrota de los golpistas dejó al desnudo a los enemigos de la Revolución desde adentro, dando la oportunidad de desplazarlos y despejar el camino. Ese paso se tradujo en los resultados macroeconómicos de los años posteriores: desde fines de 2003 hasta mediados de 2008, Venezuela logró 23 períodos trimestrales de crecimiento consecutivo. El record se rompió por el impacto de la crisis mundial, pero la economía retomó la senda a partir del segundo trimestre de 2010. En 2011 ya obtuvo un crecimiento de 4,2 por ciento y en 2012 de 5,5 por ciento.

Menos dependiente de productos intermedios y finales que una década y media atrás (cuando “casi todo” lo que se consumía era estadounidense o colombiano), pero todavía altamente dependiente de las divisas que genera el petróleo, Venezuela dispuso una fuerte devaluación y un desdoblamiento cambiario el último 8 de febrero, como parte de una serie de medidas que buscan corregir desequilibrios externos y mantener el equilibrio entre las políticas de promoción de la producción y el empleo, y los ambiciosos programas sociales de inclusión con fondos públicos.

El desempleo bajó a menos de la mitad (del 15 al 7 por ciento) en una década y media, y la pobreza extrema a casi una cuarta parte (del 26 al 7 por ciento). La informalidad laboral descendió del 54 al 43 por ciento (con leyes de protección laboral para los trabajadores formales que antes no existían). Indicadores y tendencias que sólo podrán consolidarse si quienes asumen la conducción del proceso logran superar su principal de-safío: derrumbar, ya sin la presencia de su líder, la resistencia de un poder económico local y extranjero que no está dispuesto a resignar el terreno perdido.

Fuente: Pagina 12

07 marzo 2013

Hugo Chávez, socialista y feminista.

Natalia Rosetti
Profesora asociada de Ciencias Políticas de la UAB


Si hay algo innegable de los procesos de transformación social en Latinoamérica es la inclusión de sectores sociales históricamente excluidos. Aunque lo quieran vestir de populismo, hasta la prensa conservadora tiene que reconocerlo. Es difícil revertir siglos de historia colonial e imperialista, pero algunos países como Bolivia, Ecuador o Venezuela han resuelto —están resolviendo— sus encrucijadas de forma particular, pero también cuentan con un elemento en común: el protagonismo de las mujeres.

Y lo debemos destacar en estos días en que la revolución bolivariana pierde a Hugo Chávez. Hay personas que resumen ideas, sintetizan programas, representan proyectos y esperanzas. Aunque evidentemente una única persona no puede ejemplificarlo todo, Hugo Chávez será recordado como el gran revolucionario que era, referencia mundial de que sí existen alternativas al régimen capitalista y patriarcal. Un proyecto alternativo tal y como él se definió: "socialista y feminista".

La Constitución bolivariana de 1999, en su artículo 88, establece que "el Estado reconocerá el trabajo del hogar como actividad económica que crea valor agregado y produce riqueza y bienestar social". Por primera vez se reconocía el trabajo invisible e imprescindible de las mujeres y se les otorgaba el derecho a tener seguridad social y un salario mínimo. Desde la Europa de los recortes, en un contexto en que las políticas de igualdad han pasado a último plano, esto sin duda parece revolucionario. En el plano simbólico, se incorpora el uso de un lenguaje no sexista para referirse a hombres y mujeres.

Que las mujeres sufren especialmente la pobreza está de sobras documentado. Por eso también era importante empoderar a las mujeres y la creación del Banco de Desarrollo de la Mujer (Banmujer) tenía y tiene como objetivo impulsar, a través de la concesión de microcréditos y apoyo técnico, una economía basada en la solidaridad y la ayuda mutua. Entendiendo el desarrollo desde la proximidad, desde el diagnóstico participativo de lo que necesitan las comunidades para aportar lo más necesario y hacerlo desde la cooperación. Un discurso y unos valores de fondo que nada tienen que ver con la competitividad capitalista y que conciben la economía a partir de las necesidades humanas.

En las zonas populares, en las Misiones (los programas sociales impulsados por el Gobierno de Chávez) en los Consejos comunales donde la gente se autoorganiza desde abajo, en los movimientos sociales, las mujeres han tenido un papel protagónico. Sólo hay que visitar los cerros y comprobar que mucho de lo que se ha logrado ha sido en gran parte gracias a la fuerza y obstinación de estas mujeres que han visto, por primera vez en su vida, que un gobierno las ha tenido en cuenta.

Por esto, aunque la dimensión feminista del socialismo del siglo XXI no sea aún muy visible sobre todo desde Europa, hay que reconocer que Hugo Chávez supo sumar e incorporar diversas sensibilidades, también la feminista. Comprendió mejor que nadie que sin igualdad de clase, sin igualdad de género, sin igualdad étnica, no se puede avanzar hacia una sociedad realmente justa. Sin duda, aún queda mucho camino por andar y una agenda pendiente de cambios en profundidad para acercarse a la igualdad. Son muchos los retos en cada frente.

La revolución bolivariana sería inexplicable sin la figura de Hugo Chávez, y será recordado al lado de luchadores como Salvador Allende, o incluso el Ché Guevara, y de tantas mujeres y hombres que han dado su vida por construir un mundo más justo. Recordemos al presidente venezolano como el hombre que fue capaz, entre otras cosas, de dar esperanza a los pueblos del mundo que luchan por su dignidad, pero también de dar voz a las mujeres dentro de estas luchas. En definitiva, el 8 de marzo reivindiquemos que el legado de Chávez también es y será feminista.

Fuente: Diario Público.

06 marzo 2013

HASTA SIEMPRE COMANDANTE

 
 
El Partido Comunista de España, su secretario General José Luis Centella, y la responsable de Internacional Maite Mola, quieren trasmitir su más profundo pesar por el fallecimiento del presidente de la República bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, a sus familiares y a todo el pueblo venezolano.

Son momentos duros para los revolucionarios del mundo, pero estamos seguros que saldremos adelante como así él mismo lo habría querido.

Nadie puede poner en duda la obra del Presidente Hugo Rafael Chávez Frías, en áreas como la sanidad o la educación, la recuperación económica de un país que recibió en bancarrota, el reparto de las ganancias del petróleo entre toda la población. Es de destacar así mismo su importante papel e impulso de la construcción regional de América latina y el Caribe, creando estructuras como el ALBA.

Pero sobre todo hay que resaltar la democratización de la política venezolana, los excluidos históricamente ahora pueden hacer política, los políticos tienen que rendir cuentas a los electores, la democracia participativa se va construyendo en Venezuela.

En estos momentos en el que algunos se alegran macabramente de la desgracia personal, nos preguntamos ¿que pueden ofrecer hoy al pueblo venezolano los que defienden las recetas del neoliberalismo? La respuesta es fácil, solo pueden ofrecer el mismo país que explotó en el “Caracazo”.

Los comunistas españoles consideramos que hoy más que nunca es el momento de la unidad de las fuerzas progresistas y transformadoras en Venezuela, que tienen una alta responsabilidad en sus manos, continuar el legado de Chávez.

21 febrero 2013

Quiero ser Yoani Sánchez: carta de un periodista mexicano.

 Por Alberto Buitre* - Blog Islamía

Un reporte de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos acusa que del año 1999 a la fecha se cuentan 85 asesinatos de periodistas en México, 18 desapariciones forzadas y 33 atentados a medios de comunicación, con un total de 843 expedientes judiciales de crímenes relacionados con trabajadores del periodismo.

¿Cómo podría sentirme seguro así, siendo periodista? ¿Cómo es que en el "mundo libre" en la "democracia mexicana" cuya Constitución asegura la libertad de expresión, se mata a una persona por emitir información? Eso es de dictaduras, de regímenes totalitarios y tiranos... como Cuba... ahí donde está la bloguera Yoani Sánchez quien es perseguida hasta el despropósito por un sistema político que orilla a todo pobre activista por la reanexión de la isla a Estados Unidos a tener que viajar por el mundo para asombrarse de la rapidez del internet...

...espera un momento...

... ¿Y cuántos periodistas asesinó la dictadura cubana en el último año?...

Hagamos un conteo:

De acuerdo a la organización Press Emblem Campaign (PEC) con sede en Ginebra, Suiza (porque si es suizo, es mejor), en el año 2012 fueron asesinados 141 periodistas en 29 países...

.... Por supuesto uno de ellos tiene que ser Cuba, donde dice Yoani Sánchez que hay una dictadura insufrible...

De acuerdo con PEC, los países donde más asesinatos ocurrieron fueron México, con 11; Brasil, con 11, y Honduras, con seis. Le siguen otras naciones como Colombia, Panamá y Haití, más 17 muertos en Asia y diez en África...

Bueno, sí, claro, eso es el tercer mundo y se espera eso de ellos... pero.. ¿y Cuba?... ¿Cuántos periodistas fueron asesinados bajo ese régimen?...

¿Ninguno? Debe ser una broma.

Si Yoani Sánchez nos ha contado que ahí se sufre una persecución fastidiosa a la disidencia, que no se puede hablar mal del régimen de los Castro, que la libertad de prensa es un cuento, que ella vive bajo un acoso constante que ni siquiera le permite gastarse sus dólares a gusto en la plaza Carlos III ¿Cómo que Cuba no registra periodistas asesinados? ¿Y atentados? ¿Ninguno? ¿Persecución judicial o criminalización? ¿Amenazas? ¿Hostigamiento financiero? ¿Despido injustificado? ¿Falta de seguridad social, seguro médico? ¿Se muere de hambre? ¿No la dejan estudiar? ¿Le han intervenido el teléfono? ¿Le venden mala la pizza? ¿Le queman el café?.... ¿Nada?

...Debe haber un error...

Ah, pero es que claro que en Cuba se asesinan periodistas. Ahí está muy claro el caso del corresponsal ecuatoriano Carlos Bastidas Argüello asesinado en 1958 en La Habana... Pero ¿me dices que en ese año aún estaba Batista en el poder?

¿Y entonces?

Ya que Yoani Sánchez ha anunciado una visita a México con motivo del encuentro de la Sociedad Interamericana de Prensa en el Estado de Puebla ¿Qué tal si Lydia Cacho - esa periodista mexicana que fue secuestrada y torturada por el ex gobernador de esa entidad, Mario Marín, al denunciar su participación en una red de pederastas- le da un tour a la autora del blog 'Generación Y' por aquellos parajes donde fue lacerada?

¿Y si la lleva a Veracruz, donde han sido asesinados, torturados y desaparecidos al menos siete reporteros?

Y ya que Sánchez es prócer de la libertad de información por internet ¿se reunirá con el tuitero @ValorXTamaulipas por quien el narcotráfico pide su cabeza so pena de acribillar a sus familiares y amigos?
¿Y qué sabe Yoani de esto? ¿Cómo podría compararse su ínfimo salario en dólares que recibe como simple bloguera y que apenas le alcanza para pagarle viajes por Alemania, Suiza, Suecia, Polonia, República Checa, Italia, España, Brasil, Argentina, Perú, México y Estados Unidos, con el de un periodista mexicano, cuyo salario no le da ni para pagarse la gasolina?

¿Y para qué hacer activismo por internet en el país donde se paga el servicio más caro del mundo, si por la anhelada libertad de occidente bien te puedes conectar desde las redes de la Oficina de Intereses de EE.UU. en la ciudad donde vives? ¿Es que esto no pasa en México? ¿O es que nadie en la Embajada de Estados Unidos en México puede conectarse a la señal WiFi por "motivos de seguridad"? Eso es cosa de cubanos perseguidos ¿o no?

Y si no es así, ojalá llegue el día a México en el cual un bloguero, un simple bloguero, pueda transitar libremente por las calles de su barrio, pararse a beber la cerveza más cara del mercado, viajar por el mundo patrocinado sin que te nieguen la visa por motivos políticos, cobrar en dólares por realizar actividades ilegales, violar la Constitución sin que la policía llame a la puerta de tu casa y ser alumno de terroristas confesos como Carlos Alberto Montaner sin que nadie nunca desenfunde un arma en tu cara o amenace con matarte a ti a tu familia, por el simple hecho de escribir en twitter.

Que ojalá un día esa dictadura llegue a México y que yo, periodista, pueda ser como Yoani Sánchez.

(*) Periodista mexicano. Nació y creció en las calles del Valle de México. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Contra la Discriminación, otorgado por el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. Se especializa en periodismo narrativo y de análisis sobre contracultura, política y movimientos sociales.

17 febrero 2013

El Veneno Está en la Mesa.

Documental realizado por el cineasta Brasileño Silvio Tendler sobre agrotóxicos en 2011, que muestra al público el peligro que representa para los trabajadores, para los ciudadanos y la forma en que están comiendo mal y peligrosamente, a causa de un modelo agrícola perverso, basado en los agronegocios.


                

07 febrero 2013

Chávez no se va.

Mi amigo Pepe, que era cubano, le llamaba “el cangrejo” a la maldita enfermedad que le hurtaba la vida día a día. Él, coronel de las Fuerzas Armadas cubanas, decía que no le importaría morirse en Venezuela porque admiraba la construcción de la nueva Revolución, hecha a imagen de aquella querida Revolución de su patria. Un proceso puesto en marcha por un comandante, Hugo Chávez Frías, considerado dictador, sátrapa y eje del mal por el imperialismo, simplemente por haber devuelto la dignidad a su pueblo; un pueblo que ha depositado en él su confianza repetidamente, la última vez con récord histórico de participación y votos. Pepe y yo compartíamos enfermedad, ideales y algunos sueños. En cierta ocasión le acompañé al extraordinario CIMEQ para recibir tratamiento, precisamente donde hoy se encuentra el presidente venezolano.

Años atrás, un 14 de abril de 2002, en una borrascosa mañana de domingo en Santiago de Compostela, cuatro amigos visitábamos a un camarada a quien “el cangrejo” había robado recientemente la compañera. Tres días antes, un golpe de estado promovido por la patronal venezolana, con el apoyo de los gobiernos español y estadounidense, había derrocado al gobierno legítimo de Chávez y secuestrado al presidente. Frente al televisor encendido, pero con el volumen del aparato desactivado, charlábamos sobre el futuro de América Latina, sobre nuestro futuro. La imagen del comandante llamó nuestra atención. 

— “Un reportaje sobre Chávez”, sugirió alguien, convencido de que aquellas imágenes necesariamente se emitían en diferido. 

Pero un ángulo de la pantalla lucía un pequeño y mágico letrero con el texto “en directo”. En cuestión de segundos, el televisor sonaba para medio vecindario. La sorpresa se convirtió en algarabía al comprobar que Chávez regresaba de su cautiverio porque el pueblo venezolano había devuelto la normalidad institucional. La incertidumbre sobre su futuro dio lugar a la alegría por la certeza de su regreso.

Menos de un año después, en un acto celebrado en la Asamblea Legislativa de Río Grande del Sur, simultáneamente al Foro Social de Porto Alegre, tuve la satisfacción de poder escucharle durante tres horas. Contestó amenamente cada pregunta formulada por el público presente, y demostró conocimientos multidisciplinares, transmitiendo una imagen muy alejada de la distorsión intencionada que fomentan los medios occidentales. Habló de Política, de Filosofía, de Literatura, citó a los clásicos del marxismo... Un estudiante francés le sugirió que ofreciese habitualmente la misma imagen pausada y culta para facilitar apoyos a su causa en el extranjero. Chávez dijo entonces que él conocía el perfil social de los quinientos asistentes, en su mayoría universitarios europeos y dijo, aproximadamente:

— Ustedes deben entender a mi país. Yo no puedo hablar para mis compatriotas como hablo para ustedes, porque no todos me entenderían.

A mi amigo Pepe, mi padre postizo, le llevó el jodido cangrejo. Antes, un periodista español le preguntó qué pasaría si Fidel faltase:

— ¿Después de Fidel? Después de Fidel, ¡más Revolución!, contestó altivo.

A Hugo le pega duro “el cangrejo”. Y aún aguardo que aparezca el cartelito “en directo” y nos llevemos todos la sorpresa, porque el mundo le necesita. Pero si no es así, no porque lo quiera un dios que no existe, sino porque la enfermedad le ha vencido, el proceso revolucionario será imparable. Después de Hugo Chávez, ¡más Revolución!

“El cangrejo” me ha dejado una cicatriz muy visible que estimula mi ansia de Revolución; porque quiero verla y, si es posible, ayudar a construirla. Pero si un día me vence ese maldito crustáceo, quisiera poder irme con la milésima parte de la dignidad, la honestidad y la nobleza del comandante Hugo Chávez Frías. Salud comandante, y nunca mejor dicho.



Fuente: Partido Comunista de Galicia.